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EN CATAMARCA, YA FUNCIONA
UN CLUB CON MÁS DE 50 SOCIOS QUE SEMANALMENTE REALIZAN UNA FERIA EN DONDE SE COMPRA Y
VENDE SIN DINERO Club del trueque, una opción para pelearle a la crisis
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La crisis económica que
afecta a todo el país -y que no dejó de lado a Catamarca- generó un fenómeno que va
tomando fuerza. Tan antiguo como el hombre, el trueque resurgió como un sistema
económico alternativo que le está permitiendo a mucha gente administrar mejor su dinero
y generar un -por ahora- pequeño ingreso extra para ayudar a los exprimidos bolsillos. En Catamarca, luego de mucho dudarlo, entre la ONG Bienaventurados los Pobres (Be.Pe.) -que integra la Red LASES (Liga Americana de Socioeconomía Solidaria)- y el Sindicato de Empleadas Domésticas de Catamarca (SEDOCA), desde el 5 de octubre del año pasado comenzaron a darle forma al primer Club del Trueque de esta provincia. Inspirados en las exitosas experiencias de Buenos Aires, Córdoba y otras ciudades, ambas entidades comenzaron a gestar la idea de utilizar esta herramienta para paliar la desocupación y la pobreza. Actualmente, el club funciona con unos 50 socios. La difusión se hizo cautelosamente y se fue invitando a la gente que quería sumarse de boca en boca y se comenzaron con las reuniones, las charlas y las capacitaciones. Al principio, las reuniones eran espaciadas, pero dada la necesidad de mantener una constancia, la convocatoria pasó a ser semanal. Hoy en día, el Club del Trueque ya funciona con una feria donde sus socios intercambian productos y servicios sin que medie la base de la economía formal, es decir el dinero. Incluso, dentro del club, la relación con el dinero es casi lejana y sólo se lo toma como una base referencial. Aunque está en formación y sus miembros son conscientes de las limitaciones con las que están trabajando, se van superando día a día con el esfuerzo, la constancia y, sobre todo, un gran entusiasmo por parte de sus integrantes. Cómo funciona El Club del Trueque funciona a través de socios que se denominan "prosumidores", es decir productores y consumidores de servicios y productos. Como dentro del club no existe el dinero, y como una forma de hacer equitativo el intercambio, se ideó un sistema de vales que tienen una relación de uno a uno con el peso. En Catamarca, estos vales tienen el nombre de "Talento", ya que representan un cierto valor por la capacidad que pone cada prosumidor para ofrecer sus servicios. Estos talentos son emitidos por el mismo club y sólo tienen valor dentro de éste, de tal forma que no pueden ser comercializados ni canjeados por dinero en efectivo. De esta forma, se mantiene un cierto control sobre el manejo de los "talentos". Juan José Sánchez, responsable de Be.Pe. y coordinador del Club, explicó que "esto no quiere ser un dinero paralelo, ni mucho menos, sino que es un forma de intercambiar equitativamente nuestros propios productos". Para lograr que se mantenga en funcionamiento el sistema del trueque, mientras no hay una cantidad más significativa de socios, en el nodo Catamarca cada uno de los socios ofrece distintos servicios por los que reciben "talentos" y, además, cada semana se reúnen en una suerte de feria donde cada uno lleva algún producto, al que le pone un valor de acuerdo con los costos de inversión y al trabajo dedicado en su elaboración. Es así que, en esa feria, se encuentra desde pan casero, hasta libros y ropas, pasando por especies caseras, artesanías, plantas, masas y tortas; también se consiguen otros artículos de segunda mano, frutas secas y especias; tejidos artesanales y confituras. En cuanto a los servicios, hay empleadas domésticas, mujeres que cuidan niños o enfermos, fleteros, hasta quienes ofrecen sus servicios como docentes y hasta una pediatra que recibe en su consultorio "talentos" para atender a pacientes del Club. Enfermeras ofrecen sus servicios, lo mismo que costureras y cocineras. Quien necesite un albañil o un servicio de lunch para una fiesta, también lo consigue en el Club del Trueque. Un maestro mayor de obra se ofrece para realizar proyectos y dibujar planos... y las posibilidades son infinitas. También pueden sumarse pequeños productores o criadores, que podrían encontrar una mayor rentabilidad en el intercambio de su producción que en la venta. Dentro del Club, la economía se va regulando por sí misma. Los productos que cada uno lleva son los que tienen mayor demanda dentro de la sociedad y, lógicamente, los precios tienen la competencia del mercado formal. Aunque parezca utópico, la forma en la que se ideó este sistema impide el lucro por parte de un grupo selecto, o el manejo arbitrario de los productos y servicios. Crecimiento Desde que se comenzó a gestar la idea de concretar el Club del Trueque en esta ciudad, el sistema tuvo un importante crecimiento. EL ANCASTI presenció una de las reuniones y sus integrantes manifestaron un gran entusiasmo por la tarea emprendida. No sólo porque ven con esperanza el crecimiento de esta experiencia, sino también porque en el grupo comparten experiencias, necesidades y aprenden y capacitan sobre cómo llevar adelante una situación económica que les es adversa. Sánchez explica que para que el Club cumpla las metas esperadas tiene que tener una mayor afluencia de gente. "Necesitamos al menos 100 ó 150 personas que mantengan una cierta constancia, porque hay quienes traen un producto de un rubro una semana y a la siguiente ya no lo pueden conseguir", explicó. Además de una mayor afluencia, el coordinador del Club local indicó que también es necesario que los productos que se ofrezcan tengan cierta demanda dentro del club. De esta forma, quien ingrese podrá rápidamente comercializar y capitalizar su producción. Uno de los primeros objetivos de este club es tratar que todo lo necesario para la canasta familiar pueda conseguirse sin la necesidad de la utilización del dinero, sino de sus "talentos". Para la producción de lo que se va a vender en la feria, lógicamente, todos deben hacer una "inversión" en pesos para comprar la materia prima, sobre todo quienes se dedican a productos comestibles. La idea es que en un futuro se pueda sumar gente que ofrezca esa materia prima. De tal forma, quien fabrique pan para trocar por "talentos" pueda comprar también harina, grasa y sal con el mismo sistema. La mayoría de los socios llegó al club con problemas económicos, son gente desocupada y ávida de demostrar su capacidad, o personas mayores que no consiguen ocupación. Y aunque éstos persisten, ya tienen algo que es muy preciado en estos tiempos: la luz al final del camino. Todos están seguros -y ponen mucha fuerza en esto- de que este Club del Trueque llegará a ser una bisagra en su vida.
Diego M. Herrera
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