Las Cartas del Duende


QUIERO QUE SEPAS...

Quiero que sepas...
que recuerdo tus manos,
tu primera caricia,
tus primeras palabras.

Quiero que sepas...
que tus ojos observan
cada noche mi alma.
Que cada noche mi cuerpo
no escapa de tu mirada.

Que vivo con tu fantasma
cuando como,
cuando duermo,
cuando sufro yo te observo.
Observo tu triste ausencia,
tu solitario vacío.
Y una caricia
vuelve desde el pasado
para calmar tus recuerdos.
Viene acompañada
por un beso suave,
lento y silencioso,
y por una lágrima.

Quiero que sepas...
que el pasado ha vuelto a vivir
en mi presente,
casi muerto e irreal,
casi inexistente.

Quiero que sepas...
que recuerdo todas tus miradas,
todas tus lágrimas,
y también tus abrazos.
Que recuerdo tus besos,
tu tiempo,
tu locura y la mía.
Los hijos que no tuvimos
y la muerte de tu amor.

Quiero que sepas...
que no te olvida mi cuerpo,
ni mi alma.
Que no te olvida mi vida.
Que todavía te siento,
que tus ojos aún
observan mi soledad,
mi triste agonía,
sin lágrimas ni piedad.

Quiero que sepas...
que tu amor,
desde el principio hasta el fin
fue lo mejor
que en mi vida pudo ocurrir.
Que nadie será jamás
tan feliz por tu existencia,
ni tan desdichado.
Quiero que sepas
que no te olvido
y que hasta el último día,
el fin de toda mi vida,
así te recuerdo.

Recuerdo tus ojos,
recuerdo tus risas,
recuerdo tus lágrimas,
tu felicidad y la mía.
Recuerdo tus manos,
recuerdo tu prisa,
recuerdo tu alma...
tu alma junto a la mía.

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Nota: sé que reitero demasiado la palabra "recuerdo", pero preferí conservar el formato original del poema.

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