Stalin Rivas con esa suerte de aura mágica que siempre lo ha caracterizado, fue por muchos años la ilusión para un fútbol tan golpeado como el nuestro, ver a Stalin Rivas entrar a la cancha ha sido siempre muy reconfortante, no importa la calidad del rival, la ilusión siempre esta en los botines del mago.
La esperanza en su pase perfecto, medido, donde el contrario no llega, siempre estuvo presente, cuando Stalin Rivas tocaba el balón el mundo era una mezcla ambigua de imágenes y sonidos, todo se mezclaba en un viaje a otra dimensión, no existía mas, solo el mago, su zurda de oro y la esperanza de Venezuela que parecía tocarse con la mano...