Los niños
están jugando de manera
«suma cero». Hay una
porción limitada de
pastel, y nada que puedan
hacer los niños
cambiará su tamaño. Si
hay más pastel para uno,
habrá entonces menos
para el otro.El primer
niño («el que corta»)
tiene varias estrategias
posibles; de hecho, hay
un número ilimitado de
ellas, pues podría
cortar el pastel de
infinitas formas. No
perdemos precisión si
reducimos las opciones a
sólo dos estrategias.
Una estrategia consiste
en dividir el pastel en
dos trozos desiguales, y
la otra es dividirlo lo
más equitativamente
posible.
El
segundo niño («el que
escoge») también tiene
dos estrategias posibles.
Puede escoger el trozo
mayor o el más pequeño.
(Añadiremos un toque
más de realismo, al dar
por hecho que no se puede
cortar un pastel de
manera perfecta. Por
tanto, incluso cuando el
que corta decide repartir
el pastel
equitativamente, siempre
habrá un trozo
ligeramente mayor que el
otro.)
Dividir
el pastel equitativamente
es la mejor estrategia
para el primer niño, ya
que sabe de antemano que
la estrategia del otro
niño será tomar el
pedazo mayor. La
solución de este juego
es, por tanto, un reparto
equitativo. Este
resultado no depende de
la generosidad de los
niños, ni de su sentido
de lo que es justo. Surge
forzosamente a partir del
interés propio de cada
uno.
El
primer niño no podrá
quejarse de que la
división es injusta
porque la ha hecho él.
El segundo no podrá
protestar, pues ha podido
escoger el trozo que
prefería. La división
depende, en último caso,
tanto de la manera en que
un niño lo corta, como
del trozo que el otro
niño escoge. Es
fundamental que cada
niño prevea lo que va a
hacer el otro.
Las
opciones se han
representado en una
sencilla tabla. Sólo
hace falta poner el
resultado de uno de los
niños en cada casilla.
Vamos a colocar los
valores correspondientes
al que corta. Obviamente,
el que escoge se lleva lo
que quede.
El
que corta dividirá el
pastel lo más
equitativamente posible.
El que escoge tomará el
pedazo más grande. El
que corta se llevará
algo menos de la mitad
del pastel, ya que el que
escoge, habrá cogido el
mayor de los dos trozos
casi iguales.
¿Por
qué se llega a este
resultado?
Si
el que corta pudiera
decidirse por cualquiera
de los cuatro desenlaces
posibles, querría
llevarse el trozo grande.
Sin embargo, se daría
cuenta de que no es una
opción realista. El que
corta sabe qué puede
esperar del que escoge;
es decir, lo
peor: un
trozo lo más pequeño
posible.
El
que corta sólo tiene la
potestad de seleccionar
la fila en que aparecerá
el desenlace de la
división del pastel.
Espera llevarse la
porción más pequeña en
esa fila, ya que el que
escoge actuará de modo
que el trozo del que
corta sea lo menor
posible. Por tanto, el
que corta tratará de maximizar
el mínimo que
le dejará el que escoge.
El
que corta sabe que si lo
hace con justicia, se
llevará al final casi la
mitad del pastel. Pero si
corta un trozo más
grande, sabe que se
quedará con el pedazo
más pequeño. La
verdadera elección
existe entre llevarse
casi la mitad o bien
mucho menos que la mitad
del pastel. El que corta
tratará de llevarse casi
la mitad del pastel,
partiéndolo para ello
equitativamente.
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Estrategia
del que escoge
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El
Trozo Grande |
El
Trozo Pequeño |
Estrategia
del que Corta
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Partir lo más
equitativamente posible |
La mitad
del pastel
MAS una miga
|
La mitad
del pastel
MENOS
una miga |
| Partir un trozo
mas grande que otro |
El Trozo Grande
|
El Trozo
Pequeño
|
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