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II Época  nº 33-  Edita FE-JONS  -  


Gamberros pero, eso sí,  

Políticamente correctos

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Los graves incidentes de los que fué objeto la ciudad de Génova el pasado mes de julio con motivo de la conferencia del G8 y las consabidas algaradas antiglobabalización, han puesto en evidencia algo que sospechábamos: las bandas que se dedican a destrozar lo que pueden, a enfrentarse a los policías de forma brutal, a aterrar a los pacíficos ciudadanos a los que no les queda otra opción que encerrarse a cal y canto en sus casas o escapar a otros lugares mientras dure la protesta, son políticamente correctos. Eso se deduce del hecho de que un manifestante muerto cuando trataba, encapuchado,de arrojarle un bombona de gas a un agente de las fuerzas del orden, haya sido homenajeado con un minuto de silencio en la Cámara de los Diputados italiana, de que diversos altos exponentes -incluyendo jefes de Estado y de Gobierno- manifestasen su pesar por esa pérdida y que el tratamiento mediático del suceso criminalizase al policía que disparó en defensa propia.

Imaginemos, por un sólo segundo, cuales habrían sido las reacciones si en vez de ser un típico exponente de la violencia ultraizquierdistas, de esa amalgama en la que se juntan anarcos, troskistas, okupas,  comunistas ya sin país alguno de referencia como no sea Corea del  Norte, etc, la víctima resulta ser un cabeza rapada, un nazi. La Cámara de los Diputados italiana se habría reunido, sí, pero para condenar el renacer de la bestia parda, el presidente Chirac no hubiese dicho que hay que tratar de comprender  a quienes se manifiestan y el padre del muerto no habría encontrado todos los micrófonos abiertos para repetir ad nauseam que su hijo era un joven encantador y que si enarbolaba una bombona de gas lo hizo tan sólo para defendenderse del policía -sin duda un fascista- que le amenazaba con su pistola. Del porqué su criaturita iba encapuchada ni palabra, claro.

Así pues, las cosas están claras. Los jefes de la aldea global evidentemente no simpatizan con quienes les montan el pollo allá donde se reunen. Pero los aceptan ya que también ellos, con sus pintas zarrapastrosos, sus cócteles Molotov y sus banderas rojas forman parte del sistema. Y quien sabe, al fin y al cabo, cualquier de esos jóvenes iracundos puede, el día de mañana, acabar siendo el presidente del G8. ¿No está ahí, para demostrar que nada es imposible, el caso de Solana que de marchar sobre Torrejón de Ardoz, durante años, descorbatado y puño en alto, al grito de ¡Yanquis no, bases fuera!, se convirtió en un devoto peón -muy bien pagado, eso si-- del Imperio primero como secretario general de la OTAN y ahora como responsable de los asuntos de Defensa y Seguridad de la Unión Europea?.

         FE