POEMAS DE DARKY



I


      La ilusión que se perdió,
      el destino arrebatado...
      esa tarde irrepetible,
      el momento deseado.
      Un fluir azul y gris
      en las nubes engarzado,
      movimiento por Eolo,
      con su mano, modelado.
      La mirada silenciosa
      de los hombres impasibles,
      conductores de batallas,
      duros, fríos... insensibles.
      Sus caballos, sus carretas,
      sus vestidos de dorado,
      su paciencia eternizada,
      héroes de su pasado.
      Sobre un suelo de gravilla,
      por ellos, que fue pisado,
      bajo el arco, la rodilla,
      bajo el arco se dobló.
      Y camina... continúa,
      dirigiéndose hacia el sol,
      que es señal de la rotonda
      de las lágrimas de amor;
      invisibles o caídas,
      siente menos el dolor,
      necesarias y perdidas
      gotitas de corazón,
      sangre roja, sangre pura,
      tan cargada de pasión...
      sangre, sangre y solo sangre
      en la fuente se virtió
      cuando esos dos amantes
      le miraron y los vio,
      preocupados, confundidos,
      muy felices y risueños,
      dos espíritus unidos
      compartiendo muchos sueños.
      Le sonríen y le miran,
      le dedican unos besos,
      lo despejan y despiertan,
      lo levantan de su asiento.
      Y camina... continúa,
      conducido por el sol,
      recuerdo que aún perdura,
      la naranja que perdió
      esa tarde fría y dura
      cuando el zumo se escurrió
      tras el último horizonte
      y tan solo le dejó.

      Allí hoy aún se cuenta,
      que imparable era el llover,
      y el agua borró en la tierra
      el dolor que abandoné.



II


      A mis sueños, otra vez,
      regresan las tormentas,
      lejanas y dolorosas,
      que me obligan a correr.
      Ruido, sombras... miedo, amor,
      torrentes de luz, brillantes,
      que descubren, penetrantes,
      los abrazos sin razón;
      la intermitente alegría...
      la profunda depresión
      carcelera de recuerdos,
      supresora de ilusión.
      Esa fuerza lacerante
      tan difícil de vencer,
      gobernando mi interior,
      hoy, mañana y ayer.

      Un poeta solitario
      que del cielo renegó,
      en el fondo del gran pozo
      espera, sin convicción
      una mano fervorosa,
      un atisbo de placer,
      unos ojos que le guíen
      hacia fuera otra vez.
      Pero es largo el camino,
      largo y lleno de tormento,
      como el tétrico crepúsculo
      que vivió aquella vez;
      luces, ruidos y la lluvia,
      el odiado amanecer,
      un rayo agonizante,
      prometiendo no volver.

      No importaron las promesas,
      no importaron, no, no, no,
      era solo un dulce truco
      que calmó mi corazón.
      Esa mente maliciosa,
      inventó la solución,
      olvidó su juramento,
      moribundo me dejó,
      recordando las palabras
      entre la humillación.
      Y ahora, sorprendido,
      contemplo su reaparición,
      entre nubes de tormenta,
      sin pedirme mi opinión,
      aquí, aquí está ella...
      A mis noches, otra vez.



III


      Leve roce de mi mano
      en la otra, tuya, fría,
      símbolo de rojos lazos
      que yo, iluso, te ofrecí.
      Muy oculto acariciando,
      tan oculto y fugitivo...
      en las noches de verano
      de los días me escondí.

      Y con prisas en el aire,
      en el cielo, nunca tiempo,
      sobre el agua, reposando,
      una mueca de dolor.
      Triste mueca repetida,
      viejo gesto cotidiano
      que mezclaba el desengaño
      con la perdida de amor.

      ¡ Yo no tanto te pedía!
      ni tan grande el sacrificio,
      lo único que deseaba,
      viaja, viaja junto a mí.
      No ocurrió en el pasado,
      eras libre, te dejé.
      Vuelo solo a mi destino,
      y, en la jaula, vives tú.



IV


      Descansé en los verdes prados,
      humedos, que tú tenías
      bajo la cumbre dorada,
      claro espejo de los días,
      en pura plata forjado
      como marco de mi vida
      reflejando los dos mares,
      desbordados, que pedían,
      que nadaras entre ellos
      mientras la noche caía.

      Me dormí en los verdes prados;
      solo frío y gran dolor,
      un vacío muy vacío
      dentro de mi corazón.
      Y mentiras y secretos,
      y la sombra de un amor.
      Un amor cobarde y triste
      que nunca se consumó.

      Soñando en los verdes prados,
      es un rojo atardecer,
      ya no siento los tus labios
      ya no siento ni tu piel.
      Sentimientos tan ausentes
      no puedo ni conocer,
      las caricias, los abrazos,
      un pedazo de otro ser,
      los besos que no eran besos
      y el anhelo de la miel.

      Moriré en los verdes prados,
      no son verdes, ya lo sé,
      son marrones o son grises
      tu lo sabes, yo lo sé.
      No son verdes, no son verdes,
      pero en ellos moriré.



V


      ¿Qué me pasa en estos días,
      días buenos, días malos?
      ¿Qué me pasa que me olvido
      de la forma de mis manos?
      No recuerdo como era
      este rostro en el pasado
      y si miro en el espejo,
      no me veo reflejado.

      Se me escapan estos días,
      días que no tienen llanto,
      días de mil alegrías
      y de cambio apresurado;
      días que quiero olvidar...
      Necesario. ¿ Necesario?
      y es que ahora que no puedo
      me devuelves mi pecado.

      No lo hagas amor mío,
      no, no vuelvas a mi lado.
      Déjame vivir la vida
      hasta que haya descansado,
      de tu alma, tu alegría,
      de las cosas que he llorado,
      de los besos que no dimos,
      de estos días, días raros.



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