| Cuando la tarde se muera |
| Entro maldiciendo y restregandose las manos por el frio. A la mesa estaban sentados los niños y la esposa, tomando onces. Los niños lo saludaron con un beso mientras mordisqueaban sus panes. La luz se derramaba tenue de la ampolleta manchada de moscas que colgaba del techo, de la tetera puesta sobre la cocina aun emanaba un leve vaporcillo calido. El hombre extrajo de su bolso un paquete y lo dejo sobre un mueble. Con un gesto se lo indico a la mujer: |
| - Preparamelo! - Le dijo, mientras se dirigia a la habitacion. La mujer sin decir palabra se levanto de su silla, puso al fuego la tetera y abrio el paquete. Unos trozos de carne tierna, algo de longaniza y uno huevos envueltos en papel de diario. Saco un sarten de un compartimento del mueble, encendio otro quemador en la cocina, puso el sarten encima y echo algo de aceite. Pico aceleradamente la carne y la longaniza en una tabla. Cuando el aceite estuvo caliente, echo todo adentro y poniendo una tapa dejo cocer. Mientras, arreglo la mesa para el hombre, quien ya se encontraba sentado, con el ceño un poco fruncido por la espera. Los hijos lo miraban de reojo y seguian masticando su pan. |
| Cuando todo estuvo listo, la mujer apago la cocina y puso sobre un plato, frente al hombre, el sarten repleto. Un olor a fritura inundo la pequeña habitacion. De un bolsillo de su delantal saco un sobre de cafe y le sirvio una taza grande. El hombre, sin mirarla, comenzo a comer. Los niños continuaban con el pan en la boca, en silencio. Miraban de reojo a la madre, que bebia de su taza con la cabeza gacha, inmovil. El esposo comia a grandes cucharadas del sarten. Los niños seguian mirando a la madre de reojo y esta segui;a inmovil. El agua desteñida de su taza giraba lentamente. De pronto la mujer, casi imperceptiblemente, alza la cabeza y musita timidamente: |
| - ¿No le vas a dar a los niños? - El hombre da un golpe de puño en la mesa y la queda mirando fijamente. Con gesto brusco, toma un pedazo de pan, lo unta en el sarten y le da un trozo a cada niño. Luego, mirando nuevamente a la mujer, le dice secamente: |
| - Ahora dejame comer tranquilo - |