Probablemente uno de los más importantes e interesantes compositores norteamericanos de fin de siglo (véase su magnífica Symphony No.1), el neoyorquino John Corigliano no sólo mantiene una relación tangencial con el mundo de la música cinematográfica gracias a la obra de su discípulo Elliot Goldenthal, sino que es autor de tres soberbias partituras para el cine. La más antigua en el tiempo es la nominada al Oscar Altered States (Viaje alucinante al fondo de la mente, 1980), que mostraba un magnífico uso de los bloques sonoros y las texturas orquestales, mientras que la olvidada Revolution (Revolución, 1985) -probablemente lo único destacable de tan horrible película- continuaba esta línea hasta muy interesantes extremos. Quizás debido al fracaso del filme de Hugh Hudson, que arrastró consigo no sólo a la partitura de Corigliano sino que estuvo a punto de acabar con la carrera de su protagonista, Al Pacino, han tenido que pasar casi quince años para que Corigliano se sintiese con ganas con acometer un nuevo proyecto, ésta vez de producción canadiense: The Red Violin sigue la historia de tan ilustre instrumento a lo largo de tres siglos, estructurandose en cinco suites que corresponden a otros tantos momentos en el tiempo (el siglo XVII en Cremona, el siglo XVIII en Vienna, el siglo XIX en Oxford, mediados de siglo XX en Shanghai y el presente en Montréal) precedidos de la presentación del hermosísimo tema principal (Anna's Theme). Corigliano utiliza, esta vez, un lenguaje más tonal y lírico que en sus previas obras para el cine, pero al mismo tiempo alcanza una absoluta intensidad emocional y dramática; las diferentes épocas no estan retratadas por el omnipresente violín desde una perspectiva historicista, sino que facilitan la inclusión de diversos elementos que enriquecen el desarrollo de la obra, como demuestra una comparativa entre Death of Anna, The Monastery, The Gypsies o Journey to China. Arropado en una soberbia orquestación (que bajo la batuta de Esa-Pekka Salonen al frente de la Philharmonia Orchestra se convierte en arrebatadora), el violín solista de Joshua Bell junto a ciertos toques de color (la voz de Alexys Schwartz o el cimbalón de Eddie Heisson) ejerce de voz solista y alma de esta emocionante partitura. Como colofón, y aunque íntimamente relacionada, encontramos The Red Violin: Chaconne for Violin and Orchestra, una obra independiente de casi dieciocho minutos generada en base a alguno de los temas del filme y que fue estrenada incluso antes de que el rodaje del mismo concluyese.
Reseñar que The Red Violin le ha supuesto a John Corigliano el Genie Award de la Academia de Cine de Canadá a la mejor partitura de 1998. M.A.F.




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SONY CLASSICAL SK63010 / 66'
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