Las Cartas del Duende
A USTED (la última carta)
Ese día que me dio el primer beso, yo sentí algo que no quiero olvidar. Nunca.
Hay ciertos privilegios que debo quitarle, sólo para poder seguir viviendo.
Recuerdo las madrugadas en las que hablábamos durante horas.
Deseo que la vida le dé todo aquello que yo no pude, y usted sepa valorarlo.
Son, ante todo, las pequeñas acciones de cada día, las que hacen a una persona.
Yo conocí sus perfiles, descubrí su máscara. Sé que hay en usted un ser maravilloso,
No permita que el tiempo le quite esa fuerza, aunque a veces se equivoque,
Cuando estuve por rendirme, usted me animó a seguir un poco más.
No importa lo que dejaron de hacer mis manos, si fue para tomar las suyas.
Rescate esa belleza.
No sé cuánto quedará en su alma de aquel que me enseñó a besar mientras aprendía...
Hay cosas que no encubren un fin, ni buscan una recompensa.
Amar a alguien, es también amar el pequeño mundo que lleva dentro,
El amor no necesita de las personas,
Sólo quiero darle este humilde abrazo de palabras,
Sepa que lo amo. Así lo amo. Y eso me hace feliz.
Gracias...
Encuentro palabras de su propio puño y letra talladas en mi alma y sólo las escribo.
Pareciera a veces, que mi vida se deshace y se rearma.
Y son sus manos, sin saberlo, las que me derriban y me rescatan entre los escombros.
Ud. me ha enseñado que todo debe tener final, y a rescatar la melancólica belleza que nace de ellos.
Generalmente, lo maravilloso no se repite. Eso lo hace más maravilloso.
Yo no sé si el pasado muere, o todavía estamos ahí, mirando la lluvia en silencio.
Como sea, el asfalto húmedo de cualquier ciudad, la más pequeña gota de lluvia...
me recordarán sus labios y sus manos.
Hay cosas que no puedo expresar en un poema, porque están más allá de las palabras.
En otro mundo.
Y Ud. me llevó a ese lugar. Ud., y nadie más.
Quisiera que conozca ese sitio, que sienta lo mismo por alguien, al menos una vez en la vida.
Pero aún así, jamás olvidaré sus ojos.
No porque sean como son, sino porque alguna vez me miraron
y bastaría con eso, pero además fue para decirme "te amo".
Yo no fui gran cosa, ni lo soy. Habrá mil mejores, pero no importa.
Su mirada me hizo especial, alguna vez.
Cuando recordaba su niñez y yo sentía que me daba algo de su pasado.
Era como estar ahí, viéndolo andar en bicicleta.
Hoy, que soy parte del pasado, y no puedo regresar para acariciar su mano,
quiero decirle que valoré cada instante y conservo en mi alma como un tesoro cada momento.
Espero, tenga algún buen recuerdo que compartir de aquellos días.
Tal vez una mujer, un hijo... no sé, pero será como vivir eternamente en sus labios.
Sólo lamentaré no estar allí para oír su voz, una vez más.
Que no pierda nunca esa belleza que amé. Y aunque también amé su rostro, su cuerpo, sus ojos...
quiero decir esa belleza simple y diaria con que aborda la vida.
Esos detalles pequeños que alejan su alma de la vulgaridad.
Usted puede cruzar la barrera del pensamiento
y llegar a los hechos con la urgencia que este mundo requiere.
Yo lo admiro por eso.
Usted es un sabio de esas acciones. Y aplica en cada acto de su vida esa sabiduría
que otros intentan hallar en lo esporádico, lo inmenso, y se les torna inalcanzable.
He observado a su ser en acción , dando los pasos simples y cotidianos que conforman una vida, y sólo pude aprender.
que se atreve y consigue lo que quiere, aunque le cueste.
Que sabe romper los esquemas y edificar a su gusto,
que un día dio un portazo y dejó al niño obediente del otro lado.
aunque deba tomar el camino difícil.
Siga construyendo castillos en el aire
y exija tanto respeto como el mejor de los arquitectos.
Siga construyendo...
sin olvidar que todo, por sólido que parezca, puede derrumbarse.
Usted, que caminó tantos Km. a mi lado,
que me enseñó que a veces los sueños se hacen realidad
y se puede ser feliz ayudando a cumplir los sueños de los demás,
no deje morir sus sueños, no deje de creer en ellos.
Ud., que tantas veces estrechó su mano con la del duende, de igual a igual,
no olvide que el mejor trato es el que se cierra con la mano... y el alma también.
Resguárdela de la mirada común, de las palabras.
Como un beso, elija darla sin ruido,
y sepa distinguir los seres capaces de apreciarla por su cuenta.
Confíe en su intuición. No crea ciegamente, pero confíe.
ese, que se olvidará de mi, pero una y otra vez va a saber amar...
Ha hecho mucho por mí, más de lo que pueda imaginar.
Y no dude que procuraré cada día, hacerme digna de tales obras.
Ud. es una gran persona,
ha sido mi mejor amigo, el gran compañero de mi alma
y me ha enseñado las cosas más valiosas que yo pude aprender en la vida.
A veces me encuentro viviendo a su manera, actuando a su modo...
Porque en sí mismas son el fin y su propia recompensa.
Así debe ser el amor.
No para hacer nuestra vida más fácil, sino para hacerla mejor.
por delante, por detrás, y a cada lado.
Es también amar su pasado, sin preguntar,
su futuro, sin condiciones.
Y su presente, sin olvidar jamás ese pequeño mundo.
No basta con amar, hay que amar bien.
somos nosotros quienes necesitamos de él,
y a veces no requiere que se lo demos a nadie.
Como todo, no debe durar más que lo justo
para ser lo que debe, siéndolo bien.
No podemos imponerle nuestros tiempos,
ni intentar acercarlo a las palabras,
porque forma parte de ese mundo que está más allá de ellas.
No conoce lo ridículo, ni la poesía.
Yo diría, que ni siquiera nos conoce, y mucho menos nos pertenece.
decirle que si la parte de mi vida que se llevó,
le sirvió alguna vez para algo, entonces,
sólo por eso vale la pena soportar el resto.
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