Décimas
dedicadas al amor
El
amor es una llama
que resulta inextinguible
cuando el volcán invisible
del sentimiento se inflama.
El amor surge y reclama
las almas nobles y buenas;
frente a él, mueren las penas
y pueden vivir seguros
que no lo asfixian los muros
ni lo atan las cadenas.
El
amor nace y se da
en la sonrisa de un niño,
cuando dice con cariño
antes del año "papá".
La abuela contenta va
viéndolo a diario crecer
y hasta deja de comer
por darle a él su comida;
¡igual que a un niño, en la vida,
nada se llega a querer!
El
que ama a una mujer
ve todo color de rosa
y para ella cualquier cosa
si es preciso llega a hacer.
Hay quién se pone a beber
cuando el amor lo domina,
sale de noche y camina
y sin tener resultado,
se llega dormir parado
junto al poste de una esquina.
Por
el amor, hay quien cela
diariamente a una mujer
y el hogar comienza a ser
la jaula que lo encarcela.
El celoso se rebela
por todo, a cada segundo,
y es solo un ser iracundo
que de tanto que se agravia,
de sufrimiento y de rabia
llega a morirse en el mundo.
Por
el amor, destruida
queda a veces la mujer,
cuando la deja el primer
novio que tuvo en la vida.
El tiempo pasa y la herida
nunca se llega a sanar
y aunque otro logre encontrar,
la encarcelan los agravios
por el sabor que en los labios
supo el primero dejar.
Yo
he visto por un amor
a un hombre viejo llorar,
embriagarse y revelar,
ante el pueblo, su dolor.
Y
al carecer de valor,
cabizbajo y destruido,
es un ser arrepentido
que tras la puerta más ancha
de un bar, por amor se mancha
el nombre y el apellido