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La
principal conclusión de este juego es que si FG quiere que su amenaza surta efecto sobre la estrategia del
empresario deberá convencer a E de
que
1)
tiene serias chances de ganar la elección; y
2)
es un jugador “duro,”
Este
argumento puede resumirse en una hipótesis simple:
la
probabilidad de que E
participe de las licitaciones será mayor cuanto menor sea el valor de p.
Sin
embargo, la estrategia del empresario también está informada por su propia
capacidad competitiva. Si éste
tiene pocas oportunidades de ganar los contratos en una licitación futura,
entonces estará más dispuesto a correr riesgos negociando con el gobierno
saliente.
Esto
conduce a una segunda hipótesis: la
probabilidad de que E
participe en las licitaciones es mayor a medida que cae el valor de g.
El
lector interesado en la prueba matemática de estas hipótesis puede considerar
algunos ejemplos que presentamos a continuación.
Para
que E participe de las licitaciones, es necesario que la utilidad
esperada de participar U[P] sea mayor
que la utilidad esperada de no participar U[~P],
en donde, de acuerdo con la Figura 3:
(1)
U[P] = (1–p)(1) + p(–1) =
1–2p
(2)
U[~P] = (1–p)(0) + pg = pg
Para
ilustrar nuestras conclusiones, utilizamos tres posibles valores para p:
los actores tienen certeza de que FG
es un “blando” (p=0), las chances de que la amenaza sea creíble están
equlibradas (p=.5), o los actores tienen certeza de que el futuro gobierno
cumplirá su amenaza (p=1).
De
la misma forma, imaginamos tres posibles tipos para E:
no tiene ninguna posibilidad de ganar los contratos en una licitación futura
(g=0), tiene una posibilidad moderada (g=.5), o tiene certeza de ganar la
licitación futura (g=1). La Tabla
3 ilustra la interacción entre estos dos factores.
A
iguales valores de g, cuanto mayor es el valor de p, mayores son los incentivos
para cerrar un acuerdo con el nuevo gobierno.
Cuando el valor de g crece, sin embargo, los incentivos para participar
de las licitaciones en el corto plazo se reducen.
TABLA
3. UTILIDAD ESPERADA DE P Y ~P
PARA
DIFERENTES VALORES DE p Y g
|
p |
g |
U[P] |
U[~P] |
|
0.0 |
0.0 |
1 |
0 |
|
0.5 |
0.0 |
0 |
0 |
|
1.0 |
0.0 |
-1 |
0 |
|
0.0 |
0.5 |
1 |
0 |
|
0.5 |
0.5 |
0 |
1/4 |
|
1.0 |
0.5 |
-1 |
1/2 |
|
0.0 |
1.0 |
1 |
0 |
|
0.5 |
1.0 |
0 |
1/2 |
|
1.0 |
1.0 |
-1 |
1 |
Nota:
valores en negrita muestran estrategia preferida
La
interacción entre p y g también puede ilustrarse a través de un gráfico como
el que se presenta en la Figura 4.
La
línea gris muestra la utilidad esperada de participar en la licitación,
dependiendo de la probabilidad de que la amenaza sea cumplida, p.
Las
dos líneas punteadas muestran la utilidad esperada de no
participar cuando E tiene una baja
probabilidad de ganar los contratos en una licitación futura (g=.3) y cuando es
un grupo económico altamente competitivo (g=.8).
La
intersección entre la diagonal gris y cada una de las diagonales punteadas
muestra un “punto de indiferencia” a partir del cual los riesgos de
participar en una licitación comienzan a superar los beneficios.

La
Figura 4 sugiere que la utilidad de participar en las licitaciones del gobierno
saliente se ve rápidamente superada por el riesgo incluso cuando la amenaza no
resulta demasiado creíble.
El
problema es que, tal como mostramos anteriormente, la credibilidad de la amenaza
tiende a ser muy baja
en casi todos los escenarios realistas, y difícilmente p>.5.
Esta
falta de credibilidad de la amenaza
nos lleva a concluir que, en circunstancias reales, el empresariado preferirá
negociar las licitaciones en el corto plazo y correr riesgos en el futuro, a
menos que el partido de gobierno saliente sea absolutamente débil en términos
electorales y que la oposición se muestre dispuesta a cumplir su amenaza a
cualquier costo.
Estas
condiciones, sin embargo, estuvieron ausentes en los primeros meses de 1999, lo
que en buena medida explicaría el fracaso de la estrategia electoral para
frenar las licitaciones.
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