¿Por que esta necesidad mia? Si, ¿Por que esta necesidad mia de confesarme, y en la confesión comulgar con mi prójimo? No sé.. Es un desahogo. Tengo esta suerte. Algun bárbaro español gozará en afilar su cuchillo. Yo gozo escribiendo, a pesar de que sea para la intimidad del papel, hasta que en feliz conyuntura se lo devuelva al pueblo, que me ha herido con tantas impresiones: charlando en un café, en un departamento de viaje, en una tasca de suburbio... o por caminos de America. ¿Habrá amargura en la confesión? No. ¿Resentimiento? ¿Por que ha de haberlo?.
Combatí desde muy joven, con las fuerzas nacionales, fascistas o azules como quieran llamarse. Esta condición me situó entre los privilegiados. Si a la hora de la victoria no alcancé los enchufes de mis amigos, fué por no adaptarme al engendro de la guerra civil, o, al adaptarme por necesidad de la vida, asquearme pronto.
Todo durante la guerra civil, en mí -como en tantos-, fue ilusión; mas aún, santa inconsciencia. Con dieciseis años y un fusil en las manos no se me podía exigir otra cosa.
Luché embriagado de himnos y canciones. Creí que sólo asesinaban los rojos, que la causa de los azules era la causa de Dios. La vida en las trincheras me emborrachó el alma de patriotismo. Pero, allí, en las trincheras, recibí el primer golpe... Fué en el cerco de Oviedo, oyendo esta frase a un combatiente: "Cuando se libere mi pueblo, si mi padre colaboró con los rojos, ¡Lo paseo!" Es decir, que le pegaba un tiro en la nuca.
Al oirlo me arrinconé en la posición del cementerio viejo, tras unos sacos terreros, a llorar. Pensaba en mi padre, republicano liberal toda la vida. Pensaba que aún residía en la zona llamada roja y que pudiera haber colaborado en algun puesto burocrático, porque la vida, a veces, exige claudicaciones y renuncias.