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| DE TODO. Los miércoles,
en Villa Madero, el trueque reúne a unas 300 personas. |
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Tiempo estimado de lectura
1'13''
Como todos los miércoles, Marta
Llorente preparó siete piononos con crema pastelera, que desaparecen enseguida de una
mesa improvisada en la sociedad de fomento de Villa Madero. Allí, todos los miércoles a
la tarde funciona el Club del Trueque, donde se arremolinan más de 300 personas
entre largas mesas repartidas en el caluroso patio del lugar. Se disputan las tartas,
pizzas y postres, que son los primeros productos en terminarse.
A cambio de los piononos, Marta Llorente se lleva verduras, un matambre, canelones, un
pollo y ropa. Todo lo que tiene puesto, jura, lo canjeó por sus productos.
Cuando el trueque empezó en Villa Madero (Primera Junta 876), en agosto del año pasado,
reunía a unas 80 personas. Ahora son más del triple.
Una de las más antiguas del lugar es una mujer que de pronto entra cargada con potes de
dulces que provocan una conmoción general. Es que todos los truequistas que hacen
productos de repostería usan su dulce de leche como materia prima. En pocos minutos, a
Graciela Lamarca no le queda nada. "Con lo que saco acá visto a mis hijos y les doy
de comer toda la semana", afirma.
En una cartelera ofrecen sus servicios gestores, plomeros, fotógrafos, albañiles,
pintores y carpinteros. Según contaron a Clarín muchos de ellos, cubren parte de
las necesidades de sus familias canjeando su trabajo por alimentos y ropa.
A pocas cuadras del club, en el Mercado Central, algunos compran verduras para canjearlas
por otras mercaderías. Es el caso de Norma Ramírez. "Mi marido me dejó con cinco
chicos, y gracias a esto puedo darles de comer. En la Navidad, hasta les compré
juguetes", relata. |