Es un hecho aceptado por los que se sienten
inmersos en la cultura que pretende unificar la moda del pensamiento
mundial (en otras palabras, los que intentan “estar al loro” en
lenguaje coloquial), el que todo
vale con tal de ser el ganador.
A diferencia del criterio que antepone el propio respeto, como
consecuencia de la propia estimación. La dignidad por encima de otras
consideraciones, condición previa al respeto por los demás. En el
momento actual, cualquier añagaza tiene cabida en los presupuestos de
actuación con tal de conseguir el éxito.
Frente
a cualquier sentimiento de amor al otro ser humano, la tendencia al
autismo, la actitud de “dureza” frente al prójimo, se considera
como el paradigma del ganador;
lo contrario, como una rémora. La generosidad, ha perdido la
batalla. No esta de moda. En estas condiciones, además de hacerse la
vida inhumana y en consecuencia difícil de soportar; el hedonismo,
que en lo íntimo solo produce insatisfacción y vacío, sustituye al
disfrute de una intimidad satisfecha y en paz con uno mismo.
Desde esta perspectiva del todo vale, desde la cobardía moral,
con la pusilanimidad como bandera, la certeza de no llevar
razón, alienta al cobarde a las medias verdades, a los eufemismos
a la tergiversación de la verdad como táctica preferida para
“fabricar una realidad que le haga el
amo” (editorial de Nosotros nº 39). La opinión pública -a
la que ya se han encargado de que no tenga opinión -, con la promesa
del paraíso terrenal de los bienes materiales, es manipulada por los
mentirosos. En estas condiciones, la difusión de la verdad, la
justicia, la verdadera solidaridad y
todos los bienes permanentes e inmutables, resulta muy difícil,
porque exige “buen corazón” y uno criterios personales basados en
la reflexión.
¿Qué hacer en estas circunstancias para que la humanidad
cambie de rumbo? El ejemplo y la firmeza en las convicciones es el único
camino que se nos presenta como practicable.
Así, cada vez seremos más los que tenemos como meta aumentar
nuestro patrimonio espiritual, frente a los que únicamente desean la
posesión de los bienes que halagan
los sentidos.
Frente al materialismo histórico, se escribirá la historia de
una humanidad cada vez más justa y en consecuencia más libre, pacífica
y solidaria. Frente al hormiguero colectivista, nuestra tarea será la
consideración de un ser humano libre y solidario, en el que la meta
sea tratar al prójimo como se quisiera ser tratado uno mismo. Razón
autentica del sentimiento de justicia social.
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Dr. Antonio Acuña |