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(Viene de la página 9)
presencia de tan noble personaje". Éste era Moro y así escribió su obra. Solo él podía dar semejante respuesta. La paradoja es un recurso cristiano, el Gran Rey no es más que un simple carpintero y sin muerte no hay Vida; esta arma que años más tarde su compatriota, el gordo Chesterton, esgrimirá con destreza, fue desenvainada por su hermano en la Inglaterra de aquel entonces.
Utopía es pues una crítica, 120 páginas de crítica esperanzada pero formulada como paradoja, en forma de diálogo a la usanza clásica y con tintes de ironía, mantiene la coherencia de quien no se toma demasiado en serio a sí mismo, de quien reclama una patria mejor y reniega de las tiranías. Dos siglos más tarde formular explícitamente estas ideas iba a causarle más de un dolor de cabeza al conde de Beccaría. La Utopía es en su continente una genialidad recreativa y en su contenido una profecía jurídico-política.
Matar la conciencia
"En estos últimos tiempos estoy seguro de que entre cristianos, la caridad nunca fue tan menguada, ni el vivir santo y virtuoso nunca fue menos empleado, ni Dios mismo nunca fue menos reverenciado, honrado y servido" Enrique VIII ante el Parlamento, un año antes de su muerte
Quien alguna vez haya transitado la vida inmerso en una institución, laica o religiosa, con finalidades laborales o recreativas, pública o privada, sabe que ésta puede ser muy ingrata al momento del retiro. No es lo mismo ser presidente que ser ex-presidente (pregunten a Alfonsín), no es lo mismo ser Coronel que Coronel retirado. No es lo mismo ser Canciller que ex-Canciller, lentamente se van perdiendo prebendas y ascendientes, reales o tácitos; los que vienen ya no son los mismos, el sueldo disminuye, los amigos ya no llaman tan seguido, etc. Este era el caso de Moro y peor aún; porque él renunciaba.
Todos los domingos al finalizar la misa un criado se acercaba a la esposa de Moro para darle el mismo aviso, esta vez fue él quien se lo dio: "Señora, mi Lord se fue". La excusa era un creciente dolor de pecho; enfermedad real y espiritual provocada por el "grave asunto del rey".
Aquel rey que le rodeaba el hombro para platicar a orillas del Támesis, aquel a quien ayudó contra la herejía a ganar el título de "Defensor de la Fe"( por su escrito contra Lutero, la Assertio Septem Sacramentorum, apología de la supremacía papal ¡¿?!), aquel que lo capturaba para debatir en eternas sobremesas y gozar de sus chanzas. Hombre culto (hablaba varios idiomas) que supo componer himnos religiosos y tocarlos en el órgano de la Iglesia. Nunca dejo de ser un niño mimado y consentido, que no toleraba que lo contradijeran. Este rey, otrora amigo, conocía en Sir Thomas aquello que Holbein había (Continúa en la página 11)
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