La década de los cincuenta, con la aparición de los formatos en pantalla ancha y el definitivo asentamiento del color en las películas, marca el comienzo del fin de la carrera del prolífico Max Steiner, y aunque su frenético ritmo permanecerá prácticamente inalterable hasta el final de su vida (cinco títulos, por ejemplo, en 1956 y 1959), su estilo había alcanzado un grado de madurez y solidez idóneo. La aparición del CinemaScope en 1953, con la consecuente invasión de títulos épicos y películas de corte espectacular, permite a Steiner entregar en 1954 dos de sus mejores obras en ésta decada: Helen of Troy y King Richard and the Crusaders. Los subsiguientes años ven al compositor austríaco-americano más centrado en títulos dramáticos -con sus siete estupendas partituras para el director Delmer Daves a la cabeza: A Summer Place (En una Isla tranquila al Sur, 1959), The Hanging Tree (El Árbol del Ahorcado, 1959), Susan Slade (1961), Parrish (1961), Rome Adventure (Mas allá del Amor, 1962), Spencer's Mountain (Fiebre en la Sangre, 1963) y Youngblood Hawke (La Caza del Ciervo, 1964)-, para culminar con la relativamente olvidada A Distant Trumpet (Una Trompeta Lejana, 1964), cuya espléndida música clama por un edición completa.
King Richard and the Crusaders ORIENT 02B95.54 - 66'
Para Helen of Troy (Helena de Troya, 1954) Steiner compone una larga y compleja partitura llena de sus más típicos y personales gestos musicales: Steiner no es Rózsa, y el habitual trabajo de investigación musicológica que realizaba el compositor húngaro cuando se enfrentaba a un filme de época, era lo más opuesto al habitual sistema de composición de Steiner. En Helen of Troy utiliza un simple motivo de cuatro notas como base de la partitura (escuchado tanto en la apertura de la Overture como del Main Title), y sobre él aparecen, se desarrollan e interrelacionan el resto de los temas, según sus habituales y clásicos esquemas. Los cuarenta y cinco cortes de la partitura son aquí presentados, inteligentemente, en nueve movimientos, a modo de gigantesca suite sinfónica, a los que hay que añadir su estupenda Obertura, ya núnca utilizada en las proyecciones del filme (salvo en la nueva y obligada edición en LaserDisc NTSC). King Richard and the Crusaders (El Talismán, 1954) está, si cabe, más próxima a las partituras de Steiner de los años cuarenta que lo está Helen of Troy, y el uso de elementos musicales ingleses antiguos, como es costumbre en su autor, queda perfectamente integrado en la partitura. La música de Steiner núnca defrauda, y su entusiasmo a la hora de aproximarse, por igual, a todo tipo de géneros y estilos resulta encomiable. Al igual que con el anterior disco, los treinta y siete cortes se ofrecen en seis largos movimientos, perfecto compendio de las virtudes del su inconfundible estilo. En ambos casos, y como corresponde al hecho de tratarse de grabaciones originales, es el propio compositor quien dirige la orquesta.