Sto. Tomás Moro 9/26

(Viene de la página 8)

Dice Mesnard: "una importante parte está dedicada a la crítica de las instituciones contemporáneas y sus injusticias más flagrantes"

"El mismo carácter insular de
Utopía lo revela, y su proximidad a un continente (Europa), dividido por guerras, lo denuncia y confirma. En la segunda parte de la obra, la primera en el tiempo, la crítica es indirecta, oblicua, como se dijo, pero la primera, en el palacio de Juan Morton, es directa e inmediata.".

Cuando un hombre cristiano posee una gran erudición y una profunda caridad intelectual no puede menos que clamar por la justicia que no halla entre los suyos. De San Juan el Bautista a esta parte ha sido propio de santos hacerse oír hasta el martirio. Cada cual en su época y con sus limitaciones sabe que hay un tiempo de callar y un tiempo para hablar. Él sabía esto mejor que nadie, pero sus días no eran los nuestros. Lo escrito, escrito está y lo que hoy podía ser un éxito mañana podía ser motivo de traición.

¿Cómo hacer para expresar entonces el reclamo por el estado de hambre y servidumbre de los campesinos que veían invadidos sus terrenos por el ganado ovino? ¿Contra la crueldad de las penas por el delito de robo? ¿Contra las guerras estériles motivadas por la ambición de los príncipes? ¿Contra la prepotencia del holgazán que abusaba de sus siervos? ¿Contra una sociedad pretendidamente cristiana que apenas si cumplía con la ley natural cognoscible? Nótese que pasaron algunos años hasta que
Utopía fuera traducida del latín (lengua profesional y artística a un tiempo y apúntese también que los humanistas pugnaban por el uso de las lenguas nacionales) Moro no era Bacon; sus escritos no adulaban a los poderosos, ni pretendían confundir un estado ideal con el mito del progreso indefinido, más bien lo contrario.

Ahora bien, el movimiento humanista tenía su estilo: una fina ironía que en lectura rápida podría ser tildada de "post-moderna"(o tal vez, como señala Prévost, habría que entender esta ironía como aquella que consiste en expresar cómicamente cosas en el fondo muy serias y al humor como la habilidad para soltar las mayores sandeces con seriedad impávida). Pero no se abusaba de este ejercicio para desmerecerlo todo sino que detrás de cada pirueta intelectual debía haber una enseñanza moral; no es la mofa generalizada y estéril de un Luciano, es la risa de Platón. Una burla solapada a la pompa exagerada y tilinga de quienes parodian la seriedad con rosetas barrocas. Cierta vez el Canciller Wolsey se presentó ante el parlamento con toda su corte (ballesteros, hacheros, secretarios, etc.) con la evidente intención de influir en la decisión de este órgano, en cuanto a su negativa de prestar una suma exageradísima para mantener las tropas de una guerra inútil. Quiso el Canciller interpelar a los diputados pero ninguno le contestaba; exasperado frente al repentino enmudecimiento de los representantes encaró a su presidente que suelto de cuerpo le explicó que "Los Comunes se hallaban confundidos ante la

(Continúa en la página 10)

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