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RENUNCIO A CHILE
De Mal A Bien Funzine
Creo que muchas veces nos planteamos lo correcto o incorrecto
de sentir cansancio frente a ciertos acontecimientos que aterrizan sobre nuestras existencias. Es un cansancio y un aburrimiento que destruyen lo más preciado que las personas tienen dentro de sus almas: la esperanza.
Me cansé. Si señores me cansé, me aburrí y estoy en completo desacuerdo con como giran las cosas en este país, mezcla de ilustre república bananera, mall gringo de segunda categoría y escuela de economistas expertos en destrozar dignidades.
Giran en el sentido inverso del desarrollo de una sociedad más humana, mientras más crezco y más atropello, mejor será mi posición ante los ojos de los demás. ¿Es eso una conducta decente y humana?. No lo es.
Hasta cuando debemos seguir esperando el milagro que nos permita salir del agujero.
Llevo más de diez años esperando que se abra la puerta, diez años esperando poder respirar algo más que comentarios de gerentes comerciales venidos a menos, parlamentarios que justifican sus fracasos políticos con reelecciones arregladas al interior de sus partidos y tristes representaciones de tecnocrátas cobardes que tratan de acelerar un crecimeinto igualitario distanciando cada vez mas la brecha entre los que lo tienen todo ( y lo que no lo consiguen de todas formas, arrasando con lo que se ponga a su paso) y los que no nada tienen, ni siquiera esperanza.
Estoy inserto en un modelo de país que no es el que quiero para mis hijos, con una justicia demasiado ciega, muda cuando le conviene y con la balanza equilibrada entre los fajos de dólares, una bala de tanque y una bolsa de cocaína. Un modelo de país que me hace sentir miserable, maldito y desdichado por disfrutar felicidades efímeras y transitorias, por enorgullecerme de triunfos morales y sentirme una rata enferma a los cinco minutos. De presenciar aquel espectáculo de falsas unidades, de
gestos; por todos lados (¿al! guien tiene un gesto hacia los pobres, hacia los cesantes, hacia los trabajadores, hacia los jóvenes y los niños?).
Chile es un país que no quiere a los seres humanos, los vuelve huraños, dementes, los transforma en ermitaños encerrados en cavernas de chequeras, playstations, teléfonos celulares, macdonalds, plazas araucos y parques vespucios, todos felices mientras sus hijos no tienen a quien cresta contarle que tienen sexo con la polola y no saben como ponerse un condón, o que fumaron marihuana y no saben porque se sienten mal ahora.
Chile no nos quiere a los que tenemos menos, somos los hijos no deseados de una caricatura mal hecha de sociedad neoliberal y consumista compulsiva. Hijos naturales de una hipocresía y una tradición agresiva de ponerle el pie encima a quien está debajo de ti, sea pobre, indio, ignorante o simplemente una persona que está buscando ganarse un lugar en una sociedad pedante, patética, de la cual me siento avergonzado.
A contar de hoy decidí renunciar voluntariamente a mi nacionalidad, no quiero cargar con la profunda vergüenza de pertenecer a este país, no quiero seguir atormentando lo poco que me va quedando de ser humano y que este país aun no logra comerse. No estoy dispuesto a esperar el milagro hasta que sea viejo y las fuerzas me abandonen. No, me cansé y me siento decepcionado. Prefiero ser ciudadano del mundo y nunca más chileno.
Sebastian Alvarez