|
Ironía y bonhomía son las dos palabras que
acuden en primera instancia a la mente del lector que recorre
las páginas de esta novela. Ironía suave y bondadosa
bajo el manto de un estilo claro, directo, que describe seres
humanos de estatura cotidiana, con sus pequeños defectos
y sus virtudes de tamaño normal, sus pequeñas
superficialidades y la hondura de sus dramas personales apenas
esbozados o narrados al pasar, en segundo plano, en medio
de la intriga que a todos captura y envuelve. Bonhomía
que hace de cada personaje un ser humano sin adjetivos, un
sujeto de acontecimientos imprevistos y circunstancias intangibles,
un anti-héroe, una persona que merece atención
y comprensión aunque no siempre merezca justificación.
En efecto: La herencia de los abuelos, novela del colombiano
Jaime García Arbeláez (Plaza & Janés,
Colombia, 2001), es una narración de anti-héroes,
si bien la protagonista, Gabriela, joven y atractiva orfebre,
captura nuestra simpatía desde las primeras páginas.
El sorprendente destino de un enorme tesoro de la colección
del Museo del Oro de Bogotá, que desaparece misteriosamente
en España, nos lleva de la mano por el laberinto de
una docena de vidas humanas, seres de la más diversa
catadura a quienes unen las vicisitudes de la investigación,
y nos pone en contacto con áreas y rincones de la realidad
colombiana sin caer en las trampas del folletín policial
ni del panfleto de denuncia social.
Desde el inicio se evidencia la inocultable intención
del autor: rendir un homenaje a la herencia de los abuelos,
la rica y multifacética cultura de los ancestros indígenas,
que no solamente vibra en los bellos objetos de oro desaparecidos,
sino también en rasgos, actitudes, valores y formas
del lenguaje vivo de los personajes. Para acentuar esta intención,
García Arbeláez ha numerado los capítulos
de su novela con las palabras muiscas correspondientes y ha
puesto la clave del enigma en un misterioso papelito escrito
en muisca, que la inteligente Gabriela deberá descifrar
para abrirse paso hacia el inesperado descubrimiento de la
verdad.
García Arbeláez recurre a trucos sencillos,
pero eficaces, para aumentar la curiosidad del lector y capturar
su atención. Los personajes se interrumpen con frecuencia,
en medio de sus diálogos, para decir banalidades, o
arreglarse la ropa, o prepararse un vaso de whisky, mientras
el lector se muerde las uñas y se impacienta por estas
distracciones. El resultado es una tensión que impulsa
a continuar la lectura y que sutilmente entrega información
sobre el carácter de cada personaje. Particularmente
bien logrados son los tres últimos capítulos,
que preparan el clímax final y la solución del
enigma.
Es evidente, también, que García Arbeláez
ha trabajado minuciosamente sus herramientas narrativas. Se
ha documentado en profundidad sobre la cultura muisca, su
arte y su lengua. Ha pensado mucho en sus técnicas
narrativas, para mantener la atención del lector siempre
concentrada en las personas, no en los objetos. Así
por ejemplo, ha rechazado el uso de formas adverbiales que
califican la acción y ha preferido adjetivar al personaje:
no escribe "saludó jovialmente" (lo que indicaría
que la forma de saludar era jovial), sino "saludó
jovial" (lo que indica que toda la persona en cuestión
estaba en actitud jovial). Esto acentúa el tono de
bonhomía. La persona es lo central. Todo lo demás
es circunstancial.
El autor, Jaime García Arbeláez, nacido en
Medellín en 1955, reside en Vancouver, Canadá.
Dio sus primeros pasos en la literatura en idioma inglés.
Ha publicado relatos y cuentos por los cuales ha recibido
elogios y premios. La herencia de los abuelos, su primera
novela, abre sin duda una nueva etapa de su obra literaria.
Es de esperar que esa obra continúe desarrollándose
y creciendo, porque el autor tiene mucho que decirnos todavía
sobre los fascinantes seres humanos que habitan su corazón
y su mente de escritor.
Carlos Vidales
Profesor de Literatura
Stockholms Universitet
Suecia, Noviembre de 2001.
Tengo sobre mi escritorio La Herencia de los Abuelos, novela
recién escrita por el autor colombiano Jaime García
Arbeláez. De vez en cuando aparecen novelas como ésta,
con el poder de recordar a los lectores la razón por
la cual se leen libros en primer lugar. Porque ésta
es una obra que no sólo me entretuvo y me enseñó,
sino que me llenó de admiración, escrita con
la técnica y el esmero de la mejor literatura. García
Arbeláez logra en ésta su primera novela aquello
que a tantos otros autores les ha tomado innumerables ensayos:
una sólida madurez y maestría, vistas en su
elegante manejo del lenguaje cómo también en
la fecunda sicología con la cual dota a sus personajes,
sin dejar de mencionar el diligente tratamiento que concede
a la novela en general. En vano averigüé con mis
colegas en cuanto a otras obras escritas por Jaime García
Arbeláez, y todo lo que pude encontrar fueron breves
artículos para revistas y foros de discusión
que acaso presagiaban su talentosa aptitud como escritor.
Como dije al principio, La Herencia de los Abuelos me entretuvo
por varios días, de manera que al final, cuando leía
sus últimas páginas, disfrutándolas con
lentitud, me sentí un poco acongojado cuando me introduje
en su asombroso desenlace. Quería leer más.
No porque la obra fuera leve, después de todo fueron
cerca de 400 páginas, sino porque deseaba extender
el placer de la lectura, que no todo terminara allí.
La trama de la novela parte de una premisa sin complicaciones:
la desaparición del tesoro más valioso de la
nación colombiana. Tesoro que, lo admito, y aquí
pido perdón a mis amigos de ese país, jamás
supe que existiera. Y Gabriela, la protagonista principal,
una hermosa mujer que pronto se gana nuestro afecto, sin buscarlo
ni desearlo, se halla en la cautivante tarea de descubrir
no solo quién fue el ejecutor de aquella infortunada
pérdida, sino también cómo y dónde,
y lo que después es más importante, el porqué.
Y de una manera lógica y original, en un desarrollo
de la trama que irónicamente y al mismo tiempo intensifica
la intriga, párrafo a párrafo García
Arbeláez va construyendo el edificio de su novela,
atando cabos con diligencia y sin enredarse con temas traídos
de más, siempre adelante, abriéndonos puertas
nuevas, en una sagaz presentación de los argumentos.
Llegamos, por supuesto, a conocer otros personajes en La
Herencia de los Abuelos: una amiga promiscua, un anciano y
sabio erudito en lenguas, un ejecutivo tramposo y arrogante,
un embajador enamorado de su propio verbo, y otros más
que complementan a éstos últimos, que no por
ser secundarios dejan de brillar con su propia luz. García
Arbeláez ama a sus personajes. Poco a poco hace que
éstos cobren personalidades auténticas, como
si fuesen nuestros amigos o parientes, y nos encontramos,
según avanzamos en la lectura, que igual los queremos
o los detestamos.
La Herencia de los Abuelos enseña. Gran parte de la
trama se basa en el gradual descubrimiento de la gramática
Muisca, lengua aborigen de Colombia, escuchada a viva voz
por los primeros españoles que cruzaron el océano.
García Arbeláez entonces recoge esos valiosos
fragmentos que por fortuna el tiempo conservó, y con
una habilidad que me dejó fascinado, los incorpora
en su novela, de modo que uno aprende cosas novedosas mientras
seguimos las pisadas de Gabriela, convertida en orfebre inquisitiva
en Madrid y en Bogotá. Y amigos, sujétense el
sombrero, irrumpe en la escena un anciano erudito en lenguas
e historiador que, vaya si lo es, nos deja saber, con la naturalidad
de los que saben, que la sobrina de Gonzalo Jiménez
de Quesada, conquistador de Colombia, se casó nada
menos que con Miguel de Cervantes Saavedra, (lo cual es cierto),
y de allí García Arbeláez, a través
de otro personaje que es imagen de un venerable historiador
colombiano, reaviva un par de aserciones en cuanto a Cervantes
Saavedra que yo las considero sorprendentes y que sin duda
deben dar lugar a provocativas discusiones.
Y existen otras razones que me hacen admirar esta novela.
Porque a partir de elementos tan dispersos como la historia,
sea ésta indígena como hispana, la lingüística
y la aritmética Muisca, enlazados en cautivante deducción
lógica, además de la culta como a veces disoluta
sociedad bogotana, todo esto tratado con erudición
y respeto, y mencionando también su picante y refinado
humor, Jaime García Arbeláez nos lleva con su
novela a puerto seguro, con pulso firme y sin pestañear.
Y entonces en ese momento uno comienza a admitir, con cálido
agradecimiento, que uno ha caído en las manos de un
novelista maduro, uno a quien yo saludo batiendo fervorosamente
mis palmas.
Alejandro Salazar Esparza
México, Octubre 2000
En las espaciosas salas del museo madrileño Thyssen-Bornemisza,
colmadas sus paredes con pinturas de Canaletto y Kandinsky,
de Gauguin y Van Gogh, de Rubens, Goya y Ghirlandao, comienza
la hermosa novela ´La Herencia de los Abuelos´,
del autor Jaime García Arbeláez. ¿Y cómo
podemos explicar que una novela cuya trama discurre en su
mayor parte en una dinámica urbe hispanoamericana,
cómo lo es Bogotá, tenga su génesis en
Madrid? Pues es una explicación que no por simple y
corta deja de ser verídica: la historia y cultura que
arrastran estas dos naciones desde hace siglos en ciertos
matices coinciden simbólicamente en aquel museo español,
y una situación creíble pero ficticia pone en
marcha la novela de García Arbeláez, en lo que
después será una animada cadena de acontecimientos
que luego culmina en Bogotá. Y en la resolución
de esta fascinante novela, García Arbeláez nos
ratifica que ese concepto de nación que comenzó
hace tantos años en los corredores de algún
palacio de la península ibérica, continúa
hasta hoy con postulados históricos todavía
irresolutos.
Las imágenes que son comúnmente asociadas con
un país latinoamericano como Colombia, para el desprevenido
ciudadano de cualquier rincón del planeta, además
del sol implacable y la aplastante humedad tropical, son la
violencia endémica y las mil injusticias en medio de
riquezas fabulosas, todo en un ambiente de música alegre
y pasiones desbordadas. Bien pueden serlo. Pero lo que la
gente común desconoce, y aun gentes de la misma Hispanoamérica,
es que en Colombia también existen los fríos
altiplanos donde vive la mitad de su población, donde
se practica la sana reflexión y el esmero en el estudio,
se vive con algo de tranquilidad y en relaciones sociales
regidas por valores antiguos, tal vez demasiado antiguos pero
honorables en todo caso, la música moderada, el buen
comer, y las pasiones más fuertes revestidas con sutil
o taimada dosificación. Entonces, en ese organizado
renglón de vida desfila la novela de García
Arbeláez: la otra Bogotá, la Bogotá culta
con la cual se identifican y enorgullecen la mayoría
de sus habitantes, aunque no por eso deja de estar presente
en ´La Herencia de los Abuelos´ también
una Bogotá dura y terrible, la cual suscita pasiones
irreconciliables e incertidumbres que sobrecogen la existencia
de los personajes de la novela.
Planteada la novela como un enigma en el mejor estilo de
reconocidas novelas europeas de la década anterior
-En el Nombre de la Rosa, de Umberto Eco, La Tabla de Flandes,
de Arturo Pérez-Reverte-, García Arbeláez
hace acopio de elementos dispersos como son el ahora extinto
lenguaje de los Muiscas, el legado escrito de Gonzalo Jiménez
de Quesada, fundador de Colombia, los afamados museo Thyssen-Bornemisza
de Madrid y Museo del Oro en Bogotá, además
de una seria de personajes de gran familiaridad, y con éstos
el autor entonces edifica su novela enseñándonos
sin enseñar, felizmente un don esencial de los buenos
novelistas. Porque García Arbeláez, con mucha
sutileza y facilidad despierta, capitulo tras capitulo, la
curiosidad del lector, y como consecuencia, la necesidad de
saciarla si fuera posible de un sólo golpe. En otras
palabras, su escritura y trama nos dejan sin otra salida que
continuar leyendo.
Esta sutileza y facilidad que acabamos de mencionar, lejos
de ser el producto de la casualidad o lo que algunos llaman
la inspiración, no es sino el resultado de una técnica
de escritura que es el recurso que rige, tras el telón,
la obra de los buenos escritores.
Por ejemplo, en el estilo de su escritura podemos percibir
una mezcla de aquel usado por escritores consumados como Pérez-Reverte
y Antonio Muñoz Molina, de gran actualidad en España.
Esto se traduce en una lectura veloz, realmente ágil,
y que en contadas ocasiones se eleva al nivel de lo poético
sin caer en adorno inútiles, pero que siempre nos regresa
calmadamente al hilo de la trama. La sintaxis, es decir, al
arte de encadenar palabras y frases de manera fluida y económica
sin perder el sabor de las buenas lecturas, es algo que García
Arbeláez maneja de manera impecable, todo lo cual demuestra
un gran esmero y mucho pulimento.
Otra elemento para calificar es el entramado de la novela.
En un comienzo, como casi todo libro, parece ser una trama
simple, y esto es adecuado, pues concede al lector la base
sobre la cual se desarrolla el resto de la historia. No obstante,
a medida que leemos, la trama se enriquece y nos asombra,
sin jamás dejar de ser simple en su esencia. El desarrollo
pagina tras pagina es consecuente y muy bien hilvanado, sin
incoherencias repentinas ni párrafos desprendidos,
todo cumple su propósito, el cual es mostrar lo que
sucede con verbo e imágenes y no decir con el uso de
mucho adjetivos.
El lector llega a comprometerse con la trama, y con nuevos
elementos introducidos a su debido tiempo, el enigma se intensifica
y nuestra curiosidad se acrecienta. La resolución de
la trama es un lujo, la tensión se libera con maestría,
nos deja satisfechos. El último capitulo ha sido objeto
de muchos comentarios por lectores que quedaron fascinados.
García Arbeláez ha recogido más de veinte
cartas todas relacionadas con el insólito y bien logrado
desenlace. Incluso, la trama es tan creíble, que casi
todos los que han leído la novela se preguntan si lo
que allí sucede ocurrió alguna vez en la realidad.
Para su información, algunas de las cosas con base
histórica sí ocurrieron, pero la trama contemporánea
es pura ficción.
En cuanto a la caracterización o el manejo de los
personajes, García Arbeláez sale bien librado,
muy bien librado, porque demuestra una capacidad admirable
de penetrar en las entretelas psicológicas de sus personajes,
hasta el punto que el lector desarrolla cariño o desprecio
por ellos. Gabriela, la protagonista principal, fácilmente
nos seduce con su honrada apreciación de los hechos
y su grácil desenvoltura. Su debilidad, a veces atribuida
a las mujeres bellas, es apenas un señuelo, pues es
ella y su tenacidad de hierro lo que apisona todos los entuertos
de la novela. El viejo erudito en lenguas y librero anticuario,
Antonio Vargas, es un anciano digno de un buen abrazo. También
encontramos a Sofía, la amiga promiscua, vieja verde
que ama y sufre tanto como bebe y fuma, o a Javier, el encopetado
y petulante informático bogotano, figura de mil burlas
en la sopa cultural colombiana.
Otro elemento calificativo es la simbología y uso
de imágenes. En los símbolos, los hay muy poderosos,
en la forma de tesoros esfumados de Colombia, tesoros reales
que hoy habitan casas extranjeras. Tuvieron que pasar muchas
décadas y muchas pérdidas para que Colombia
por fin se diera cuenta y lamentara el malogro de sus más
queridos patrimonios. Por descuido, excesiva generosidad,
o por abusos de confianza, el país perdió el
más valioso tesoro precolombino de todas las Américas,
el Tesoro Quimbaya, además de la Corona de los Andes,
la joya religiosa más bella, e igual las 6.318 láminas
de la Real Expedición Botánica, que ahora reposan
en Madrid. García Arbeláez utiliza estos símbolos
perdidos, para incitar al lector en la trama de la novela.
En cuanto al uso de imágenes, abundan éstas
en los párrafos de la novela, hasta convertirse en
una verdadera cornucopia de figuras mentales que enriquecen
y amenizan la lectura. No tenemos tiempo para citar ejemplos,
pero uno que me llamó la atención está
en la pagina 46, la cual ahora cito:
´... Y así continuaba Gabriela en muda admiración
con aquel desvanecimiento mágico, y aunque intentó
sacudírselo, todavía colgaba sobre ella, como
un garfio afilado, un ominoso signo de interrogación´.
Como un garfio afilado, como irritante paja, como la espuma
que sube, como quien desgrana maíz, y muchas imágenes
como éstas dan frecuente colorido y mejor significado
a la lectura.
Tal vez un punto que pudiera mencionar es que la novela en
ocasiones cae en descripciones ambientales o geográficas
un tanto extensas, muy al estilo de Charles Dickens, pero
se le perdona al escritor porque por lo general ocurren en
párrafos preliminares de algún capitulo, con
el propósito de ambientar mejor la escena.
Todas estas técnicas utilizadas por García
Arbeláez, el estilo ágil y moderno pero a la
misma vez respetuoso del castellano puro, la trama inteligente
y siempre renovada, la erudición histórica del
contexto, la hábil caracterización de sus personajes,
el uso de símbolos existentes -tesoros, lenguajes indígenas,
pergaminos valiosos-, y las vívidas imágenes
bien puestas en la escritura, demuestran en el autor una completa
dedicación a su trabajo como escritor. Sé que
García Arbeláez trabajó arduamente por
seis años en la confección de su novela, por
la cual lo felicito.
Puedo decir, entonces, sin temor ni duda, que la lectura
de ´La Herencia de los Abuelos´ es comida buena
para el espíritu. A todos los amigos de las buena escritura,
a los amantes de la historia de España y las Américas,
a los simpatizantes de los enigmas planteados y resueltos
con inteligencia, o bien sea a los lectores en busca de algo
provechoso y ameno que leer, a todos ellos recomiendo ´La
Herencia de los Abuelos´.
Violette Barrot-Hernandez
Universite Aix-Marseille - Francia
Agosto 2001
|
|
|