John Williams: STAR WARS - EPISODIO I: LA AMENAZA FANTASMA

Ya no cabe discusión acerca de Star Wars como un fenómeno autenticamente transgeneracional, parte ineludible del tejido sociocultural mundial de las tres últimas décadas. Es tal su alcance, que su cosmogonía ha generado involuntariamente una "nueva religión" que tiene millones de adeptos alrededor del globo; no por casualidad, Francis Ford Coppola sugirió a su amigo George Lucas que escribiera una especie de Biblia o Talmud basado en los preceptos de la Fuerza. Por tanto, no creo que sea exagerado e improcedente afirmar que nos hallamos ante la piedra angular del mito cultural popular de finales de siglo.
El impacto de la Banda Sonora de John Williams fue también descomunal, revitalizando el espíritu clásico de los maestros austriacos y alemanes de la Epoca Dorada de Hollywood, y despertando el interés por la música cinematográfica de una manera inusitada. Ahora, tras ventidos años, Williams tiene la oportunidad de finalizar su obra maestra, una obra sinfónica de proporciones históricas: prácticamente diez horas de música una vez concluya la nueva trilogía (alrededor del 2005). Bajo mi criterio se antojan cómicas las críticas que cuestionan la sublimidad de la última obra de Williams: noventa y nueve minutos de música de profusa riqueza orquestal y estilística, desde los densos pasajes para coro femenino y madera que componen la imaginativa fantasía cromática dedicada al mundo de los Gungans, donde hallamos las piezas instrumentalmente más complejas de la partitura, hasta esa misa pagana colosal donde Williams dispone una batalla épica (un texto sacro en sánscrito y una beligerante orgía polirrítmica), a modo de ritual místico, suerte de breve Cantata rapsódica. Entre medias, fanfarrias y marchas rozsianas para el preludio de la carrera; bellísima música para la secuencia de la despedida (no incluída en el disco), comparable a la propia de Superman (1978); excitantes declamaciones de la London Symphony Orchestra para el rescate de la Princesa, en una trasgresora oda a Korngold; miniaturas sinfónicas para la revelación de Shmi (de evidente inspiración gregoriana), la reparación de la nave de Annakin o la que se constituye en el tema de Jar Jar Binks; la exótica y oscura música de Darth Maul, basada en la percusión y el coro, y que se antoja fundamental en la atmósfera sugerida en el duelo final; la circunspecta música para las secuencias de la intriga política, con excelentes páginas para solo de flauta o pequeños grupos de viento; el tema de Annakin, deconstruido a partir de la Imperial March, de una elegancia armónica magistral, cuyas tres últimas notas coinciden con las propias del tema de Darth Vader, en una jugada muy hábil de Williams que establece, así, la continuidad necesaria entre su obra. Una perfecta obra maestra que no debería ser juzgada sólo por la muy incompleta (y muy comercial) edición discográfica disponible, sino por su audición en compañía de las imágenes a las que otorga su fuerza. Supongo que dentro de diez años, cuando Michael Mattesino, Lukas Kendall o cualquier otro se encarguen de editar la música completa, con los cortes dispuestos en orden e íntegros, en unas cajas preciosas, la perspectiva histórica permita a los escépticos admirar esta partitura como una obra comparable a sus predecesoras galácticas, tanto a nivel musical como cinematográfico. D.R.C.

STAR WARS - EPISODE I: THE PHANTOM MENACE
/ SONY CLASSICAL SK61816 / 74'


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