PÁGINA DE JORGE DE LA TORRE


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AMOR CORRESPONDIDO.
Yo también como tú, nací graciosa
y mi madre también me idolatraba;
queríanme todos por la muy hermosa
y más de cuatro mis formas envidiaban.

Llegué a la pubertad y ya el placer
me tentaba con su faz traidora;
una ansia de gozar en no sé qué
sentí en mi cuerpo . . . "abrazadora".

El primo José Manuel que no ignoraba
de mi cuerpo el estado tan nervioso,
cariñoso y audaz siempre trataba
de enseñarme a gozar muy afanoso.

Cierta tarde que solitos nos quedamos
sentada en un sofá ya dormitaba;
y mi primo José Manuel con las dos manos
mis formas y mi cuerpo tentaleaba.

Yo como un sueño, ensimismada,
poseída de dicha y bienestar,
con sus dulces caricias me embriagaba
y a sus anchas los dejaba obrar.

Pasaba sus manos cariñosas
desde la cara a mis tetas bien paradas
y acercndome su cara mentirosa
me besaba febril y me miraba

Desabrochó mi blusa y junto a mí
acercose un aliento de fuego que quemaba
de un brinco en el sofá subiose
y con ansias salvajes las tetas me mamaba.

"Cuanto placer", "Cuanta delicia",
prodigaba sus dulces chupetones,
sentíame morir y él con malicia
procuraba bajarme los calzones.

Al fin lo consiguió y con fases tiernas,
ya arriba del sofá, bien encaramado
se colocó entre medio de mis piernas
procurando quedar acomodado.

Y así tan lleno de pasión,
jadeante echose sobre mí y en una teta
dulces besos me daba delirante,
entretanto se desabrochaba la brageta.

Sacó de allí un algo tan parado,
tan largo y grueso como un pujante,
diciéndome que era un plátano morado
y comenzó a picarme el de adelante.

De pronto sentí tan suave cosquilleo,
una ansia tan enorme y de placer loca
una intensa emoción y un cruel deseo,
que quise gritar, pero sus besos tapábanme la boca.

- No te asustes, - me dijo en tono lento palpitando con pasián mi Juan Manuelito;
ningún daño te heré, y en un momento
descascar del todo el platanillo.

Entre mis piernas lo logró poner
haciéndome sentir tal bienestar,
cuando con celo lo empezó a mover
muy cerca de donde suelo mear.

Lo subía y lo bajaba "con que anhelos",
jadeante de emoción, me hacía cosquillas,
picaba con furia entre los pelos,
en las íngles y también en las orillas.

-¿Qué buscar?: - solame preguuntar
y a la vez me contestaba temerosa:
¿tendré yo algo donde pueda entrar
de mi primo José Manuel tan dura cosa?

Mientras tanto, el placer y la emición
arrobome mi espíritu y sufría,
aquel dulce cosquilleo, aquellas caricias,
cuando loco mi primo José Manuel acometa.

En la lucha tenaz, desesperada,
entre frases de amo, dulces y tiernas
al fin y al cabo me sentí cansada, y
en un descuido me entreabrió las piernas.

Muy luego sentí cómo mi primo
aprovechando sin duda mi descuido,
con suma agilidad por donde orino
un poco me metió su miembro endurecido.

Qu brusquedad y destreza
y cómo incomodaba el platanito,
cuando en un dulce vaivén y ligereza
en mi agujero metiolo otro poquito!

Tan feo sentí, que lancé un grito,
pero mi primo siguió terco y tenaz
metiéndome su duro platanito
por la parte que meo, más y más.

Cada vez lo empujaba con más furia,
heciéndome pedazos la cadera;
hasta que al fin me lo dejó hundido
escondiéndolo todo en mi meadera.

Y aún así, con más furor me lo empujaba
haciéndome sufrir horriblemente;
las tetas con vehemencia me mamaba
y una nalga me sobaba dulcemente.

De repente, furioso y extraviado
de mis labios prendiose embravecido
chupó mi lengua emocionado
con los ojos en blanco, embrutecido.

Sentí de pronto un algo muy caliente,
que hasta el fondo de mi ser llegaba
las sienes latianme fuertemente
y una lluvia copiosa me bañaba.

Un agudo dolor me estremecía
y cada momento ms fuerte me arreciaba,
mi meadera temblaba y me dolía
y por la parte baja me sangraba.

Bajé la mano al punto dolorido
y en mi sangre sentí bañada,
sentí también el miembro bien dormido
en mi meadera y sentí también que destilaba.

Entonces comprendí lo que buscaba
con tanto afán mi primo enamorado;
un pequeño agujero le quedaba
a su miembro viril, bien ajustado.

En sí volvió José Manuel; avergonzado
se sentó junto a mi muy compugido;
y con gusto noté que estaba bien parado
aquel tamaño miembro que sentí dormido.

Con ansias lo cogí con mis manos
notando que era un miembro duro y con cabeza,
y llena de lujuria lo llevé a la boca,
y lo mamé como puede mamar una frencesa.

Entre tanto, Juan Manuelito sollozaba
y como víbora cruel se retorcía,
cuando con ansias y furor se lo mamaba
y su miembro en mis labios se venía.

Una leche blanquiosa le salió
que parecía atole de tapioca,
entonces yo lo cogí en mi boca
la que casi inundaba se quedó.

Qué sabrosa y dulce la encontraba
y mi primo cómo de placer moría
mientras yo, con más fuerza lo chupaba
y en mi boca su miembro de nuevo se dormía

Pasó algún rato y al fin se despertó
su lacio miembro y se volvió a parar;
invitome otra vez. - Estate quieto - le dije,
por delante si ya no, si quieres ahora por detrás.

Y diciendome y haciendo muy ufano,
en el suelo tirome en muy guasón;
me puso en cuatro patas, tomó su dirección
y metiome su miembro por el ano.

¡Qué placer! ¡pero que delicia y que emoción!
¡qué dolor tan intenso y tan agudo!
pero fin, sentí metido hasta el troncón
de mi primo José Manuel miembro tan duro.

Pasó otro rato y mi primo ya extenuado
quera descansar . . . sentí tristeza;
yo creí que su miembro dormido, ya cansado
después de tanto sufrir no despertaría.

Acercóme hacia él y, en los escesos
de un amor no saciado febrilmente,
cogióle el miembro y con mis besos
otra vez lo fui parando lentamente.

- Vente José Manuel, - le dije sin aaliento
- no me dejes caliente . . . no seas malo ¿qué acaso no comprendes mi tormento?
sumérgeme otra vez tu duro palo.

Donde tú quieras y de cualquier modo,
me pondré en cuatro patas si lo quieres,
para que atrás me lo sumerjas todo
y me hagas sentir lindos placeres.

No seas ingrato, mira que estoy loca
de amor, ¡no me abandones!
¿quieres te lama los cojones
y el miembro te chupe con la boca?

Y sin hacerse mucho de rogar
en el suelo tendiome decidido,
me metió su miembro y empezó a jadear
hasta que no pudo y se quedó dormido.

Despertó de su sueño
más terco, y más duro, más tenaz
y dándome placeres lindamente,
me cogió por la boca, por delante y por detrás

Inundome con su leche tan caliente,
que sentía mas entraías bien mojadas
y mi pepa también copiosamente,
hasta de los noches atole destilaba.

Ya ves pues, niñita hermosa,
que yo también sufrí las carcajadas:
deshonraron mi honor como una rosa
dejándome por fin muy aguada.

Decir lo que sentí, sera prolijo;
decir lo que sentí, sera candeces;
diré no obastante que a los nueve meses
José Manuel y yo teníamos un hijo.

Ya ven pues, niñitas casaderas
lo que pasa no siendo una coqueta:
no se dejen picar las sentaderas,
ni se hagan tampoco la puñeta.

La experiencia que yo tengo en esos casos
me hacen aconsejarlas cordialmente,
busquen ustedes vergas concienzudamente
de jóvenes fuertes y seguid mis pasos.

Mas si temen que por esos goces
les forjen como a mi, uno o más muchachos,
exíjanles que compren condones
y sin temor abrácenles de piernas y brazos.

MA. TERESA LA CHICA



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