Plaza & Janes Editores
Titulo La Herencia De Los Abuelos

 

 

 
     
 
La Herencia De Los Abuelos
 
 
 
     
   
Jaime García Arbeláez
 
 
    Portada del Libro
 
     
 

COLECCIÓN: Literatura

 
 

PÁGINAS: 408

 
 

FECHA DE PUBLICACIÓN: Mayo 2001

 
 

GÉNERO: Novela

 
 

ISBN: 958-14-0651-5

 
   
  Presione aquí para obtener su copia  
 
 
 
 


Ironía y bonhomía son las dos palabras que acuden en primera instancia a la mente del lector que recorre las páginas de esta novela. Ironía suave y bondadosa bajo el manto de un estilo claro, directo, que describe seres humanos de estatura cotidiana, con sus pequeños defectos y sus virtudes de tamaño normal, sus pequeñas superficialidades y la hondura de sus dramas personales apenas esbozados o narrados al pasar, en segundo plano, en medio de la intriga que a todos captura y envuelve. Bonhomía que hace de cada personaje un ser humano sin adjetivos, un sujeto de acontecimientos imprevistos y circunstancias intangibles, un anti-héroe, una persona que merece atención y comprensión aunque no siempre merezca justificación.

En efecto: La herencia de los abuelos, novela del colombiano Jaime García Arbeláez (Plaza & Janés, Colombia, 2001), es una narración de anti-héroes, si bien la protagonista, Gabriela, joven y atractiva orfebre, captura nuestra simpatía desde las primeras páginas. El sorprendente destino de un enorme tesoro de la colección del Museo del Oro de Bogotá, que desaparece misteriosamente en España, nos lleva de la mano por el laberinto de una docena de vidas humanas, seres de la más diversa catadura a quienes unen las vicisitudes de la investigación, y nos pone en contacto con áreas y rincones de la realidad colombiana sin caer en las trampas del folletín policial ni del panfleto de denuncia social.

Desde el inicio se evidencia la inocultable intención del autor: rendir un homenaje a la herencia de los abuelos, la rica y multifacética cultura de los ancestros indígenas, que no solamente vibra en los bellos objetos de oro desaparecidos, sino también en rasgos, actitudes, valores y formas del lenguaje vivo de los personajes. Para acentuar esta intención, García Arbeláez ha numerado los capítulos de su novela con las palabras muiscas correspondientes y ha puesto la clave del enigma en un misterioso papelito escrito en muisca, que la inteligente Gabriela deberá descifrar para abrirse paso hacia el inesperado descubrimiento de la verdad.

García Arbeláez recurre a trucos sencillos, pero eficaces, para aumentar la curiosidad del lector y capturar su atención. Los personajes se interrumpen con frecuencia, en medio de sus diálogos, para decir banalidades, o arreglarse la ropa, o prepararse un vaso de whisky, mientras el lector se muerde las uñas y se impacienta por estas distracciones. El resultado es una tensión que impulsa a continuar la lectura y que sutilmente entrega información sobre el carácter de cada personaje. Particularmente bien logrados son los tres últimos capítulos, que preparan el clímax final y la solución del enigma.

Es evidente, también, que García Arbeláez ha trabajado minuciosamente sus herramientas narrativas. Se ha documentado en profundidad sobre la cultura muisca, su arte y su lengua. Ha pensado mucho en sus técnicas narrativas, para mantener la atención del lector siempre concentrada en las personas, no en los objetos. Así por ejemplo, ha rechazado el uso de formas adverbiales que califican la acción y ha preferido adjetivar al personaje: no escribe "saludó jovialmente" (lo que indicaría que la forma de saludar era jovial), sino "saludó jovial" (lo que indica que toda la persona en cuestión estaba en actitud jovial). Esto acentúa el tono de bonhomía. La persona es lo central. Todo lo demás es circunstancial.

El autor, Jaime García Arbeláez, nacido en Medellín en 1955, reside en Vancouver, Canadá. Dio sus primeros pasos en la literatura en idioma inglés. Ha publicado relatos y cuentos por los cuales ha recibido elogios y premios. La herencia de los abuelos, su primera novela, abre sin duda una nueva etapa de su obra literaria. Es de esperar que esa obra continúe desarrollándose y creciendo, porque el autor tiene mucho que decirnos todavía sobre los fascinantes seres humanos que habitan su corazón y su mente de escritor.

Carlos Vidales
Profesor de Literatura
Stockholms Universitet
Suecia, Noviembre de 2001.

Tengo sobre mi escritorio La Herencia de los Abuelos, novela recién escrita por el autor colombiano Jaime García Arbeláez. De vez en cuando aparecen novelas como ésta, con el poder de recordar a los lectores la razón por la cual se leen libros en primer lugar. Porque ésta es una obra que no sólo me entretuvo y me enseñó, sino que me llenó de admiración, escrita con la técnica y el esmero de la mejor literatura. García Arbeláez logra en ésta su primera novela aquello que a tantos otros autores les ha tomado innumerables ensayos: una sólida madurez y maestría, vistas en su elegante manejo del lenguaje cómo también en la fecunda sicología con la cual dota a sus personajes, sin dejar de mencionar el diligente tratamiento que concede a la novela en general. En vano averigüé con mis colegas en cuanto a otras obras escritas por Jaime García Arbeláez, y todo lo que pude encontrar fueron breves artículos para revistas y foros de discusión que acaso presagiaban su talentosa aptitud como escritor.

Como dije al principio, La Herencia de los Abuelos me entretuvo por varios días, de manera que al final, cuando leía sus últimas páginas, disfrutándolas con lentitud, me sentí un poco acongojado cuando me introduje en su asombroso desenlace. Quería leer más. No porque la obra fuera leve, después de todo fueron cerca de 400 páginas, sino porque deseaba extender el placer de la lectura, que no todo terminara allí. La trama de la novela parte de una premisa sin complicaciones: la desaparición del tesoro más valioso de la nación colombiana. Tesoro que, lo admito, y aquí pido perdón a mis amigos de ese país, jamás supe que existiera. Y Gabriela, la protagonista principal, una hermosa mujer que pronto se gana nuestro afecto, sin buscarlo ni desearlo, se halla en la cautivante tarea de descubrir no solo quién fue el ejecutor de aquella infortunada pérdida, sino también cómo y dónde, y lo que después es más importante, el porqué. Y de una manera lógica y original, en un desarrollo de la trama que irónicamente y al mismo tiempo intensifica la intriga, párrafo a párrafo García Arbeláez va construyendo el edificio de su novela, atando cabos con diligencia y sin enredarse con temas traídos de más, siempre adelante, abriéndonos puertas nuevas, en una sagaz presentación de los argumentos.

Llegamos, por supuesto, a conocer otros personajes en La Herencia de los Abuelos: una amiga promiscua, un anciano y sabio erudito en lenguas, un ejecutivo tramposo y arrogante, un embajador enamorado de su propio verbo, y otros más que complementan a éstos últimos, que no por ser secundarios dejan de brillar con su propia luz. García Arbeláez ama a sus personajes. Poco a poco hace que éstos cobren personalidades auténticas, como si fuesen nuestros amigos o parientes, y nos encontramos, según avanzamos en la lectura, que igual los queremos o los detestamos.

La Herencia de los Abuelos enseña. Gran parte de la trama se basa en el gradual descubrimiento de la gramática Muisca, lengua aborigen de Colombia, escuchada a viva voz por los primeros españoles que cruzaron el océano. García Arbeláez entonces recoge esos valiosos fragmentos que por fortuna el tiempo conservó, y con una habilidad que me dejó fascinado, los incorpora en su novela, de modo que uno aprende cosas novedosas mientras seguimos las pisadas de Gabriela, convertida en orfebre inquisitiva en Madrid y en Bogotá. Y amigos, sujétense el sombrero, irrumpe en la escena un anciano erudito en lenguas e historiador que, vaya si lo es, nos deja saber, con la naturalidad de los que saben, que la sobrina de Gonzalo Jiménez de Quesada, conquistador de Colombia, se casó nada menos que con Miguel de Cervantes Saavedra, (lo cual es cierto), y de allí García Arbeláez, a través de otro personaje que es imagen de un venerable historiador colombiano, reaviva un par de aserciones en cuanto a Cervantes Saavedra que yo las considero sorprendentes y que sin duda deben dar lugar a provocativas discusiones.

Y existen otras razones que me hacen admirar esta novela. Porque a partir de elementos tan dispersos como la historia, sea ésta indígena como hispana, la lingüística y la aritmética Muisca, enlazados en cautivante deducción lógica, además de la culta como a veces disoluta sociedad bogotana, todo esto tratado con erudición y respeto, y mencionando también su picante y refinado humor, Jaime García Arbeláez nos lleva con su novela a puerto seguro, con pulso firme y sin pestañear. Y entonces en ese momento uno comienza a admitir, con cálido agradecimiento, que uno ha caído en las manos de un novelista maduro, uno a quien yo saludo batiendo fervorosamente mis palmas.

Alejandro Salazar Esparza
México, Octubre 2000

En las espaciosas salas del museo madrileño Thyssen-Bornemisza, colmadas sus paredes con pinturas de Canaletto y Kandinsky, de Gauguin y Van Gogh, de Rubens, Goya y Ghirlandao, comienza la hermosa novela ´La Herencia de los Abuelos´, del autor Jaime García Arbeláez. ¿Y cómo podemos explicar que una novela cuya trama discurre en su mayor parte en una dinámica urbe hispanoamericana, cómo lo es Bogotá, tenga su génesis en Madrid? Pues es una explicación que no por simple y corta deja de ser verídica: la historia y cultura que arrastran estas dos naciones desde hace siglos en ciertos matices coinciden simbólicamente en aquel museo español, y una situación creíble pero ficticia pone en marcha la novela de García Arbeláez, en lo que después será una animada cadena de acontecimientos que luego culmina en Bogotá. Y en la resolución de esta fascinante novela, García Arbeláez nos ratifica que ese concepto de nación que comenzó hace tantos años en los corredores de algún palacio de la península ibérica, continúa hasta hoy con postulados históricos todavía irresolutos.

Las imágenes que son comúnmente asociadas con un país latinoamericano como Colombia, para el desprevenido ciudadano de cualquier rincón del planeta, además del sol implacable y la aplastante humedad tropical, son la violencia endémica y las mil injusticias en medio de riquezas fabulosas, todo en un ambiente de música alegre y pasiones desbordadas. Bien pueden serlo. Pero lo que la gente común desconoce, y aun gentes de la misma Hispanoamérica, es que en Colombia también existen los fríos altiplanos donde vive la mitad de su población, donde se practica la sana reflexión y el esmero en el estudio, se vive con algo de tranquilidad y en relaciones sociales regidas por valores antiguos, tal vez demasiado antiguos pero honorables en todo caso, la música moderada, el buen comer, y las pasiones más fuertes revestidas con sutil o taimada dosificación. Entonces, en ese organizado renglón de vida desfila la novela de García Arbeláez: la otra Bogotá, la Bogotá culta con la cual se identifican y enorgullecen la mayoría de sus habitantes, aunque no por eso deja de estar presente en ´La Herencia de los Abuelos´ también una Bogotá dura y terrible, la cual suscita pasiones irreconciliables e incertidumbres que sobrecogen la existencia de los personajes de la novela.

Planteada la novela como un enigma en el mejor estilo de reconocidas novelas europeas de la década anterior -En el Nombre de la Rosa, de Umberto Eco, La Tabla de Flandes, de Arturo Pérez-Reverte-, García Arbeláez hace acopio de elementos dispersos como son el ahora extinto lenguaje de los Muiscas, el legado escrito de Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de Colombia, los afamados museo Thyssen-Bornemisza de Madrid y Museo del Oro en Bogotá, además de una seria de personajes de gran familiaridad, y con éstos el autor entonces edifica su novela enseñándonos sin enseñar, felizmente un don esencial de los buenos novelistas. Porque García Arbeláez, con mucha sutileza y facilidad despierta, capitulo tras capitulo, la curiosidad del lector, y como consecuencia, la necesidad de saciarla si fuera posible de un sólo golpe. En otras palabras, su escritura y trama nos dejan sin otra salida que continuar leyendo.

Esta sutileza y facilidad que acabamos de mencionar, lejos de ser el producto de la casualidad o lo que algunos llaman la inspiración, no es sino el resultado de una técnica de escritura que es el recurso que rige, tras el telón, la obra de los buenos escritores.

Por ejemplo, en el estilo de su escritura podemos percibir una mezcla de aquel usado por escritores consumados como Pérez-Reverte y Antonio Muñoz Molina, de gran actualidad en España. Esto se traduce en una lectura veloz, realmente ágil, y que en contadas ocasiones se eleva al nivel de lo poético sin caer en adorno inútiles, pero que siempre nos regresa calmadamente al hilo de la trama. La sintaxis, es decir, al arte de encadenar palabras y frases de manera fluida y económica sin perder el sabor de las buenas lecturas, es algo que García Arbeláez maneja de manera impecable, todo lo cual demuestra un gran esmero y mucho pulimento.

Otra elemento para calificar es el entramado de la novela. En un comienzo, como casi todo libro, parece ser una trama simple, y esto es adecuado, pues concede al lector la base sobre la cual se desarrolla el resto de la historia. No obstante, a medida que leemos, la trama se enriquece y nos asombra, sin jamás dejar de ser simple en su esencia. El desarrollo pagina tras pagina es consecuente y muy bien hilvanado, sin incoherencias repentinas ni párrafos desprendidos, todo cumple su propósito, el cual es mostrar lo que sucede con verbo e imágenes y no decir con el uso de mucho adjetivos.

El lector llega a comprometerse con la trama, y con nuevos elementos introducidos a su debido tiempo, el enigma se intensifica y nuestra curiosidad se acrecienta. La resolución de la trama es un lujo, la tensión se libera con maestría, nos deja satisfechos. El último capitulo ha sido objeto de muchos comentarios por lectores que quedaron fascinados. García Arbeláez ha recogido más de veinte cartas todas relacionadas con el insólito y bien logrado desenlace. Incluso, la trama es tan creíble, que casi todos los que han leído la novela se preguntan si lo que allí sucede ocurrió alguna vez en la realidad. Para su información, algunas de las cosas con base histórica sí ocurrieron, pero la trama contemporánea es pura ficción.

En cuanto a la caracterización o el manejo de los personajes, García Arbeláez sale bien librado, muy bien librado, porque demuestra una capacidad admirable de penetrar en las entretelas psicológicas de sus personajes, hasta el punto que el lector desarrolla cariño o desprecio por ellos. Gabriela, la protagonista principal, fácilmente nos seduce con su honrada apreciación de los hechos y su grácil desenvoltura. Su debilidad, a veces atribuida a las mujeres bellas, es apenas un señuelo, pues es ella y su tenacidad de hierro lo que apisona todos los entuertos de la novela. El viejo erudito en lenguas y librero anticuario, Antonio Vargas, es un anciano digno de un buen abrazo. También encontramos a Sofía, la amiga promiscua, vieja verde que ama y sufre tanto como bebe y fuma, o a Javier, el encopetado y petulante informático bogotano, figura de mil burlas en la sopa cultural colombiana.

Otro elemento calificativo es la simbología y uso de imágenes. En los símbolos, los hay muy poderosos, en la forma de tesoros esfumados de Colombia, tesoros reales que hoy habitan casas extranjeras. Tuvieron que pasar muchas décadas y muchas pérdidas para que Colombia por fin se diera cuenta y lamentara el malogro de sus más queridos patrimonios. Por descuido, excesiva generosidad, o por abusos de confianza, el país perdió el más valioso tesoro precolombino de todas las Américas, el Tesoro Quimbaya, además de la Corona de los Andes, la joya religiosa más bella, e igual las 6.318 láminas de la Real Expedición Botánica, que ahora reposan en Madrid. García Arbeláez utiliza estos símbolos perdidos, para incitar al lector en la trama de la novela.

En cuanto al uso de imágenes, abundan éstas en los párrafos de la novela, hasta convertirse en una verdadera cornucopia de figuras mentales que enriquecen y amenizan la lectura. No tenemos tiempo para citar ejemplos, pero uno que me llamó la atención está en la pagina 46, la cual ahora cito:

´... Y así continuaba Gabriela en muda admiración con aquel desvanecimiento mágico, y aunque intentó sacudírselo, todavía colgaba sobre ella, como un garfio afilado, un ominoso signo de interrogación´.

Como un garfio afilado, como irritante paja, como la espuma que sube, como quien desgrana maíz, y muchas imágenes como éstas dan frecuente colorido y mejor significado a la lectura.

Tal vez un punto que pudiera mencionar es que la novela en ocasiones cae en descripciones ambientales o geográficas un tanto extensas, muy al estilo de Charles Dickens, pero se le perdona al escritor porque por lo general ocurren en párrafos preliminares de algún capitulo, con el propósito de ambientar mejor la escena.

Todas estas técnicas utilizadas por García Arbeláez, el estilo ágil y moderno pero a la misma vez respetuoso del castellano puro, la trama inteligente y siempre renovada, la erudición histórica del contexto, la hábil caracterización de sus personajes, el uso de símbolos existentes -tesoros, lenguajes indígenas, pergaminos valiosos-, y las vívidas imágenes bien puestas en la escritura, demuestran en el autor una completa dedicación a su trabajo como escritor. Sé que García Arbeláez trabajó arduamente por seis años en la confección de su novela, por la cual lo felicito.

Puedo decir, entonces, sin temor ni duda, que la lectura de ´La Herencia de los Abuelos´ es comida buena para el espíritu. A todos los amigos de las buena escritura, a los amantes de la historia de España y las Américas, a los simpatizantes de los enigmas planteados y resueltos con inteligencia, o bien sea a los lectores en busca de algo provechoso y ameno que leer, a todos ellos recomiendo ´La Herencia de los Abuelos´.

Violette Barrot-Hernandez
Universite Aix-Marseille - Francia
Agosto 2001

 
       
 
       


 
La Herencia De Los Abuelos
Copyright 2001 ©