DONEA


I


En la colina se asentaba una vieja casa de aspecto maléfico y desastroso, era conocida como la casa de la bruja, pues haya por el siglo XVII vivió una mujer que fue condenada a la hoguera por brujería, se habían hecho mil y una historias de aquella mujer. Siempre se asocio su nombre al mal, Donea era su nombre, un cuadro de ella se hallaba en la biblioteca del pueblo cercano, como tributo de algunos puritanos a lo desconocido, se podía observar la calidez de sus ojos y su bondadosa sonrisa durante el día y unos ojos de embrujo durante la noche y dicen que unos colmillos asoman en su sonrisa, ¿eran solo cuentos de vieja para asustar a los niños?, fue la pregunta que se hizo Sam un investigado de extrañas historias del país, siempre dispuesto a saber más, se persono en aquel pueblo y en la taberna le contaron unas cuantas historias, quizás contadas por sus abuelas cuando eran niños, pero que aun hacia algunos templar, historias que no tenían mucha consistencia científica. Al día siguiente se dispuso a visitar el cuadro en la biblioteca, era cierto su cara solo reflejaba bondad y dulzura, era un hermoso retrato de una joven de pelo largo y negro, sentada con las manos entre cruzadas, un traje algo cargado y un pequeño gato en su regazo, nada que hiciera suponer que aquella joven fuese una bruja, pidió permiso al bibliotecario para pasar allí la noche. Comenzaba ha oscurecer y se hallaba solo en la biblioteca, con cierto nerviosismo, atento al cuadro, cada vez mas fascinado por la belleza de Donea, sin embargo empezó a notar que sus ojos cambiaban lentamente de color, adquiriendo un color rojizo, sus manos se alargaban, su boca se desdibujaba, el gato parecía estar muerto, todo el cuadro había cambiado ante la atónita mirada de Sam, que no salía de su asombro, rápidamente le tomo fotos, se acerco a verificar aquel cambio, toco el lienzo esperando una repuesta, todo era de lo más normal, pronto sintió como una gota de agua caía en su mano, miro el cuadro, aquella joven lloraba, observando mejor pudo comprobar que solo era unas gotas de humedad que caían desde el tejado sobre el cuadro, asiendo que aquella joven llorara, también encontró explicación a los cambios sufridos por el cuadro solo era la humedad que hacían aparecer una pintura antes dibujada en aquel cuadro, y que yacía escondida tras los trazos del retrato de Donea, ¿Pero de quien era ese retrato escondido? ¿Por qué pintar sobre él? ¿Qué había oculto tras Donea?....


II


¿Pero de quien era ese retrato escondido? ¿Por qué pintar sobre él? ¿Qué había oculto tras Donea?.... Fueron las preguntas que saltaron a la mente de Sam, amanecía y Donea recobraba su imagen inicial nuevamente ante el, el viejo bibliotecario abría para colocar los libros, Sam no podía ocultar su emoción y deseos de mandar aquellas fotos a revelar, tenia que saber que se ocultaba tras aquella dulce dama, preguntó donde las podría revelar lo antes posibles, el viejo le contesto quizás en la tienda que esta al final de la calle, nada más oírle Sam salió a toda prisa ni siquiera se despidió del viejo, corría hacia aquella tienda a la vez que sacaba el carrete de la maquina, pero la tienda aun estaba cerrada, se sentó algo nervioso en el bordillo de la acera y espero. Al fin, una señora se dirigía hacia la puerta y procedía a abrirla, entró casi al mismo tiempo que aquella señora, que asombrada grito, pero el ni la oyó solo se limito a decirle lo que quería, la señora al recobrar el aliento de aquel susto, le contesto que tendría que esperar a mañana para recogerlas, dudo pero las dejó y marcho rumbo al hotel donde se hospedo la noche anterior, la calle estaba casi vacía solo ancianos transitaban de un lugar a otro, le extraño, pero pensó que solo era cosas de la vejes y de estos campo donde siempre se madruga, recogió la llave en la recepción del hotel y subió a su habitación, intento dormir la noche había sido larga y asombrosa, sin embargo el retrato de aquella joven, le impedía conciliar el sueño, se levantó y se asomó a la ventana de la habitación ha ver si con un poco de aire le daba la paz para dormir, su mente siempre inquieta observó nuevamente que solo paseaban ancianos por la calle principal donde se hallaba el hotel, entonces sus mente se dispuso a observa mas atentamente a aquella gente, lo primero que le llamo la atención fueron sus ojos, parecían tristes, su andares tampoco eran de una vejes muy avanzada, incluso uno jugaba con los perros enfrente de él, poco a poco fue olvidando el retrato y se entregó de lleno a observar la vida de aquel pueblo, el sueño le fue venciendo, quizás por la lenta vida de aquellos pueblerinos, se acostó nuevamente se encontraba verdaderamente cansado miro el reloj, solo eran las 12:00 horas y el pueblo se hallaba en completo silencio, quedo dormido. Unos gritos y risas infantiles le despertaron, miro el reloj, para su sorpresa eran las 00:30 de la noche, se levanto de un salto, se hallaba pletórico de fuerzas, se dirigió a la ventana a ver que era aquella algarabía, eran solo eso niños jugando en las calles, ni un solo anciano, ni siquiera mayores de 13 ó 12 años. Aquello era algo extraño.... ¿Por qué niños jugando a estas horas de la noche? ¿Dónde están todos los ancianos? ¿Qué secreto guarda este pueblo? ¿Quién era realmente Donea? Nuevamente apareció en su mente el retrato, se vistió y bajo a la calle pero ya no había nadie, estaba desierta las luces de casa, tiendas y bares estaban apagadas, solo una luz alumbraba aquella estampa la de su hotel....


III


Nuevamente apareció en su mente el retrato, se vistió y bajo a la calle pero ya no había nadie, estaban desierta las luces de casa, tiendas y bares estaban apagadas, solo una luz alumbraba aquella estampa, la de su hotel.... Decidido decidió preguntarle al recepcionista del hotel, pero al llegar al mostrador comprobó que tampoco había nadie, subió a su habitación cogió su linterna, volvió a salir a la calle y comenzó a recorrerla lentamente como si espera que alguien apareciera en aquella oscuridad, miraba en cada esquina a derecha e izquierda pero todo estaba desierto, al llegar al final de la calle y final del pueblo, pudo observar como la casa de la colina se hallaba encendida, con una luz pobre pero que en aquella inmensa oscuridad resplandecía como un faro de esperanza, no lo penso mucho, marchaba colina arriba en busca de respuestas a todas sus dudas, una extraña valla semiderruída, marcaba el camino, aunque algunos tramos se hallaban casi intransitables el continúo hasta llegar a un muro de piedra con un verja, cerrada y bastante deteriorada por el paso del tiempo, empujo aquella puerta con todas fuerzas era bastante pesada, las bisagras rechinaban, dentro de un jardín, descuidado y lleno de malas hiervas, arboles secos, un camino marcado por pequeñas gárgolas con un aspecto amenazantes, algunas sin cabeza. Se encontró delante de la casa, su aspecto era el de una casa abandonada, ventanas rotas, persianas descolgadas, dos enormes columnas soportaban el peso de un balcón grandioso y totalmente tomado por una enredadera, y en lo alto una ventana iluminada, sin duda por una luz de velas, se dirigió hacia la puerta, subió los tres escalones que la presidía mientras estos crujían con sus pasos, en el porche una vieja tumbona y algunas sillas llenas de polvo, la puerta era de dos hojas y con cristales a ambos lados, un llamador en forma de puño, manecillas redondas, intentó girar las manecilla con la esperanza que las puertas se abrieran sin más, pero sus intentos fueron inútiles, la puerta permanecía cerrada, decidió entonces llamar, unos toques secos que retumbaron por toda la colina, pegando su rostro en los cristales e iluminando con la linterna quiso ver el interior, pero nada pudo ver, demasiado sucios para poder ver algo. Espero un rato y volvió a tocar, pero la respuesta fue la misma, camino hasta el final del porche esperando encontrar una puerta lateral, bajo del porche y rodeo la casa hasta encontrar la parte trasera una puerta de madera entreabierta, empujo y esta se abrió ante la atónita mirada de Sam, alumbro el interior, era la cocina, grandes calderos, una mesa y algunos cuchillos clavados sobre ella, el polvo era el dueño de aquel lugar, despacio fue entrando y observando, unos grandes hornos al fondo, una cocina de leña entre ambos, alguna rata corría sobre los armarios, entre telarañas se fue abriendo paso al interior por un pasillo, que fue a dar al comedor, candelabros de pie, y algunos pequeños en una gran mesa, sillas polvorientas e incluso algunas con las patas rotas víctimas de las termitas, en la cabecera de la mesa una silla mayor y con grabados en su espalda, unos tapices con motivos de caza, adornaban las paredes de piedra fría, dos entradas al fondo. La linterna empezaba a fallar por lo que Sam tomó uno de los pequeños candelabros, y encendió sus velas, ahora aquella estancia parecía aun más tenue y misteriosa, nuevamente cogió uno de los dos pasillos y con ayuda del candelabro se abrió paso, una luz al fondo le asust o por un momento y con voz temblorosa pregunto ¿quien anda ahí?, su voz reboto por toda la casa, pero nadie contesto, un silencio total que hacia que se oyera hasta los latidos acelerados de su corazón, continúo adentrándose lentamente, ufff respiro tranquilizado al comprobar que la luz que tanto le había sobresaltado era la de su propio candelabro, era un espejo que aunque con polvo aun reflejaba la luz, se hallaba en una especie de sala de reunión, unos sillones desechos, una pequeña mesa de cristal en el centro, unas copas en ella y una majestuosa chimenea, en la repisa un cuadro de Donea, la misteriosa y embrujadora dama de aquellos confines, una estampa señorial y muy distinguida, en la pared opuesta una puerta de madera de dos hojas, entre dos grandes candelabros, en el alto techo una especie de lampara de araña con velas casi agotadas. Intentó abrir aquellas dos grandes hojas pero le fue imposible, estaba cerrada o atascadas, volvió a tras y tomo la segunda entrada desde el comedor, el suelo cambia del tono frío de la piedra a baldosas de dos colores blanco y negro, sus pisadas resonaban como martilleos en aquel pasillo, una pared parecía el fin, pronto asomó una gran entrada a una gran sala, sin duda el salón, al fondo las ventanas enrejadas, sillas en fila alrededor y junto a las paredes, una gran pantalla en el techo. Cuando Sam se encontró en el medio de aquel salón pudo observar como a sus pies una gran mancha de sangre reseca, pero no estaba cubierta por mucho polvo, cosa que le extrañó....


IV


Cuando Sam se encontró en el medio de aquel salón pudo observar como a sus pies una gran mancha de sangre reseca, pero no estaba cubierta por mucho polvo, cosa que le extraño, se agacho y toco aquella mancha, esperando una respuesta, pero nada aclaraba toda esta extraña noche, se levanto y se dirigió a la escalera que tenia a su espalda, quizás en la luz de estaba la respuesta, lentamente subió, despacio y sigiloso cada paso aumentaba su respiración, esperaba que algo sucediera de un momento a otro, un ultimo escalón, un gran pasillo ante su mirada, seis puertas cerradas y otra pequeña escalera al fondo, al llegar a la altura de la primera puerta, la abrió, útiles de costura y una vieja plancha de carbón sobre una mesa, una mecedora y algunas ropas tiradas en el suelo, cerro y continuo hacia la siguiente puerta, su respiración era entrecortada sabia que pronto hallaría algo, giro el pomo pero la puerta se resistía, tubo que empujar con el hombro, una cama, dos sillas y un gran armario, la curiosidad lo llevo ha abrir una de las hojas, trajes de mujer, y el que tenia Donea en el cuadro, lo saco y lo puso sobre la cama para observarlo bien, estaba algo desgarrado y sucio el paso del tiempo había desecho aquel traje, que tanto miro Sam en el cuadro, algo decaído salió del cuarto y se dirigió decidido a la escalera tenía que subir y aclara todo aquello de una vez, las dudas, el no encontrar respuesta estaba desesperado, subió con rapidez, era una especie de cuarto de trastos, la luz efectivamente era de unas velas colocadas por varios sitios del cuarto, ¿pero quien las encendía? ¿por que en esta parte de la casa?, miró entre los muebles y se sorprendió al ver a una joven dormida en suelo, su aspecto era el de una gitana, vestía con una falta de color rojo, un pañuelo en su cabeza, camisa blanca y un chaleco negro, quizás movido por la dulzura del rostro de la joven Sam quedo absorto mirándola, su mente pronto relaciono aquel rostro ¡Es Donea! ¡Es ella! Grito, esto despertó a la joven, unos hermosos ojos negros se abrieron ante la atónita mirada de Sam que no salía de su asombro, quieto casi sin respirar la miraba, la joven le sonrió y se dirigió hacia el lentamente, Sam estaba paralizado ante la belleza y el asombro de aquella joven que se abrazo a el como si siempre le hubiese estado esperando, como si lo conociera, lo cierto es que para el también le parecía conocido aquel abrazo y respondió al abrazo con dulzura, su mente era un mar de dudas, imágenes nunca vistas pasaban por su mente como un álbum fotográfico de otras épocas otros tiempos, y siempre con ella, sintió como algo se clavaba en su espalda y le rasgaba la ropa, el dolor era intenso, quiso separarse de aquel abrazo, pero no podía la fuerza de la joven era superior, sus uñas se hundían dentro de la carne de Sam que gritaba y rogaba, sentía que su vida se acababa, el de viento apago las velas y la vida de Sam, todo quedo ha oscuras, un cuerpo tendido en aquel cuarto entre un charco de sangre y el sonido de unos dientes que mordían un corazón ensangrentado.... Donea seguirá siendo un misterio, ella guarda el secreto de si misma y vivirá mientras exista quien la busque....


MISTERY



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