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II Época  nº 32-  Edita FE-JONS  -  


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FE  España rebelde

Alfonso Ponce de León

Hace ya bastantes años, tanto la fundación cultural de un gran banco 

como el Ayuntamiento de Madrid nos sorprendieron a todos con sendas

exposiciones de uno de los grandes pintores falangistas, Pancho Cossío

Hoy, y hasta el 13 de agosto, es el Museo Nacional Centro de Arte Reina

Sofía el que nos satisface con una pequeña muestra —no es mucho lo que 

se ha podido rescatar— de Alfonso Ponce de León. En una pequeña sala del

 gran edificio se acogen una decena de óleos, algunos dibujos y otras obras

 y objetos que presentan al gran público la promesa consolidada de un

 vanguardista cuya vida fue truncada por el odio y olvidada.

Nacido en Málaga a principios de siglo, se formó en la madrileña Academia

de Bellas Artes de San Fernando, vinculándose inmediatamente a las corrientes

 vanguardistas. Participó en la organización de los Salones de los Artistas

 Independientes del diario Heraldo de Madrid, así como en las exposiciones

 de los ibéricos en Copenhague y Berlín, en 1932 y 1933 respectivamente. 

El peculiar surrealismo cercano al realismo mágico de sus obras estuvo también

 presente en la Exposición de Arquitectura y Pintura Modernas de San Sebastián

 en 1930 —donde presentó La juventud de Greta Garbo—, la colectiva del Lyceum

 en 1931 y las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1932, 1934 y 1936.

Mas su preocupación artística le hizo abandonar los estrechos límites del lienzo, 

participando en la ornamentación del Teatro Fígaro de Madrid y el Teatro Principal 

de Ávila. También prestó sus habilidades a la ilustración literaria, realizando las 

cubiertas de las ediciones de obras como El cazador en el alba de Ayala, El terror 

en América de González Ruano o Marcha atrás de Samuel Ros. Colaboró, además,

 con el grupo de teatro universitario La Barraca, que dirigieran Federico García Lorca

 y Eduardo Ugarte, realizando los decorados y figurines de los montajes de 

La guarda cuidadosa de Cervantes y El burlador de Sevilla de Tirso de Molina

Como todos los vanguardistas, sintió especial atracción por el cine, actuando en el 

Falso noticiario y Do, re, mi, fa, sol, la, si o La vida privada de un tenor de Edgar

 Neville y rodando su propio metraje bajo el título Niños.

Su compromiso político —algo prácticamente inherente a la vanguardia de la 

época— le hizo incorporarse a las filas falangistas. En colaboración con Samuel Ros 

fundó el Cineclub del SEU, organización para la que diseñará su cisneriano logotipo.

 Pero, además, confeccionó diferentes carteles propagandísticos para el partido 

—«más ferozmente antiburgueses que los de la UGT o la CNT», según el parecer de 

Ridruejo— y realizó diversas ilustraciones que aparecieron publicadas en Arriba

algunas de ellas aplicando la novedosa técnica del collage.

Todos los citados aspectos de su obra están presentes en esta pequeña pero muy

 digna exposición, un esfuerzo que sin duda merece nuestro agradecimiento. Es 

cierto que la referirse a su muerte —ocurrida el 20 de septiembre de 1936, y acaso 

adivinada en su auorretrato titulado Accidente, fechado ese mismo año, que ilustra

 estas notas— se explica por una simple violencia descontrolada, pero en ningún 

momento se oculta la militancia falangista del artista: y, así, junto a diversas 

fotografías de los citados montajes de La Barraca podemos algunas de sus 

ilustraciones en Arriba, lo que no deja de sorprendernos —gratamente— 

dados los tiempos que corren.

Brindemos al menos un pequeño pero cordial homenaje a nuestro camarada 

visitando esta muestra.

Rafael Ibáñez Hernández

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