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La Biblia
La Biblia es la palabra de Dios, inspirada plenamente por El (2 Ti. 3:16; 2 P. 1:21), en sus manuscritos originales no hay error alguno y es eterna (Isaías 40:8; Mt. 24:35; Jn. 8:31, 32). Por tanto creemos que ella es autoridad suprema en nuestras vida, nuestras creencias y nuestra doctrina (Jn. 10:35; He. 4:12; 2 P. 3:15, 16).
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Dios Trino
Creemos en la existencia de un sólo Dios (Dt. 6:4; 1 Co. 8:4-6; Stg. 2:19), y que existe en tres personas coeternas e iguales en todo, de la misma sustancia; Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo (Mt. 3:16, 17; 2 Co. 13:14; Ef. 4:4-6; Jn 16:27; He. 1:8; Hech. 5:3, 4). Dios nunca cambia (Stg. 2:17; He. 13:8).
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Dios Padre
Creemos que el Padre es Dios, y su relación con sus criaturas es de este modo (Hch. 17:29). El mismo es Padre del Señor Jesucristo (Mt. 3:17); y de los que han aceptado a Cristo como salvador personal (Ga. 3:26). El es quien nos eligió (Ef. 1:3-6), quien envió a Cristo (Jn. 3:16), y quien disciplina a sus hijos (He. 12:9).
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Dios Hijo
Creemos que Cristo siempre ha existido; que en él, por él y para él fueron creadas todas las cosas (Col. 1:16), encarnado al ser engendrado del Espíritu Santo y concebido por María la virgen (Mt. 1:18-23; Lc. 1:26-35); al mismo tiempo ella no le transmitió su naturaleza pecaminosa (Lc. 2:40, 52; He. 4:14, 15; 1 Jn. 3:5). Creemos que Jesús es 100% Dios y 100% hombre, porque al Hijo, siendo Dios, le fue añadida la naturaleza humana, pero sin pecado; por esta razón es el perfecto mediador entre Dios y los hombres (1 Ti. 2:5). Creemos que cuando Cristo se encarnó, no dejó de ser Dios, mas bien voluntariamente dejo de hacer uso de algunos de sus atributos como tal, sujetandose a la voluntad del Padre (Fil 2:3-8; Mt. 26:39; Jn. 5:30). Creemos que, como dice Hebreos 4:15, Cristo fue tentado en todo y que no pecó en ninguna manera (Mt. 4:1-4; 2 Co. 5:21; 1 Pe. 2:22, 23).
Creemos que Cristo murio de manera vicaria por todo el mundo (Ro. 5:8; 1 P. 3:18), pagando de una vez por todas el precio del pecado de la humanidad (Ro. 6:23; He. 9:11, 12; 26-28). Siendo efectivo únicamente en quienes creen en él (Jn. 3:18)
Creemos que Dios Padre resucitó al Hijo, mediante el poder del Espíritu Santo, de manera corporal (Ro. 1:4), lo exaltó hasta lo sumo y le dió un nombre que es sobre todo nombre, sometiendo todas las cosas a sus pies y poniendolo por cabeza de la Iglesia Universal (Ef. 1:20-23; Fil. 2:9-11).
Creemos que Cristo es nuestro salvador (Tito 2:13, 14), sumo sacerdote (He. 6:19, 20), que intercede y aboga por nosotros (He. 4:14-16; 1 Jn. 2:1-2), y que vendrá por nosotros (Hch. 1:11; 1 Tes. 4:13-17).
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Dios Espíritu Santo
Creemos que el Espíritu Santo es una de las tres personas de la deidad, no el poder o la energía de Dios (Jn. 16:7-11; Hch. 5:3, 4; 2 Co. 3:17; Ef. 4:30).
Creemos que antes de la venida de Cristo el Espíritu Santo venía sobre las personas, de manera temporal, para habilitarlas para el trabajo que Dios quería que hiciesen (Ex. 31:1-5; Jue. 3:9, 10; 1 S. 10:10; 16:13, 14; Sal. 51:11). Creemos que desde el día de Pentecostes el Espíritu Santo mora permanentemente en todo creyente desde el momento en que cree en Cristo como su salvador personal (1 Co. 3:16; 6:19; Ga. 3:1-5, 14; Tito 3:4-7). Creemos que cuando lo bautiza en el cuerpo de Cristo le da al menos un don espiritual que ha de ser utlizado para la edificación del mismo cuerpo (1 Co. 12:13, 18; Ef. 4:11-13). Dios Padre es el que sella a todo creyente con el Espíritu Santo, siendo este una garantía de nuestra redención (Ef. 1:13, 14; 4:30).
El trabajo actual del Espíritu es convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Jn. 16:7-11); guía e ilumina a los creyentes a toda verdad (Jn. 16:13); llena a los creyentes que se entregan a su guía (Ef. 5:18); fortaleciendolos para que muestren su fruto y no pequen (Ga. 5:16-25; 2 Ti. 1:7). Creo que ayuda al creyente intercediendo por él durante sus oraciones (Ro 8:26, 27; 12:3-8; 1 Co. 12:7-11; Ef. 4:7-11).
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Los Angeles
Creemos que los angeles son seres espiriruales (He. 1:14), muy numerosos (He. 12:22), creados por Dios (Col. 1:16; Job 38:6, 7; Jud. 6); con personalidad que refleja emociones (Lc. 2:13), inteligencia (1 P. 1:12), y voluntad (Jud. 6).
Los angeles no se reproducen (Mr. 12:25), no mueren (Lc. 2:13) y tienen gran poder (Sal. 103:20, 21; 2 P. 2:11). Además en las siguientes citas se nota que están organizados de cierta manera (Gn. 3:22-24; Is. 6:1-3; Dn. 10:13; Mt. 18:10; Ef. 3;10; 1 Ti. 5:21; He. 1:14; Jud. 9). Una de las funciones de los angeles santos es la de cuidar a los creyentes, otra es que son mensajeros de Dios (He. 1:14).
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Satanás
Creemos que uno de los querubines creados por Dios, el más inteligente y hermoso (Ez. 28:12-15), viendo su esplendor, se enorgulleció (Ez. 28:15-18; 1 Tim. 3:6) y reveldemente quiso ser semejante a Dios y tomar Su lugar (Is. 14:12-14). Creemos que de esta manera originó el pecado en él y se convirtió en Satanas, el Padre de mentira (Jn. 8:44), Acusador de los hermanos (Ap. 12:10), el Tentador (1 Ts. 3:5) y adversario de los hijos de Dios (1 P. 5:8).
Creemos que Satanas ha sido ya juzgado en la cruz (Jn. 12:31), y que será lanzado al Lago de Fuego (Ap. 20:4-10).
LOS DEMONIOS
Creemos que al revelarse Satanas, hubo también una tercera parte de los angeles que hicieron lo mismo, seducidos por él, y que fueron arrojados a la tierra junto con él (Ez. 28:16; Ap. 12:3, 4). Creemos que, como angeles que son, tienen las mismas caracteristicas personales pero, a diferencia de los angeles santos, estos son espíritus inmundos (1 Ti. 4:1, 2); creemos también que algunos de ellos estan encarcelados para el juicio (2 P. 2:4) y el resto, que estan en libertad, ayudan a Satanas y han creado las religiones falsas (1 Ti. 4:1-3).
Creemos que los demonios tienen como propósito personal frustrar los planes de Dios (Dn. 10:10-14; Ap. 16:13-16), y luchan contra los creyentes (Ef. 6:11-13); aunque pueden ser usados por Dios para Sus propósitos (1 S. 16:14; 2 Co. 12:7).
El destino de los demonios será el mismo que el de su Principe, Satanas, ser lanzados al Lago de Fuego preparado para ellos (Mt. 25:41).
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El Hombre
Creemos que el ser humano fue creado por Dios a su imagen y semejanza, en un estado de inocencia (Gn. 1:26, 27; 2:21, 22). El estado de inocencia la perdieron al desobedecer el mandato de Dios, resultando en su muerte espiritual (Gn. 2:16-17; 3:6-13), que fue transmitida a toda la humanidad, asi como la naturaleza pecaminosa (Ro. 5:12).
El ser humano fue creado con dos naturalezas, una material (Mt. 6:22), y otra inmaterial, es decir, alma y espíritu (1 Ts. 5:23b); estas naturalezas son transmitidas a sus descendientes al momento de la concepción (Gn. 5:2, 3; Sal. 51:5).
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El Pecado
Ya que Dios es un Ser santo, no pudo crear al pecado. Parece ser que éste tuvo su origen con la caída de Satanas (Ez. 28:15), y en el hombre con la caída en el huerto del Edén (Gn. 3:1-6).
El pecado es cualquier actitud o acción que va contra el caracter de Dios (Sal. 51:4; Lc. 15:18). La Biblia menciona que el pecado, aparte de ser transmitido a los hombres a través de Adan (Ro. 5:12), es personal y que por lo tanto todo hombre merece el juicio de Dios, la condenación eterna (Ro. 3:9-28).
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La Salvación
Creemos que la salvación no es por obras, sino que es un regalo de Dios que se obtiene a través de la fe (Ef. 2:8-10) en la obra vicaria de Cristo, es decir, su muerte (Ro. 6:23; 5:8); con esta sustitución Dios quita la condenación que había sobre el hombre (Jn. 5:24), justificandolo (Ro. 5:1), limpiandolo de todos sus pecados (1 Jn. 1:7-9; Col. 1:21, 22; 2:13-15), haciendolo hijo de Dios (Jn. 1:12), liberandolo del poder del pecado (Ro. 6:17, 18; Ga. 5:1), y de Satanás (Hch. 26:18). Y dotandolo de una nueva naturaleza, el nuevo hombre, que le permite vivir una vida santa (Ro. 6:1-10; Ef 4:24). Creemos que Dios Padre es el que eligió a los que habían de ser salvos desde antes de la fundación del mundo (Ef. 1:3-5), y que el Espíritu Santo es quien hace la obra de convencimiento de pecado, justicia y juicio en el inconverso (Jn. 16:7-11).
Creemos que aquel que ha aceptado a Cristo como su salvador personal no puede perder la salvación porque la obra de la trinidad en este acto es eterna. El Padre nos hizo sus hijos (Jn. 1:12) y nos tiene en su mano (Jn. 10:29); Cristo murio una sola vez y para siempre (He. 9:25-10:14); el Espíritu Santo nos sello (Ef. 1:13-14), nos puso en el cuerpo de Cristo (1 Co. 12:13) y mora en nosotros (Ro. 8:9-13).
Creemos que los que han aceptado a Cristo como salvador personal no pueden dejar de pecar, porque aún tienen la naturaleza pecaminosa (Ro. 7:15-15; Ga. 5:16, 17). Pero que deben aprender a dejar de pecar (1 Jn. 2:1). Creemos que cuando el creyente peca pierde la comunión con Dios, pero existe el recurso de la confesión para perdon de pecados (1 Jn. 1:9).
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La Iglesia
Creemos que todos los seres humanos, de cualquier nación, que han creido en Cristo como su salvador personal son parte de la Iglesia Universal (1 Co. 12:13; Ef. 2:1-3, 12). La Iglesia comienza a existir desde el día de Pentecostés, diez dias despues de la ascención de Cristo, cuando el Espíritu Santo llega a morar en los creyentes permanentemente (Hch. 2:1-47), hasta el arrebatamiento de la Iglesia al cielo (1 Tes. 4:13-17). Los miembros de esta Iglesia son todos iguales, es decir, no hay jerarquías, ni sacerdotados especiales, sino que cada creyente es un sacerdote (1 P. 2:9-10), que ofrece ante Dios sacrificios de alabanza (He. 13:15), de buenas obras (He. 13:16; Fil. 4:18), intercediendo por sus hermanos en Cristo (He. 10:19-22); ofreciendose a sí mismo en sacrificio vivo (Ro. 12:1, 2). Esto es posible ya que Cristo nos abrio el camino al lugar santísimo, es decir, la presencia del Padre, a travez de su carne (He. 10:19:21).
La Iglesia no es la nación de Israel, sino que incluye a todos los creyentes en Cristo de todas las naciones, incluyendo a los judíos (Ro. 1:16, 17; 2:1-11; 9:22-24; 10:1-11:6; Ef. 2:14-18).
La Iglesia tiene su fundamento en Cristo, (1 Co. 3:11), siendo edificada sobre el fundamento de la doctrina de los apostoles (Ef. 2:20-22), y los miembros siguen edificandola, capacitados por los dones que Cristo y el Espíritu Santo han dado a los creyentes (1 Co. 12:4-11; Ef. 4:7-16).
Creemos que los creyentes en Cristo que se reunen regularmente forman una iglesia local que forma parte de la Iglesia Universal. Para estas iglesias locales el Espíritu Santo puso obispos o ancianos y diaconos (Fil. 1:1) para que la apacentaran (Hch. 20:28), enseñaran (1 Ti. 3:2), oraran (Stg. 5:14-20), dieran buen ejemplo (He. 13:15), reprendieran y convencieran a los que contradicen la verdad (Tit. 1:9-16).
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Los Eventos Por Venir
Creemos que el próximo evento futuro descrito en la Biblia es el arrebatamiento de la Iglesia (1 Tes. 4:13-17), en el cual Cristo descenderá a las nubes y de allí tomará a los suyos, donde los que hayan muerto en Cristo resucitarán y los creyentes que esten aún vivos serán transformados; despues de esto tendrá lugar en los cielos el tribunal de Cristo (Ro. 14:10-12; 2 Co. 5:10) donde serán probadas las obras del creyente (1 Co. 3:12-15) y las bodas del Cordero (Ap. 19:7-9).
Mientras tanto en la tierra comenzará el periodo de la Gran Tribulación que durará siete años (Dn. 9:27); durante la segunda mitad de dicho periodo, los últimos tres y medio años, es donde se presentarán los hechos relatados en Mateo 24:21 y Apocalipsis 6:15-17. Es durante este periodo de siete años que el anticristo se manifestará con gran poder para engañar (2 Ts. 2:3-12) a muchas naciones (Dn. 11:38-44; Ap. 6:2) y se hará pasar por Dios mismo (2 Ts. 2:3-4) y matará a todos los que no lo adoren (Ap. 13:14-18), todo esto lo hará apoyado por la bestia (Ap. 17:8-18). También durante este periodo habrá gran persecución contra los judios (Mt. 24:9, 22; Ap. 12:17). Este periodo terminará con la reunión de las naciones para combatir en Armagedon a Cristo, quien los terminará con la espada que sale de su boca (Ap. 19:20-21) y Satanas será atado por mil años.
Después de la batalla de Armagedon vendrá un tiempo de reinado de Cristo llamado el Milenio, en el cual él reinará aqui en la tierra junto con sus santos (Ap. 20:4-6). Durante este periodo de mil años la nación de Israel será juzgada (Ez. 20:33-38; Mt. 25:1-13), las naciones gentiles seran juzgadas (Mt. 25:31-46), la maldición sobre la creación será levantada (Ro. 8:19-22) e Israel será retaurado en su propia tierra (Ez. 37:21-28).
Poco antes de que acabe el reinado de Cristo, Satanas será soltado por un poco de tiempo y engañará a las naciones una vez más; reuniendo a algunas para la última batalla contra Cristo, quien las matará a todas y lanzará a Satanas al lago de fuego y azufre (Ap. 20:7-10). Depués de estas cosas todos los incredulos de todos los tiempos resucitaran para ser juzgados antes de ser lanzados al lago de fuego (Ap. 20:11-15), esta es la llamada muerte segunda.
Esta tierra y cielo que ahora vemos serán quemados (2 P. 3:7, 10-12; Ap. 21:1) y Dios creará un cielo nuevo y una tierra nueva. En este momento comienza lo que llamamos la eternidad futura, que es el tiempo en que los creyentes estaremos con el Señor por siempre (Ap. 21:2-22:5).
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Ultima modificación: Oct. 30, 1998
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