En palabras del director Bill Condon, Carter Burwell es "un auténtico iconoclasta"; en gran medida esto es cierto, pues buena parte de su obra le ha delatado como un músico con gran personalidad y cuidado estilo, siendo descrito éste por mi amigo Carlos Señor como "hipnótico", relajado y contenido. Si bien ha participado en grandes superproducciones como The Jackal (Chacal, 1996) o Conspiracy Theory (Conspiración, 1997) en las que ha abrazado ciertos clichés típicos de la estética musical-cinematográfica americana, es en las películas modestas como Waterland (El país del agua, 1992) o Fargo (1995) donde Burwell desboca ese lirismo hipnótico, en interminable espiral. Gods And Monsters forma parte de este segundo grupo de películas, y ese estilo recurrente del que hace uso en contadas ocasiones evidencia el interés del compositor por este tipo de proyectos, constituyendose como una partitura tremendamente introspectiva, que elude tratamientos fatuos para narrar con una pequeña cohorte instrumental el drama vital del director James Whale y el amor que sentía por el cine. La música es tímida, con querencia al retraimiento (ese triste piano de Arise, Clay) y centrada en recrear a través de una menuda orquesta de 32 piezas la personalidad de Whale y la progresiva degeneración de su apoplejía. Por ello, Burwell no incide en una música retrospectiva (salvo en Frankenwhale, donde practica un homenaje cuasiparódico a la música de los maestros de la música de terror de los años 30), sino en un lenguaje intimista (alienando a los metales), opaco (en clara referencia a la personalidad de Whale), basado en un translúcido vals que evoca las remembranzas del director de Bride of Frankenstein (La novia de Frankenstein, 1932). Gods And Monsters es una de esas pequeñas maravillas que siempre pasan desapercibidas entre los aficionados, y desde estas páginas la recomiendo fervientemente. D.R.C.



/ RCA VICTOR 09026-63356-2 / 34'
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