EL DESARROLLO SUSTENTABLE ES INCOMPATIBLE CON EL NEOLIBERALISMO
Por Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno
¿Qué es el desarrollo sustentable?
Se han enunciado más de veinte definiciones del desarrollo sustentable. De entre ellas, la consagrada y oficial es la de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Comisión Brundtland), que considera como tal al que asegure que se satisfagan las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias.
Tal criterio puede sintetizarse en dos frases: el verdadero desafío del desarrollo económico no está relacionado con la rapidez con que un país crece, sino más bien con el nivel de bienestar que ese país puede alcanzar al crecer más rápido; y mientras la teoría tradicional del crecimiento se preguntaba acerca de cuál debe ser la velocidad óptima para acumular capital, los enfoques modernos de la sustentabilidad del desarrollo se cuestionan sobre cuáles deben ser las formas de capital que hay que acumular y por cuánto tiempo. (1)
Los dos principales problemas de la sustentabilidad del desarrollo consisten en la contaminación del medio ambiente, que amenaza a largo plazo la supervivencia humana, al menos tal como la conocemos ahora, y que a mediano plazo puede ser la causa de catástrofes ecológicas; y en la extracción exagerada de recursos energéticos o materiales que lleve a su agotamiento o inutilización.
En ambas amenazas encontramos la misma contradicción. Por una parte, están las reglas del mercado que impulsan a llevar las ganancias al máximo, sin considerar restricciones de ningún tipo, ni siquiera ambientales; por la otra, el bienestar general actual y futuro cuyas prioridades son la preservación del medio ambiente y la utilización racional de los recursos naturales, aunque con ello se disminuyan las ganancias empresarias.Mercado y medio ambiente
En el plano teórico existe una gama de opiniones acerca de las causas y efectos del deterioro del medio ambiente, y consecuentemente de las políticas aplicables. De entre ellas, sólo señalaremos las que marcan el antagonismo más notorio: la neoliberal y la de la economía ecologista.
Los teóricos neoliberales reconocen el deterioro del medio ambiente que provoca la actividad económica ejercida sin restricciones; pero sostienen que en un sistema de precios competitivos de mercado, ello no es importante, pues si bien se agotarán algunos recursos naturales, actúa una sustitución entre los factores de la producción y existe un fuerte aporte de progreso técnico. Por ello, las generaciones futuras gozarán de un capital natural acrecentado, ya que si bien disminuirán algunos recursos naturales, habrá un mayor volumen de capital y de conocimientos técnicos y científicos.
Los mecanismos de mercado utilizados para combatir la polución, en general se basan en el principio el que contamina, paga. A tal efecto se utilizan varios instrumentos. El primero es el pago de los costos para mantener limpio el medio ambiente, tales como evacuación de residuos, descontaminación del agua, servicios de recuperación o eliminación (aceites usados, pilas de mercurio o de cadmio). El segundo mecanismo es el fiscal, que grava a los productos que contaminan y desgrava a aquellos que no atacan al medio ambiente; por ejemplo, los mayores impuestos sobre el clorofluorcarbono y el menor precio de la nafta libre de plomo. Un tercer procedimiento es el mercado de los derechos a contaminar, manejado por los empresarios que contaminan. Consiste en la fijación de un tope a la contaminación por la autoridad pública; dentro de este máximo, las empresas disponen de permisos para emitir una cierta cantidad de materias contaminantes, que pueden ser vendidos o comprados. De tal modo, las empresas pueden decidir si pagan los impuestos por contaminar o compran permisos a quienes no llegaron al tope. Este sistema figura en la Clean Air Act de Estados Unidos, sancionada en 1969. (2)
Frente a la posición de mercado que, con algunas atenuaciones, es la que prevalece, existe una economía ecologista que la refuta. Las interrogaciones principales se centran en: ¿cuál es la solución de mercado?, ¿acaso profundizar la situación actual, en la que el medio ambiente un bien que debiera ser colectivo está sometido a la apropiación privada y a su lógica de explotación económica? En tal caso, no cabe esperar que individuos racionales y egoístas, cuya única meta es maximizar su utilidad personal, o llegado el caso familiar o empresaria, vayan a hacer nada que disminuya sus ganancias pecuniarias en nombre del desarrollo sustentable.
La respuesta a los problemas ecológicos tiene que venir de otros actores, diferentes del individuo egoísta postulado por la teoría económica dominante, que introduzcan valores no mercantiles y un horizonte temporal mucho más extendido. En este contexto, deben actuar los Estados, en la medida en que representen intereses nacionales y de la humanidad en su conjunto (más las generaciones por nacer), así como los grupos sociales afectados por el deterioro ambiental.Las tesis ecológicas
La economía ecológica postula que el medio ambiente entra en la categoría de bien colectivo: es no apropiable, no exclusivo, a menudo gratuito y aporta en conjunto un bienestar a la comunidad.
Los principios operaciones de una economía ecológica fueron definidos por Herman Daly: 1) las tasas de agotamiento de los recursos naturales renovables deben ser iguales a su tasa de regeneración; 2) las tasas de emisión de residuos deben ser iguales a las capacidades de asimilación a la capacidad de carga de los ecosistemas en los cuales los residuos son arrojados; 3) la explotación de recursos no renovables debe hacerse a una tasa igual a la de sustitución por recursos renovables.(3)
Como es de esperar, el problema ambiental varía según el grado de desarrollo de los países; los más desarrollados son los grandes contaminadores. El 25% de la población del mundo, que vive en países desarrollados, consume el 80% de los recursos mundiales y produce un porcentaje análogo de los desechos. Estados Unidos, con el 4% de la población mundial, es el responsable de la emisión del 22% del dióxido de carbono; y sus emisiones por persona superan en 5 veces al promedio mundial. A su vez, países como China e India figuran entre los cinco mayores contaminantes por el elevado número de habitantes, pero sus índices por persona son bajos.
De la existencia de consecuencias graves sobre el medio ambiente, pasamos a la estructura económica que las produce y llegamos, al fin, al problema político.El problema político
Si se toman sólo los problemas ecológicos que se perciben como más importantes, y se consideran las acciones emprendidas por las autoridades internacionales y los países más desarrollados, los resultados son decepcionantes. Existe una fuerte desproporción entre las consecuencias de la explotación a ultranza de los recursos naturales y los límites que se buscan oponer para establecer un aprovechamiento que sea coherente con el principio de sustentabilidad.
Como lo prueban múltiples ejemplos, el orden económico hegemónico acepta modificaciones que frenen el ritmo de crecimiento de los principales factores de polución; pero en ningún momento se establece la primacía de la sustentabilidad, principio por esencia moral, por sobre la ganancia económica de corto plazo. Se confirma el estilo de desarrollo que provoca la precarización de la naturaleza, legitimado por el carácter inmediato de los beneficios; y sólo se acepta pagar una parte de los costos del deterioro del medio ambiente a mediano y largo plazo. Es un enfoque mercantil, que en el mejor de los casos resarce los daños directos, pero que no se compromete a producir y consumir de manera que no se perjudique el medio ambiente. Las catástrofes ecológicas no desaparecen porque se indemnice a los inmediatamente perjudicados, sean los vecinos a los que se contamina el agua, o los habitantes costeros que sufren la marea negra; además, en los casos del efecto invernadero y el deterioro de la capa de ozono, la perjudicada es la humanidad entera, presente y futura.El planteo moral
No queremos brindar una visión pesimista de la relación entre sustentabilidad y desarrollo, ni acusar al orden económico de inmoral (su esencia es, en realidad, amoral), pero es indispensable tener un panorama real para la acción. Si pensamos que el problema del medio ambiente será resuelto según la lógica de la ganancia, vamos al desastre. Tampoco el poder se relaciona de modo directo con el medio ambiente: para su acumulación, poco importa el cambio de clima, la capa de ozono o la contaminación. Ni el economista, ni el político, incluirán en la agenda de problemas a resolver las cuestiones medio ambientales, si no se toma conciencia de la dimensión moral de la sustentabilidad. Aquí debe regir el imperativo moral y colectivo de la subsistencia de la especie humana, por sobre la lógica de funcionamiento de la economía y la política. La moral debe ponerle límites a ambos, en nombre de un valor superior: la supervivencia humana. Veamos.
¿Cómo asegurar la preeminencia de la vida? Si la sustentabilidad fuese producto de lo económico o de lo político, porque va en el sentido del crecimiento de la riqueza o el poder, no haría falta que hiciéramos nada. Lo mejor sería sentarse y esperar que el simple egoísmo humano genere sustentabilidad. Pero bien sabemos que no se crean riquezas sobre la protección del medio ambiente, ni se acumula poder con la defensa de la sustentabilidad; utilizar argumentos tan sólo económicos o razones que sólo hacen a la política es condenarse a dar vueltas al problema sin encontrarle solución. Es necesario contemplar el nivel superior, una esfera más amplia que abarca y supera lo económico y lo político. De esta manera, situamos el problema de la sustentabilidad en el orden humano que corresponde, que es el moral.Los escenarios posibles
Existen por lo menos cuatro escenarios posibles para los países subdesarrollados, cuatro maneras diferentes de encarar la sustentabilidad y el desarrollo. Son los que pasamos a describir.
Ni desarrollo ni sustentabilidad
Existen casos en los que se suman el estancamiento económico, la inequidad social y el deterioro del medio ambiente. Es normal que cuando disminuye o se detiene el crecimiento económico, los grupos más perjudicados sean los más pobres. En estas circunstancias, quienes controlan el poder económico y político redistribuyen los ingresos a su favor. Al mismo tiempo, a escala nacional, las urgencias de balance de pagos impulsan a una sobreexplotación de los recursos naturales destinados a la exportación; a escala local, la pobreza obliga a consumir los recursos al alcance de cada uno; en especial, a talar árboles y a utilizar la madera de los bosques como combustible.
Sustentabilidad sin desarrollo
En la historia existen ejemplos de sustentabilidad sin desarrollo, que incluyen tanto a países enteros como a determinados grupos sociales. Por ausencia de desarrollo se entiende una situación en la que si bien se procura que la gente satisfaga sus necesidades, no se estructura la sociedad en torno al aumento permanente de la producción. El ejemplo típico es el de algunas comunidades indígenas de Guatemala, que se negaban aumentar la producción agrícola, porque a la madre tierra no hay que sacarle más que lo necesario para vivir.
En tiempos mucho más recientes se ha destacado la necesidad de detener o reorientar el crecimiento, para no agotar los recursos naturales. Si los países industriales continúan con sus tendencias actuales, los terminarán ellos solos a mediano plazo; pero si además los habitantes de países subdesarrollados, como China o la India, consumieran la mitad o la tercera parte de lo que se gasta en Estados Unidos y Europa, a poco andar no alcanzarían los recursos naturales. Actualmente, las elites de los países subdesarrollados tienen un nivel de consumo similar a los ricos de los países desarrollados, pero que no es generalizable, ni remotamente, a toda la población: el modelo consumista es necesariamente excluyente y en los países subdesarrollados más que en los desarrollados, sobre todo en los muy poblados.Desarrollo sin sustentabilidad
El desarrollo sin sustentabilidad tiene muchos más ejemplos que el anterior estilo. Los casos típicos son los que genera el capitalismo salvaje, en el que el orden económico no sólo no acepta límites morales ni políticos, sino que impone su lógica de funcionamiento a los órdenes superiores.
Así como el orden político y el nivel moral quedan subordinados a la lógica de rentabilidad en el corto plazo, no existe ningún impedimento para la mercantilización a ultranza de los recursos naturales y de los espacios públicos. Sin reflexión sobre el sentido y la finalidad de la actividad económica, con un orden político nacional limitado en su soberanía para la toma de decisiones, los países subdesarrollados incurren en la anulación de su capacidad política, condición primera de la sustentabilidad.Desarrollo sustentable
Tal vez se pueda hablar de situaciones en las que se privilegia el desarrollo con sustentabilidad, como en los países nórdicos occidentales, pero es difícil dar ejemplos tomados de una realidad que apenas comienza a incorporar este concepto. Tampoco creemos que sea necesario elaborar una utopía del desarrollo sustentable, que pueda ser un buen catecismo pero de nulo impacto en la realidad. Preferimos remarcar que el desarrollo sustentable es una metodología de análisis y de acción, antes que una doctrina.
La primacía de lo moral, no como censura de costumbres, sino como reflexión de sentido, permite la aparición del orden político, que jerarquiza y otorga una finalidad. A su vez, sólo a nivel de la decisión política pueden emprenderse acciones a favor del desarrollo con sustentabilidad en un ámbito económico demasiado signado por el corto-placismo. El eje economía/política/moral es el que define la estructura material de la realidad; pero es el eje moral/política/economía el que articula los valores y la finalidad.(4)Conclusiones
De lo expuesto pueden extraerse algunas conclusiones. La primera es que se trata de un problema de enorme trascendencia, que amenaza la sobrevivencia humana, algunas de cuyas consecuencias se sufren ahora, pero otras se manifestarán en el futuro, por hechos cometidos en este momento y en el pasado reciente. De acuerdo con su magnitud y al ámbito de su influencia, por una parte se presentan los problemas ambientales locales, tales como los de agua potable, contaminaciones circunscriptas a determinados lugares y eliminación de residuos; y por la otra, aquellos que son globales y de largo plazo, como el cambio de clima, la contaminación de la atmósfera, la disminución de la capa de ozono, la extinción de especies y la desertificación.
La segunda es que los problemas actuales no se pueden resolver en el marco del pensamiento neoliberal dominante. Aquí entramos en el problema de los paradigmas explicativos de la realidad. Tal visión de las cosas puede ser funcional mientras dure su momento histórico; pero frente a una variación sustancial de las cuestiones a resolver, deben cambiar también las categorías de análisis, como el marco general de comportamiento. Así, no se trata ahora de saber si existe una manera más eficiente de creación de riqueza que la empresa capitalista, sino de asegurar bienestar y futuro a los vivientes y a los por nacer. Si se pretende aplicar la metodología de la rentabilidad al problema del derecho a la vida de las generaciones futuras, el resultado resultaría cómico o grotesco de no ser tan grave la disyuntiva.
Otra conclusión más sobre la relación entre sustentabilidad y desarrollo, muestra que existen varias formas de encarar esta compleja relación, tanto de una civilización a otra, como de un Estado a otro, como dentro de un mismo país. Encontramos aquí también el signo de la heterogeneidad, esta vez como diferencias en la manera de encarar el desarrollo.
Pero lo que creemos fundamental en la polémica sobre sustentabilidad y desarrollo, es la acentuación del carácter político de la relación. Este término, político debe ser entendido en toda su extensión, tanto como descarnada realpolitik, puesto que es el patrón de desarrollo de muchos países o empresas desarrolladas, como en el sentido más noble, que pone la actividad política esto es, la decisión el servicio de un ideal moral. No es este un razonamiento abstracto; puede ser ilusorio ahora, pero podrá ser operativo y concreto en el futuro, si se generan condiciones para el bienestar de la humanidad sin hipotecar el porvenir. Toda otra idea que se plantee desde lo económico, en nombre de la rentabilidad, debe enfrentarse con otra visión del problema.
La importancia del planteo moral radica en entender que el deterioro del medio ambiente no es un asunto económico, sino que es un problema político. Para resolverlo, corresponde restablecer la jerarquía de los valores: la moral debe fijar los objetivos a la acción política, y la política debe impedir que la economía atente contra la sustentabilidad del desarrollo. De allí que la respuesta elaborada por los países subdesarrollados necesite una visión clara de los objetivos (morales) y de los medios (políticos) para alcanzar el desarrollo con sustentabilidad (en lo económico). Este ejercicio permite, además, poner de manifiesto las lógicas de ganancia o de poder que subyacen en el marco del debate sobre sustentabilidad y desarrollo