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viejos comunistas del pueblo. Estos, desde que se produjo la "revolución de terciopelo", han adoptado la costumbre de reunirse en uno de los hoteles del pueblo, donde todo el mundo puede verlos. Allí hablan en voz baja durante el desayuno, almuerzo y cena. Su "conspiración" quizás no tenga mayores consecuencias, pero sirve para advertir a todos quienes les ven que en cualquier momento se puede producir una "vuelta de tortilla".

La Iglesia Católica de Broumov fue nuestra primera parada en la búsqueda de los orígenes de Josef Hitschfeld. La iglesia está cerrada y en la casa del párroco una anciana monja apenas puede hacernos entender, con la ayuda de señas y gestos, que desde hace muchos años los registros de nacimientos, matrimonios y defunciones ya no están en poder de la Iglesia, sino del Estado. Es preciso, entonces, acercarse a la oficina de Narodny Vybor, el Registro Civil.

Pero allí, nuestras gestiones tampoco son exitosas. Primero es preciso esperar a que llegue la funcionaria encargada de los registros que está  tomando un café. Después, cuando ya ha vuelto a su puesto de trabajo y le muestro la copia de la fe de bautismo de Josef Hitschfel, me exige "el original" para extenderme un certificado civil. La joven no entiende nada de inglés y muy poco de alemán. Finalmente, una de sus compañeras -que dice saber algo de inglés- acude en su ayuda. Examinan el certificado. Miran en unos viejos libros de hojas amarillentas y, por último, responden que
La entrada de la casa de Weckersdorf 106. Aquí estamos con Jana Hrabkova, en marzo de 1990, disfrutando de los dos asientos que a falta de mirador tiene construida la casa.
es imposible comprobar si Josef Hitschfel era natural de Broumov ya que todos los archivos con más de cien años de antigüedad han sido enviados a Praga, donde hay tantas posibilidades de que existan como de que se hayan extraviado.

Desanimados por los nulos resultados de todas las gestiones, dirigimos nuestros pasos hacia el hotel de Broumov con la intención de comer algo
antes de marcharnos. El administrador del hotel, un hombre bajo y regordete, extrañado por la presencia de turistas occidentales se acerca a nuestra mesa y examina los
papeles de Josef Hitschfel. El hombre habla un poco de alemán. Cuando ve los sellos y el membrete del antiguo Imperio Austro-Húngaro el rostro se le ilumina.

Rápidamente el hombre se levanta y desaparece unos minutos. Cuando vuelve nos anuncia que ha telefoneado a una persona que puede ayudarnos: Jana Hrábková, la esposa del librero, que es la única del pueblo que habla inglés.

Jana se toma la aventura como una cuestión personal. Averigua que sólo queda una mujer de apellido Histchfel en el pueblo, pero que no sabe si tiene familiares en América. En la partida de nacimiento de Josef reconoce el pueblo donde vivía: Weckersdorf, muy cerca de Broumov.

Según Jana, Weckersdorf actualmente se denomina Teplice, pero el lío que hay entre las denominaciones checas y alemanas es tal que ella también se equivoca. Cuando llegamos a Teplice, a unos 8 kilómetros de Broumov, el anciano párroco del lugar nos explica que aquel pueblo se llamaba Weckesdorf y no Weckersdorf. El que buscamos se denomina realmente Krínice.
El monumento dedicado en Braunau a los soldados austrohúngaros muertos en la guerra con Prusia. Se aprecia el águila bicéfala de los Habsburgo coronando el monolito. En las placas están escritos los nombres de los habitantes de Baunau que combatieron en la guerra que Austria perdió en la batalla de Sadowa en 1866, librada a  50 kilómetros de esta localidad.