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Los
juegos dónde un jugador
gana sólo si el otro
pierde y no es posible
cooperación alguna (y
dónde de alguna manera
se genera una «guerra
abierta»), se denominan
«Juegos de suma cero».
El mejor ejemplo de esto
es el póquer, donde los
jugadores ponen el dinero
en el centro, y alguien
se lo lleva todo cuando
gana. Nadie gana un solo
peso que otro no haya
perdido. Estas
consideraciones también
son aplicables a la
economía ya que la
sociedad es «de suma
cero» dado que el
beneficio de una persona
es en detrimento de otra.La
mayoría de los juegos de
ocio son de tipo suma
cero. Es válido incluso
para aquellos en los que
no interviene el dinero.
Se arriesgue
dinero o no, cada jugador
preferirá unos posibles
resultados a otros. Estas
preferencias, al
expresarlas mediante una
escala numérica, reciben
el nombre de utilidad.
La utilidad
es el «contador
del juego, o bien los
puntos que se tratan de
ganar. Si en el póquer
se apostaran fósforos, y
se intentara de verdad
ganar la mayor cantidad
posible, entonces la
utilidad sería
precisamente el número
de fósforos obtenidos.
Así mismo, en un juego
en que hay dinero de por
medio, la utilidad es el
dinero mismo y cuando se
juega sólo para ganar,
el mero hecho de ganar
aporta utilidad.
En un juego
de ganar o perder, como
triqui (o tres en raya) o
ajedrez, se podría
asignar a la victoria un
valor de utilidad igual a
1 (contabilizado en
«puntos» arbitrarios) y
a la derrota, un valor de
utilidad de (-1) puntos.
La suma total de
utilidades es igual a
cero, por eso se trata de
un juego de suma cero. Si
un adulto juega para
perder con un niño, sus
utilidades serían de
signo contrario: perder
tendría una utilidad
igual a 1, y ganar
tendría una utilidad de
(-1).
Así pues,
la utilidad se relaciona
estrechamente con las
preferencias reales de
los jugadores, no
existiendo una
correspondencia directa
con puntos, dinero, o con
ganar o perder.
El juego
real más sencillo es uno
entre dos personas, con
dos estrategias y de tipo
suma cero. El único molo
de simplificarlo aún
más sería que un
jugador tuviera sólo una
estrategia. Mas escoger
sólo entre una opción
posible, no es escoger
realmente. De hecho, el
«juego» lo llevaría a
cabo un único jugador,
cosa que no es en
realidad un juego,
(aunque dentro de la
teoría de las decisiones
se considera el caso de
un jugador interactuando
con el entorno - que se
constituye en el segundo
jugador -).
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