It's Only Love

por Sadie

"Capítulo 2: She's leaving home"


Wednesday morning at five o’clock as the day begins...

Silently closing her bedroom door...

Convencer a mis padres no fue tarea fácil. En aquellos mediados sesenta, con plena dictadura franquista gobernando en España, no estaba muy bien visto que un par de chicas se movieran solas por el país. Mis padres eran bastante avanzados para su época y, algo que siempre les agradeceré, es que por lo menos, me permitieran estudiar, cosa que tampoco se llevaba mucho en la época. La máxima aspiración de una chica de los sesenta era casarse y tener hijos para poder salir del entorno familiar. Yo quería estudiar, y también me costó lo mío poderles convencer. Esta vez, necesité la ayuda de Ana. Cuando entré por la puerta todavía llevaba los billetes de tren en la mano. Antes casi de cerrar la puerta ya estaba llamando a mi madre a gritos. "¡Vicky, Vicky!". Hacía bastante tiempo que no llamaba a mi madre "mamá". Realmente no me apetecía. Habíamos tenido bastantes peleas y bastantes malos rollos como para que siguiera confiando en ella. No, para mí era mucho menos que una amiga. Para mí, significaba mucho más Ana.

Mi madre bajó las escaleras sin darse apenas prisa. Lo mismo me podía estar muriendo que ella no se iba a agobiar bajando. Ya desde que la veía a mitad camino, le dije:

- "Vicky, me voy a Madrid a pasar unos días".

Hizo una cara de esas raras que ella hacía, pero yo pasé de todo. Quería irme y lo iba a hacer, por supuesto.

- "¿A Madrid? ¿A qué?"

- "Pues a Madrid, con Ana. ¡Yo qué sé! A pasar unos días, he aprobado todas. Matricula en inglés. Creo que me merezco unas vacaciones, ¿no?"

Ella no lo veía tan claro. Dos chicas solas, en pleno Madrid...

- "¡Carlos! ¡Ésta se va a Madrid!". Como siempre tenía que decirle las cosas a mi padre de esa manera tan "a-mí-qué-me-importa" que ella tenía. Mi padre era distinto a mi madre. Se preocupaba más por nosotros y realmente no le hizo gracia que me fuera. Mi padre insistió en pedirme la dirección de la chica, cosa que yo no sabía, y el teléfono de Ana. Le dije que el teléfono de Ana lo tenía, pero que mañana en la estación, si me acompañaban, Ana misma le podría dar la dirección de Begoña, la chica con la que íbamos a estar en Madrid.

- "¿A qué hora sale el tren?", preguntó mi madre.

- "Sale a las 10.00, pero yo he quedado allí a las 9.15. ¿Me vas a llevar?", le pregunté a mi padre. Mi madre como siempre puso esa cara de "esta-niña-pesada" y sólo soltó: "A mí no me despertéis, ¿eh?". Pero mi padre accedió a llevarme, claro que sí.

Muy ilusionada subí a mi cuarto a hacerme la maleta. Total sólo eran dos o tres días, tampoco había mucho que llevarse. Hacía mucho calor en Julio en Madrid, así que lo que más me llevé fueron tops y pantalones cortos para el día, (por si íbamos a la piscina o algo), y ropa más adecuada por si salíamos por la noche. También pensé en los conciertos. Era una locura pensar ni siquiera que los Beatles iban a notar mi presencia, pero por si acaso, me llevé la ropa más despampanante que tenía: pantalones estrechos, zapatos de plataforma y tops ajustados. Total, que al final, entre la ropa, los champúes, cepillos, peines, maquillaje y lo de las lentillas, llevaba tres bolsas de deporte. Por supuesto no faltó mi foto enmarcada de John y otra de los Beatles (los cuatro, sin John me daban bastante igual). Bajé a cenar muy emocionada, apenas me entraba nada de comida, y me fui a la cama cuanto antes. Quería que el día siguiente llegara lo antes posible.

â â â â

El despertador sonó a las 8.00 pero yo ya llevaba dando vueltas en la cama desde las 7.00 o así. Me levanté rápidamente y me arreglé. Bajé a la cocina sin hacer ruido, no fuera a ser que mi madre se despertara por mi culpa y ya hubiera mal rollo desde por la mañana. Mi padre y yo habíamos decidió salir a las 8.30 para llegar con tiempo. Eran las 8.15, así que aún tenía algo de tiempo para mí. Tras desayunar, subí a por las cosas y empecé a hacer memoria de que nada me faltaba. ¡Ah!, la cámara de fotos. ¡Mierda!, no tenía carrete. Pensé que allí en Madrid le podría poner uno. Más cosas, lo llevaba todo: bañadores, toallas, secador del pelo, pinturas... Sí, estaba todo.

Las 8.30 llegaron en un abrir y cerrar de ojos y mi padre es muy puntual así que a las 8.35 ya estabamos saliendo hacia Valencia.

- "Ten mucho cuidado, ¿eh, hija? Llámame en cuanto llegues".

Sí, sí, pesado. Era lo único que me agobiaba de mi padre, que repetía las cosas una y mil veces hasta llegar a cansarme de verdad. Aparcamos sin problema en la calle General San Martín, ya que esas horas, y más siendo un miércoles, la gente se iba a trabajar y había sitio de sobra.

Entramos en la estación y Ana no había llegado todavía. Eran las 8.45, así que mi padre me invitó a un café en la estación.

- "Madrid por la noche es muy peligroso. Yo he estado y unas chicas por allí solas atrae mucho la atención", me decía. "No vayas nunca sola, que te acompañe tu amiga, ¿eh?. Y el metro, ¡joder!, allí te encuentras de todo."

- "Ya lo sé, pero no va a pasar nada. Jó, que tengo 22 años. Y si pasa pues que pase. Pero por esa razón no me voy a quedar siempre en casa."

Oímos un grito de "¡Vicky!", y supimos que Ana nos había visto. Mi padre comenzó a darle la misma tabarra que me había dado antes a mí, pero Ana me miraba y no decía nada. Ella comprendía, creo que a veces echaba de menos la figura de su padre. Sus padres se habían separado y ahora su padre vivía con otra mujer. Mi padre le invitó a Ana a otro café y él se tomó otro. ¡Creo que estaba más nervioso que nosotras!, pero al final a las 9.50, ya el tren con las puertas abiertas esperando a que nos subiéramos, decidió irse.

- "Ten cuidado. Por favor, ten cuidado y llámame en cuanto llegues". Eso fue lo último que dijo y lo último en mucho tiempo que le oí decir en persona. Ni siquiera me había despedido de mi madre y de mi hermano. Mi madre me daba igual, pero a mi hermano le quería muchísimo. Como sólo eran unos tres días (eso era lo que yo pensaba), no le di importancia.

â â â â

El viaje fue increíblemente largo. Ana, como siempre, leyó un libro en inglés. Creo que era el de Women In Love. Pero yo dormí e hice de todo menos leer. Me gustaba mirar a otros pasajeros porque pensaba que ya no los volvería a ver más. Era curioso, me llamaba la atención la gente con la que me cruzaba y que sabía que no volvería a ver nunca más.

El viaje era tan largo porque hacía muchísimas paradas. ¡Incluso paró en Noblejas! Noblejas era donde yo había veraneado todos los años de mi vida hasta que cumplí los 18. Allí tenía unas tías abuelas que murieron en 1961. Las echaba terriblemente de menos, sobre todo el hecho de tener algún sitio donde ir en verano. ¡Era extraño! Todos los Madrileños se bajaban a Valencia, y aquí estabamos nosotras, dos Valencianas de pro, subiéndonos a pleno centro de España. Pero valía la pena. Los Beatles era lo más importante que me había pasado en la vida.

Por fin llegamos a Madrid. Tras coger nuestros bultos, Ana sacó la dirección de su amiga Begoña y pedimos un taxi que pagamos a medias. Vivía en una zona muy bonita de Madrid, en una finca de más de 10 pisos. Llamamos a su casa desde el intercomunicador y nos recibió ella misma. Hacía tantísimo calor, que lo único que pensaba era darme una ducha, pero me sabía mal porque no era mi casa. Se lo dije a Ana:

- "Quizá estaríamos mejor en un hostal, o algo".

- "¡Ah! ¡Qué va! Begoña es muy maja, ya verás. Te va a caer muy bien".

Apenas habíamos llegado al quinto piso y abierto la puerta del ascensor cuando la voz de una chica llenó el rellano.

- "¡¡ANA!!"

Las dos fueron corriendo a abrazarse y yo me quedé atrás, con los bultos, todavía con las maletas sosteniendo la puerta del ascensor abierta. Por fin Ana se soltó y me presentó.

- "Esta es Vicky. Begoña, Vicky".

- "Encantada", nos dimos dos besos. Me pareció una chica muy maja, además de guapa. Ana me había hablado de ella y me había dicho las cosas que ambas habían hecho en Londres. Se lo habían pasado de muerte y no sabían la envidia que me daban.

- "Así que tú eres la fan de los Beatles", me dijo, más en una afirmación que en una pregunta. Le dije que sí y me contó lo que ellas habían oído el verano anterior en Londres. Habían incluso ido al cine a ver "A Hard Day’s Night", sólo dos días después de que los mismísimos Beatles hubieran pasado por allí. Ana le quitaba importancia al asunto, no era muy fan. Begoña tampoco, pero sí que le gustaba la música que hacían. Sobre todo Ana estaba un poco escéptica porque John, aún estando casado, sabía que tenía relaciones con muchísimas chicas y eso repelía a Ana. A mí me daba igual, la verdad. Eramos muy distintas en eso. A Begoña, en cambio, le gustaba Paul. "Pues, tengo una sorpresa para ti", continuó. "Mi hermano Tony trabaja en el hotel Fénix y me ha dicho que allí es donde van a ir los Beatles. ¡Quizá hasta los conozcas, Vicky!" El corazón me dio un vuelco. No era posible, no. Me moriría ante la idea de poder conocer a John y a los otros tres aunque sólo fuera durante un minuto. "Aún no saben a qué hora vienen. Bueno, lo deben de saber, pero no querrán decir nada para que no se corra la voz y se entere todo el mundo".

- "Begoña, de verdad. Dime lo que sepas. ¿Tiene tu hermano entradas para el concierto? ¿Me los podría presentar? ¡¡AHH!!

Begoña sonrió.

- "Anda, pasad. Daos una ducha y luego hablamos, ¿vale? Tenéis que compartir habitación, espero que no os importe. Y siento deciros que no os voy a poder acompañar mucho en vuestras salidas", hizo cara de pena. Era muy simpática, "pero doy clases durante este mes de Julio por la mañana y por la tarde. Supongo que alguna noche saldremos, eso sí".

Pasamos a su casa y nos enseñó la habitación. La casa era preciosa, muy grande, debería haber costado una pasta porque en el centro de Madrid... Ella era muy buena anfitriona, pues, mientras Ana y yo deshacíamos las maletas y nos duchábamos, ella nos preparó una comida espectacular. ¡Cómo envidiaba a la gente que sabía cocinar! Yo no tenía ni idea.

- "Voy a llamar a casa", dijo Ana. "Bajaré a la calle, ¿vienes Vicky?"

Le dije que sí, que sólo serían 10 minutos y que luego Begoña tenía que contarme todo lo que sabía.

Como siempre mi padre me llenó de "ten-cuidados" la cabeza. Pero me dijo que mi madre, al menos, estaba preocupada, aunque no se podía poner porque estaba en la piscina. Yo me sorprendí bastante, ya que mi madre no era muy dada a ir a la piscina por las tardes, pero aún así le dije que se cuidaran mucho los tres y que nos veríamos en pocos días.

Tras colgar, Ana y yo decidimos que ahora lo más importante era conseguir entradas para el concierto. Begoña entraba a trabajar a las cinco por lo que una vez más me quedé sin saber eso tan importante que tenía que decirme. Pero me lo compensó el hecho de ir a buscar las entradas para uno de los dos conciertos que los Beatles iban a ofrecer en sólo dos días. Ana prefería que fuera por la noche, por eso de salir y tal pero a mí me daba igual que fuera por la tarde. ¡Cómo si era a las 9.00 de la mañana! Yo lo que quería era ver a los Beatles y a John.

â â â â

Fuimos al Corte Inglés y nos dijeron que las entradas ya llevaban tiempo agotadas. Me sentó bastante mal porque comencé a sentir miedo. No pasaba nada, aún quedaban varios centros más. Pero fuimos también a Galerías Preciados y nos dijeron lo mismo. Empecé a desesperarme. Habíamos venido de Valencia sólo para eso y empezaba a dudar que podría hacer mi sueño realidad.

La última esperanza que quedaba era Tony, el hermano de Begoña. Cogimos un autobús hasta el hotel Fénix y allí nos dirigimos a recepción.

- "Antonio Hernández, por favor", dijo Ana. El chico al que nos habíamos dirigido nos miró con una cara entre sorprendido y contento. Era un chico joven, más o menos de nuestra edad, con un pelo corto que le quedaba bastante bien, aunque a mí me gustaba más el pelo largo en chicos (y en chicas también, por supuesto). Sin dejar de sonreír y sin dejar de mirarme de arriba abajo (empezaba a pensar que tenía algo raro en mí esa tarde), nos dijo:

- "Soy yo".

Inmediatamente Ana empezó a hablar. Era ella siempre la que tomaba la incitativa en todo y yo solía quedarme en un segundo plano. Para mí era mejor así, ya que yo no era nada decidida para según qué cosas. Así que todo me resultaba más fácil si era Ana la que llevaba la voz cantante.

- "Mira, somos Vicky y Ana, las amigas de tu hermana Begoña. Supongo que sabrás que vamos a estar en tu casa un par de días".

Tony seguía sonriendo. Era obvio que Begoña le había hablado de unas amigas viviendo en su casa, pero empezaba a resultarme bastante chocante la manera tan descarada con que me miraba.

- "Sí, debo estar de suerte". Dijo sin dejar de sonreír. Ana me miró con cara de asco, con esa mirada suya de "todos los tíos son iguales". Aún así no le hizo caso y siguió hablando.

- "Si, bueno, pero queremos hablarte de otra cosa. Tu hermana nos ha dicho que los Beatles van a venir aquí, ¿no?"

Se le cambió la cara totalmente. De la sonrisa pasó a la más absoluta de las caras serias.

- "No sé qué os habrá dicho esa bocazas pero el caso es que es un secreto y que si os digo algo pues me despiden. Lo siento".

Ahora sí que tuve que hablar yo porque veía mi interés en peligro. Me acerqué a él en el mostrador y le dije.

- "Tony, por favor, hemos venido sólo de Valencia para esto. No conocemos a nadie aquí, sólo a tu hermana, así que no hay manera de que el secreto salga de nosotras. Por favor, te juro que no le diremos nada a nadie".

Su sonrisa volvió a la cara y me dijo:

- "Está bien, pero ¿yo qué saco a cambio?"

Pensé deprisa. No tenía ni idea de qué decirle a este chico al que no conocía de nada. No se me ocurría nada que decirle y comencé a ponerme nerviosa. Ana habló y me salvó de decir cualquier cosa.

- "Oye, mira, si quieres hacernos ese favor, vale. Somos amigas de tu hermana. Pero si no, pues nada, no pasa nada. Ala, nos vamos".

Ana comenzó a andar hacia la puerta pero yo me quedé mirando a Tony para ver si cambiaba de opinión. No sé si se tomó de manera distinta la mirada que le eché puesto que me dijo:

- "Eso está hecho si me dejas invitarte esta noche".

Ana lo oyó y se paró. Me miró para ver qué respondía yo aunque se podía imaginar lo que le iba a decir. Los Beatles significaban tanto para mí que era capaz de cualquier cosa. A su vez yo miré a Ana.

- "Trato hecho, pero Ana vendrá con nosotros, así que tráete a un amigo".

A Ana no le gustó la idea. Era tan estrecha con respecto a esas cosas que a veces me exasperaba, pero por el camino a casa la convencí. A las 10.00 nos debíamos pasar de nuevo por el hotel para recoger a Tony y a su amigo.

â â â â

Tony era bastante simpático, y tenía algo que me gustaba porque en cierta manera me recordaba a John. Era algo musculoso para ser un recepcionista, pero me dijo que hacía gimnasio. Fumaba, y eso era algo que en los hombres me gustaba. Yo me lo pasé bastante bien. Ana, en cambio, se aburrió bastante. Era muy muy reservada para según qué cosas y los chicos se pasaron largas horas haciendo bromas sobre sexo, etc. Contaban chistes verdes y a mí me hacían gracia. A Ana no.

Cenamos en un chino y luego nos fuimos a bailar a una discoteca. Tony intentaba pasarse algo conmigo. Yo no le decía nada porque me alojaba en su casa, pero Ana nunca tuvo pelos en la lengua para nada y de vez en cuando le echaba un rapapolvo.

En una ocasión, mientras bailábamos "She Loves You", me dijo:

No le hice caso. Conocía bastante bien a los hombres aunque sólo hubiera estado con uno en mi vida y sabía que eso lo decían todos cuando querían algo. Le sonreí, más pendiente de la canción en la que cantaba el amor de mi vida que de él. Tony se dio cuenta.

- "Joder, la hostia, no sé qué tendrán esos melenudos británicos. Todas las tías estáis locas por ellos".

Aproveché para preguntarle sobre su estancia.

- "¿Sabes cuándo vienen al hotel?"

- "Creo que vienen mañana sobre las 6.00 o así".

El corazón me dio un vuelco,. Mañana, sólo mañana, a las seis de la tarde. Tenía que estar allí como fuera a esa hora. Haría lo que fuera.

- "¿Tú estarás mañana allí?"

- "A ver qué remedio. Y no me hace gracia que vengan porque eso supone mucho más trabajo y no me apetece nada verles su estúpida cara".

Me estaba hartando de su forma de hablar. No podía soportar que ningún tío celoso hablara mal de mis ídolos. Aún así le pregunté si por casualidad en el hotel vendían entradas y me respondió que no, que el hotel no era una tienda de discos. Me fui hacia donde estaban Ana y Paco sentados y dije:

- "Estoy cansada, creo que será mejor que nos vayamos". Ana estuvo de acuerdo y creo que Paco se alegró porque se estaba aburriendo un montón.

Cuando llegamos a casa, Tony me dijo antes de que me fuera al cuarto a cambiarme:

- "¿Quieres que quedemos mañana también? Yo salgo a las 12.00 mañana, gracias a tus "amiguitos", pero aun así nos podríamos ver, ¿qué te parece?"

Tuve una idea.

- "Me pasaré a verte sobre las 6.00 o así, ¿vale? Buenas noches".

Cerré la puerta y le susurré buenas noches a Ana que ya estaba dormida en la cama.


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