Aplicación de un modelo de Teoría de Juegos dentro de la Ciencia Política

Legados institucionales y estrategia electoral
(
V) 
LAS LECCIONES 
DEL JUEGO

 

Reproducido para efectos exclusivamente académicos de:
Aníbal Pérez Liñán,
 University of Notre Dame, y
José Corbetta, y
Ramiro Ambrosioni
Universidad de Belgrano
Versión 20 de setiembre, 2000

(Temas de Negociación no asume ninguna posición política dentro del planteamiento científico adoptado para presentar el tema)

Se ruega no utilizar 
su contenido sin
  autorización por escrito.

America Latina, 2001





 

 

La principal conclusión de este juego es que si FG quiere que su amenaza surta efecto sobre la estrategia del empresario deberá convencer a E de que 

 

1) tiene serias chances de ganar la elección; y 

2) es un jugador “duro,” 

 

Este argumento puede resumirse en una hipótesis simple: 

 

la probabilidad de que E participe de las licitaciones será mayor cuanto menor sea el valor de p.  

 

Sin embargo, la estrategia del empresario también está informada por su propia capacidad competitiva.  Si éste tiene pocas oportunidades de ganar los contratos en una licitación futura, entonces estará más dispuesto a correr riesgos negociando con el gobierno saliente.  

 

Esto conduce a una segunda hipótesis: la probabilidad de que E participe en las licitaciones es mayor a medida que cae el valor de g. 

 

El lector interesado en la prueba matemática de estas hipótesis puede considerar algunos ejemplos que presentamos a continuación.  

 

Para que E participe de las licitaciones, es necesario que la utilidad esperada de participar U[P] sea mayor que la utilidad esperada de no participar U[~P], en donde, de acuerdo con la Figura 3:

 

(1) U[P] = (1–p)(1) + p(–1) = 1–2p

(2) U[~P] = (1–p)(0) + pg = pg

 

Para ilustrar nuestras conclusiones, utilizamos tres posibles valores para p: los actores tienen certeza de que FG es un “blando” (p=0), las chances de que la amenaza sea creíble están equlibradas (p=.5), o los actores tienen certeza de que el futuro gobierno cumplirá su amenaza (p=1).  

 

De la misma forma, imaginamos tres posibles tipos para E: no tiene ninguna posibilidad de ganar los contratos en una licitación futura (g=0), tiene una posibilidad moderada (g=.5), o tiene certeza de ganar la licitación futura (g=1).  La Tabla 3 ilustra la interacción entre estos dos factores.  

 

A iguales valores de g, cuanto mayor es el valor de p, mayores son los incentivos para cerrar un acuerdo con el nuevo gobierno.  Cuando el valor de g crece, sin embargo, los incentivos para participar de las licitaciones en el corto plazo se reducen. 

 

TABLA 3.  UTILIDAD ESPERADA DE P Y ~P

PARA DIFERENTES VALORES DE p Y g

p

g

U[P]

U[~P]

0.0

0.0

1

0

0.5

0.0

0

0

1.0

0.0

-1

0

0.0

0.5

1

0

0.5

0.5

0

1/4

1.0

0.5

-1

1/2

0.0

1.0

1

0

0.5

1.0

0

1/2

1.0

1.0

-1

1

Nota: valores en negrita muestran estrategia preferida

 

La interacción entre p y g también puede ilustrarse a través de un gráfico como el que se presenta en la Figura 4.  

 

La línea gris muestra la utilidad esperada de participar en la licitación, dependiendo de la probabilidad de que la amenaza sea cumplida, p.  

 

Las dos líneas punteadas muestran la utilidad esperada de no participar cuando E tiene una baja probabilidad de ganar los contratos en una licitación futura (g=.3) y cuando es un grupo económico altamente competitivo (g=.8).  

 

La intersección entre la diagonal gris y cada una de las diagonales punteadas muestra un “punto de indiferencia” a partir del cual los riesgos de participar en una licitación comienzan a superar los beneficios.

La Figura 4 sugiere que la utilidad de participar en las licitaciones del gobierno saliente se ve rápidamente superada por el riesgo incluso cuando la amenaza no resulta demasiado creíble.  

 

El problema es que, tal como mostramos anteriormente, la credibilidad de la amenaza tiende a ser muy baja en casi todos los escenarios realistas, y difícilmente p>.5.  

 

Esta falta de credibilidad de la amenaza nos lleva a concluir que, en circunstancias reales, el empresariado preferirá negociar las licitaciones en el corto plazo y correr riesgos en el futuro, a menos que el partido de gobierno saliente sea absolutamente débil en términos electorales y que la oposición se muestre dispuesta a cumplir su amenaza a cualquier costo.  

 

Estas condiciones, sin embargo, estuvieron ausentes en los primeros meses de 1999, lo que en buena medida explicaría el fracaso de la estrategia electoral para frenar las licitaciones. 

 




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