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Duendes de la Narración |
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Desde que camina de mi mano el camino se hace menos pesado. Complementa su voz a mi silencio y veo al fin la luz, a través de sus ojos. Su sonrisa hace reposar a la tormenta que vive en mi sentimiento.
Se funde su cuerpo con el viento, con el sol, con la lluvia, y al llegar junto a mi cuerpo, casi siempre al anochecer, se funde entonces con mis pensamientos para lograr juntos abandonar el mundo real y perdernos por varias horas en el mundo de los sueños.
A veces, lo confieso, me gusta verla de lejos. Es en esas ocasiones cuando crece la confianza que me produce su ausencia. Esa confianza de saber que, como yo, espera el momento en el cual nuevamente estemos juntos.
Desde que caminamos de la mano ha cambiado el paisaje a la orilla del camino, y las noches son menos oscuras y más pobladas de estrellas.
Creo que simplemente...nos amamos. |
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Sabré si tú me quieres si cuando me haya ido te acuerdas de las horas más dulces que vivimos.
Si olvidas que hubo noches de nubes y tormenta, que hubo días de llanto y horas de tristeza.
Sabré si tu me quieres cuando no esté presente y hables de nuestras cosas sonriendo dulcemente.
Cuando mires al cielo y pidas que bendiga nuestras horas sublimes con una nueva espiga.
Sabré si tú me quieres cuando sueñes conmigo, cuando te sientas sola y sea tu único amigo.
Por eso es que la duda me causa estos pesares... Yo no lo sabré nunca... eres tú quién lo sabe. |
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Te miré y tú no me mirabas más bien tu mirada estaba lejos, en el infinito, perdida en la nada.
Busqué tu mirar y no me viste... te quise besar y ya no estabas...
Todo en el mundo existe mientras pueda alcanzarlo una mirada. |
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Me gusta escuchar los atardeceres. Tienen un sonido anaranjado y lloran la muerte de los días mientras esperan con fe la llegada de las noches.
La hora en que las tardes se encuentran con las noches es la hora en que se pierde de vista el horizonte, pero es también la hora que marca la llegada de las estrellas; y yo soy un perseguidor de estrellas.
Por eso me gusta escuchar el sin igual sonido de los atardeceres; da paso a mi hora favorita. |
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Me duele haberte conocido. De repente he sabido que yo estaba más solo de lo que yo creía. Necesitaba saber que me faltaba tu dulce compañía.
Me duele que hayas vuelto; dos seres que se buscan doblan su soledad cuando de pronto se miran y se encuentran; y ahora disfruto tristemente la doble soledad de tu presencia. |
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Tengo un amigo cuya misión principal en el mundo es la de evaluar canciones. Las escucha, las estudia y luego lleno de compasión, comprensión y un profundo respeto por los poetas y cantores rinde su juicio en cuanto a la música y el contenido literario de éstas.
Conocí a Paco una tarde en que llevaba a mis espaldas un saco lleno de sueños, que hasta entonces habían sido míos. Conversamos largamente y poco a poco se fueron encontrando nuestras mentes en la cúspide de cualquier horizonte.
Entendió durante nuestro encuentro que yo, al igual que él, soy uno quien persigue las estrellas sin importarme realmente cuántos me llamen loco.
Se hicieron compañía por largas horas nuestras respectivas soledades y casi al anochecer salimos a pasear por el firmamento para compartir jardines de estrellas.
Ese día, encontré un semejante. |
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Tocando al "Duendecillo" sigues "En un Mundo de Cuerdos" |
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