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Mensaje de Diciembre 18 del 2005
La Luz de Navidad
Lectura Bíblica: «El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.» (Isaías 9:2)
El tiempo de Navidad ha llegado, cuando por todos lados comienzan a aparecer las decoraciones que son propias de estas festividades. Muy en especial son las luces con las que se adornan los hogares y los arbolitos de navidad. Ciertamente asemejan con sus destellos e iluminación a las estrellas de los cielos en una noche despejada y serena. Las luces, en sí, tienen un significado muy especial en la realeza espiritual. La Biblia nos enseña que en el principio se introdujo la luz para que alumbrara la tierra. Luego se anuncia que el Creador de esta luz descendería entre nosotros. Y finalmente viene a este mundo en forma humana para alumbrarnos el camino a la vida eterna.
Dentro del perfecto plan de Dios estaba el de introducirnos a la luz. Inicialmente, cuando Jehová toma parte activa en la creación, enciende la luz de este mundo. Dijo Dios: «Sea la luz; y fue la luz» (Génesis 1:3), para comenzar a poner en orden las cosas que habrían de ser y existir. Al igual manera, tenemos que si queremos limpiar y arreglar una casa que ha estado deshabitada por mucho tiempo, necesitamos de la luz. Los planes de Dios son mas completos, porque si nos guiamos por la lectura que cubre este punto, nos damos cuenta que incluye:
- La separación del día de la noche, y
- Divide el tiempo entre estaciones, días y años
Notamos, entonces, de como la creación de estos astros celestiales nos ayudan a distinguir el día de la noche. El sol resplandece por el día y nos da nutrición y vida con sus rayos solares. La luna se enseñorea por la noche, dándonos el resplandor tenue para nuestro descanso diario y marca en el calendario, las mareas y estaciones del año. Además, existe un misticismo romántico acerca de la luna. Ciertas parejas se prometen amor eterno bajo la luz de la luna. En este tiempo también fueron creadas las estrellas para brillar en el firmamento como luces que adornan el vasto cielo. Fue una estrella que guió a los magos del oriente para que vinieran a adorar al niño que había nacido en Belén. El propósito del resplandor de la luz tomaba su significado desde la creación.
La luz verdadera fue anuncida a través de todos los profetas, muy especialmente por el profeta Isaías, setecientos años antes que viniera. Nos anuncia Jehová que Su Hijo amado habría de venir al mundo lleno del Espíritu Santo para revelar la verdad a todas las naciones. Su voz habría de ser pasiva pero firme, para que todos los que oigan Su Palabra y no cierren sus corazones escuchen el mensaje de salvación. Jesús no vendría a regir con vara de hierro para denunciar el pecado. Él simplemente dejaría que el pecado trajera su propia justicia para condenación, esto es, para aquellos que se deleitan en caminar en la oscuridad e iniquidad y pongan oídos sordos a las advertencias de Dios.
El creador de la luz dice que ha de enviar a Su Hijo «Para dar luz para los que habitan en tinieblas y sombra de muerte»(Lucas 1:79). La luz vendría a resplandecer en la vida de aquel que abriera su corazón a la luz del evangelio. Además, habría de dar testimonio de Su señorío a través de milagros y prodigios en medio de ellos. Vino a ser la luz del mundo, como profetizó Simeón: «Luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel»(Lucas 2:32). El anuncio del evangelio habría de liberar almas de los que moran en tinieblas. Vendría a ser sanación para el enfermo espiritual y de alivio para el quebrantado de corazón. Todo habría de ser preparado para que cuando se manifestara el autor de la salvación, se cumpla a cabalidad y salga la verdad a la luz.
Finalmente, la luz vino al mundo en el tiempo previsto. Su venida era eminente, porque en Jesús encontramos la revelación de la vida, y la vida es la luz en cada uno de nosotros. Así como se reveló en el principio de la creación por medio de la luz, asi se manifestó en el transcurso de la historia para darnos la vida eterna. Las tinieblas no detuvieron la creación del mundo; por tanto, estas no iban a detener la revelación de Jesucristo en medio nuestro. Él vino para alumbrarnos el camino que conduce a los cielos y no hay potestades ni huéstedes infernales que puedan detener el poder de Dios.
Cristo es la luz manifestada en Su plenitud, para que cada uno de los hombres tengan la oportunidad de disfrutar o rechazar la luz que ya existía al principio de todos los tiempos. Existe una marcada distinción moral entre los que creen y no creen en el evangelio de salvación. La declaración de que el mundo no le conoció, nos da a entender que no todos creerán en el evangelio de Dios. Más adelante, Juan nos declara «que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas»(Juan 3:19). Por esta declaración inferimos que habrá personas que escucharán del evangelio, pero lo rechazarán en sus corazones porque se han de inclinar al deleite de la iniquidad y el pecado. Estas son personas que han ensoberbecido sus corazones y el orgullo no les permite rendirse a la luz de la verdad.
Cristo vino a salvar a Su pueblo, pero desafortunadamente lo rechazaron rotundamente. No obstante, la oportunidad de recibir la salvación se encausó al pueblo gentil más que a la casa de Israel. Por este lado, creemos que hemos sido afortunados porque ahora somos incluidos para recibir la adopción como hijos de Dios. Lo único que requiere del nuevo creyente es de abrir su corazón y aceptar a Cristo como su Salvador personal. La Biblia es muy clara y enfatiza en este respecto, nos dice: «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» (versículo 12).
Conclusión
Oramos a Dios, para que en este tiempo de Navidad, la luz de Cristo alumbre los corazones de aquellos que han de venir al camino de la verdad. Si usted no ha aceptado a Cristo en su corazón todavía, esta es la mejor oportunidad de hacerlo. Haga una oración arrepintiéndose de sus pecados y declarándole a Jehová que necesita a Su Hijo Jesucristo en su vida. Agradézcale a Dios por la oportunidad de salvación en este momento. Le aseguramos que recibirá la salvación inmediatamente y la adopción de ser hechos hijos de Dios. Para Dios sea la gloria. Amén.
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