Las Cartas del Duende


VIAJE

Quiero darte
la fuerza que me falta.
Quiero poner en tus labios
mi nombre mudo.
Y mostrarte
la belleza que no tengo.

El tiempo que te di,
me lo robaste.
La vida de mi mundo
te llevaste.
Hoy escupes mis pies,
que ayer besaste

Pero debes recordar, en lo profundo
de tu alma que se duerme,
y se despierta
que mi mano estará allí por si tropiezas
Ayudando a levantarse a tu cabeza.

O quitándote las piedras del camino,
acercándote hasta el cielo cuando crece
tu delirio de grandeza como un pino
que derrama su pinocha y envenena
todo aquello que florece
y a la tierra que alimento le ha ofrecido
con la muerte de su fruto la condena.

Seré yo quien te ofrezca mis venas
cuando a tu cuerpo se acerque la muerte.
Callaré por las noches, con mis penas
tu conciencia evitando que despiertes.

Haré crecer a tus pies
a la flor que diste muerte
para que adorne tus pasos.
Si se revierte tu suerte
tendrás una compañera
a quien contar tus fracasos.

Liberaré mis brazos de la carga
llevando tu dolor sobre mi espalda
y si un día tu vida se hace amarga
sabrás que mi abrazo te respalda.

Yo te donaré mis huesos
si te duele la vejez
te daré mis pocos pesos
si te encuentras en aprietos
y me callaré esa vez
que les cuentes a tus nietos
las historias al revés.

Vos serás protagonista,
el muchacho ganador,
que mejor bailó en la pista
y que de cine fue actor.

Pero no pierdas de vista
de las cosas el valor:
no te olvides que en tu viaje
en cohete hasta la luna
extraviaste el equipaje
y en tu valija había una
que sólo te daba amor.

Sabré aceptarlo con calma
si el tiempo borró mi nombre.
Si fuiste buen consejero
lo leerás en el alma
del niño cuando sea hombre.

Y recordá, compañero
que fuiste mi mejor suerte
y que somos pasajeros
en un viaje hacia la muerte.

Creeme cuando te digo:
pagaría con la vida
porque no fueras conmigo.

Siguiente


Regresar al Indice

Enviame un e-mail