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Que tomó la levedad de la hoja y la
fugacidad del cervatillo; la alegría
de los rayos del sol y las lágrimas
de la neblina; la inconstancia del
viento y la timidez de la liebre; la
vanidad del pavoreal y la suavidad
del plumar y el cuello de la
golondrina.
Además, se agregó la
dureza del diamante, la dulzura de
la miel, la crueldad del tigre, el
calor del fuego y el frío de la
nieve.
Se añadió luego la canubria
de la chachalaca y el arrullo de las
palomas. Todo se mezcló y as se
formó la mujer y fue entregada al
hombre.