Libros
Pintores
azules
FE
26
FE
27
FE
28
FE
29
FE
30 
Curso
Alejandro
Salazar
Archivo
de FE
Enlaces
|
|
Por
muy pacíficos que sean los tiempos, los ejércitos han estado presentes
como institución y como grupo humano, en la vida social de cualquier país.
Si recordamos cualquier estampa del pasado, lo mismo las primeras fotografías,
los cuadros de ambiente callejero, las operetas, zarzuelas, el cine de época
o la novela, lo mismo realista que de acción, podemos ver que los
militares están presentes visualmente dentro de la normalidad ciudadana.
Lo mismo en el plano popular, con los quintos cortejando a criadas y
modistillas, con los marineros de blanco con su macuto en el tren, con
rebaja en los espectáculos a “Niños y militares sin graduación”,
como en el elegante, con los oficiales indispensables para cualquier salón
o baile que se preciase.
Esto al margen de que el servicio militar obligatorio tuvo una
función “nacionalizadora” tan importante como la escuela, y del que
el liberalismo se apoyó en el s. XIX en la bayonetas. Me refiero a la
presencia ordinaria y no política de los uniformes, cuando los militares
aun no habían pasado a la “clandestinidad”.
Los
trentones recordamos todavía cuando la guerrera “de bonito” (paseo),
era garantía de que te cogiesen haciendo autostop, aunque estaba
prohibido. Si tenías esos vistosos galones de cabo, entonces de colores
en la bocamanga, igual ligabas mejor. Del cuartel había que salir y
entrar uniformado. ETA fue la causa de que se cambiase esta norma por la
opuesta. Mala señal que en un ejército la prudencia pueda al
orgullo...De la zona batida en el norte se fue extendiendo, siendo Ceuta y
Melilla las últimas en caer. Como los polícías enmascarados y con los
ojos tapados en la prensa, se trata de una victoria mayor para ETA que los
mil muertos causados.
Todo ello nada tiene que ver con el papel que el “Ejército”
que así se llama popularmente a los tres que forman las FAS, las siglas
siempre son feas, tuvo durante el franquismo. El Ejército no se ocultó
ni durante la II República, ni en el modelo de democracias, la
norteamericana, como en Francia o gran Bretaña, se puede concebir
siquiera la clandestinización social de su institución armada.
La cuestión es reparar en lo que representa, aun residualmente, el
ejército; un depósito de valores, no sólo de pertrechos bélicos. En él
se sintetizan el patriotismo, valor revolucionario y supradinástico desde
la Revolución Francesa, con valores de honor, servicio y orgullo
enraizados en el Antiguo Régimen. Tanbién numerosos iconos y atributos
de rango. De hecho ciertos excesos de estamentalidad se han permitido en
los ejércitos por parte de una sociedad civil que es rigurosamente “de
clases”. Los libros de historia hablan en el s. XX de bajas de
“oficiales y hombres” como podían hablar de caballeros y pecheros
siglos antes. Aunque la tradición española es un poco más “democrática”;
la que va de los “señores soldados” de los tercios a los
“caballeros legionarios”, la sociedad más rígidamente clasista, la
inglesa, ha proyectado su influencia, a través de su marina, a todo el
mundo.
El hecho es que, fuera de las ciudades-base, como Ferrol, Cartagena
etc. Un niño puede no haber visto un militar más que por la tele,
Guardia Civil aparte. Pero estos también se aceleran a quitarse el
uniforme fuera de servicio, como el mono el obrero.
Tampoco ha visto la bandera fuera del cuartelillo o un partido de
futbol por la tele, a diferencia de los chicos de cualquier otro país. Sí
ha visto en la pantalla que las aulas americanas la tienen y la respetan.
“El hábito no hace al monje”, pero ayuda mucho. La diferencia
entre ser, y trabajar de, puede manifestarse en lo externo.
En eso curas y militares se ha aggiornado en España más que en ningún
otro país. Y no es lo mismo. Trabajar de es una cosa. Ser
imprime carácter de por vida.
España se habrá “integrado” en Occidente plenamente, no por
enviar a Yugoslavia la Mehala Española de la OTAN a hacer el trabajo
mundialista, o por haber arrestado a todos los etarras, si no cuando se
haya curado de sus complejos de inferioridad. Y un icono, accidental pero
importante de ello, es ver al artillero de montaña o la fiel infantería,
con chapiri , boina o lo que sea, echar un porrón en la plaza del
Castillo.
FE

|