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En Gaiman pagan impuestos con especies
Lo hacen desde hace 3 años debido a la crisis; además sirve para ayudar a familias pobres

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 Pavos y zapallos para el fisco. Numerosas granjas aportan sus productos como parte del plan de trueque impositivo Foto: Mariano Izquierdo
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GAIMAN, Chubut.- La historia recuerda que un galés, David Roberts, llegó a esta tierra en 1884 tras haber sobrevivido a un naufragio frente a las costas del Brasil. Que 111 años después, otra galesa, la princesa Diana, caminó por estas calles dejando para siempre su encanto inmortal.
Y desde aquel primer poblador, incluyendo la visita de Lady Di, Gaiman sigue teniendo el aspecto de un típico lugar patagónico, pero en el que indudablemente soplan vientos galeses.
Con ser característicos y definitorios, no son ésos, sin embargo, los únicos vientos que diseñan el paisaje de esta villa austral.
Porque Gaiman también se caracteriza por una curiosa modalidad de integración y cumplimiento de las obligaciones comunitarias. Desde hace tres años, la intendencia autorizó el pago de impuestos y cargas fiscales en especies.
Frutas, hortalizas, ganado, bienes producidos de manera artesanal. Todo vale para facilitar medios de pago a aquellos productores que se encuentren apremiados para poder cumplir su pago en efectivo.
No sólo eso. Lo que se reúne por esa vía sirve también para ayudar a más de cien familias de la zona.
Raro privilegio el de esta población que, aunque bastante "acriollada", tiene en seis de cada diez de sus integrantes la misma ascendencia que el pionero Roberts y la distinguida princesa Diana.
Eso se nota a simple vista, con chacareros que siguen siendo casi colonos, casas de té que mantienen el tradicional rito y 50 construcciones del siglo pasado que recrean parte de la geografía del país ubicado en las islas británicas.
Sus valles y hosterías pasaron a integrar de a poco un corredor turístico del este chubutense, ayudados por la cercanía de pingüineras y la posibilidad de avistar ballenas, pero fundamentalmente por la atracción de que por allí pasó la emblemática lady Diana Spencer.
Problemas económicos
Pero la economía de los 4980 habitantes de Gaiman no tenía suficiente sustento con todas aquellas historias y había hombres a los que, como en otros puntos de la Argentina, se les hacía muy difícil estar al día con los impuestos.
Entonces, en 1996, un año después después de que la princesa tomó el té en la casa llamada Ty Te Caerdid, el intendente, Julio Villoria, tuvo una ocurrencia para ayudar a los pequeños productores apremiados y, al mismo tiempo, brindar ayuda a los carecientes. Fue algo así como un trueque impositivo.
La idea funcionó y en la actualidad se repite de la siguiente manera: los chacareros comprometidos o los fabricantes de ladrillos no industrializados venden al municipio sus producciones de materiales, papas, cebollas o zapallos.
Para que todo sea legal, puesto que no se puede pagar directamente tributos con especies, desde la intendencia se les libra un cheque, que luego servirá para pagar con dinero, o un simple endoso, los impuestos correspondientes al tributo inmobiliario.
Allí se soluciona la primera parte del asunto, que tiene otro aspecto social muy relevante.
Esa producción, obtenida en forma directa y sin intermediarios -es decir, a mejor precio que el de plaza- es acopiada para ayudar a más de cien familias, comedores comunitarios, escuelas y al hospital rural.
"Nosotros -asegura hoy Villoria- no renegamos del poder del Estado, aunque este plan fue creado sólo como un paliativo, en una región en donde existe dificultad para pagar los impuestos y que soporta la caída de la ocupación.
"Esto es una alternativa para mejorar el uso de recursos, recaudar impuestos para un plan de obras, ayudar a agricultores que ya son grandes de edad, ofrecer materiales para quienes no poseen buenas viviendas, crear fuentes de trabajo y dar de comer a los carecientes."
Villoria sabe que con su pequeño plan no hubo que recurrir a créditos impagables, a excepciones impositivas y a partidas alimentarias que debilitaran las finanzas de la comuna. En definitiva, todo redunda en una asistencia económica más genuina.
Zapallos para el intendente
Cae la tarde. En el pueblo ya pasó la hora del té, pero en una chacra, la de Alib Mattar, la leña arde dentro de la forjada cocina económica y la pava resopla anunciando que el tiempo del mate no termina nunca.
El hombre tiene 73 años y trajina amontonando zapallos dentro de las seis hectáreas y un cuarto que tiene desde 1951.
Sabe que no puede aflojar, que sin tener una jubilación en la cual respaldarse habrá que seguir ordeñando, carneando alguna gallina para el puchero, hombrear bolsas de 50 kilos de papas para venderlas en seis pesos y cosechar más zapallos para recibir 20 centavos por cada kilo.
Don Mattar es uno de esos hombres grandes de edad a los que Villoria se refería y el primero que hace tres años entregó parte de su producción a la Municipalidad de Gaiman para no quedarse atrás con los impuestos. Ya es bisabuelo y sonríe al ver al intendente.
"No tenemos plata, pero sí voluntad de pagar. Bueno..., ¿qué le voy a decir? Andamos bien, porque por lo menos vamos cumpliendo. Van a tomar unos mates, ¿no?"
Mattar lo ceba dulce. Será que todavía falta tiempo para la hora de la comida. Dice que el plan de la comuna sirvió porque hay poca venta y, de no ser así, habría resultado difícil pagar.
Habla de su vida y de las obligaciones. "Tengo que seguir tirando, despacio, pero tirando. Es que lo único que tengo encima son años." Cuando se le dice que no se le notan, responde:"Yo siempre estoy igual, para qué voy a envejecer si cuando me muera no me voy a llevar nada. Mejor me quedo aquí".
Finalmente, asegura desafiante:"No vamos a bajar los brazos y le vamos a llevar varias camionadas de zapallos al intendente".
El jefe de la comuna se ataja sorprendido y bromea:"¡No me va a tapar la municipalidad de zapallos! Mire que si llego y me encuentro con la montaña voy a saber que fue usted".
La noche encierra el valle de Gaiman y en las chacras se habla de cosechas. En el pueblo, los grandes cuentan a los chicos y a los turistas algunas historias de la colonización galesa, del pionero Roberts y el encanto de Lady Di.
Otros se enteran, con alguna sorpresa, de una historia más nueva: esa que habla del trueque impositivo.
Por Mariano Wullich Enviado especial
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