Si bien el Zimmer de esta The Thin Red Line es un Zimmer evidentemente comprometido con la película de Malick, no es menos cierto que también es un Zimmer falto de inspiración y resuelto, por tanto, en invitarnos a escuchar una de las naderías musicales más arriesgadas de la reciente historia. No se dejen engañar por la calidad del filme ni por las ideas musicales que pueda sugerirles a priori la historia que en ella se narra: aunque la partitura provoque en algunos seguidores de este músico lecturas más elevadas y trascendentes que las que aquí les propongo, el Zimmer de The Thin Red Line no es sino un compositor demasiado ambicioso pero definitivamente poco lúcido, que basa en la monotonía lineal de la cuerda de aspiraciones minimalistas una argamasa musical tan compleja como lánguida, reciclando sonidos electrónicos e introduciendo elementos orientales dispersos que están muy lejos de alcanzar una coherencia musical que sea capaz de proponer una audición interesante. El conflicto étnico y cultural que propone Malick en su película está pobremente ilustrado en la música de Zimmer: referencias minúsculas al pueblo japonés y a las tribus nativas se ven reflejadas en el disperso sonido de un quejumbroso shakuhachi, en un canto tradicional melanesio o en el solo de un arpa, lo que crea una confusión musical enorme. Aunque tal vez este haya sido precisamente este el objetivo de Zimmer -crear confusión a través de estas esporádicas e inadvertidas incursiones sonoras del material étnico (en claro contraste con el elemento sinfónico y definiendo así el caos de la guerra)- el producto final está muy lejos de ser considerado interesante. Emperifollada de colores electrónicos y de pobres texturas orquestales, The Thin Red Line no es sino una pretenciosa cábala mística que probablemente consiga engatusar a los aficionados enganchados al elixir religioso que propone cada vez más a menudo la factoría Zimmer. D.R.C.
THE THIN RED LINE

/ RCA VICTOR 09026-63382 / 59'
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