Jerry Goldsmith: LA MOMIA

No comparto del todo la opinión cada vez más generalizada de que la carrera de Jerry Goldsmith está atravesando una nueva fase creativa. Esta fase, al parecer, destaca por el progresivo abandono de esa serie de pautas y de ideas que habían adquirido una identidad tan excesiva que conseguían subyugar el propio sentido de cada obra, hasta el punto de que entre cada partitura, casi la única diferencia evidente y apreciable sería la orquestación empleada. En parte, esto es bastante cierto y ostensible para aquél que siga a Goldsmith, aunque no creo que esta presunta fase de transición, que se iniciaría el año pasado con Mulan (1998), se caracterize únicamente por lo anteriormente expuesto y que esto sea del todo verdadero. Lo que sí parece cierto es que la calidad de las composiciones del maestro es susceptible en gran medida del género y el contenido de las películas en que interviene (cosa que no ocurría en el pasado), hecho que, por cierto, es aplicable a un gran porcentaje de los compositores cinematográficos actuales. Por esta razón Mulan es una partitura sofisticada y compleja, y U.S. Marshals (1998) es exageradamente pobre y decadente.
Siguiendo este razonamiento, no debería sorprender a nadie la notable calidad de la banda sonora de The Mummy (1999), que presumo derivada (sobre todo en forma y textura) de la anterior, aún inédita, pero al parecer excelente The 13th Warrior (1999), grabada a principios de este año con la National Philharmonic Orchestra en Londres (y que editará Varèse). Casi todo en esta obra resulta fascinante, pero destaca especialmente la capacidad de Goldsmith para desarrollar el leitmotiv principal y aplicarle infinitas variaciones armónicas, consiguiendo dotarle de al menos tres dimensiones; el leitmotiv, de cuatro notas, funciona como poderoso tema mayestático, sintetizando el esplendor del Egipto de los faraones (Imhotep), como tema de amor, de sabor desvergonzadamente añejo (Giza Port, The Sand Volcano) y como dinámico tema de aventuras (Camel Race), con lo que logra conectar y unificar la historia, evitando un posible desfase que restase credibilidad a los cambios temporales de la película. Al margen de este magistral desarrollo, que nos devuelve al Goldsmith de los sesenta y setenta, resulta fundamental la hábil integración del colorido y de la instrumentación egipcia en la obra, en donde juegan roles de primer orden el laúd, el darabuka y la flauta Nay –y que nos remiten a la deliciosa Justine (1966)-, que otorgan el necesario matiz exótico a una de las mejores partituras del último Goldsmith, que, a pesar de todo, sigue teniendo una fe incomprensible en el elemento electrónico, aquí totalmente inadecuado. D.R.C.

THE MUMMY
/ DECCA 466458-2 / 58'


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