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nOPINIÓN

• Francisco Reyes Narciso
Cronista de la Verapaz

 

Exiliado

Fernando Romeo Lucas García

 

Incluimos en esta edición el siguiente artículo escrito por don Paquito hace algunos años. Lo publicamos por su pertinencia, ya que el general Romeo Lucas murió este mes. (Nota del Editor).

 

M

 

ás allá de las fronteras, en el exilio, se encuentra un gran cobanero y porqué no decirlo, un buen guatemalteco. Exiliado después de llegar al más alto sitial que un hombre público puede aspirar, ser Presidente de la República electo. Después de una carrera exitosa como militar de escuela, grados ganados, unos por capacidad y estudio, ostentó por merecimientos el grado de General, no siendo ajenos sus grados por su lucha contra la guerrilla en el Oriente y también en el Norte, muy diferentes a su potencial enemigo, el general Efraín Ríos Montt, que nunca le perdonó su superioridad en la carrera politécnica y mucho menos el famoso caso del carro semidestruido por este mismo señor que pertenecía a Lucas García y que este reclamó y castigó como hombre el abuso, a su decir, de este compañero de armas que habría de cobrarse posteriormente derrocándolo de la silla presidencial a la que siempre aspiró y sigue aspirando…
 

Ahora Prensa Libre nos trae un reportaje de Romeo Lucas desde el exilio, y a su decir, se encuentra muy delicado de salud. Además, como hombre público que es, en Guatemala se le condena, se le escruta y se le denigra sin compasión.
 

Alta Verapaz, en realidad, es deudora de este paisano por las muchas obras que él hizo. Nos dejó un parque ecológico único en Guatemala, “Las Victorias”, que fue motivo de disgusto entre los círculos militares que pretendían se les entregara por parcelas. También el edificio de la Sociedad de Beneficencia, del cual era su socio honorario; calles pavimentadas; terminó la construcción del Palacio de la Justicia; carreteras hacia el norte y a Chamelco. No fue ajeno tampoco al progreso de Jalapa y Jutiapa, en donde dejó un estadio que llamaron con su nombre, así como la carretera que llevaba su nombre y que su sucesor mandó a borrar. ¡Qué rencor!...
 

Fuimos compañeros de escuela con Romeo. Su padre tenía una finca llamada Sequixquib; allí trabajó siendo patojo Romeo. El que escribe era entonces maestro de la escuela Cubilgüitz. Juntos nos veníamos a la cabecera por aquellos caminos de herradura y Romeo nos esbozaba sus sueños. Llegó su tío abuelo, el Lic. García Granados, quien lo apreció e hizo posible sus estudios que lo llevaron a ser un triunfador…
 

A cuántos ayudó Romeo, cuántos se aprovecharon de su amistad y de su apoyo. Incluso se hicieron no solo ricos sino poderosos políticamente y ahora quién sabe si lo recuerdan. Nos preciamos de haber sido amigos desde la infancia y como cobaneros pedimos a Dios –solo Él puede juzgarlo- que le dé alivio a su enfermedad y que si llegado el caso el gran Arquitecto Universal lo llama a su vera, permita que regrese a la tierra que lo vio nacer, porque todos los guatemaltecos tenemos ese derecho, ya que si somos su fruto, seamos su abono.

 

 


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