LA NACIÓN (6-12-98)
El rock más colectivo
En diálogo exclusivo con La Nación, el Indio Solari, Skay y la Negra Poly anticipan los recitales del 18 y 19 para presentar su nuevo disco, "Ultimo bondi a Finisterre", y niegan los insistentes rumores sobre el final del grupo que representa un fenómeno.
Concepto redondo: "La idea es la de este bondi en el que vienen estos vejetes, que han curtido toda la cultura del rock y están a un paso del nuevo milenio"
Con 22 años de vida y un bagaje de canciones, historias, aventuras y un fenómeno que ha desbordado las medidas a las que estaba acostumbrado el rock argentino, Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota vuelve a Buenos Aires, después de cuatro años de extender su fenómeno por el interior del país.
Vienen con un nuevo disco, "Ultimo bondi a Finisterre", que marca un nuevo hito, por su atrevimiento y por salir (otra vez) de lo que se espera de una banda de rock establecida.
El 18 y 19 del actual, en la cancha de Racing, se repetirá este rito que convoca a miles en una comunión que excede lo musical. Desde los primeros shows en pubs, en los años setenta, hasta llegar a Obras y Huracán, para luego partir por las rutas argentinas, llevando tras de sí caravanas de pibes que llegan varios días antes para disfrutar de una fiesta que tiene al concierto como corolario de una experiencia más amplia.
"Uno es el pivote, una especie de excusa para la fiesta. No está mal que la gente te elija, no estoy renegando del rol que tienen los Redondos, pero en última instancia, lo único que está pasando es que han encontrado en el grupo un lugar, una estética, una cosmovisión, un concepto artístico, una expresión. Unos dementes que han generado una elucubración para que la fiesta sea posible, más allá de que los esfuerzos artísticos de quienes lo hacen lo merezcan".
La aventura del diálogo
La charla con el Indio Solari, Skay y la Negra Poli, es un viaje, una aventura, como surfear por temas y especulaciones que, al igual que en los conciertos, excede el simple hecho de la música.
Si algo ha ayudado a construir este fenómeno, es su actitud independiente con respecto al negocio. Desde siempre han generado sus propias movidas, sus discos, sus presentaciones. Desde siempre, también, la libertad ha sido un punto que no están dispuestos a negociar. y que parece ser el quiste que los enfrenta con otras estructuras.
Y no está mal entonces que también haya intermezzos musicales donde viejos cassettes descubren las aventuras estéticas de Diplodocum Red and Brown, la primera banda de Skay cuando volvió de su iniciático viaje a Londres -donde hasta escuchó en vivo a Jimi Hendrix- y otras de principios de los setenta con la voz de Poli cantando.
"Hay muchos preocupados por saber si estos nuevos elementos que presentamos en "Ultimo bondi.... " llegaron para quedarse. Qué sé yo, por ahí el próximo disco es Skay en guitarra, yo con un kazzoo (y hace un sonido como de extraña corneta) y la Negra Poly cantando. Y esto no es joda." Había dicho el Indio un buen rato antes. "Cuando seamos grandes", contestó la Negra Poly.
Se habla de la memoria y del futuro. De teorías que corroboran ensueños de las simbiosis de los unicelulares y de audiogames. "Me cuesta manejar el pasado, mucho más que el futuro, porque el futuro te da un permiso, el de la imaginación, el de hacer posible las cosas no sucedidas donde lo que cuesta cuesta en otro lugar.
"Pero el pasado es sobre lo que menos tengo dominio. Ni siquiera sobre los afectos, los afectos presentes están claros. Es más, muchas veces ni siquiera se trata de afecto, se trata de contratos vitales que tenés para que tu vida siga siendo importante o significativa. El lugar más rico en este surfear son esas relaciones que a pesar de que uno puede vestir todo el tiempo con trajes agradables, en última instancia son las que te mantienen interesado en la vida, las relaciones que te ayudan a vivir, y no las que te detienen en el pasado.
Espíritus inquietos
Son, se ve, espíritus inquietos, que eligen mirar férreamente hacia adelante y renunciar a la tentación de subirse al caballo de ser la banda más importante del rock de aquí, la más convocante y los más y menos de turno que sean.
"Es que no me atrapa la nostalgia, y no creo que sea como una especie de defensa o algo así, simplemente es un negocio que a mi espíritu no le gusta, no le conviene. Y fijate que, casualmente, en el pasado están las defensas más grandes cuando te pasa algo como la popularidad. Ahí están aquellos que se siguen acordando de vos más allá de la necesidad que tienen miles de personas de transformarte en un pivote. Pero para eso bastan algunos testigos fieles (y el gesto abarca a Poly y Skay) que te digan "Carlitos, dejá de joder, dejá hablar a los demás"". (risas) "Aunque tiene cierto confort el pasado, sobre todo cuando te ha cargado de situaciones fastas. Lo que pasa es que, insisto, hay espíritus medio insatisfechos e impacientes a los que les da miedo el confort de la experiencia. Hay experiencias que son apasionantes, pero todo espíritu judeo-cristiano debe saber que en esta vida uno se está perdiendo otra cosa. Es un eterno desear que te lleva a hacer cosas. Es "Ultimo bondi a Finisterre", cosas que uno hace para ampliar el campo posible de la vida".
Declaración de principios
La historia que, se quiera o no, está ahí, también le permite a esta banda que ya no deba explicar cada uno de sus pasos y tener un conocimiento de cuáles son los niveles por los que su trabajo, ahora expuesto luego del proceso íntimo de creación, tendrá que circular.
"Sabemos hace rato que para una banda que ya presentó sus cartas de presentación, su declaración de principios hace veinte años, el negocio fundamental es soportar la presión -qué estás haciendo, qué no estás haciendo, si pusiste un huevo, si pusiste medio, si está mal, si está bien- ésa es una.
"Otra es saber que uno no sólo va a estar sujeto a la gente que te consume por distintos motivos -por cariño, por estar involucrado en el viaje, o por lo que carajo fuera-, sino por otros, que es el asunto de la crítica. En un lugar tan chico como la Argentina, dentro de la crítica hay una cierta militancia, y en el caso de los Redondos aún más, por nuestros rollos con la exposición pública, uno está sujeto aun más a las opiniones sobre lo que hace".
Poco afectos a coquetear con los medios de comunicación (en realidad su única aparición en TV fue la conferencia de prensa que dio la banda cuando el intendente de Olavarría decidió prohibir el concierto que iba a realizarse en dicha ciudad, en 1997). Sin embargo, esta vez, en la tapa y el arte interno del último disco, el Indio, Skay, Semilla, Walter y Sergio aparecen retratados por Rocambole y su equipo.
"Es verdad; por primera vez nos estamos involucrando autorreferencialmente, desde esa imagen que nos pone mirando desde el bondi para afuera. En general es un álbum bastante autorreferencial, las anécdotas nos pintan un poco a nosotros. La idea es la de este bondi en el que vienen estos vejetes, que han curtido toda la cultura rock, y ahora están en la frontera del paso a un nuevo milenio. Por un lado, vienen cargados de sus objetos, de sus vicios, de sus manías, su almohadita, su guitarrita, sus cositas, mirando por la ventana, por la que no sólo ves la urbe del futuro sino también y sobre todo, los que están en la periferia".
El nuevo disco de los Redondos levantó polvareda. Se habló de futurología, de cambio de estilo, de jugar con nuevos elementos. Sin embargo, varias veces a lo largo de la noche la palabra que más usarán para hablar de estas canciones es "audiogames", algo así como disparadores sonoros para el trip de cada cual.
"Es que desde el punto de vista estético y musical, los atrevimientos que hemos tenido no tenían ninguna ambición que no fuera simplemente representar estos audiogames, estos juegos. Cuando ves que la mirada de la crítica reacciona hablando de una mirada futurista que supuestamente tenemos, si es certera o no, si estos elementos que hemos ingresado a la paleta se van a quedar para siempre o no, o si ahora nos transformamos en sónicos. ¿Qué mierda es eso? Es grato igual, porque el objetivo básico es conmover, no bajarle línea a la gente. Lo bueno es que uno genere que los demás remeloneen esto, que si no es el meloneo de uno. Pero cuando un tipo desde un medio importante está diciendo que el bondi ya pasó y los tipos se están acordando de las canciones.... está jugando y aceptemos que el juego de él es tan válido como el de cualquiera que lo escucha en una esquina. El asunto es que ninguna crítica condicione de tal manera como para reducir el campo de juego".
¿Rock chabón?
El rock argentino hoy se ha llenado de actitudes futboleras que, por una parte, toman su costado de fiesta tribal, su alegría, sus cantos y banderas, pero que a la vez generan unas rivalidades entre bandas que copia la peor parte de ese deporte. Se mencionan entonces especies de clásicos como Redondos v. Piojos, Redondos v. Renga, Renga v. Piojos.
"Yo me imagino siendo un grupo joven y que otro me quiera endilgar que estoy copiando el plan de otro, y me rompería el forro de las pelotas. Yo sé lo que cuesta asomar la cabeza, y más allá de la elección que la gente hace, en las entrevistas a La Renga, a Los Piojos, siempre aparecemos nosotros. Uno no puede aventurarse a todas las estéticas, por eso me enriquece todo aquel que se aventure a algo. Y lo que no me gusta es que, de acuerdo a la magnitud que uno maneja se armen esas tramas. Ya nos pasó con Divididos, que cuando empezó a funcionar, vinieron a hacernos una nota y nos preguntaron si el auge de ellos era porque nosotros no tocábamos. Divididos se lo ganaron porque Mollo es un guitarrista de puta madre y porque es una banda de puta madre. El cariño de la gente se lo gana uno mismo".
Aparece entonces una de esas palabritas o etiquetas que se echan a rodar, se repiten aquí y allá y nadie sabe muy bien de qué está hablando: el rock chabón.
"Hay una especie de segregación, en eso, una lectura general de lo que pasa, que se maneja con oposiciones, de uno contra otro. La ventaja del artista es que cuando te van a ver, es porque te quieren, porque les gusta. Acá hay una cosa que no se termina de entender: la cultura de rock se vive en serio. Sé que el éxito de los Redondos se pagó con muchas tripas. Cualquiera que tenga cincuenta personas que lo vayan a ver, se lo ganó. El cariño de la gente no se puede transferir. Floreal Ruiz no sabía por qué se había ganado el cariño de la gente. En la música popular no te quieren porque sos el mejor cantante o el mejor violero, sino porque le das un estímulo a través del cual puedan jugar".
El Indio habla de jugar, no de bajar certezas o discursos por medio de su poética, una poética definida como críptica, pero cuando se refleja ante miles de pibes pierde sustento.
"Cuando hay tantos chicos que con tanta pasión cantan a voz en cuello esas cosas, seguramente, para ellos, no son tran crípticas. Hay una razón poética. La razón de la poesía no es ser explicada. O te conmueve y lo cantás, o no te pasa nada. No quiero estar explicando permanentemente qué quiero decir, ¿dónde está el juego si yo les digo cuál es el panfleto? Yo no estoy dando panfletos, no me interesa que los chicos piensen como yo, me parecería suicida. Soy un tipo que tengo casi 50 pirulos, digo, estoy generando juegos, detonantes y estamos sujetos a la tribulación de que les interesen o no, eso es lo que hacemos, punto. Manejamos ficciones, el rol del artista es ampliar el campo de lo posible en materia de imaginación. Yo estoy prometiendo ilusiones, no realidades".
El ojo de la libertad
"Siempre es la primera y la última noche. Eso es lo que nos da el ojo de libertad. Con Skay y con la Negra, es con los únicos con los que tengo un compromiso que es estético, anímico, de cariño. No tenemos ningún otro contrato, ningún otro vínculo que no sea el de la afinidad con respecto a algo. No hay ninguna corporación que nos diga que tenemos que hacernos cargo de lo que fuera".
La respuesta viene a cuento de las especulaciones que circulan sobre el final de la banda. Las palabras del Indio en el último recital en Villa María -"esto no hace más que acelerar el final de un viaje"-, el nombre del último disco, y ciertas partes de las letras son leídas por las bandas ricoteras como anuncios de final de fiesta.
"Todavía nos interesa la experiencia mutua, pero aún hay una libertad de elección. Estamos en los Redondos pura y exclusivamente porque sigue siendo la ficha más importante que tenemos para tirar en la mesa. Pero eso no promete nada más que el enamoramiento mutuo que tenemos en este momento, pero que también puede dejar de existir. Ese es el contrato que tenemos y siempre fue así.
Poli: -Lo de Córdoba no habló del final sino de que puede ser que tengamos que crear alguna otra estrategia, otra manera de mostrar la música de los Redondos.
Indio: -Esta es la primera y última noche, nada garantiza que funcionen los Redondos eternamente, nuestro ojo de libertad no se debe hasta ahí, yo agradezco todo el cariño y todo lo que pasa, pero el día que no respete la guitarra de Skay, o el viaje de la Negra no voy a seguir vinculado con eso. Porque no tenemos otro premio que satisfacer esta cosa que es imperiosa, que ni siquiera es una decisión que uno hace de consenso con uno mismo, es simplemente la justificación de la puta vida de uno, que no puede estar sujeta a planes, o a tramas previas que nos obliguen a soportarnos.
Skay: -Lo que por ahí sucede es que se hace difícil encontrar lugares para tocar, se nos achican las posibilidades.
Poli: -Pero eso no quiere decir que nosotros nos separemos.
Indio: -Uno no puede dar garantías de futuro porque estamos hablando de tipos acostumbrados a obrar en libertad. El día que Skay vea que lo que aportó en su viaje no le interesa o al revés, ése será un día irrevocable, porque somos tipos que estamos acostumbrados a fichar su propio interés. Momentáneamente no pasa, porque en este momento el plan es aceptar la tribulación de la exposición como siempre hemos hecho y aceptar que en cuanto a ellos dos les guste lo que yo hago y viceversa esta sociedad va a seguir vigente, más allá de que nos vayan a ver cuarenta mil personas o tres mil. Para hacer música con él o generar planes ejecutivos con Poli, lo que me importa es si nosotros nos reconocemos con esto, lo que me importa es si todavía ellos son los testigos de mi vida. Ni siquiera estoy hablando de la música de los Redondos. Ellos son mis amigos.
Adriana Franco y Daniel Amiano
Un cambio de dogmas permanente
El tema de la cultura rock, aquella que se generó en ese hervidero que fueron los años sesenta, siempre está presente en las charlas de los Redondos. Testigos y protagonistas de los primeros movimientos del rock local tienen además una mirada crítica sobre los manejos y las limitaciones que su entrada al gran negocio produjo en lo que comenzó siendo un asunto de ideales y ensueños.
"La cultura rock, no el género rock, es atreverse, excederse, ir más allá... entonces, ¿de qué mierda estamos hablando? Cuando yo tenga que trabajar de los Redonditos, serán un muerto querido.
"Este juego va más allá de las canciones, es un viaje. Cuando veo los titulares o los epígrafes que usan canciones de los Redondos, es un premio que no me da dudas. No podemos dudar con Skay. ¿Qué es ser los Redondos? Es un mudar de dogmas permanentemente".
En esta mirada también quedan cuestionadas las exigencias de una forma purista en el rock, de aferrarse a lo ya hecho, que puede llegar incluso a limitar el trabajo de un artista.
"¿Quién es este hijo de tano y vasco francés para hacerse cargo de la cultura de un negro del Sur? ¿De qué hablamos? La cultura de rock fue siempre ampliar lo posible, no de purismos. Es como cuando va un blanco y se compra la remera de Malcolm X como para expresar su adhesión a los negros, ¿por qué no va al Bronx?
Forma y contenido
"Si es por su forma, el género rock and roll me importa un queso. Me interesa la cultura. ¿Por qué tenemos que hacer la música de Bill Halley permanentemente? Lo que hace que la cultura rock siga vigente no es el aspecto conservador, sino su espíritu aventurero, aficionado a ampliar el campo de lo posible. Y cuando digo que me gustan los últimos discos de los Rolling Stones, no quiero decir que no me gusta lo que hicieron antes, sino que reconozco el riesgo de seguir intentando cosas nuevas. Por eso mismo no es que me prive de escuchar a Eric Clapton porque sea un purista.
"En nuestra formación estuvimos rodeados de gente con mucho misticismo y de los peores buscas, y esa recreación que hacemos es una fiesta que nos estimula y nos divierte, más allá de que eso nos lleve otra vez a tocar en un teatro. ¡Si estamos deseando volver al teatro!
"Nos salva el espíritu de niños"
Más allá de que "Ultimo bondi a Finisterre" signifique un salto en el sonido de los Redondos, para los músicos resulta más bien un acontecimiento natural, que se desentiende de la calificación de sónico o futurista que quiera ponérsele.
"Este álbum en nuestros corazones está pago, ya lo dimos vuelta, lo grabamos, lo mezclamos... ya está, ahora está expuesto. Lo peor que puede suceder es que lo que vos ponés en el superorganismo que son los demás no genere nada. Pero estamos felices, por este huevo que hemos puesto después de un año de trabajo, en el que además hicimos el estudio de grabación, que cambió muchas cosas. Igual, lo del sonido del disco no es extraño para nosotros. En nuestros demos, hace tiempo que están esos sonidos, lo que pasa que al ir a otros estudios se trasladaban a los instrumentos. Desde 'Lobo suelto...' estamos trabajando con secuenciadores, pero no le andamos diciendo a la gente, ¡ah!, la batería que a vos te parece es un sampler.... contar lo que pasa en la cocina le quita un poco la magia al comensal".
Problemas de máquinas
Skay explica algunos inconvenientes que tuvieron al trabajar con sus nuevas máquinas: "Por ahí veníamos trabajando sobre ciertos sonidos y, cuando queríamos agregar otro, se paraban las máquinas y había que empezar de nuevo. Hubo toda una etapa de aprendizaje. No había tantos canales y hubo que hacer sincronizar una máquina con otra, y por ahí la sincronía no iba, había faltado el detalle de no sé qué, habíamos estado trabajando en el formato equivocado. Y entonces había que empezar todo de nuevo".
"Por más que te asesores -sigue el Indio-, generás un estudio de acuerdo al enamoramiento de los amigos. Uno no domina todo eso. Más allá de que la etapa de la grabación sea estresante, en realidad, el espíritu de niño, de juego, que uno conserva, es lo que nos salva. Cuando el duro negocio del corazón de uno es atreverse a vivir con los ojos abiertos, aquello que te mete el dedo en la llaga tiene una significación fuerte, pero no te saca de la fiesta. A esta edad, tengo una posibilidad de jugar que me mantiene en un estado de dignidad que no tiene precio. Aunque nos transformemos en el enemigo público número uno de la cultura rock, me importa un queso. Nos queremos comer la vida, y eso es lo que nos interesa".
Un bondi con destino a Racing
El regreso a Buenos Aires, con dos conciertos en el estadio de Racing, tiene un significado muy particular. En primer lugar, porque hace cuatro años no se presentan aquí (desde los dos Huracán en diciembre de 1994). Pero también porque todavía están presentes los sucesos de Córdoba. Pero el tema, para el Indio, es otro: la fiesta, sencillamente; y le gusta aclarar que le atrae más la estética del teatro que la del estadio, porque permite otros juegos, otra intimidad, sobre todo por las dimensiones que las cosas toman en una cancha.
"Nosotros lo manejamos con una alegría increíble. ¿Cómo uno no se va a sentir gratificado por el hecho de subir a un escenario y que haya 40.000 personas cantando las canciones que vos hiciste? ¡Dejémonos de joder! Hay vidas muy ricas para las cuales eso no significa nada. Mi vida no es tan importante como para que a mi edad este coqueteo con esta historieta no sea lo más importante que me pasa. Ver toda esa cantidad de gente cantando lo que escribí hace seis meses es conmovedor. Por más que mi vida sea muy exigente, no es tan exigente como para dejar de lado ese reconocimiento. Se maneja de esa manera. En este momento, con esto que está pasando, se maneja de una manera bárbara, ojalá que se venda mucho el álbum, que vaya la gente a Racing. Todo eso se maneja bien. No hay dudas sobre lo que tenemos que hacer, lo hacemos de esta manera.
Y ese "saber lo que tenemos que hacer", tiene que ver con esa cosmovisión de siempre, que no evita recordar los desórdenes de Córdoba.
Poli: -Basta de fútbol. Basta de confrontaciones. No se puede llevar a que los grupos de rock estén jugando campeonatos.
Indio: -Eso queda claro en un recital de los Redondos. Los Redondos llegan a un estadio y no tienen la mitad en contra y la mitad en favor.
Poli: -En Córdoba también estaba el operativo, pero a la medida de ese lugar, donde no se esperaba que alguna gente fuese a crear situaciones que no tenían nada que ver con el suceso. Fijate que durante horas, desde la mañana, la fiesta era impresionante, pero llega un grupo y hace un desastre. La policía no estaba para pegar; de hecho, no tenía ni gases, ni perros ni nada.
Indio: -Hay una cosa que también hay que tener en cuenta. Cuando alguien cree que vos movés miles de personas, empieza a haber intereses de otro tipo. Cuando hay 20.000 personas, vos podés poner cien e inducir a cualquier cosa, con intereses políticos o por cualquier cosa. Hay que aceptar que estos fenómenos que se dan muy de vez en cuando es una cosa bastante inédita en general; hay grupos de rock que llevan más gente que el sindicalismo o que los partidos políticos, entonces, todos esos resortes no están ajenos a estas circunstancias. Hay que estar atentos no sólo a la excitación de la gente sino a la mala fariña. Los Redondos tenemos la política del guerrero permanentemente: esperar lo mejor y prepararse para lo peor. Esperar lo mejor es prepararse para que todo sea una fiesta de alegría, y esperar lo peor es saber que hasta puede haber algún sabotaje. Los Redondos sabemos que eso puede suceder. No somos boludos como para no darnos cuenta y no confundir con que son paranoias. Hemos estado sujetos a eso más de una vez. Hay intereses de todo tipo, no sólo por la magnitud que manejás, sino por desde dónde la manejás: desde una total independencia.
También confirman que el sonido de las nuevas canciones va a ser más rockero, con la participación de Conejo Jolivet en guitarra y Hernán Aramberri en batería y samplers.
Por lo demás, el operativo de seguridad ya está dispuesto. Tres cuadras antes de llegar al estadio, las calles estarán valladas para que pasen quienes tienen su entrada, que esta vez se dividen en campo (que incluye la popular, porque se levantará el alambrado), platea alta y platea baja.
Lo demás es para la fiesta. Una fiesta que hace mucho no sucede tan cerca nuestro.
Las páginas de una historia redonda
Los 22 años que llevan en la ruta Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota están signados por una serie de sucesos, tanto musicales como extramusicales, que marcaron cada uno a su manera un antes y un después en la vida del grupo.
Desde sus caóticas primeras actuaciones en el teatro Lozano de La Plata -que incluían recitados de poesías, delirios teatrales, payasos y mimos, música, baile y la repartija de los famosos buñuelitos de ricota entre el público- hasta la estética futurista y los sonidos de última generación que recubren el concepto de su más reciente trabajo discográfico, "Ultimo bondi a Finisterre", demasiada agua corrió bajo el puente redondo. Tanta que las gigantescas olas que se formaron a su alrededor construyeron el mito más grande del rock argentino.
Un mito que cuenta con una interminable lista de nombres y apellidos, reales y ficticios. El Indio Solari, El Gordo Pierre, Skay Beilinson, Luzbelito, Tito Fargo, Rocambole, La Negra Poli, Willy Crook, El Pibe de los Astilleros, El Piojo Abalos, El Loco de la Goma, las Bay Biscuits, Semilla Bucciarelli, El Doce, El Capitán Buscapina, Sergio Dawi, Monona, Luca Prodan y hasta un tal Brigitte Bardott, entre muchísimos otros.
Un mito que sabe de pasiones, de cultura underground, de multitudes, de banderas barriales, de vida, de muerte, de silencio.
Un mito que huele a poesía y a filosofía callejera, a encendidas guitarras, a hippismo, a gloria, a comunión, a independencia, a celebración, a identidad, a violencia, a mentiras y a verdades.
La época de los pubs
La primera etapa del combo ricotero está marcada a fuego por la escena under de La Plata -ciudad que los vio engendrarse- y de la Capital Federal, durante casi diez años. Lo que los mismos músicos del grupo denominan "la época de los pubs".
Este período que se podría clasificar como de gestación -y el que llevaron adelante con algunas intermitencias-, coincidió con los siete años de la última dictadura que arrasó al país y que tanto golpeó a toda una generación de jóvenes.
Entonces, entre sucios y oscuros locales, cabarets y clubes, la historia del Rey Patricio comienza a escribirse sobre la base de shows, donde el principal protagonismo se lo lleva el concepto de fiesta creado por la imaginería de cerca de una veintena de artistas abocados a distintas actividades.
Los flashes que iluminan estos años de la banda reflejan ese estado permanente de conciertos desordenados y a esta altura históricos.
Canciones como "Maldición va a ser un día hermoso", "Mariposa Pontiac", "Mejor no hablar de ciertas cosas", "Pura suerte", "Superlógico" y "El blues de la libertad", en la voz de un carismático y leído cantante, iban acompañadas en la misma noche por poesías surrealistas, algún strip tease y actos artísticos de todo tipo con sabor a happening que quedaron en las páginas rockeras del país como la prehistoria de la comunión entre el arte visual y el rock.
Con el sello de la independencia, sin ningún tipo de prensa a su alrededor, sin poseer ningún registro discográfico en sus nueve años de vida y con un recelo particular hacia los medios de difusión, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota construyó los cimientos del gigante que un par de años después despertaría con toda su furia para, hasta el momento, no entregarse más a los designios de Morfeo.
Vamos las bandas
A partir de 1985, con el lanzamiento de su autogestionado primer álbum, "Gulp!", se inicia un proceso en el grupo, tanto interno como externo, que provoca una nueva e importantísima ruptura en la trama ricotera.
El artesanal sistema del boca en boca que los había transformado en un objeto de culto para el movimiento intelectual, ahora tenía un apoyo discográfico y los fieles seguidores de Patricio Rey a mediados de los años 80 comenzaron a crecer de manera casi geométrica.
Los pubs ya no alcanzaban para albergar las huestes y la banda se vio obligada a introducirse en otro circuito, con lugares de mayor capacidad.
Así, llegaría un año más tarde su segundo y emblemático disco, "Oktubre", el rojo y negro, el de las banderas y las masas en las calles, el preferido de los viejos fanáticos del grupo, ese que contiene himnos de la talla de "Semen Up", "Divina T.V. Fuhrer" y "Ya nadie va a escuchar tu remera".
Para 1988, el rito dirigido por el ya mítico personaje de Patricio Rey se celebraba con idéntica pasión en lugares como Satisfaction, Cemento, Skylab y Palladium, discotecas que se vieron desbordadas por el público.
A pesar de eso, El Indio Solari mantenía firme su postura de no tocar en Obras, bastión del rock argentino por excelencia, que significaba para su pensamiento independiente una forma de transar con el sistema establecido.
Después de la edición de "Bang, bang! Estás liquidado" esta estricta regla quedó abolida y la fiesta de los Redondos se movilizó hasta el estadio de la Avenida del Libertador, muy a pesar de un sector de extremistas que se resistían a la masificación. La desmesurada demanda llevó al grupo a tocar durante varios fines de semana en Obras durante dos años. Y a partir de una de esas series de conciertos realizados en abril de 1991, la historia cambiaría y ya nada sería igual.
Violencia es mentir
El 26 de abril de 1991, después de pasar cinco días en coma en un hospital capitalino, muere Walter Bulacio. El joven había sido detenido por la Policía Federal en la puerta de Obras, mientras escuchaba desde afuera la habitual ceremonia conducida por el Rey Patricio. La policía adujo que Bulacio tuvo una descompensación, pero más tarde se sabría que el chico había sido golpeado brutalmente.
Luego vinieron las marchas y los recitales en repudio por la falta de esclarecimiento del caso.
La página más triste de la historia ricotera se había escrito con sangre y después de recapacitar mucho alrededor del tema, la banda abrió un nuevo capítulo en su carrera.
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se retiró más que nunca de los espacios públicos y sus presentaciones comenzaron a darse con cuentagotas.
En diciembre de 1994 colmaron por quinta vez en dos años el estadio del club Huracán, y aquella noche quedó registrada como la última presentación de la banda en la Capital.
La desmesurada convocatoria de los Redondos -sumado a los incidentes producidos en varios de sus shows- hizo que el grupo replanteara su estrategia una vez más y optara por iniciar su período nómada: de aquí en más, la fiesta se trasladaría sólo al interior y el mito crecería hasta lo inimaginable.
El primero de esta serie de conciertos se realizó en San Carlos, en Santa Fe, en agosto de 1995. De allí en más el rito se repetiría hasta la fecha en algunas selectas ciudades: Concordia, Mar del Plata, Tandil, Santa Fe y Villa María. En todas, el colorido y pasional paisaje sería el mismo.
Así, las huestes ricoteras invadieron literalmente cada uno de los lugares donde los Redondos llevaron su show y los relatos de miles de jóvenes acerca de la travesía que realizaron para ver a su estrella más preciada colaboraron con la leyenda.
Llueva, truene o nieve, la banda no suspende ninguno de sus recitales en el interior. Esa fue la consigna por seguir. Aunque en agosto del año último, el intendente de Olavarría, Helio Eseverri, resolvió prohibir el concierto asustado por el centenar de combis, micros y autos repletos de jóvenes que se dirigían hacia la ciudad bonaerense.
Después de años de ostracismo televisivo, El Indio Solari, Skay, Semilla Bucciarelli y Sergio Dawi ofrecieron una conferencia de prensa -que se emitió en directo por varios canales de cable- para explicarle a sus fervientes seguidores qué era lo que había ocurrido.
En mayo de este año, en Villa María las masas ricoteras volvieron a protagonizar incidentes con la policía de Córdoba.
"Seguir o no"
Antes de comenzar el recital, Solari le habló a su público: "Los sucesos de esta tarde llevan a la banda a tener que tomar una decisión: seguir o no sobre un escenario. Que se lastime alguno de ustedes no vale ningún recital de rock and roll".
El 18 y 19 del actual, los Redondos actuarán en el estadio de Racing Club de Avellaneda.
Estos shows serán los más cercanos a la Capital Federal en lo que va de este período de cuatro años de vida nómada y no son pocos los que conjeturan que podrían ser los últimos de la banda. Pero lo mismo se había supuesto de su anterior concierto.
Entonces, sólo el tiempo dirá. Porque, como siempre, quien tiene la última palabra
es el Rey Patricio, el mito viviente más grande del rock argentino.