It's Only Love
por Sadie
"Capítulo 3: To Know Him Is To Love Him"
To know know know him
Is to love love love him
Just to see his smile
Makes my life worthwhile
No pude dormir en toda la noche sólo con pensar en la posibilidad de que podía conocer a John y a los otros Beatles. Tony quizá me los podría presentar, a fin de cuentas, era él el que trataría con ellos cuando fueran a recepción. Sin poder dormirme, pero con miedo de despertar a Ana que dormía a mi lado, yacía en la cama con los ojos abiertos mirando al techo.
De repente comencé a oír ruido, como si alguien se levantara y empezara a trastear por algún sitio de la casa. Miré mi reloj de pulsera y vi que eran las 7.00 de la mañana. Sería Tony que se iba a trabajar, o incluso Begoña. Pero me confirmó que era Tony el oír el ruido de un mechero y un cigarro encendiéndose.
Sus pasos comenzaron a acercarse y oí que se paraban delante de la puerta. No sería capaz, ¿verdad? ¡No, por supuesto! Cuando vi que comenzaba a abrir la puerta no me lo podía creer. Me hice la dormida y abrió la puerta de par en par. ¡Menuda cara tenía! No le decía nada por respeto a su hermana y porque estabamos en su casa. Por fin cerró la puerta y se fue. A Ana sí que se lo diría al día siguiente.
â
â â âDebí quedarme dormida porque me despertó Ana levantándose. Miré el reloj de nuevo y eran las 10.00 de la mañana.
- "Buenos días".
- "Hola, Vicky. Me voy a duchar. Ves pensándote que quieres que hagamos hoy, ¿vale?
- "Vale".
Se fue al baño y yo me quedé en la cama. Supuse que no había nadie en la casa, pero aún así esperé un poco a levantarme para asegurarme de que solo estabamos Ana y yo. Cuando por fin me di cuenta de que no había nadie más, salté de la cama y me fui a la cocina. Tan sólo llevaba una camiseta corta que no me cubría más allá de la cintura, con lo que estaba sufriendo por si Tony volvía a casa inesperadamente. Quería que Ana saliera del baño ya para poder ponerme las lentillas, sin las cuales apenas veía. Y odiaba las gafas, por supuesto. ¡En eso era igual que John! ¡Oh! Pensar en John me hacía querer salir a la calle e ir al hotel inmediatamente por si acaso se adelantaban y llegaban ya.
Por fin la oí salir de la ducha.
- "Ya puedes entrar, Vicky. ¿Te has pensado lo que quieres que hagamos? ¡Mm!", olió el desayuno, "¡Gracias, Vicky! Lo necesito".
- "Bueno, yo había pensado ir a la piscina, pero si ya te has duchado..."
- "¡Da igual!, siempre nos podemos duchar luego otra vez".
- "¡No! Me sabe mal. ¿Quieres que vayamos de compras? Esta tarde los Beatles, tía, ¡LOS BEATLES!, van a ir al hotel de Tony y quiero estar despampanante".
- "¿De compras, Vicky? ¿Te has traído dinero?
- "Si, no hay problema por eso. Por cierto, hablando de Tony... ¿Sabes lo que ha hecho esta mañana?"
Me senté a contárselo mientras desayunábamos. Ana se escandalizó muchísimo y dijo que se lo iba a decir a Begoña. La convencí de que no lo hiciera porque eso crearía malos rollos e igual nos teníamos que ir de la casa.
- "Pero, Vicky", me dijo, "¿tú le has parado los pies a Tony? ¿No te das cuenta de que va detrás de ti como loco?"
- "Sí, ya lo sé, pero no quiero hacerlo hasta que me presente a los Beatles. Él puede hacerlo, Ana, es el recepcionista del hotel donde van a estar..."
- "Pero, Vicky, cariño, eso es utilizar a los hombres. No puedes hacerle eso a Tony".
Sabía que era mejor no discutir porque no íbamos a llegar a ninguna parte. Ana era muy distinta a mí y su moral tan católica no le dejaba muchas veces pensar con claridad. Tony no significaba nada para mí, y yo para él tampoco, sólo quería estar conmigo y ya está. En cambio John era el amor de mi vida y tenía el presentimiento de que lo iba a ver, aunque sólo fuera un segundo, pero lo iba a ver en persona y no en foto o en vídeo. Mientras me duchaba no podía dejar de cantar. Cantaba "I’m a Loser", que me encantaba, "Rock ‘n’ Roll Music" y "Mr Moonlight". ¡Ah! El grito que daba John al principio de la canción me ponía los pelos de punta. Y "I Don’t Want To Spoil The Party" era ya demasiado para mí. ¿Cómo podía alguien tan extraordinario pensar ni siquiera que podía estropear una fiesta? Cuando salí de la ducha, Ana ya estaba preparada y me esperaba para que nos fuéramos de compras.
â
â â âLa mañana fue muy divertida, ¡me encantaba ir de compras! Me compré un top amarillo que resaltaba lo morena que estaba y un vestido corto para por la noche. Ana también se compró un vestido, pero largo y distinto al mío. Cuando vio lo que yo me había comprado, se asombró:
- "¿Te vas a poner así sólo por ver a unos tíos que ni se van a dar cuenta de que existes?"
Me molestó. Era algo que yo ya había pensado, pero el hecho de oírlo de los labios de mi mejor amiga me hizo ver lo tonta que estaba por pensar ni siquiera que John me podía ver.
- "Tienes razón, Ana, ya lo sé, pero ¿y si por si acaso Tony me los presenta?"
- "Quítatelo de la cabeza, ¿sabes? Él es un simple empleado y quizá cuando vengan los Beatles, sea el súper jefazo el que se encargue de todo. Estas cosas son así, Vicky".
- "No, él me ha dicho que hoy trabajaba más por eso. De hecho hoy sale a las 12.00. Déjame intentarlo, ¿vale, cielo? Y promete que me acompañarás esta tarde al hotel".
Ana se quedó callada. No quería potenciar mi aventura con los Beatles, pero, a fin de cuentas, este viaje lo habíamos hecho por eso.
- "Vale, sí, te acompaño. A ver qué ocurre".
La abracé de la alegría que me dio. Le debo tanto a Ana, tanto, que nunca podré agradecérselo lo suficiente. Además, estaba muy emocionada de pensar que, mientras nosotras hablábamos, los Beatles estaban aterrizando en el aeropuerto en estos mismos momentos. ¿Qué ropa llevaría John? ¿Cuál sería su impresión de España? ¿Qué pensaría? Solamente de pensar que estaba en el mismo lugar que yo, aunque a kilómetros de distancia, me ponía los pelos de punta. Tenía tanta prisa por ir al hotel, que mi emoción apenas me dejaba pensar con claridad. Si estaban aterrizando en estos momento, aún tardarían en llegar al hotel... De todas maneras, quería ir ya a ver qué pasaba.
â
â â âA las 17.30 ya salimos hacia el hotel. Había un montón de personas allí en recepción y en la puerta principal de entrada y no nos querían dejar pasar. Muchísimos hombres trajeados y fotógrafos, sobre todo, se amontonaban en la entrada y en la recepción. El corazón me empezó a latir fuertemente, ¿no estarían ellos dentro ya, ¿no? ¡No! No era posible. Tenía que entrar como fuera para averiguarlo por mí misma.
- "Perdone", le dijimos a unos de los hombres trajeados de la entrada, "somos amigas de Tony, el recepcionista".
- "¿De quién?"
- "De Antonio Hernández, por favor, nos está esperando".
El hombre ni se inmutó.
- "Esperen aquí un momento, por favor".
Llamó a otro de los hombres trajeados y le dijo algo. Este segundo hombre se fue y al cabo de unos segundos apareció con Tony.
- "Sí, son amigas mías, déjelas pasar".
El hombre se abrió paso y entramos. Tony me susurró:
- "Estás guapísima, Vicky".
Llevaba puesto el top amarillo que me había comprado esa mañana y un pantalón acampanado siguiendo la moda inglesa. Le sonreí, pero ya está. No dejaba de mirar para todos los lados para ver si veía a alguno de los Beatles.
Nada. Sólo había muchísimo movimiento de hombres que iban y venían.
De repente la multitud se agitó muchísimo más y comenzaron
a oír voces y gritos. El corazón me empezó a latir mucho más fuertemente, y
hasta me temblaban las piernas. Me imaginaba que ya venían. "¡Ya
llegan!", oí, y casi me da algo. Desde recepción se podían ver
perfectamente los cristales de la entrada al hotel. En la agitación y con mis
nervios, me pareció ver una gorra y tres cabezas que se acercaban rodeadas de
chillidos y de voces.
Pasaron velozmente casi por delante de donde yo estaba, y sí, eran ellos. El de la gorra, por supuesto, era John. Me quedé paralizada, no sabía qué hacer ni qué decir. ¡Eran ellos! ¡Habían respirado el mismo aire que yo, e incluso habían pisado el mismo suelo que yo! No me lo podía creer.
John llevaba unas gafas oscuras, por lo que me pareció distinguir entre la agitación, y Paul iba a su lado. Estaba tan paralizada que Ana me tuvo que sacar de mi trance.
- "¡Venga, acércate!", me dijo Ana.
Pero no me dio tiempo, pues apenas habían pasado, ya los habían metido en los ascensores. Tony, al ver mi cara de frustración me dijo:
- "¿Ves aquella sala de allí?", asentí con la cabeza, "pues a las 8.00 más o menos tienen allí la rueda de prensa. No te preocupes que los verás"
Si, pero mientras tanto, ¿qué iba a hacer yo? Ana me dijo:
- "Son las 6.15. Vamos a tomar algo fresquito y a las 8.00 o así volvemos".
Yo me resistía a salir del hotel. De repente se puso un chico a mi lado que reconocí como ¡Neil Aspinall!. Pedía entre gestos y palabras sueltas las llaves de las habitaciones. En un momento dado me miró y me sonrió. Yo le devolví la sonrisa pero eso fue todo, porque acto seguido y tras coger las llaves se fue por donde había venido. ¡Pero al menos ya sabía que yo existía! ¡Y era alguien muy muy cercano a John!
Seguía resistiéndome a abandonar el hotel, sólo pensando que los Beatles sólo estaban a unos metros de mí.
- "¡Va, Vicky! Vamos a tomarnos algo y volvemos".
Al final no me quedó más remedio que obedecer. No sin antes volver a dar un recorrido con los ojos a todos los rincones del hotel. Buscaba gorras blancas y gafas de sol, y cada vez que salía alguien de los ascensores, mi corazón me daba un vuelco. Ana tuvo que agarrarme del brazo y sacarme de allí a empujones.
â
â â âCuando volvimos al hotel más o menos a las 7.45 nos encontramos con la misma oposición en la puerta. Esta vez nos costó algo más entrar puesto que Tony estaba ocupado y no pudo venir a por nosotras enseguida. No dio una especie de autorización que debíamos llevar colgada, aunque yo la mía me la guardé en el bolso. No quería que se me estropeara mi top nuevo.
Había muchísima más gente en el hotel que cuando habíamos entrado antes. La sala de la rueda de prensa que antes nos había mostrado Tony estaba ya abarrotada de periodistas y aunque nos intentamos acercar lo más posible a los sillones, fue imposible. La gran masa de periodistas nos lo impidió. Los Beatles ya debían de estar allí porque los periodistas no dejaban de disparar sus cámaras.
De pronto el murmullo se hizo más grande y oí a un hombre exclamar "¡Por Dios, qué inconveniente! ¿Qué hacemos ahora?" Y en tono mucho más alto grito: "¡Alguien que sepa inglés, por favor! ¡Alguien que hable inglés en esta sala!"
El corazón me empezó a latir mucho mas fuerte de lo que ya me latía por saber que los Beatles estaban delante de mi. Ana me miró:
- "¡Vicky, tú! ¡Venga, anímate!"
Me quedé petrificada sin saber cómo reaccionar. Ana, como siempre, a la que tanto le debo, levantó la mano:
- "¡Aquí, nosotras!"
- "Por favor, acérquense, ¡rápido!"
Ana me cogió de la mano y vi como todo el mundo nos abría un pasillo para que pasáramos. El pasillo se me hizo eterno y al llegar al final, ¡allí estaban! ¡Casi me desmayo! Sentados en un diván a rayas estaban John, Paul, Ringo y George. John llevaba la gorra blanca y negra y una chaqueta blanca con el cuello subido. Lo primero que pensé fue el calor que debería estar pasando el pobre así vestido en pleno mes de Julio. La verdad es que la mente piensa la más absurda de las tonterías cuando estás ante lo más importante de tu vida. Paul, vestido de oscuro, llevaba un clavel en la boca. George y Ringo iban también vestidos de manera no apropiada para el calor que hacía. ¡Parecían sacados de una de mis incontables fotografías! ¡¡ERAN ELLOS!!
John y Paul me miraron y vi a John hacer un gesto de admiración y susurrarle algo a Paul. Paul sonrió, mirándome también. En cuestión de segundos, le dijeron a Ana que lo único que teníamos que hacer (era ella la que lo iba a hacer, por supuesto) era traducir las preguntas que uno por uno los periodistas llamados por un megáfono iban a preguntarles. A continuación Ana traduciría los que los Beatles dirían.
La pobre Ana, ¡qué marrón!, sin ser fan de los Beatles, no tenía conocimiento de causa y sólo sabía quién era John debido a los mucho que yo le había hablado de él y a las fotos que le había enseñado. Metió la pata en varias ocasiones.
Los periodistas también se lucieron haciendo preguntas insulsas tipo, "¿teméis encontraron con Dalila?". La mayoría de preguntas se referían a su pelo largo que yo encontraba tan estupendo.
Para las fotos, John y Paul cambiaron su posición y se sentaron sobre el respaldo del sofá. ¡John era perfecto! Y además veía que estaba empezando a obsesionarme porque me parecía que no me quitaba ojo de encima. Pero era imposible que John, mi ídolo, el amor de mi vida, el hombre que más me gustaba del mundo, me estuviera mirando. ¡Era imposible!
La rueda de prensa terminó a pesar de que yo sólo rezaba y rezaba porque no se terminara nunca. Sabía que cuando acabara, sería el fin también de mi envidiable posición al lado de ellos (al lado de George y Ringo, porque John y Paul estaban en la otra parte). Sabía que sería el fin y me resistía. El hombre que había llamado por el megáfono a los periodistas nos dijo:
- "Muchas gracias, de verdad. ¿Qué queréis a cambio?"
Ana pensó rápido porque yo ya sabía lo que quería: conocerlos, hablar con ellos, estar con ellos aunque solo fuera un momento. En es momento noté una sombra acercándose. Me giré y ¡vi a Paul que se acercaba sonriendo! John le seguía, pero alguien le llamó y se dio la vuelta. ¡Oh, no! ¡NO! ¡JOHN!
- "Hey, luv. You speak good English, you see. What’s your name?"
Yo estaba tan asombrada que apenas podía reaccionar. Por supuesto, ese piropo de boca del mismísimo Paul McCartney iba para Ana, ya que yo no había abierto la boca en toda la entrevista. Pero lo dijo mirándome a mí, cosa que me extrañó.
- "Thanks", dijo Ana. "My name’s Ana and she’s Vicky".
Yo no le quitaba la vista de encima a John y cuando se volvió hacia nosotras y caminó hacia donde estabamos, empecé a ponerme nerviosa.
Cuando estuvo a nuestra altura, John dijo:
- "Are all the Spanish girls like you?"
Yo no sabía qué decir porque no sabía si lo decía como piropo o como algo malo. Yo estaba bastante morena de la playa y ellos estaban acostumbrados a las chicas rubias y de piel blanca. Pero la mirada de John y Paul delataban que era un piropo.
Sólo sonreí. Ana dijo:
- "We haven't got any tickets for any of your concerts. Maybe you could do something about it?
- "How come? Haven’t you?", dijo Paul. Se giró y llamó a Neil, "Hey! Nel! Get as many tickets for these beauties as they want".
- "Two will do, thanks", dije. No quería abusar. Yo ya podía morirme tranquila habiendo visto cumplido mi sueño. John, que miraba a Neil, se giró hacia mí con esa sonrisa tan maravillosa que tenía y me dijo:
- "Oh!, So the prettiest thing can talk, can’t she?"
Me molestó un poco. No quería que lo primero que mi ídolo pensara de mí era que era una de esas chicas monas que eran tontas. John vio mi cara y con un gesto preocupado dijo:
- "Only joking, luv".
Le sonreí. ¡Qué guapísimo era, Dios! No me lo podía creer. Estaba ahí, con el hombre que mas admiraba en el mundo, y había sobrevivido. La gorra le quedaba de maravilla.
- "Oh! We’re going up to our rooms to rest a little. Wanna join us?"
Ana, por supuesto, no quería. Siempre se iba a lo peor, a lo mal pensado. Enseguida puso cara de "¿cuáles serán las intenciones de estos británicos? ¡Todos los hombres son iguales!". Yo me moría de ganas. Le supliqué con la mirada y al final aceptó:
- "Alright, but just a little bit".
Creo que tanto John como Paul y yo sonreímos a la vez. Paul echó a andar el primero y Ana le siguió. John se puso a mi lado, sin dejar de mirarme de arriba abajo. Yo sentía que tenía algo que decir, si no, John iba a seguir pensando que era una tonta:
"Aren’t you hot with so many clothes on?"
Sonrió.
- "Oh, sure, luv, I’m hot if you’re beside me".
Me puse como un tomate. Estaba acostumbrada a los sarcasmos de John y a sus flirteos con las chicas, porque lo había leído en los libros y lo había visto en los documentales, pero ahora lo vivía de primera mano.
- "Had you ever been to Spain before?"
¡Vaya pregunta! En cuanto la hice me arrepentí de haberla hecho. ¡Pues claro!, John y Brian habían estado de vacaciones en Torremolinos en el 63. Creo que yo estaba en segundo de carrera pero me lo confirmaron los maravillosos labios de John:
- "Yep! Eppy and me came over two years ago, to the south of Spain. Lovely beaches you’ve got there!"
- "The loveliest beaches are where I live, Valencia".
- "Valencia?", me hizo mucha gracia su pronunciación. ¡Qué encantador era!
- "Yes, on the south coast. D’you know Barcelona?", asintió con la cabeza. "Down south, then".
- "Have to go there, then".
Sonreí, pero no pudimos seguir hablando porque habíamos llegado a las habitaciones. Ocupaban tres entre todos ellos, pero nos reunimos en una donde estaban George, Ringo y Mal Evans. Neil había subido con nosotros y dijo:
- "Don’t worry about the tickets. You don’t need ‘em".
- "What do you mean?", preguntó Ana.
John me cogió el brazo.
- "Just stay with me, love"
Pero Ana lo estropeó todo.
- "No, no, thanks, but we want our tickets".
John la miró con una mueca cuando Ana no se dio cuenta.
- "Is she always like that?", me preguntó John.
- "Like what?"
- "So bossy and never a smile on her face".
- "Oh, no! She’s very nice. You’ve got to know her better."
- "I’ve got to know YOU better".
Bajé los ojos con una sonrisa y la cara ardiéndome. No me podía creer lo que me estaba pasando. El hombre de mi vida me estaba diciendo que quería conocerme, que le gustaba estar conmigo. Empezaba a pensar si todo era real o si estaba viviendo un sueño del que pronto despertaría.
Pasamos a la habitación y John y Paul nos presentaron a George y a Ringo. Los dos últimos estaban cansados por lo que John sugirió que los cuatro pasáramos a la habitación contigua a charlar.
Aunque lo estaba deseando, me daba un poco de palo. Ana y yo solas con dos Beatles, que, ante todo, tenían fama de mujeriegos. Me daba tan igual que asentí entusiasmada, aunque Ana estaba bastante reticente. Me llevó a un lado:
- "No creo que sea una buena idea, Vicky".
- "¿Por qué? ¿No te das cuenta de que les gustamos, Ana?. ¡Por primera vez en mi vida le gusto a un hombre que también me gusta! Además, estamos practicando mogollón de inglés. Venga, Ana, no va a pasar nada, confía en mí, ¿vale?"
Como siempre, mi adorable amiga Ana aceptó. Pasamos a la habitación de al lado y John se sentó en la cama y Paul en un sillón que había. Nos dijeron que nos sentáramos y nos ofrecieron de beber. Llamaron a recepción y seguro que fue el pobre Tony el que cogió el recado. Ni que decir tiene que si la cosa iba así de bien, la cita con Tony quedaría totalmente anulada.
- "Well", dijo John, "You Beatles fans?"
Ana habló, como siempre, la primera.
- "Vicky is, I’m not very much into your music, sorry."
Si a John ya le gustaba poco Ana creo que esto fue la gota que colmó el vaso. Aunque no le importó, porque con una sonrisa de oreja a oreja me dijo:
- "We’re lucky that the prettiest things on earth are Beatles fans, eh, Macca?", Paul asintió. "Which is your favourite, luv?"
Por supuesto no iba a decirle nada delante de Paul, no era correcto. Pero Ana casi gritó:
- "Ah! Good question! It’s you!! She’s mad about you!"
Yo me quería morir. Ahora sí, pero de vergüenza. No quería ni levantar la cabeza. Lo que sí quería era irme de allí. John estaba casado y su mejor amigo Paul había sido puesto en evidencia. Así que me levanté del sillón dispuesta a irme, pero la mano de Paul, que también estaba en el sillón, me paró. Levantándose él, me dijo:
- "I’m afraid we all have to suffer rejection at one point in our lives, right? Don’t go, luv, stay here. Ana and I have so many important things to talk about", sonrió a Ana e intentó llevársela de la habitación, pero Ana se resistía. Yo quería quedarme sola con John:
- "Ana, por favor, estaré bien. Vete con Paul, nos vemos esta noche o mañana, ¿vale? Un beso, cielo, te debo una".
Le sonreí.
- "Oh, you Spaniards sound so sexy when you talk", dijo John. Paul sonrió y se fue junto con Ana. Allí me quedaba yo frente al amor de mi vida cara a cara.
â
â â âJohn se quitó la gorra y dijo que se iba a dar una ducha, pero que por favor, no me fuera. ¡Cómo me iba a ir! De ninguna manera. Miré el reloj, ¡Oh Dios, las 9.30!. Tenía que cenar, y supongo que ellos igual. De repente llamaron a la puerta mientras John estaba en el baño. Yo dudaba entre si abrir o no, al final la puerta se abrió sola y apareció Brian Epstein.
- "Oh, I’m sorry!", me dijo. "I thought there was nobody there. Where’s John?"
- "In the bathroom", dije, y me recordó a "A Hard Day’s Night" muchísimo.
- "Oh, I see. And... Mmm... Who are you?"
- "My name’s Vicky. I’ve just been used as a translator for them".
- "Oh, yeah. I’ve been told. Thanks very much, Vicky. I don’t know what a disaster it could have been without your help"
- "Well, my friend Ana was who made the most. I just sort of observed".
- "You speak good English. Where did you learn it?"
- "At university. I’m studying English at University. I’m in my fourth year, well, the fifth, actually. This is the summer break".
John salió en ese momento de la ducha.
- "Well, I see you’ve met. Brian, please, can you get us something to eat? This bird here must be starving and so am I. Will you, Brian?"
La devoción de Brian por John era evidente. Había leído en mogollón de libros sobre la homosexualidad de Brian y el amor que sentía por John, pero nunca me lo llegué a creer del todo. Sabía que John podía hacer de quien quisiera lo que quisiera, tal era su carisma, pero Brian era exagerado en sus maneras y en su devoción por John. Se fue y de nuevo me quedé sola con John.
- "So, I’m your favourite Beatle, eh?"
Asentí.
- "This must be my lucky day!"
- "Why?"
- "Why? ‘cause Paul is usually who gets the prettiest birds. Have you seen his face when your friend said I was your favourite? I should have had a camera with me. Poor Macca!"
- "But doesn't he like Ana?"
- "Ana? Are you joking? With you there no guy can ever look at Ana".
No me podía creer lo que estaba pasando. No era la primera vez que eso me lo decía un hombre, pero ESTE HOMBRE era especial. Era mi ídolo, era JOHN LENNON!! Y me empezaron a temblar las piernas.
De repente llamaron a la puerta. John dio permiso para que entraran y allí estaba Tony con un carrito y muchísima comida en él. Me miró descaradamente y John se dio cuenta. Tony no dejaba de mirarme, creo que esperaba que yo le dijera algo. Por supuesto no iba a decirle nada, Tony no era nada para mí, era John. La mirada de Tony era tan descarada que hasta John se dio cuenta:
- "What’s up? Pretty, isn’t she? But that’s enough for today, boy."
La cara de Tony lo decía todo. Era más o menos igual de alto que John pero bastante más fuerte. Creo que si no hubiera estado trabajando, le habría partido la cara a John allí mismo.
- "Nos vemos esta noche, ¿no?", me dijo Tony.

- "Oh! Tony, lo siento. Es que...", no me dejó terminar.
- "Si, es que estoy con John, ya veo. Eres igual que todas, ¿sabes? ¡Una calientapollas y nada más! ¿Sabes lo que te va a hacer este tío? Te va a llevar a la cama y nada más, solo quiere eso".
- "¿Ah, si? ¿Acaso es muy diferente de lo que quieres tú?" ¡Lárgate antes de que llamemos a seguridad, ¿vale?!"
Se fue. John estaba asombrado. No se había enterado de nada.
- "What’s wrong with him, luv? Can’t dig it!"
- "Forget about him, John. Wants to get me and I don’t want, that’s all".
- "Can’t blame him, you’re lovely".
Él si que era encantador. Cada vez me gustaba más, creo que me estaba enamorando aún más perdidamente de lo que ya estaba. Creo que al principio tenía una especie de adoración platónica porque pensaba que nunca lo podría conocer. Pero ahora era real, estaba con John, hablando, cenando, haciendo las cosas normales que hacía todos los días pero con el hombre que mas me importaba en el mundo.
Comenzamos a cenar y seguimos hablando para conocernos mejor. Nunca mencionó a Cynthia, su mujer, ni a su hijo Julian. Y yo, por supuesto, no le pregunté por ellos. Sé que Cynthia estaría sufriendo, yo me ponía en su lugar y lo pasaba realmente mal, pero me había tocado la otra parte, de la cual estaba muy agradecida. Al final de la cena nos fuimos los dos al sofá.
- "Some more drinks, luv?".
¿Quería emborracharme? No, yo prefería irme con la cabeza bien fría y controlar toda la situación.
- "No, thanks". Él si que se sirvió otra bebida en la que mezcló whisky, ron y Coca Cola.
- "The Beatle drink. Cheers!" Bebió de un trago casi más de la mitad del vaso. Yo miré el reloj. Eran más de las 12.00. Me empecé a levantar para irme. John me miró.
- "No, please. Don’t go yet. Stay a little bit more".
- "I really must be going, John. I live with Ana and a friend and they must be already waiting for me. It’s just not fair".
Se levantó hasta ponerse a mi altura. Era un poco más alto que yo, pero no mucho. Su boca comenzó a acercarse a la mía y yo estaba bastante excitada. No sabía si por el vino de la cena o por estar con quien estaba. Me dejé besar. No quería parecer demasiado apasionada, quería hacerme de rogar un poco para que quisiera más de mí. Si se lo daba todo a la primera no querría seguir viéndome. Besar a John era lo único que había querido nunca. Sus finos labios se movían por los míos, más gruesos, y nuestras narices se rozaban. ¡Cómo me gustaba! Estaba en el paraíso. No quería irme, pero tenía que hacerlo. Vete, Vicky. Caerás rendida si te quedas sólo 10 minutos más. Déjale un buen sabor de boca, vamos, dile que no. Me separé de él.
- "I must go, John. I’m sorry"
- "Look, luv. I want to see you more. Tomorrow we’ve got some sort of gimmick or something in the morning and then the usual interviews and stuff. But I do want you to be with me. Can you come tomorrow?"
- "John, we’re gonna hardly see each other if you’re so busy doing all those things. When are you free?"
- "Let’s see... I’ve got the gimmick in the morning and then I’m free by lunch time. Maybe we could have lunch together. I’ll ask Paul to bring Ana, right? So the four of us can enjoy the lunch. Yep, it’s gonna be difficult to be together during the interview, but I can see you again before the show. What do you say?"
- "Yes, John. There’s nothing in the world I want to do more than that."
Me sonrió con esa maravillosa sonrisa suya y empecé a arrepentirme de no quedarme a pasar la noche con él. Pero no era correcto. Hacía bien en irme. Me besó de nuevo.
- "See you at about 1.00, then, ok? Make sure Ana is coming, just for Paul, although if she doesn’t come that’s fine with me. Oh! Wait, luv! Do you want me to call a taxi for you? There’s no way you’re doing all your way home on your own".
Cada vez me gustaba más y la cosa iba bien. Quería estar con él y, lo que era muchísimo mejor, él quería estar conmigo. Pero ese ÉL era John Lennon, ¡¡JOHN LENNON!! ¡El de los Beatles! Era la chica más feliz del mundo.
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