el destino arrebatado... esa tarde irrepetible, el momento deseado. Un fluir azul y gris en las nubes engarzado, movimiento por Eolo, con su mano, modelado. La mirada silenciosa de los hombres impasibles, conductores de batallas, duros, fríos... insensibles. Sus caballos, sus carretas, sus vestidos de dorado, su paciencia eternizada, héroes de su pasado. Sobre un suelo de gravilla, por ellos, que fue pisado, bajo el arco, la rodilla, bajo el arco se dobló. Y camina... continúa, dirigiéndose hacia el sol, que es señal de la rotonda de las lágrimas de amor; invisibles o caídas, siente menos el dolor, necesarias y perdidas gotitas de corazón, sangre roja, sangre pura, tan cargada de pasión... sangre, sangre y solo sangre en la fuente se virtió cuando esos dos amantes le miraron y los vio, preocupados, confundidos, muy felices y risueños, dos espíritus unidos compartiendo muchos sueños. Le sonríen y le miran, le dedican unos besos, lo despejan y despiertan, lo levantan de su asiento. Y camina... continúa, conducido por el sol, recuerdo que aún perdura, la naranja que perdió esa tarde fría y dura cuando el zumo se escurrió tras el último horizonte y tan solo le dejó. Allí hoy aún se cuenta, que imparable era el llover, y el agua borró en la tierra el dolor que abandoné.
regresan las tormentas, lejanas y dolorosas, que me obligan a correr. Ruido, sombras... miedo, amor, torrentes de luz, brillantes, que descubren, penetrantes, los abrazos sin razón; la intermitente alegría... la profunda depresión carcelera de recuerdos, supresora de ilusión. Esa fuerza lacerante tan difícil de vencer, gobernando mi interior, hoy, mañana y ayer. Un poeta solitario que del cielo renegó, en el fondo del gran pozo espera, sin convicción una mano fervorosa, un atisbo de placer, unos ojos que le guíen hacia fuera otra vez. Pero es largo el camino, largo y lleno de tormento, como el tétrico crepúsculo que vivió aquella vez; luces, ruidos y la lluvia, el odiado amanecer, un rayo agonizante, prometiendo no volver. No importaron las promesas, no importaron, no, no, no, era solo un dulce truco que calmó mi corazón. Esa mente maliciosa, inventó la solución, olvidó su juramento, moribundo me dejó, recordando las palabras entre la humillación. Y ahora, sorprendido, contemplo su reaparición, entre nubes de tormenta, sin pedirme mi opinión, aquí, aquí está ella... A mis noches, otra vez.
en la otra, tuya, fría, símbolo de rojos lazos que yo, iluso, te ofrecí. Muy oculto acariciando, tan oculto y fugitivo... en las noches de verano de los días me escondí. Y con prisas en el aire, en el cielo, nunca tiempo, sobre el agua, reposando, una mueca de dolor. Triste mueca repetida, viejo gesto cotidiano que mezclaba el desengaño con la perdida de amor. ¡ Yo no tanto te pedía! ni tan grande el sacrificio, lo único que deseaba, viaja, viaja junto a mí. No ocurrió en el pasado, eras libre, te dejé. Vuelo solo a mi destino, y, en la jaula, vives tú.
humedos, que tú tenías bajo la cumbre dorada, claro espejo de los días, en pura plata forjado como marco de mi vida reflejando los dos mares, desbordados, que pedían, que nadaras entre ellos mientras la noche caía. Me dormí en los verdes prados; solo frío y gran dolor, un vacío muy vacío dentro de mi corazón. Y mentiras y secretos, y la sombra de un amor. Un amor cobarde y triste que nunca se consumó. Soñando en los verdes prados, es un rojo atardecer, ya no siento los tus labios ya no siento ni tu piel. Sentimientos tan ausentes no puedo ni conocer, las caricias, los abrazos, un pedazo de otro ser, los besos que no eran besos y el anhelo de la miel. Moriré en los verdes prados, no son verdes, ya lo sé, son marrones o son grises tu lo sabes, yo lo sé. No son verdes, no son verdes, pero en ellos moriré.
días buenos, días malos? ¿Qué me pasa que me olvido de la forma de mis manos? No recuerdo como era este rostro en el pasado y si miro en el espejo, no me veo reflejado. Se me escapan estos días, días que no tienen llanto, días de mil alegrías y de cambio apresurado; días que quiero olvidar... Necesario. ¿ Necesario? y es que ahora que no puedo me devuelves mi pecado. No lo hagas amor mío, no, no vuelvas a mi lado. Déjame vivir la vida hasta que haya descansado, de tu alma, tu alegría, de las cosas que he llorado, de los besos que no dimos, de estos días, días raros. |