Muchos
juegos conocidos
consisten en secuencias
de jugadas realizadas por
los jugadores. En el
triqui, el ajedrez o las
damas, la cuadrícula o
tablero siempre está a
la vista. No se hacen
jugadas ocultas En
cualquiera de estos
juegos se puede trazar un
diagrama de todas las
posibles secuencias de
juego. Para
determinar la forma
racional de jugar, el
diagrama debería
contener todas las
secuencias de jugadas
permitidas, incluyendo
las que tienen
movimientos sin sentido,
corno por ejemplo no ver
la oportunidad de hacer
las tres en raya. Todo lo
que se necesita es
aplicar las tijeras al
árbol y quitar todas las
jugadas no beneficiosas.
Si
se prosigue la poda hasta
la raíz, se descubrirá
que los únicos
resultados posibles para
jugar racionalmente son
los empates. Esto es
aplicable para casi
cualquier juego entre dos
personas en el que no se
oculta información. El
requerimiento principal
es que el juego ha de ser
finito. No puede
continuar siempre. Y el
numero de posibles
opciones en cada
oportunidad tiene que ser
también finito. De otro
modo, no habría
«hojas» (últimas
jugadas) desde las que
retroceder.
Los
seres humanos no son
inmortales; ningún juego
de ocio pretende durar
eternamente. Sin embargo,
en las reglas de los
juegos mas complicados no
se exige explícitamente
que se lleven a cabo un
número máximo de
jugadas. El ajedrez suele
terminar en empate. Hay
muchos casos en los que
las piezas pueden moverse
sin fin, y no llegar a
tablas.
Si
se comieran todas las
piezas salvo los dos
reyes, ninguno podría
hacer jaque mate al otro.
Estas situaciones
finalizan con unas
«reglas de empate». Una
regla bastante aceptada
afirma un empate cuando
una secuencia de
movimientos se repite
tres veces seguidas. Otra
mas restrictiva, señala
que es un empate si en
cuarenta movimientos no
se mueve una pieza
determinada y/o no se
capturan piezas de mayor
categoría.
Por
lo tanto, dada una regla
de empate determinada,
hay un límite superior
finito al número de
jugadas posibles. En el
ajedrez este se aproxima
a los cinco mil
movimientos, siguiendo
las normas usuales, un
número mucho mayor que
el de cualquier partida
de ajedrez que se haya
jugado. Dado este limite
finito del juego, se
podría trazar un
diagrama de todas las
formas completas de jugar
permitidas, y podarlo
para descubrir el modo
racional de jugar.
El
ajedrez, jugado entre
oponentes perfectamente
racionales, sería así
de trivial. Que aún
interese a los jugares
solo se debe a nuestro
desconocimiento de la
estrategia correcta para
jugarlo. Una cosa es
demostrar que existe la
mejor estrategia posible,
pero otra es realizar los
cálculos necesarios para
obtener la estrategia. No
se sabe si jugar
racionalmente al ajedrez
finalizaría en victoria
(supuestamente para las
Blancas, que empiezan la
partida) o en empate.
|