Duendes de la Narración
"En un Mundo de Cuerdos" (ICPR-1984)
Mi padre es un hombre sumamente práctico;
es quizás por eso que tardé tanto en conocerle.

Sin embargo, el día que comencé a entender
su manera de pensar, pude percibir un fino
halo de sensibilidad en su sentido del amor
hacia mí. Me ha querido tanto que quiso
moldear mis pensamientos para formar otro
él, porque era felíz siendo como era. Y pensó
que yo también hallaría en su molde la felicidad.
No fue así pues nosomos iguales.

Siendo tan diametrálmente opuestos, sentíamos
ambos la terrible atracción de nuestras mentes,
la una hacia la otra, siendo nuestros choques
violentamente fundados en el amor y el celo.

Crecimos ambos en sabiduría, más yo que él pues
era mas jóven y de menos experiencia. Entonces
comenzó el período de revaluación, cuando valien-
temente nos dimos cuenta de la gran diferencia
entre nuestras naturalezas. Poco a poco sentimos
la necesidad de ser amigos, a pesar de que yo soñaba
y el caminaba en tierra firme.

Y a la postre hace tiempo que caminamos de la mano,
desde un día en que se encontraron nuestras mentes en
una cima cualquiera, yo volaba bajo mientras él caminaba
cuesta arriba.
Se le pierden a uno las horas
como dicen... "matando el tiempo..."
y le acusan de asesinato en primer grado
por matarlo.

"Asesinato en Primer Grado..."

Si supieran que jamás pensé en la muerte
cuando estaba en primer grado:
Fue luego, cuando me hice un adulto
que consideré varias veces
el haber asesinado.

Asesinar... la pobreza, la injusticia,
el discrimen, el pecado...
Si, indudablemente lo he pensado
pero no fue en primer grado.

Fue despues, cuando la vida
me hizo dudar de mi hermano.
Cuando pasaron los días
y convirtiéronse en años.

Cuando frustráronse sueños
de amar y de ser amado...
Cuando me dolió el camino...
porque dolia caminarlo...

Entonces pensé en matar...
Y maté el tiempo pensando.

Me convertí en asesino
de mis propios desengaños.

Me cuentan que mi tío abuelo era un soñador. Hablo
del que murió primero, porque el último que murió, a
quien conocí bien no era un soñador, era un sublime loco.

Hago estas salvedades porque de algún modo debo
justificar mi existencia. Mis padres y mis abuelos son
personas realistas. Yo trasciendo a ese supermercado de
realidades, soy un soñador o peor aun, soy posiblemente
un loco.

Eternamente soñando; la locura es un constante reto
por organizar un millón o dos de sueños. Se trata de
organizarlos a base de temática, profundidad y duración
y al final del proceso organizativo se dividen finalmente
en uno o dos millones de sueños. Que el soñar es entonces
una pérdida de tiempo; quizás, pero no causa indigestión
ni le hace daño a nadie.
Me dijo varios años mas tarde que la soledad le hundía
en el abismo. Sin embargo, recuerdo claramente las
muchas veces en que rechazó mi compañía. La compañía
de cualquier amigo sincero es muy necesaria para crecer,
para aprender, para sobrevivir.

Se aisló en la nave de sus propios pensamientos y vagó
por todos los océanos sin cruzarse con ningún soplo de
vida. Olvidó la existencia de los demás y la conversación
pasó a ser, al cabo del tiempo, un lejano recuerdo del
pasado. Hasta que nos cruzamos nuevamente.

La barca de mis sueños cruzó su camino un mediodía
y ella tenía sed. Una sed insaciable de rociar el espíritu
con algo de afuera, de llenar la copa de su pensamiento
con el vino de otra viña.

Desde entonces, como por acuerdo silente, navegan
paralelas nuestras barcas, por todos los océanos.
Ella es mi amiga. Da tanto sin esperar recibir nada a
cambio. Sabe escuchar callada cuando hablo de mis más
hermosos sueños, de mis más tristes vivencias, de mis
eternas locuras de poeta. No exije su amistad sino mi
compañía y un poco de mi propia naturaleza cuando
estamos juntos. Su sonrisa alimenta mi espíritu y su
silencio hace mas fuertes mis palabras. Su mirada
comprende mis inquietudes y su mente complementa
mis vuelos por la inmensidad de las almas.
Tú siempre has sido igual,
no te transforma el tiempo
ni el triste despertar de las mañanas;
soy yo quien por habito, transito
por todos los caminos de las almas.

Yo sé que me mudo diariamente
de ser yo mismo a ser otros sentires,
de ser espada a flor, de ser montaña
a ser valle, o ser nube, o Mar Caribe.

Lo que no se ha mudado en mis adentros
es la triste vivencia que me sigue
ni la seguridad de que comprendes
que no se muda en mí lo que persigues;

El amor no se muda de mi mente...
allí vive.
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