otras profesiones - espacio cedido
el consumidor - la presencia del arquitecto
Hay profesiones que se nutren de
la realidad, los periodistas por ejemplo tienen por obligación estar
informados, no plantearemos ahora la interpretación que hagan de esa realidad,
por que no es relevante para este propósito.
Los economistas y contadores públicos
aunque no necesiten contacto directo con la realidad, requieren de sistemas
sensores para pulsar la realidad en las cuestiones de mercado, son necesarios
por la imposición del poder en conjunto con la sociedad, razón por lo cual
necesitamos recurrir a ellos obligatoriamente.
Los Ingenieros por su dominio de
la tecnología y por tomar una franja del conocimiento de complejo entendimiento
para el lego tienen su cuota parte de indispensables.
Los servicios, nacidos de la
necesidad al igual que los mercados de los químicos, los alimentos, la
indumentaria, la industria, la producción por ser de consumo necesario tienen
garantizada su inserción.
No tienen la misma suerte otras
profesiones, entre ellas la nuestra. Cualquier empresario del ramo inmobiliario
tiene mas influencia en el pautado de ideales futuros que nosotros, arquitectos.
En el presente el arquitecto tiene
un espacio de acción cada vez más pequeño en la sociedad. Creemos ser
protagonistas de los acontecimientos, disponemos de nuevas herramientas para el
desempeño profesional, sin embargo existe una confusión y una enorme
dependencia cultural y económica de los países desarrollados, que contrasta
con realidades miserables en los países del tercer mundo.
La importación de valores llega
al extremo de encontrarnos con lanzamientos de edificios lujosos, firmados por
nombres de notoriedad internacional, en cuyas carteleras aparecen mas destacados
los avisos publicitarios que los autores del proyecto. Es más valioso el nombre
de un perfume, que el profesional arquitecto, no solo caminamos hacia la extinción
de la profesión sino que estamos practicando un suicidio.
¿Se le ocurre a Ud. Ante un
problema legal prescindir de un Abogado? o ¿ante la enfermedad prescindir del médico?
Sin embargo tanto para construir una vivienda como para hacer la ciudad se
prescinde de los arquitectos, por que las leyes en nuestros países no nos
encuadran como componentes para contribuir desde la obligación.
En las áreas más diversas las
innovaciones tecnológicas con nuevos elementos electrónicos, o automóviles o
herramientas, se constituyen en objetos de deseo. En la construcción sucede lo
contrario, el lego no acepta fácilmente la innovación tecnológica y cuestiona
la solución estética. Por ello en el presente coexisten de forma acumulada un
sin número de técnicas constructivas distintas junto a las tradicionales. Las
innovaciones se aceptan o rechazan por cuestiones económicas o culturales sin
considerar virtudes intrínsecas que la innovación pueda contener.
Por la misma razón el lego acepta
fácilmente la opinión del maestro mayor de obras o del constructor que la del
arquitecto. Eso sucede por que el lenguaje está más cercano al lego, por que
su propuesta le es suficiente y por que le resulta en principio más económico.
Y esto es verdad, aunque creamos que ninguno se dejaría intervenir quirúrgicamente
por un enfermero.
Aunque el arquitecto haya cedido
muy rápidamente la mayor parte de su espacio de actuación, la sociedad todavía
no asimiló este cambio por completo, porque no existe un profesional capaz de
asumir todas nuestras tareas.
Nuestra presencia y nuestro aval
todavía se solicitan. Cualquier iniciativa se enriquece si tiene un arquitecto
implicado. Como profesional capacitado para interpretar el sueño, que tiene
como atributo primero la traducción de lo inexistente, la presencia del
arquitecto permite que la intención pueda verse como viable.
El proyecto, como producto
intelectual de difícil mensura no es tangible y por lo tanto difícil de
corresponder con valores económicos, ante la duda "no se lo
valoriza".
Llegamos hasta incluirlo dentro del objeto construido para poder cobrarlo.
Si hacemos esto con el proyecto,
una parte anterior de importancia extrema cayó en desuso, perdió terreno el
estudio de viabilidad. Por la fuerza de las circunstancias, nosotros somos los
primeros en disminuir el valor de nuestro trabajo. Esta inversión de la
secuencia lógica hace del proyecto un ausente de la construcción y por lo
tanto, también el arquitecto. Luego, nuestro trabajo no existe y la obra
tampoco existe.
En procura de nuevos horizontes
vamos de aquí para allí, ofreciendo un aval gratuito a través de nuestra
presencia cada vez mas vinculados a los sueños que a la realidad.
Muchas veces somos llamados, no
para proyectar, sino para maquillar los errores de quien ha construido, somos médicos
de urgencias, tratando de salvar los restos de un cuerpo maltratado, pretendemos
hacer medicina preventiva y no pasar años entre amputaciones y atrocidades de
guerra.
En este estado de cosas, solo
tendemos a perder, si no realizamos el intento de conformar una postura que nos
permita alterar ese destino, no tendremos crédito alguno, consolidaremos la
idea de que somos prescindibles con nuestra actitud de soñadores y no de
visionarios.
Los organismos dedicados a temas
de medio ambiente han ganado un importante espacio, en algunos países alcanzan
el rango de ministerio. Teniendo en cuenta que la obra humana se encuadra en
este espacio llamado biosfera, que es único, los arquitectos no podemos quedar
ausentes, debemos tener conductas acordes al espacio habitable, que es la tierra
misma.
Esta apertura que hoy se da para
nosotros en todos los niveles y escalas, desde los medios de comunicación como
escenógrafos o como diseñadores en el cyberespacio, demuestra que se necesita
un nuevo perfil de profesional arquitecto, que intente pautar a futuro por un
mejor entorno, que quizás use los intereses del poder, o que al menos los guíe.
¡Arquitectos en TV explican cómo
pegar un cerámico o colgar una cortina! Es posible que la sociedad nos descubra
por este hecho y quizás si los colegas que se desenvuelven en este medio
generan objetos de demanda, los intereses de los poderosos terminarán por
ofrecer el producto, entonces ¡colegas! ¡Ofrezcan un mundo mejor! Crear
demanda para que la sociedad consuma nuestros proyectos, pero hagamos ofertas
para una mejora de la condición humana.
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