Mi angustia y tu temor, también mañana.

Novela. (Este trabajo se complementa con "Opinión")

Ariel Norberto Santanera

1998.

(Catholic church. Buenos Aires. Argentine. Rome. Church reform. Women priests. Confession. Roman Curia. Boshops. Dead)

 

 

Para Inés, por supuesto.

Desde el corazón, y con toda mi vida.

 

 

 

-¿Hubo algo que no hiciste y hubieras querido hacer?

  • La pregunta de mi hija, como todas la suyas, era para meditar.

    Difícil la respuesta, a una edad en que las ambiciones y los proyectos menguan. Cuando el número de las cosas que quisieras no haber hecho supera quizás al de las que una vez quisiste hacer...

    Pero un análisis prolongado hubiese arruinado el diálogo, así que arriesgué:

    -Escribir un libro.

    Sonrió e ironizó:

    -Claro, hijos ya tuviste y árboles ya plantaste...

    Así se gestó la decisión de escribirlo. Decisión que, como tantos otros proyectos, se fue frenando paulatinamente hasta quedar convertida en un montón desordenado de papeles.

    Pero ahora... ahora lo retomo. ¿Por qué? Porque se me ha fijado un plazo. Sin que se trate de un contrato con todas las de la ley, ha surgido un convenio entre nosotros: yo (en adelante "el Autor", como les gustaría decir a los escribanos) me propongo concluir un libro dentro del plazo que ha fijado... Ella (en adelante, "la Editora").

    Un plazo que, por ahora, me parece razonable como para lograrlo. Veremos si realmente es así. De todos modos, soy consciente de que el plazo es firme, y de que sería inútil intentar una prórroga.

    Mi primera decisión fue escribir una novela breve, para que estuviese a mi alcance. No soñaba con lograr más que eso.

    Elegir el título no fue problema: hacía mucho que con mi esposa, en cierta noche de fantasías, habíamos forjado uno. Un título que podría adaptarse a cualquier tema: "Mi angustia y tu temor, también mañana". Claro que por eso mismo, por su versatilidad o ambigüedad, no ayudaba nada a la hora de elegir la trama. Ni el ambiente para la novela, ni nada.

    Un ambiente para la novela... He aquí otro problema. Podría, es una tentación, aprovechar los fuertes recuerdos de nuestro viaje por Europa. Eso exigiría pretender que en un viaje, solo en un viaje, pude llegar a conocer un pueblo. Casi una obscenidad. Podría también dejar volar la imaginación en busca de algún escenario exótico, desconocido en realidad para mí. Salgari lo hizo, con éxito. Pero me pareció más seguro y honesto ubicarme en Buenos Aires, mi conocida y querida Buenos Aires. Y quizás algún otro punto del país, sin renunciar a algún paseo por otros lugares que hubiese conocido, aunque fuese brevemente. Quizás, si intento presentar a Buenos Aires a través de los ojos de un extranjero, de un turista, podría resultar interesante...

  • 1- Esperando en Ezeiza.

    El mar es imaginable. Es imaginable el mar visto desde el aire. Porque al mar siempre lo hemos visto desde arriba, aunque fuese desde muy cerca, pero siempre desde un par de metros por encima de su nivel. Podemos extrapolar con alguna facilidad esa visión a mil, dos mil, nueve mil metros.

    Pero ver la selva amazónica desde el aire, asombra. Es un espectáculo para el cual no estamos preparados, y cuesta interpretarlo. Porque al bosque lo conocíamos desde abajo, y desde su interior. Ahora nos incomoda el espectáculo inesperado de esas nubes verdes, de ese rebaño verde, de esa extraña enorme extensión verde, allá abajo.

    Casi al final del viaje, Frank se dejaba llevar por estos pensamientos, descansando por un momento del angustiante rumiar y repasar la misión que los llevaba, a él y a su esposa, por primera vez a tierras americanas. Angustia que se agravaba por el imprescindible estado de alerta que la misma misión les imponía.

    Miró a Dora, serenamente dormida a su lado. Siempre fue así: nada lograba alterarla más allá de lo estrictamente necesario. Ante una situación imprevista, se detenía un momento, moviendo sus ojos como buscando alguna explicación en el aire. Y una vez que había comprendido, actuaba o decidía. De inmediato, el problema parecía haber desaparecido de su mente, y continuaba con su vida apaciblemente, casi sin alteración.

    Ya eran un matrimonio "maduro". Ambos profesionales, ambos médicos, hacía tres años que se habían jubilado. Sin urgencias económicas y casi sin preocupaciones familiares, con sus cuatro hijos ya casados y viviendo en ciudades dispersa por toda Alemania.

    Pero, era increíble, repentinamente sus vidas habían dado ese vuelco insospechable. Un vuelco sobre el cual no podían hablar con nadie. Un cambio tan profundo que era en realidad renacer a un nueva vida, con toda una nueva tarea, inmensa, por delante.

    Faltaban pocas horas para llegar a Buenos Aires (¿Por qué el aeropuerto se llamaría Ezeiza? Nada le decía a él este nombre).

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    Cuando a algún porteño le mencionan Ezeiza, evoca la imagen de "la autopista": una modesta ruta con manos separadas, que durante un tiempo tuvo el privilegio de ser la primera y la única vía rápida de la zona. Conecta la capital con su aeropuerto internacional. Aún cuando no siempre estuvo bien mantenida, resulta paisajísticamente agradable. En una época (en la primera de Perón, digámoslo) estuvo bordeada en algunos tramos por muros que ocultarían a los visitantes extranjeros las "villas miseria" que aparecieron a sus flancos.

    El aeropuerto está mal ubicado, indudablemente. Y lejos. Pero para los patrones de medida argentinos, la distancia desde Buenos Aires no parece tanta, y los "bosques de Ezeiza" son para los porteños una agradable excusa para una excursión de un día.. Por eso Ezeiza evoca también en el porteño olor a leña quemada, olor a parrillada, olor a eucaliptos. Y reuniones juveniles, desde las más inocentes a las más atrevidas.

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    Juan Ramón y Estela llegaban, como siempre, con tiempo sobrado, y disfrutando el viaje hasta el aeropuerto. Estacionaron sin urgencias, y gozaron de un paseo bajo el sol hasta el "Espigón Internacional". Ezeiza no es pródiga en días así, sin nieblas ni vientos: es un aeropuerto mal ubicado, ya lo dijimos, no solo por su distancia de la ciudad sino también por su clima.

    Hoy el visitante encuentra en su viaje hasta Ezeiza, conglomerados urbanos, un mercado abastecedor, árboles, bosques, algún "mangrullo", algunas construcciones con techo de paja... versiones "for export" que poco sirven como preanuncio de las famosas pampas argentinas y sus inmensas extensiones verdes.

    Faltaba quizás una hora para el arribo, todavía no anunciado. Sentados, Estela y Juan Ramón la emplearon en observar a los pasajeros, quienes siempre brindan su espectáculo.

    Cuando aparecía ya la amenaza de adormecerse, fue finalmente anunciado el vuelo que esperaban. Innecesariamente, como siempre nos ocurre a los argentinos, corrieron hacia la baranda frente a la salida de pasajeros. Poco a poco comenzaron a aparecer los turistas. Pero a pesar de sus esfuerzos ansiosos, no lograban encontrar a los amigos italianos que habían anunciado un nuevo viaje a la Argentina.

    Y no aparecieron. Aguardaron hasta que los empleados les aseguraron que no quedaba nadie en Inmigraciones. En la oficina de la empresa les confirmaron que nadie con esos nombres se había embarcado en Italia.

    -Es increíble...

    -Decididamente no lo entiendo... Tendremos que llamar a Roma y averiguar qué pasó... ¿Tenés el número aquí?

    -Sí, sí, vamos a la cabina...

    Mientras su esposo intentaba comunicarse con sus amigos romanos, Estela se sentó a esperar, junto a otra mujer, que al rato le preguntó con fuerte acento alemán, si Buenos Aires quedaba muy lejos de Ezeiza.

    -No mucho. Depende del barrio de Buenos Aires al que deba usted ir; pero de cualquier modo no tomará mucho más de una hora. ¿Es su primer viaje a nuestro país?

    Ya estaba entablada la conversación.

    -Es el primero, sí. Y debíamos encontrarnos aquí con los familiares de unos amigos. Los llamamos por los parlantes, pero no aparecieron.

    -Tiene por lo menos su dirección?

    -Un teléfono. Mi esposo está tratando de hacer contacto con ellos.

    Casi juntos, llegaron los dos hombres. Ni Roma ni Buenos Aires contestaban los llamados. Dejaron mensajes grabados. Dejaron avisos en Informaciones. Y esperaron un par de horas en el bar.

    -Debemos aceptar la realidad. Nadie vendrá a buscarlos a ustedes, ni nuestros amigos llegarán hoy a Buenos Aires (ya no hay más vuelos). Por ahora no nos queda más alternativa que irnos a Buenos Aires. Por supuesto, ustedes vendrán con nosotros.

    Los viajeros alemanes aceptaron con entusiasmo, y partieron todos hacia la ciudad.

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    ¿Qué espera ver en Buenos Aires el turista? ¿Cómo imaginará al obelisco, a la Plaza de Mayo, a los "salones de tango"? Cuando llegan ¿les asaltará el asombro o la desilusión? Porque, es verdad que, a su turno, al porteño puede desilusionarlo "Piazza Spagna" o la "Vía Véneto".

    Ya se había forjado una incipiente amistad. Hicieron el viaje lentamente, callados al principio, con alguna preocupación por los extrañamente fracasados encuentros. Observaban en silencio el paisaje, el cercano atardecer.

    Observaron con curiosidad el efecto de la rara coincidencia de distancias y velocidades del auto y de un avión que bajaba entre los árboles, que hacía parecer que el avión permanecía varios segundos detenido en el aire, sin movimiento aparente. Observaron las construcciones, nuevas y viejas, observaron los carteles que pretendían atraer a los turistas , observaron todo el movimiento creciente a medida que se acercaban a la ciudad.

    Ciudad de contrastes, ciudad inmensa, populosa ciudad. Ciudad que nos atrapa, a pesar de nuestras quejas.

    Orgullosa Buenos Aires, luminosa en medio de la noche que se acercaba...

     

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  • Uno de los papeles que encontré en mi revoltijo de cajas, decía así:

    "Advierto que, en realidad, todavía no tengo un tema para este libro. "Llegado hasta este punto, tengo a los personajes, los tengo ubicados en el "espacio, y casi en el tiempo, pero no sé qué tarea darles. Se abren algunas "alternativas posibles. Puedo imaginar una intriga en la cual los alemanes "fuesen sospechosos de alguna maniobra de espionaje. Puedo organizar un "triángulo amoroso, o dos, o algún esquema más complicado de ese tipo. "Puedo transformar todo en una intriga con tinte escatológico, como las de "Morris West... Sería una pena que todo quedase en una simple novela de "aventuras, o en un diario de viajeros. Morris West siempre me atrajo... Sí, "algo así me parece interesante..."

    Y seguía un esquema de una intriga, que decidí adoptar y desarrollaré a continuación. Aún a sabiendas de que correré dos riesgos: Algunas ideas parecerán plagiadas de Morris West, lo cual será, por supuesto, falso. Y en segundo lugar, la comparación con Morris West puede resaltar que mi trabajo aparezca bastante inferior. Lo cual será, más que probablemente, cierto.

    No me importa.

  • 2- Paseando por Buenos Aires.

    -¿Podría avisar al matrimonio Dorren que los esperamos en el lobby?

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    La noche anterior habían dejado a los viajeros alemanes convenientemente alojados en un hotel del centro, y habían convenido encontrarse nuevamente por la mañana.

    Ninguna de las parejas tenía planes concretos, ya que habían fracasado los encuentros proyectados. Mientras recuperaban los contactos con los respectivos amigos, aprovecharían para que los Dorren conociesen un poco la ciudad. Pero al llegar a su departamento, Estela y Juan Ramón habían encontrado un fax enigmático de parte de sus amigos romanos. Un fax enigmático. Les explicaban que no habían podido abordar el avión previsto, debido a un viaje urgente a otro destino. Se disculpaban por los inconvenientes, y agregaban: "Vuestros nuevos amigos les pondrán al tanto de todo". No podían referirse a los alemanes, pues ignoraban que los habían encontrado. ¿Qué significaría esta frase? Ya la aclararían en algún momento.

    Ahora estaban en el hotel, como habían convenido.

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    La primera vez que se visita Buenos Aires, convendría borrar la imagen gauchesca y tanguera que seguramente se trae como prejuicio, y disfrutar de un paseo por el Centro. Disfrutar de una ciudad que ya hemos calificado de orgullosa, y que también es desprolija, pero que tiene el triste encanto de opulencias gastadas. Una ciudad enorme, que a pesar de todo el mal que se le ha hecho conserva todavía verdes y amplitudes que insinúan nostalgias pampeanas.

    Un primer paseo que incluya la Nueve de Julio. Tucumán y Esmeralda, con sus vidrieras llenas de antigüedades que parecen el botín de algún pirata (y que casi con seguridad lo son). Florida, cambiante y viva, por épocas señorial, por épocas sucia, por épocas llena de baratijas y convertida en un gran bazar. Otras veces, circo ambulante.

    Florida y Diagonal, concentración de algunas maravillas de nuestra arquitectura.

    Y ya cansados, sentarse a tomar algo en algún bar de Córdoba, para no abandonar la zona. Una zona llena de todo lo que trajo en sus pupilas y en su corazón el porteño que fue a encandilarse a París.

    Sentados junto a esa mesa, distendidos, y claramente amigos, la conversación de nuestros amigos recayó sobre la posibilidad de hacer alguna excursión juntos por el interior del país. Para los Dorren, esa excursión era el plan que traían. Los porteños por su parte habían previsto un viaje así con los amigos italianos, ahora ausentes, y habían reservado para ello unos días de vacaciones.

    -Buenos Aires es interesante, Bariloche es majestuoso, nuestras playas son inmensas. Pero hay un recorrido que me parece ideal para hacerlo junto a un extranjero, como buena introducción al país y nuestras cosas: salir de Buenos Aires hacia el norte, recorriendo la pampa húmeda, tocar Rosario y Santa Fe, y pasar luego a la mesopotamia... Sería una Argentina poco conocida, pero muy real.

    -A mí me parece un idea interesante -hablaba Dora mucho más pausadamente que Frank, cuyo castellano parecía de Barcelona-. Nuestro deseo al venir a la Argentina es el de conocer gente, más que lugares. Incluso tenemos un cierto listado de personas, o personajes a quienes nos gustaría conocer. Es, podemos decir, un encargo que nos hizo gente de la Iglesia Católica, en Europa. Pero eso será más adelante. Por ahora, sería muy lindo charlar con gente de distintos lugares del país.

    El comentario de Dora llamó la atención de Juan Ramón y Estela. Ellos eran católicos de los "comprometidos", habían tenido una intensa actuación, digamos apostólica, en todo el ámbito de Buenos Aires, y se habían vinculado con todos los estamentos de la Iglesia local, y muchos también del interior del país. Sin embargo, en los últimos años, sin alejarse de la Iglesia, habían disminuido su participación activa, sus conferencias, su actuación en retiros y jornadas, quizás un poco decepcionados por la pesada actuación de la estructura (y la jerarquía) local frente a los cambios que se vivían. Continuaban sus contactos con los católicos "progresistas", y se dedicaban a la reflexión y a poner el fruto de éstas por escrito junto con sus experiencias, anécdotas y apuntes (varias carpetas de ellos).

    Los cambios que se iban dando desde la asunción de Kamen, el nuevo Papa, en el Vaticano, había renovado sus esperanzas de una más profunda renovación de la Iglesia, pero la realidad general de Buenos Aires no marchaba al mismo paso que los progresos que se impulsaban desde Roma. La visita de aquellos amigos italianos, fracasada de modo tan extraño, estaba ligada a su interés de ampliar los contactos con la iglesia universal, el modo en que se vivía los cambios en Roma. Incluso pensaban en realizar más adelante una visita prolongada, de estudios, a algunos centros europeos de reflexión.

    Ahora, las palabras de Dora indicaban que los alemanes también estaban comprometidos con la Iglesia. y esto abría interrogantes y curiosidad por un lado, y por otro una secreta esperanza de que se tratase de una oportunidad, quizás providencial, de encontrar con quien compartir sus angustias, temores, y dudas, y reincorporarse con fuerza a la acción apostólica, tal como sabían que era su vocación, aunque no lograban ver con claridad los caminos .

    -Bueno -dijo Estela- es muy probable que en cuanto al cumplimiento de ese encargo que les han hecho, podamos de algún modo colaborar nosotros. Hemos estado muy ligados a la actividad de la Iglesia local, y tenemos contactos que pueden serles útiles. Pero como dijiste, eso será a su tiempo. Hoy seguiremos visitando el Centro, o descansar un poco si prefieren, y preparar para mañana un recorrido por el resto de la ciudad.

    Hubo una siesta, porque Dora y Frank estaban real mente cansados. Cenaron luego juntos, y convinieron encontrarse al día siguiente temprano para desayunar en el Centro.

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    -Ustedes querían conocer realidades de nuestra ciudad. Aquí tienen una: los empleados comienzan a llegar al Centro, algunos viajando desde lejos. De todos modos, la verdadera actividad no comienza aquí hasta después de las ocho y media. Hay quien viaja más de dos horas para llegar. Eso parece inimaginable para Europa, ¿verdad? Por eso muchos pasan por el bar y toman algo, típicamente un café con leche y medialunas...

    -¿Qué es eso..?

    -Son las famosas "croissantes" de Francia y de España. Las de acá son más chicas, habitualmente, y las hay de dos tipos: amasadas con grasa y amasadas con manteca, más dulces. Vamos a probar las dos.

    No perdieron demasiado tiempo con el desayuno, y comenzaron enseguida el paseo.

    -Anoche conversamos algo sobre las... conflictivas relaciones de la Iglesia con Perón -dijo Estela-. Me parece conveniente aprovechar para hacer unas rápidas visitas a las iglesias quemadas por el peronismo, antes de que comience el horario de circulación restringida por el microcentro. Poco se ha reconstruido de lo dañado. Salvo la Curia, al lado de la Catedral, que se quemó casi totalmente. Se demolió y se construyó una nueva, moderna.

    -Además de los daños a los edificios -agregó Juan Ramón-, hubo otras pérdidas dolorosas e incomprensibles. Fueron totalmente quemados la Biblioteca para Ciegos en Santa Lucía, y el Archivo Histórico de la Curia. Otros daños fueron simbólicos: en San Miguel quemaron la muy humilde habitación de Monseñor De Andrea.

    Después de la visita a San Miguel, última en la improvisada peregrinación, volvieron hacia el Bajo.

    -Esta es Plaza de Mayo, el "centro del centro" por decirlo así. Nos rodean los edificios de las principales sedes del Gobierno, del Poder Ejecutivo, en verdad.

    Estela y Juan Ramón se alternaban en las explicaciones. Y en las traducciones, porque, por ejemplo, "el centro" no evocaba en los extranjeros la idea de "downtown".

    -Detrás de la Casa Rosada está el Río de la Plata. La ciudad está construida dejando el río aproximadamente hacia el este. Vamos a tomar ahora, en dirección hacia el oeste, es decir, como si nos internásemos en el país, por la Avenida Rivadavia, probablemente la más larga del mundo. Parte en dos la ciudad, y de ella nacen las calles laterales, todas iniciando su numeración en Rivadavia, y con diferentes nombres hacia el norte y hacia el sur.

    Algunos detalles, como la regular numeración de las casas, a cien números por cuadra, llamó especialmente la atención de los visitantes.

    -Pero no se confíen demasiado. En cuanto nos alejemos del Centro o de Rivadavia, comenzarán las complicaciones geográficas, y en algunos barrios de la ciudad la organización "en damero" casi desaparecerá. - seguía Estela dando detalles de todo lo que iban viendo.

    Habían preparado para cada uno, unos esquemáticos planitos, donde podían anotar los detalles que les interesasen. No se desviaron de Rivadavia, pero Estela les fue informando sobre los barrios que iban atravesando y lo que podían encontrar hacia el norte y hacia el sur.

    -En rasgos muy generales, podemos decir que la zona norte de la ciudad es la de mayor concentración de riqueza. Allí encontraremos los barrios más lujosos, sin duda, Y hacia el sur aparecerán zonas bastante pobres en cuanto nos alejemos de Rivadavia. Actualmente se está haciendo un esfuerzo por mejorar esta parte de la ciudad. Ya visitaremos más tarde algunos barrios en particular.

    Al llegar a Caballito, Juan Ramón informó que estaban aproximadamente en el centro geográfico de la ciudad.

    -El centro, pero no es el Centro -se rió Dora.

    -Así es. Ya vas aprendiendo algunas cosas raras de nuestra ciudad. Como ven, Buenos Aires es una ciudad realmente extensa. Desde aquí debemos andar unos seis kilómetros si queremos salir de Buenos Aires.

    -Muchas iglesias -dijo Dora.

    -Sí. Y hay muchas más desparramadas por toda la ciudad. La Arquidiócesis está dividida en más de cien parroquias, pero hay muchos templos "extraparroquiales" también,. Y capillas de hospitales, de escuelas... Podemos ver en alguna guía cuántos templos están registrados. Vamos a encontrar también templos protestantes, y de predicadores. También algunas costosísimas construcciones de los espiritistas; es una cosa curiosa, porque en verdad no conozco a nadie que practique el espiritismo. Por Rivadavia, no vamos a encontrar sinagogas. Están todas en algunos barrios hacia el norte, en barrios donde se ha concentrado la comunidad judía. Mezquita, solo hay una, en la zona de San Cristóbal.

    Llegaron finalmente a la Avenida General Paz.

    -Este es límite de la ciudad. Esta avenida la circunvala. Fue construida a principios de siglo, con gran visión de los gobernantes. Fue ampliada recientemente, en una tarea relativamente sencilla, ya que la parquización que la rodeaba hizo innecesarias nuevas expropiaciones y demoliciones.

    Ascendieron por la General. Paz y bajaron enseguida, para visitar San Cayetano.

    -Esta basílica nos es muy querida, aunque tenga poca "prensa" entre algunos de los cristianos. Es muy popular entre la clase trabajadora, pues se considera al Santo como patrono del trabajo. Constantemente, en gran cantidad los días siete de cada mes, y por cientos de miles cada siete de agosto, el lugar es visitado por gente humilde que pide "pan y trabajo", o que viene a agradecerlo.

    -La primera vez que vine -agregó Juan Ramón- fue en un momento en que estuve sin trabajo, hace muchos años. Debo reconocer que lo hice tras luchar con mi orgullo y mis prejuicios, porque me parecía que todo lo que estaba aquí montado lindaba con la superstición. Conocimos otra realidad, y desde entonces venimos aquí todos los días siete, siempre que podemos.

    Retomaron Gral. Paz, hacia el sur, y siguieron luego por el Riachuelo, hasta llegar a la Boca, donde decidieron almorzar, temprano, en el bar "La Perla".

    -Es bastante sencillo y no demasiado turístico -propuso Juan Ramón- y podremos probar los famosos "pescaditos fritos", toda una especialidad para los pibes, por lo menos en mi infancia, muy, pero muy alejada de Mc Donalds.

    Gustaron los famosos pescaditos, rociados con limón, y completaron el menú con un buen bife y ensaladas. Retornaron al coche temprano, para alcanzar a cumplir el plan de paseo.

    -La idea es completar el rodeo a la ciudad, pero aprovechemos antes para dar una vuelta por este barrio. La Boca pude mirarse con diversa perspectiva. Si somos simples turistas, la encontraremos "típica", e incluso disfrutaremos de cualquier falta de confort con que tropecemos. Pero les sugiero imaginar que están ustedes viviendo permanentemente en este barrio. Son casas decididamente pobres, con habitantes pobres, con poco trabajo, y malo, sometidos a duras pruebas por las inundaciones periódicas, (aunque ahora se espera que las obras de prevención finalmente inauguradas sean realmente eficaces). En su tiempo fue una colectividad laboriosa, de inmigrantes napolitanos principalmente, que encontraban su sustento en las tareas portuarias y en talleres de reparaciones, en la pesca, en el movimiento de cereales. Desarrollaron un modo de vida adecuado, sobrio y, para nuestros ojos, pintoresco. Pero los cambios económicos y sociales los fueron marginando cada vez más. Muchos salieron de la zona, pero otras familias se mantienen tenazmente aferradas a sus costumbres y a sus calles y extrañas casas metálicas. Vean lo que puede encontrarse por estos lados...

    Juan Ramón los llevó por algunas calles que cobijaban ruinas de conventillos, y fábricas y depósitos abandonados. Encogían el alma.

    -Bueno, ya es bastante -dijo Estela.

    -Sí -continuó Juan Ramón- Vamos ahora a continuar por la costa del Riachuelo y el Río de La Plata. Bordearemos ahora las zonas más elegantes, más ricas, mas presentables. La Argentina categoría "A", La centralización de la riqueza y del poder.

    Era Buenos Aires del asombro. Puerto Madero. Catalinas. La actividad portuaria. Se permitieron un desvío por Retiro, Avda. Libertador. los bosques de Palermo, Ciudad Universitaria y de nuevo la Gral. Paz.

    En los mapas de los visitantes iban quedando marcas y anotaciones que pintaban una ciudad que comenzaba a no serles desconocida.

    -Terminaremos visitando algunos de los barrios más elegantes. -y comenzaron a recorrer Devoto, avenida los Incas, Belgrano...

    -Una ciudad interminable -describió Frank- y que promete muchos misterios que no alcanzaremos a conocer, me parece..

    -Excelente definición... Nosotros hemos pasado nuestra vida aquí, y no la conocemos todavía entera, en profundidad.

    El atardecer comenzaba a teñir de melancolía a la ciudad y a sus habitantes. Las luces que se iban encendiendo luchaban por infundirles nueva vida, más energía, y prolongar unas horas el bullicio y la actividad.

    -¿Qué desearían cenar?

    -Nada lujoso. Algo que se aproximase a los que cena el bonaerense típico.

    -Bien -sonrió Juan Ramón- lo buscaremos. Pero no digas más "bonaerense". Nos decimos "Porteños". El porteño típico no existe, al menos en cuanto a comida. La invasión de hamburguesas ha hecho estragos en el gusto de nuestra juventud. El asado y el puchero, en otros tiempos famosos y populares, han ido quedando rezagados, en parte por las modas dietéticas, en parte por razones económicas. Los restoranes más representativos de la comida que se sirve en las casas de los porteños, son los italianos. Pero aún a ellos no concurre la generalidad de los porteños: es la pizzería la entidad que permanece, con modificaciones, sí, pero nunca abandonada por nuestro ciudadano. La cantidad de pizzas que se consumen cada día son asombrosas. Y los fines de semana, impensables. Como te digo, con cambios en sus gustos y en su presentación. Lo típico hace décadas era que se acompañase con un vino dulce al que llamamos "moscato". Hoy ya casi ha desaparecido, en favor de la cerveza ¿No te va a disgustar, verdad?

    -¡Claro que no! Ya hace rato que estoy extrañando a mi amiga. -dijo Frank, con una risotada de aceptación.

    Se prolongó bastante la cena. Dora y Frank querían saber más sobre la Iglesia de Buenos Aires. Finalmente Estela sugirió:

    -¿Porqué no vamos a tomar un café en algún lugar más tranquilo, con menos ruido? Les haremos una síntesis de la historia de la Iglesia de Buenos Aires, si quieren, pero sin forzar la voz.

    -¿Qué les parece el lobby de nuestro hotel? -dijo Dora.

    -Excelente. Vamos para allá.

    Era realmente un lugar cómodo, sin demasiada luz, y con nada de ruido.

    -La Argentina es fundamentalmente un pueblo católico. Lo fue desde sus inicios, y la fe cristiana está en la base de casi toda la población y de sus costumbres y principios básicos. Mayoritariamente ha sido educada, con más o menos intensidad, en la religión, y el porteño típico ha tomado su Primera Comunión. De todos modos, a principios de siglo, la religión era "cosa de mujeres", y los hombres que las acompañaban a Misa, por ejemplo, solían esperar que terminase la ceremonia en el fondo del templo. Hubo un cambio de actitud después del Congreso Eucarístico del 34: los varones vencieron su pudor y prejuicios, y se volcaron más numerosos a participar de la vida de la Iglesia. La Acción Católica fue semillero de hombres de fe, y de verdaderos apóstoles. Pero ideológicamente, un parte muy importante de los católicos varones pertenecían al nacionalismo. Se destacaron en ese terreno intelectuales importantes y famosos. Quizás la Iglesia aparecía entonces como una oposición a los pensadores "libertarios" y "masones", socialistas y radicales.

    Después de la llegada del peronismo, y hasta su caída primera, vivimos cambios entre la juventud católica. Se mantuvieron algunos en la órbita del nacionalismo, pero muchos fuimos influenciados por Maritain y todas las ideas demócratacristianas de Europa. Juan XXIII y el Concilio no nos tomó de sorpresa, pues todos ansiábamos cambios. Los cambios se dieron, quizás no todo lo profundos que hubiésemos soñado. Pero no se logró que el pueblo se sintiese totalmente participante de la vida de la Iglesia, o interpretados cabalmente por toda la jerarquía.

    Es quizás muy grosera esta descripción, o teñida de mi ansiedad por cambios más profundos. Hay que reconocer la enorme actividad desarrollada por el Movimiento Familiar, por ejemplo, y por las Comunidades de Base...

    Juan Ramón estaba "embalado" y amenazaba con una larga conferencia.

    -Sin embargo -interrumpió sutilmente Estela- algo está fallando. La Iglesia ha hecho y hace mucho, y está cobrando cada vez más prestigio, a pesar de sus fallas y errores, pero no ha logrado evitar, por ejemplo, un cierto éxodo en las clases populares sobre todo, hacia los predicadores pseudo cristianos. La Iglesia parece una Iglesia despareja. Hay católicos "de avanzada", los hay "conservadores". Y están los "movimientos" que muchas veces parecen que se cortan solos...

    -¿Qué es eso de "se cortan solos"? -interrumpió Dora.

    -Una expresión... Quiero decir que desarrollan su actividad en forma demasiado independiente, para mi gusto. No veo que terminen de integrarse al resto de la Iglesia. A algunos los considero elitistas, los cursillistas por ejemplo, a otros demasiado concesivos a los gustos de los evangélicos yanquis, como los carismáticos. En general, en conjunto, no es la Iglesia que a mí me gustaría, pero, claro debo reconocer que no es cuestión de que a mí me guste: es cuestión de que esté de acuerdo con el mensaje de Cristo...

    -¿Y qué esperarías tú de una Iglesia así, de acuerdo con el Mensaje?

    -Que fuese más sencilla, más pobre, más cuestionadora...

    -Una vez, -intervino Juan Ramón- en una reunión, dije que deseaba una Iglesia que fuese merecedora del martirio... nadie me entendió: pedía una Iglesia que cuestionase tanto, que su testimonio hiriese, doliese, e hiciese pensar a los poderosos en cómo sacársela de encima. ¿O no vino Cristo a traer fuego..?

    Coincidieron en muchos puntos acerca de cómo debía aplicarse hoy el mensaje de Cristo. Conversaron largo rato, hasta que finalmente se dieron cuenta de que todos necesitaban un buen reposo.

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  • Un sentido para nuestros días, es todo lo que nos pide Víctor Frankl para asegurar (hasta donde se pueda asegurar), nuestra salud psíquica. Debe estar en lo cierto. Desde que tomé el propósito de alcanzar una meta tan modesta como escribir este libro, mucho ha cambiado en mí. Muchas cosas van tomando una importancia relativa. Y ya casi ni pienso en... "la Editora", ni en su plazo. ¿Será conveniente esto? ¿O será una triquiñuela de mi espíritu que pretende negar la realidad?

    Pero sigamos.

  • 3- Una estancia.

    Al día siguiente, Juan Ramón propuso hacer un esfuerzo más por encontrar a los amigos que debieron ir a buscar a los Dorren al aeropuerto, pero Frank desechó la idea porque en realidad, aseguraba, el viaje no dependía para nada de ese contacto, que había surgido en una charla intranscendente y ocasional.

    Así que usaron el día para visitar algunos otros barrios de Buenos Aires, y de sus alrededores, y para preparar el viaje propuesto por Juan Ramón. A la mañana siguiente, temprano, estaban ya en el Acceso Norte

    El itinerario resultó gratamente revelador para los Dorren. No imaginaban encontrar una zona tan industrializada como la de los primeros tramos de la Panamericana, ni las zona residenciales, en algunas partes realmente lujosas.

    -Es un contraste que se va acentuando -dijo Estela- en nuestro país. Durante los últimos años se ha hecho claro que estamos construyendo dos Argentinas. La Argentina "A", como nosotros la llamamos, es ésta, y tiene su centro en Puerto Madero. La Argentina "B" es más extensa, hacia el norte, hacia el sur y hacia el oeste. Parece que se mantendrá en tanto y en cuanto sea necesaria para la subsistencia de la Argentina "A".

    Pasando Campana y Zárate, camino a San Pedro, fue posible tener un primer vistazo de la riqueza agropecuaria del país. La soja., los naranjos, el ganado... Llegaron a San Nicolás, donde Juan Ramón explicó detalles de la transformación industrial realizada entre los años 40 y 50, con sus aciertos y también con sus graves errores.

    -Ya vimos cómo la afluencia hacia Buenos Aires de mano de obra campesina creó allí dificultades de asimilación y enconos sociales, aparte de la aparición de villas de emergencia que generación tras generación se fueron consolidando en un problema que aún hoy está sin resolver. Aquí San Nicolás también sufrió un curioso impacto, del que fui testigo en algunos aspectos, por cuestiones profesionales. Es que San Nicolás fue elegido como un centro de gran actividad industrial, y su transformación fue tan rápida que parecía que no podría ser asimilada por la población. Se instaló aquí una gran usina termoeléctrica y una acería. Ambas resultaron exitosas, y están aún hoy en pleno funcionamiento. Otros proyectos tuvieron menos suerte, especialmente la gran alcoholera que se suponía produciría alcohol para preparar el "carburante nacional", que reemplazaría, con un material renovable, a las naftas. El material renovable era el maíz, pero la producción de este cereal nunca alcanzó los niveles previstos, y la alcoholera fue cerrada. Hubo otros emprendimientos que fracasaron, como una gran fábrica que produciría fenol y aspirina.

    Pero lo cierto es que la actividad industrial creció vertiginosamente. No había alojamiento suficiente para todo el personal que arribaba, a pesar de que se levantaron algunos barrios obreros con rapidez. Muchas casas de familias se convirtieron en alojamientos temporarios. Buena parte del personal superior permanecía con su domicilio en Buenos Aires, hacia donde viajaban el fin de semana para visitar a su familia. Aumentó la prostitución. San Nicolás amenazaba convertirse en un centro mercantilizado, que vivía en función de los nuevos emprendimentos. Paulatinamente la ciudad se fue adaptando, sin embargo. Y según aseguran muchos pobladores que me merecen fe, la mentalidad de la población dio un vuelco espectacular cuando surgieron las apariciones de la Virgen, con gran número de conversiones a una vida más basada en el mensaje cristiano. El fenómeno persiste, como persiste y va creciendo la devoción a la Virgen, con gran afluencia de peregrinos desde todo el país.

    Visitaron el terreno de las apariciones, visitaron las zonas industriales, y la floreciente ciudad. Juan Ramón conocía un buen lugar para almorzar, tranquilo y sin bulla.

    -No nos demoraremos mucho, pues quisiera llegar a Rosario, y que nos alojemos allí.

    No se demoraron, pero el almuerzo dio lugar a seguir explicando cómo era el país.

    -Ya vieron Buenos Aires. Es una Argentina aparte. Ahora estamos visitando la llamada "pampa húmeda", un microclima muy propicio para los cultivos cerealeros y forrajeros. Pero tenemos también una amplia zona semidesértica, nuestra Patagonia, con una inmensa costa desaprovechada, y con una gran producción lanera, que lamentablemente se va reduciendo año a año. Contra la cordillera tendrían que visitar a Mendoza y toda la zona viñatera de Cuyo. La gente más amable de la Argentina. Al Norte, el altiplano, poco poblado y poco explotado, a pesar de su gran potencial minero. Y nos queda la Mesopotamia, o "Litoral" zona extraordinariamente húmeda, con buena producción frutícola. Cada zona tiene pobladores con características propias, propia cultura, y tradiciones musicales particulares.

    Terminado el almuerzo en San Nicolás, salieron nuevamente al camino, en una tarde calurosa, que pedía siesta. Habiendo renunciado a ella, permanecían amodorrados, en silencio. Repentinamente, Juan Ramón salió de la ruta y se internó por un camino lateral.

    -Es algo que siempre quise hacer -dijo, por toda explicación.

    Tras un par de kilómetros, llegaron a la entrada de una estancia, y penetraron avanzando por dos largas filas de casuarinas que los escoltaron durante casi quinientos metros, hasta el patio central del casco de la estancia. Algunos perros ladraron, pero callaron a la voz de un hombre de gorra.

    -Buen día, Señor.

    -Buen día.

    -Señor, estoy haciendo conocer el país a estos amigos alemanes, y me pareció que sería interesante mostrarles una de nuestras estancias. ¿Sería posible..?

    -No es una gran estancia, ésta. Pero linda es. Y conocerla se puede, claro. Le diremos al patrón, ¿no? ¿Me acompaña? Juancito, hacé bajar a los señores, que se sienten en la glorieta, y decíle a tu mamá que les sirva algo fresco.

     

    Norberto Gascón, se llamaba el dueño de la estancia, y resultó un hombre más que amable, y enamorado de su establecimiento. Y en esos momento, con suficiente tiempo libre, dijo, como para hacerles conocer sus ochocientas hectáreas.

    Fue imposible negarse a cenar con él, y pasar allí la noche.

    -Pero por ahora -invitó Don Norberto, lo mejor será que se den una ducha y descansen un poco, quizás una siestita, si quieren.

    Los alemanes estaban asombrados por la recepción, que no respondía a ninguna invitación o arreglo previo, e intentaron alguna disculpa .

    -¡Por favor! -siguió don Norberto- De ningún modo piensen que molestan. En verdad, me estaba haciendo falta un poco de compañía. Mi Señora ha tenido que permanecer en Buenos Aires por problemas de salud de un familiar, desde hace casi un mes. Yo no me aburro en el campo, pero ustedes me servirán de distracción adicional.

    En un aparte, Estela le preguntó a Juan Ramón:

    -¿Conocías el lugar?

    -En verdad, no. Fue una corazonada. Siempre soñé con ser alojado a la antigua, casa y comida por una noche, como tantas veces vi en mi niñez. Si alguien llegaba a una estancia y pedía ser alojado, tenía la casi seguridad de que podría comer con la peonada y de que esa noche tendría un lugar abrigado donde dormir. Al día siguiente se iría, o tendría la oportunidad de pasar otro día si había trabajo para él.

    Así que , después de aprovechar la sugerencia de la siesta, acompañaron al patrón en una recorrida por los cuadros cercanos al casco. Visitaron la manga, donde estaba un veterinario curando a algunas ovejas heridas, que no progresaban bien. Habían sufrido un ataque de algunos perros sueltos que todavía no habían podido localizar, y creaban una preocupación seria.

    La vida del campo está hecha para gozar de pequeños placeres. O, mejor, permite pequeños placeres que escapan a veces a la sensibilidad del hombre de la ciudad. Llegar hasta la manga, en una tarde de calor veraniego, significaba un cuarto de hora de galope bajo el sol. La manga era una isla de paraísos en medio del llano. Paraísos: ¡Qué bien le caía el nombre a esos árboles en ese momento! Gozaron un rato del fresco que se les brindaba, y empaparon sus cabezas con el agua de la bomba del lugar. Probaron el agua, no dulce, pero sí sabrosa ¿cómo podía ser sabrosa algo tan simple como el agua?

    -Es el mejor pozo de toda la estancia. Suelo venir aquí solo para probar el agua -dijo don Norberto.

    Participaron de las tareas, sencillas, que se estaban realizando en el lugar y un par de horas después regresaron hasta el casco, cabalgando al paso, disfrutando de una suave brisa del atardecer, y admirando una puesta de sol fulgurante, de rojos, rosas y violetas. Mudos.

    Mientras esperaban la hora apropiada para cenar, se reunieron en el amplio escritorio de la casa .

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  • ¿Cuánto tiempo emplea un vaso en volcarse y en derramar su contenido sobre la mesa? Menos que un segundo, claro. Esta mañana derramé uno. Durante esa fracción de tiempo alcancé a darme cuenta de lo que iba a pasar.. Preví lo que sucedería, advertí hasta dónde llegaría el agua. No alcancé, en cambio, a evitarlo.

    Casi una definición de la vejez: experiencia suficiente para anticipar los hechos, pero falta de reflejos para actuar en consecuencia.

    ¿O quizás falta de interés por intentarlo? Esto sería mucho más triste... Dejemos estas inquietantes reflexiones para otro momento, y volvamos a la tarea propuesta. A escribir el libro.

  • 4- Un diálogo enriquecedor .

    Muchos años de pipa y querosene habían creado el típico perfume de la habitación. El uso de bolígrafos había conseguido eliminar totalmente el olor de los solventes de las tintas, antiguamente infaltable. Incluso la almohadilla de sellos hacía años que no se usaba, y estaba reseca. En los cajones, sin embargo, sobrevivían aletargados restos de lápices, que exhalaban todavía el perfume de su madera de cedro.

    En todas las estancias argentinas "el escritorio" tiene siempre el mismo grato perfume, inolvidable para quien lo vivió alguna vez. Suele ser un sala oscura, no muy amplia, con una mesa de trabajo invariablemente desordenada. (El administrador de campo no es por lo general "hombre de papeles"). Este escritorio era, sin embargo, más amplio que lo habitual, y permitía que los cinco se acomodasen en cinco sillones livianos de madera.

    Algunos estantes con biblioratos, otros con libros.

    En estancias más grandes, la biblioteca tiene habitación propia. Y en las chacras, en cambio, suele ser un baúl el albergue de los libros y revistas leídos una y otra vez, inacabables.

    Aquí la biblioteca era parte del "escritorio". Frank se entretuvo leyendo los lomos y de pronto, en un gesto rápido, retiró un ejemplar de las "Actas de los Mártires", edición bilingüe de la BAC. En la versión alemana, este libro había sido un viejo amigo al que había leído una y otra vez. Mantuvo en sus manos, morosamente, esta edición española, y luego comenzó a hojearlo. Pronto encontró el pasaje buscado.

    -¿Alguno leyó este pasaje del "acta del martirio de Justino"? Desde la primera vez, y lo he leído varias, este texto me cuestionó fuertemente. El Prefecto Rústico está interrogando a Justino y le pregunta: "¿Dónde os reunís?". Y Justino le respondió: "Donde cada uno prefiere y puede. Sin duda te imaginas que todos nosotros nos juntamos en un mismo lugar. Pero no es así, pues el Dios de los cristianos no está circunscrito a lugar alguno, sino que, siendo invisible, llena el cielo y la tierra, y en todas partes es adorado y glorificado por los fieles". Justino fue un filósofo cristiano del siglo II, ajusticiado con sus seguidores bajo Trajano. Durante todo el siglo I y el II, la Iglesia tuvo muy poca organización. Los cristianos eran despreciados por "ateos". Por aquí hay algún comentario...

    Frank siguió buscando:

    -..."los cristianos, sin religión ligada a una ciudad o nación, sin templos ni imágenes, sin sacrificio ni culto conocido, eran para el sentir antiguo auténticos "ateos", hombres sin dioses." ¿Podríamos nosotros reconocernos en esta descripción? ¿Nos sentimos dignos hermanos de estos bautizados tan cercanos a Cristo?

    - Claro que no -intervino Estela- Nos hemos pasado gran parte de nuestra vida escuchando conferencias y participando en charlas donde se nos aseguraba que la esencia del Cristianismo estaba en la sencillez y en la pobreza, y paralelamente hemos participado más y más en actos de ostentación que nos van alejando del verdadero camino de Cristo.

    También el Patrón tenía algo que decir:

    -Desde acá, y eso que no estoy lejos de la ciudad, la vida y las cosas de Dios se ven de modo diferente. Es cierto que muchas veces estamos preocupados por la atención de las cosechas y de los animales, pero eso no devora nuestro tiempo. Es cierto que por la iglesia nos ven poco, o menos que lo conveniente, pero sí que nos sentimos cerca del Señor, y nuestra oración será sencilla, pero sale del corazón. A veces es un simple deseo de aplaudir frente a una puesta de sol, o un abrazo al amigo que creíamos perdido. Mire, Don Frank, usted parece hombre preparado en las cosas de Dios, y no lo tome a mal. Por aquí han pasado curas de toda laya. Hombres sabios, que nos asombraban con sus consejos. Muchachos jóvenes, a los que se les veía la falta de andar caminos, la falta de adaptación a la realidad que les tocaría vivir. Otros, que parecían empresarios de la religión. Otros artistas. Otros hombres que parecían castigados demasiado por la vida. Pero muy pocos pasaron por acá que se pareciesen a Cristo. La gente humilde, nuestro hombre de campo, es demasiado humilde, tal vez. Y acepta sin discutir que un hombre que llega "de afuera", y habiendo estudiado mucho, es mejor que ellos. Y si se trata de un cura, la admiración es mayor, y ven en su presencia o visita una oportunidad de estar más cerca de Dios. Y yo los miro, y me admiro de su ingenuidad, o de su sencillez. Callo, y pienso cuánto más cerca de Dios están ellos cuando abrazan a sus hijos, cuando trabajan con su sudor, cuando hablan o juegan a las cartas.

    -Mucho más cerca de lo que ellos mismos creen -intervino Estela-. Es a ellos, al pueblo, a los desorientados, a los que están "sin pastor", a quienes primero vino a buscar Jesús. Y muchas veces me pregunto qué nos diría Él si le mostrásemos la Iglesia que hemos construido, la Iglesia "oficial", con toda su estructura y toda su complicación. Él, que no tenía "dónde reclinar su cabeza", que se alojó en casas prestadas, incluso para su última cena...

    -Sí, sí -se entusiasmó Dora-, hemos armado una estructura... cómo diré... muy grande, muy complicada. La estructura es necesaria; lamentablemente, sí, parece necesaria. Y al crecer la Iglesia, al ser tantos los que participamos, parece inevitable cierta complicación. Pero ¡cuántas cosas inútiles! ¡Para qué gastar tanto palabrerío para definir gestos, palabras, vestiduras, normas y actitudes! Recuerdo haber quedádome... Haber...

    -Haberme quedado.

    -Gracias. Haberme quedado pensando mucho mucho una vez que leí que una Diócesis había sido transformada en Arquidiócesis. La Iglesia presentó la noticia como muy importante, como un hecho trasden... trascendental. Y yo pensaba, y decía: ¿cuántas personas, personas grandes, personas con gran preparación, cuya misión es trabajar por el bien de los hombres, estuvieron reunidos, discutiendo, haciendo "lobby", para decidir si era mejor una Diócesis, o una Arquidiócesis? Y me imaginaba que en vez de discutir, le llevaban el problema a Jesús. ¿Se dan cuenta lo que les diría Jesús? Tenía mucha paciencia, pero...

    -Muy bueno lo tuyo -dijo riendo Juan Ramón-. Es un muy buen ejemplo. Y te aseguro que somos muchos los que estamos ya cansados de tanta tilinguería...

    -¿Tanta qué..?

    -Tilinguería. De tantas pavadas, de tantas cosas tontas. Tenemos esperanzas de que los cambios que está disponiendo el Papa se profundicen cada vez más, pero, francamente, es tanto lo que habría que cambiar, que no sé cuánto alcanzaremos a ver nosotros.

    -De todos modos, algo se va haciendo -intervino Frank-, y es posible que todo se acelere más de lo que pensamos. ¿O no hemos vivido cambios en el mundo tan repentinos y profundos que aún hoy nos cuesta entenderlos? El muro de Berlín es el ejemplo de siempre, y les aseguro que aún a nosotros que lo vivimos tan de primera mano, nos sorprendió. Y en cuanto a la Iglesia, debemos recordar que se trata de un Misterio: algo que difícilmente podamos entender del todo. Y, por Dios, que no se nos pide que entendamos. Solo se nos pide que seamos dóciles a la Providencia. Y ella se encargará de llevar al mundo hacia el Omega, hacia el Cristo del final. A pesar de la Iglesia, si hace falta...

    -Me sorprende oírlos hablar así -dijo Don Norberto-, y les aseguro que me alegra. Nunca fui lo que se dice "un hombre de Iglesia", ya les conté, pero siempre me consideré cristiano, seguidor del Cristo. Amigo del Cristo. Y me daba tristeza que la Iglesia "de los curas" tuviese tanta dificultad para entendernos y para estar más junto a nosotros, o para abrirnos una puertita más fácil de usar. Si leía las palabras de Jesús en el Evangelio, siempre me parecía que los curas estaban complicando todo demasiado, y sin necesidad.

    Llegó la hija de la cocinera para avisar que la cena estaba lista. ya hacía un rato que el olorcito de las ollas los estaba rodeando. No tardaron nada en acercarse al comedor.

    La cena se prolongó en una larga sobremesa. Grillos. Algún chillido de lechuza. Un poco alejado, el murmullo, con alguna risotada, de los peones que comían en su cocina.

  • +++++++++++++++++

    Siempre tuve mala memoria, y nunca me preocupé por ocultarlo. Así que nadie entre mis conocidos se asombra por mis fallas actuales y nadie sospecha que ahora se deban a mi vejez, o a mi enfermedad. Yo sí me doy cuenta.

    Y me doy cuenta también de lo curiosa que es la memoria humana. En estos últimos tiempos he dado en recordar repentinamente, sin motivo aparente, y con bastante detalle, escenas, casos y cosas del pasado. ¿Será resultado de este ejercicio intelectual, literario, que he emprendido? ¿O será tal vez una tarea del subconsciente, angustiado por la expectativa de la llegada de... la Editora?

    Entre estas repentinas reapariciones, está la anécdota de los dos perros, que sucedió casi tal como la describo en este capítulo..

  • 5 - Una sorpresa.

    El amanecer en el campo es una fiesta de olores: la leña recién encendida en la cocina, el café. Los vahos del ordeñe, la leche tibia. El perfume de los naranjos, si es la época del azahar. ¡Qué pocos turistas tienen la oportunidad de grabarlos en su memoria, para recordarlos con nostalgia a su regreso!

    Todos se levantaron temprano, y disfrutaron una excursión propuesta por Don Norberto, hasta la costa del río.

    A media tarde, cuando regresaban, un alboroto triste había llenado el casco de la estancia.

    -Realmente, fue un mal accidente -había explicado con evidente tristeza Don Norberto- No es frecuente que un caballo mate a un perro, a pesar de todo el bochinche que hacen cuando está juntos.

    Teru no era un perro de raza, aunque podía pasar por ovejero. Junto con un Doberman, tan imponente como cariñoso, vigilaban el patio de la casa y sus alrededores. Jugaban, espantaban gallinas, y avisaban con sus ladridos sobre cualquier presencia no acostumbrada.

    También toreaban a algún caballo que se aventuraba a pastar cerca de su territorio. Fue en estas circunstancias que el perro fue alcanzado por una mala patada.

    El pobre animal quedó horas tirado en el patio, cerca del alambrado, mientras algún peón se hacía tiempo para preparar un hoyo y enterrarlo..

    Lo que llamó la atención de todos fue la actitud del Doberman. Lo empujaba con el hocico, como invitándolo a jugar. Escapaba corriendo un trecho y regresaba al advertir que Teru no lo seguía. Le acercaba trozos de madera, papeles, una bolsa. Para el observador inteligente, toda una fuente de meditaciones.

    Juan Ramón y Frank pasaron un largo rato observando la actitud del perro, sentados bajo la glorieta del patio.

    -Una actitud casi humana- dijo Juan Ramón.

    -Sin ninguna duda, prehumana.- agregó el alemán.

    Secándose la nuca, se dirigió hacia la sombra de la glorieta, y todos lo siguieron.

    Mientras les acercaban un poco de agua fresca con limón, siguió la conversación, por demás interesante.

    -No sé si puede hablarse de una evolución de las costumbres humanas a partir de las costumbres animales, pero por lo menos es evidente un paralelismo en ambos casos. Aunque el tema resultó conflictivo cuando se intentó utilizar los trabajos de Lorenz para justificar la violencia nazi.

    Yo, personalmente, estoy convencido de que nuestras pompas fúnebres tienen su origen en los esfuerzos primitivos del hombre por dar respuesta al misterio de la muerte, aún en forma instintiva y no razonada, como hemos visto en el caso de este animal. Sin duda, actividades así habrán sido habituales entre los antropoides, cualesquiera que hayan sido, que nos precedieron. Respuestas ingenuas para obtener reacciones que eran habituales en vida, y que ahora al desaparecer por la muerte, generan perplejidad.

    Su repetición a través de los siglos las habrá transformado en rituales,. Posteriormente, al aparecer la reflexión, con el Hombre, habrán recibido su justificación lógica. Si estamos de acuerdo hasta aquí, nos enfrentaremos a una disyuntiva importante. Crucial.

    Por un lado: ¿esta evolución condujo al mito? O, alternativamente: ¿esta evolución fue el medio por el cual el Hombre descubrió una verdad que le trascendía?

    Aceptar un punto de vista u otro, ya es teología. Es aceptar o no el don de la fe.

    Juan Ramón estaba interesadísimo en el planteo:

    -Desde que ustedes se manifestaron como católicos practicantes, te he de decir la verdad, temía que fuesen del tipo "cerrado". Pero ahora no dudo de que están en la línea, por decirlo así, "progresista". Me parece que vamos a congeniar bastante...

    -Me alegra. Y tú, ¿cómo estás con respecto a la Iglesia?

    -Me considero dentro, pero un poco disgustado...

    -Coincidimos cada vez más. Y me parece que ha llegado el momento de decirte que coincidimos en esto también con el Papa.

    La primera impresión, fugaz, de Juan Ramón fue de risa. No entendía nada. Realmente, nada. Pero Frank no le dio tiempo a preguntar.

    -Quisiera que conversásemos esto también con las señoras -y se fue hasta la huerta vecina a la casa, donde ellas estaban recogiendo algunas hierbas aromáticas- ¿Podrían venir un momento, señoras? Me parece que tenemos que hablar.

    Se ubicaron en la glorieta, suficientemente apartada de la casa como para asegurarles privacidad. Frank se dirigió primero a su esposa:

    -¿Conversaste algo con Estela?

    -Lo general, y me parece que, tal como nos habían dicho, son las personas adecuadas.

    -Ustedes fueron recomendados en Roma por Cora y Reo, sus famosos amigos italianos. Fueron recomendados cuando se inició cierta búsqueda para cubrir ciertos cargos de los que ya les vamos a hablar. Se estudiaron sus antecedentes en actividades dentro de la Iglesia, y se nos encargó, dentro de este viaje, que confirmásemos con nuestra opinión personal, que vosotros os adaptaríais a la tarea que se les propondrá -ya Frank comenzaba a mezclar su habla "catalana" con algunas formas propias de la Argentina.

    -Parece toda una intriga -intervino Juan Ramón, mientras Estela escudriñaba cuidadosamente los rostros de Frank y Dora.

    -Y, en cierta forma, es una intriga -continuó Frank-. De la cual solo estoy autorizado a comentarles una parte, no más de lo que necesiten saber en este momento. Veamos: los cambios que Kamen está promoviendo en la vida de la Iglesia van a acelerarse muy pronto, hasta tal punto que se teme el alejamiento o, peor, la separación cismática de una parte de los fieles y la jerarquía. Es posible que perdamos una parte del clero, y que quede mal atendida la grey. Se desea reducir al mínimo estos problemas, y se desea además contar con un grupo de reemplazo tan pronto como los problemas aparezcan. Para conformar este grupo, Dora y yo hemos sido ordenados sacerdotes, ¿o deberíamos decir sacerdote y sacerdotisa?, y además obispos.

    -No debemos actuar por cuenta propia -siguió Dora-, sino que esperaremos indicaciones expresas del Papa. Nosotros seremos una simple reserva, que facilitará la tarea apostólica en los primeros momentos, y en la medida en que parte del clero hasta ahora oficial se aparte de Roma ante las nuevas directivas. No somos cuerpo de consulta, no deliberamos, no opinamos, no actuamos sino en la medida que el Papa lo necesite y lo pida. En tal carácter hemos sido enviados a al Argentina, entre otras cosas, para ordenar algunos sacerdotes más. Entre los elegidos, están ustedes.

    Era una revelación asombrosa. Juan Ramón se sentía irreal. Todo era irreal. Como si su mente intentara desechar lo que estaba escuchando, comenzó a prestar atención a los colores del atardecer. El sol se despedía en nubes rojas, y los naranjos comenzaban a transformarse en siluetas. Pero las palabras permanecían. Ni siquiera observar esa formación de aves, patos o cuervos, que parecían inmóviles en el cielo, lograban borrarlas: parecían estar, como los cuervos, suspendidas en el aire, esperando que él las recogiese.

    -No entiendo...¿Por qué? ¿Quién nos ha seleccionado? Y Dora sacerdotisa ¿cómo pudo ser..?

    A su lado, Estela dijo suavemente:

    -No terminamos de entenderlo...

    -¿No lo entiendes, o te cuesta creerlo? Es difícil de aceptar, ¿verdad? Y no tengo mucho para demostrártelo. Solo esto.

    Buscó bajo su camisa, y sacó algo que tenía colgado al cuello. Una cajita sumamente chata, un relicario. De allí, sacó un papel. Había un sello, un número y un nombre: "Kamen +++". Luego, otro sello, otro número y otro nombre: "Frank ++".

    Dora mostró otro papel similar, con su nombre. Buscó nuevamente en su relicario y extrajo otro papel, que entregó a Estela, diciéndole:

    -No les queda alternativa, sino confiar en nuestra palabra. Quizás esta carta les ayude.

    Era una corta nota, con la extrañísima letra de Cora, la amiga italiana que no había llegado a la Argentina.

    "Querida Estela: Frank y Dora son gente magnífica y les llevan todo nuestro afecto y todo nuestro corazón. Disculparán esta mala pasada, pero no teníamos alternativa. Todo lo que Frank y Dora les digan es verdad, aunque les cueste creerlo. No debo ponerlo por escrito. Teo y yo estamos en la misma condición que ellos, y cuando leas esta nota estaremos cumpliendo igual tarea, en otro país. Por si dudas, tu anillo está equivocado. Esperamos abrazarlos pronto." Firmaban : "Cora ++" y "Reo++".

    La referencia al anillo confirmaba la autenticidad de la carta, pues Cora era de las pocas personas que sabían que el nombre de Estela estaba escrito con dos eles en su anillo de bodas.

    -Les agradeceré que destruyan esa carta. Nuestra tarea, como les dijo Frank, es preparar los enlaces necesarios para que la Iglesia permanezca aunque haya un cisma. Para ello, nos conectaremos con los obispos que están en nuestra línea, según una selección hecha por Kamen, con los sacerdotes que ellos nos indiquen, y además hemos de hacer contacto con determinados laicos, a quienes propondremos una consagración sacerdotal. Es vuestro caso. Sabemos que en ustedes podemos confiar, por eso les hemos revelado la parte del plan que podemos. Estamos convencidos de que ustedes aceptarán. La idea es que en cada país aparezcan sacerdotes casados y sacerdotisas cuando todo se ponga en marcha. De este modo, este aspecto por demás conflictivo de las reformas, la ordenación de las mujeres, será ya un hecho consumado. Kamen ha decidido que la discusión y argumentación al respecto está agotada.

    Fue aplastante. Nadie puede imaginar cómo reaccionaría frente a una revelación de este tipo. Y sobre todo, frente a un llamado de este tipo. El llamado vocacional. Uno puede imaginar que el ser humano vaya descubriendo poco a poco su vocación para la vida. Pero no necesariamente debe ser siempre así. Dios se reserva el derecho al llamado sorpresivo.

    ¿Entendieron, y qué entendieron, los apóstoles cuando Cristo los invitó a seguirlo? Unos "largaron todo" de inmediato. Pedro quizás entendió todo más tarde, en aquella ocasión en que se tiró al suelo gritando: "-¡Apártate de mi, que soy un pecador!". ¿Cómo habrán sido los silencios, pesados silencios que siguieron a cada propuesta de cambio de vida hecha por el Señor?

    Aquí en la Estancia, el silencio fue profundo. Y prolongado. Y respetado por los mensajeros: sabían que no bastaba recibir la voz en los oídos. Oír con el corazón es un proceso más prolongado, pesado y difícil.

     

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  • Hace tres días que no toco estos papeles, que ni siquiera pienso en el libro. No, no es cierto, pienso en él, no puedo evitarlo. Pero me niego a continuar la tarea, trato de justificar mi abandono con mil excusas, buscando autocompadecerme por la situación que sufro.

    ¿Será una especie de obsesión? ¿Será que imagino que los plazos no se cumplirán si el libro no está terminado? Es, sin duda, alguna especie de negación de la realidad.

    Es miedo.

    Pero debo reaccionar.

  • 6- El papa y sus fieles.

    Todavía les costaba a todos en el Vaticano dirigirse a él como "Kamen", a secas, o en casos menos formales, como "hermano". Pero el Papa se mantenía firme en que tal costumbre se adoptase:

    -Por favor, eliminen ese "Santidad". Solamente "hermano". No creo que a Cristo le hubiese gustado otra cosa.

    No era el cambio menor, éste que asustaba a muchos y alertaba (esto era peor) a otros. Cuando, el día de la elección, eligió el nombre de Kamen, hubo ya desconcierto. Alguien le advirtió, tímidamente, que tal nombre no figuraba en el Santoral. Su respuesta fue lacónica:

    -Busquen.

    Y jamás quiso volver a hablar sobre el tema. Muy pronto se advirtió que Kamen significa "piedra" en ruso. Como "Cefas" en arameo.

    Desde el comienzo de su papado, Kamen adoptó también la costumbre de mantener largas conversaciones nocturnas, "después del café", con sus amigos e invitados especiales, fuera de todo protocolo, y también fuera del alcance de los finamente entrenados oídos vaticanos. No fue fácil lograrlo, pero se impuso.

    De modo que resultó casi natural que en esas reuniones (no en todas, para limitar las sospechas en lo posible) se refugiase el cuartel general de la conspiración.

    ¿Una conspiración contra sí mismo? ¿La cabeza de la Iglesia preparando su destrucción? Podría parecer irónico o terrible. Pero no era así como lo veía Kamen. En primer lugar no entendía al proyecto como una destrucción , sino como una purificación de la Iglesia. En todo caso, se trataba de desmontar una estructura que no se condecía con la vida ni con la palabra de Jesús y de sus apóstoles.

    Y no era una idea loca que se le hubiese ocurrido de pronto. Muchas horas de oración, de penosa oración, fueron formando en él la convicción de que si había sido elegido para gobernar la Iglesia en esos tiempos, ese gobierno significaba salvarla, porque se estaba perdiendo bajo el peso de una estructura pesada y mundana, bajo el peso del complicado Derecho Canónico, los lujos, el sorprendente flujo y reflujo de dinero. La Iglesia se deslizaba más y más hacia un abismo. Nadie que hubiese leído el Evangelio sin conocer esta Iglesia, podría haberla imaginado, tan grande era la contradicción entre la realidad y el Mensaje.

    Aunque así había sido por siglos, no había razón para que continuase así. Quizás estaba en la realidad de nuestra naturaleza que el Cristianismo debiese pasar por estas formas imperfectas, pero debíamos aprender de ellas. Y debíamos aprender ya: haciendo una lectura comparada de "los signos de los tiempos" y del Evangelio, y discernir. Ver en qué habíamos acertado, y en qué no, y actuar en consecuencia.

    San Francisco lo había hecho. Juan XXIII. Paso a paso, error y nuevo ensayo, fuimos siempre adelantando. El Espíritu siempre aleteó, y en medio de sus miserias, siempre la Iglesia produjo frutos buenos. Siempre quedó encendida la llama vigilante.

    Pero siempre fue "a pesar de". Y los pasos más brillantes se lograron cuando se intentó dar una sacudida fuerte, que aventase el polvo y la pulgas acumuladas, como hace el perro callejero.

    Hoy había mucho que aventar, y Kamen estaba convencido de que la sacudida se imponía, y más fuerte que nunca.

    Así que durante cinco años, los cinco primeros años de su papado, fue preparando pacientemente la reforma que consideraba necesaria. Durante esos cinco años fue promoviendo en la Iglesia universal el sentido de sencillez, la evangelización por la caridad, el estudio del mensaje de Cristo.

    Y, paralelamente, durante esos cinco años, tres noches por semana, en una cómoda sala privada del viejísimo estado Vaticano, fue seleccionando y adoctrinando a su equipo revolucionario,. Y también, claro, promoviendo y aprovechando el debate que iba surgiendo.

    Hubo cardenales, si, en esas reuniones. Y obispos y sacerdotes. Monjes y monjas, algunos de clausura que sorpresivamente recibían una invitación que era una orden. Laicos de todo tipo. Hombres de empresa, banqueros, obreros, escritores. Todo aquél que le era conocido o sugerido como fiel al mensaje de Cristo, con una fidelidad abierta que buscaba con humildad la esencia de ese mensaje. Estuvieran o no dentro de la Iglesia "oficial".

    Nunca quedaron registros de esas conversaciones, pero fueron siempre fecundas y enriquecedoras, y las aprovechó muy bien para seleccionar su equipo. Paralelamente, las ideas que iban surgiendo, se difundían inevitablemente por toda la Iglesia, e iban preparando una importante renovación.

    Nunca sugirió ni ofreció a nadie ningún cargo o actividad, pero iba haciendo su selección "in Pectoris". Muchos fueron dejados de lado porque su criticismo era desesperanzado y destructivo. Otros por sobrevalorar algunas disposiciones tradicionales. Otros, porque Kamen sospechaba algún tinte neurótico en su misticismo.

    Además, estas entrevistas le permitían evaluar cuál sería la aceptación que las reformas tendrían en el pueblo de Dios, e incluso cuáles serían las objeciones que se presentarían, cuales serían las posibles quiebras en la unidad, y le daban oportunidad de estudiar cómo evitarlas.

    Seleccionó finalmente a diez. La tentación de llevar el número a doce, como los apóstoles, fue importante, pero reconoció que adoptar tal simbolismo no era más que eso, una tentación teñida de soberbia.. En diez reuniones sucesivas los interrogó a solas, uno por uno. Sin revelarles todavía la totalidad de sus planes, se aseguró de cuál sería su actitud frente al desmantelamiento de tantas estructuras en la Iglesia. En nombre de Cristo, les pidió fidelidad al mensaje y también que sellaran sus labios. Expresamente se negó a pedirles juramento, ya que, estaba convencido, Cristo no lo aconsejaba. Sí, sí y no, no.

    Por último, en una reunión en conjunto con los diez, hizo una exposición detallada de sus planes, que ponía desde ese momento a la discusión en común para perfeccionarlos y para fijar detalles. Reiteró el pedido de sigilo:

    -En la medida en que puedo prohibirlo, se los prohibo. Pero sé que será más conveniente y efectivo rogarles. Por favor, mantengan absoluto silencio sobre lo que conversemos.

    -Pero hermano, esas decisiones ¿no son conocidas por los Secretarios y Presidentes de Congregaciones?

    -Por nadie, ni será discutido con ellos. Serán discutidas por ustedes, y las Congregaciones serán informadas junto con el pueblo de Dios.

    La sospecha. Íntimamente sabía que la sospecha estaría ya presente en muchos a quienes molestaba la nueva cara que la Iglesia iba tomando. Sabía también que ni él, ni los diez, tendrían fuerza suficiente para luchar contra quienes se valiesen, para intentar desbaratar el plan, del aparato y las conexiones y entretejidos tan largamente armados a través de siglos. Así que, convencido de que no tenía las fuerzas suficientes, decidió poner todo en manos de Dios, y despreocuparse de las dificultades.

    Lo primero era completar las visitas a varios lugares del mundo donde se esperaban dificultades en la aceptación del gran cambio. Habría que enviar mucha gente, y lo más sigilosamente posible.

    En las misiones encomendadas, las mujeres se dedicarían a visitar comunidades, misioneros, párrocos, etc. Los varones entrevistarían, solos, especialmente a los obispos. Siendo varones y sin compañía de mujeres, serían más fácilmente aceptados y levantarían menos sospechas. Las visitas a los obispos era delicada. Habría que confirmar hasta qué punto algunos de ellos se opondrían a las decisiones de Kamen, y detectar qué peligros de cismas existían. Habría que buscar luego cómo proceder con ellos, para evitar en lo posible mayores daños a la Iglesia. Un buen trabajo pastoral debía incorporar a los potenciales disidentes, no espantarlos.

    También había que confirmar y poner más al tanto de lo que se avecinaba a los obispos más progresistas, para que estuviesen preparados cuando el momento llegara, y para que preparasen el terreno en sus diócesis.

    -Señor, no es mi obra. Mata en mí, te lo ruego, cualquier atisbo de orgullo. Permíteme ser en tus manos una herramienta útil. Siempre se ha hablado de construir el Reino de Dios, pero siempre hemos pensado en su construcción con criterios humanos. Y nuestros criterios, ya lo sabes, son tontos, ambiciosos, exhibicionistas. Hemos pasado siglos construyendo un reino con minúsculas, un reino para nosotros, los hombres. Ya ha llegado el momento de continuar la obra usando el pico y la maza: ¡debemos derribar tanto! ¡Por favor, muéstranos en cada detalle, en cada momento, cuál debe ser el golpe correcto! Que no destruyamos por destruir, sino para salvar la perla valiosa que ha quedado encerrado en esta estructura humana: tu sueño.

    Kamen terminaba muy entrada la noche con sus oraciones.

  • +++++++++++++++++

    El Dr. Acosta encontró algo nuevo en mi organismo. Y dispuso, claro, nuevas investigaciones. Cada descubrimiento suyo contradice las esperanzas que, secretas, en el fondo de mi corazón, me hacen sonreír a veces. Y confirman los plazos.

    Solo la angustia de pensar en los sufrimientos futuros, y el convencimiento de que mis protestas serían inútiles, impiden que rechace los servicios del médico. Pero algún momento llegará en que tendré que explicar que no quiero que se avance más en esta invasión terapéutica.

    Por el momento, debo reconocer que sin su ayuda no estaría en condiciones para llevar adelante esta labor literaria que me impuse.

  • 7- En las sombras.

    Cada ciudad son muchas ciudades. Y no me refiero a que lo sean geográficamente, con barrios y zonas a veces tan diversos que cuesta reconocerlos como pertenecientes al mismo pueblo. No. Me refiero a la extraña multiplicidad que surge de lo que cada visitante ve en una misma ciudad. Lo que surge del temperamento de cada uno, de sus circunstancias espirituales, de sus circunstancias incluso económicas, de la compañía con quien realice la visita. Del clima que le haya tocado soportar o gozar. Del aparente azar, en fin, que parece guiar siempre nuestro paso cuando decidimos enfrentar una nueva población.

    ¿Cómo es Roma? "-¡Romántica y hermosa!", me aseguró una señora que la recorrió en Mateo con su esposo.

    "-Sucia, desordenada y atemorizante", me contaba otra quien, también con su esposo, la había visitado en 1998, cuando recién comenzaba la "limpieza a fondo". Ni siquiera había podido admirar la turística Fontana de Trevi, tapada por andamios y, para colmo, durante los tres días que duró la visita, llovía. "-¡Ni baños en los bares encontré!"

    "-Una ciudad llena de maravillas históricas y artísticas". (La había visitado en un tour, con guías adecuados).

    "-Un lugar muy paquete". (Se alojaba en un hotel en la Vía Véneto)

    "-¡Divertidísima!". (Pasó una buena noche en el Transtevere).

    "-El centro de nuestra fe". (Audiencia pública de los miércoles).

    "-¿El Vaticano? ¡Desolador! Fui casi en peregrinación, pero... Llegué al atardecer. Había terminado una ceremonia. Parecía un teatro o un circo vacío. No pude rezar ni un Padrenuestro".

    Y están las ciudades ocultas. Aquéllas que viven solo grupos selectos. Es el caso del Vaticano para algunos sacerdotes, sobre todo si tienen algún detalle de color en sus sotanas. Y de los diplomáticos del Vaticano. Y de los lobbistas, también.

    Esa Roma, ese Vaticano, es para nosotros, el común de los cristianos, el común de los hombres, cualquiera sea nuestra fe, solo una leyenda, solo una novela, solo una especulación. Más triste: solo una sospecha ...

    ¿Mienten las películas? ¿Se equivocan los que temen cosas horrendas acerca de la muerte de Juan Pablo I? ¿Es simple búsqueda de sensacionalismo lo que escriben algunos periodistas? "-Es un lugar donde puedes encontrar mucha fe -me decía irónico un sacerdote amigo- Sí, porque está llena de la fe que perdieron allí tantos que la visitaron..."

    "A la sombra de la cúpula de San Pedro..." Allí podría ubicar con éxito la descripción de una conjura vaticana. Existen, los he visto, esos recovecos oscuros que podrían albergar fácilmente a una docena de conspiradores. Quizás gustaría la descripción al lector. Pero yo no lo podría creer.

    La reunión se realizó probablemente en algún departamento amplio y lujoso alquilado, con fondos reservados, a nombre de algún empleado oscuro de algún embajador influyente. Influyente, lo que significa intrigante. No necesariamente brillante. Casi seguramente inadvertido .

    Eran justamente doce, la docena que mencioné antes. Los unía, por un lado su coincidencia , simplemente anecdótica, durante ese momento en el Vaticano. Les unían, en muchos casos, intereses de los más diversos, especialmente referidos al poder y al dinero. (El sexo, esa tercera gran tentación de los poderosos, se disimulaba con pudor, se mantenía en reserva, en atención al ambiente donde se vivía). Pero les unía muy en especial, sobre todo en esta ocasión, una especie de devoción a las glorias vaticanas, a sus pompas, a sus obras, a sus vínculos, a sus grandezas, a sus obras de arte. Y el temor a que todo eso, que se estaba intentando desmantelar poco a poco (era evidente), se derrumbase repentinamente.

    -Con el derrumbe vaticano, nos derrumbamos todos. El peligro no es una simplificación más o menos importante, o un llamado fuerte a la austeridad de cada uno de nosotros. No serán recortes, será una destrucción total, les aseguro... y no son sospechas infundadas. Esta carpeta, pueden verla, guarda una colección de indicios que... lo menos que puede decirse de ellos es que son intranquilizantes.

    En forma ordenada, aunque sin que hubiese nadie que impusiese ese orden, o que dirigiese de cualquier modo la reunión, cada uno de los presentes iba exponiendo su visión del problema. No había sirvientes ni ningún otro personal, salvo algunos guardaespaldas que esperaban en la calle. El secreto de lo que se dijese estaba asegurado. La reunión pasaría como una cena de camaradería, cena que había sido contratada fuera y sería servida bastante más tarde.

    -Las extrañas reuniones de Su... de Kamen -hubo sonrisas- son demasiado sistemáticas para considerarlas inocentes. Todo parece apuntar hacia una selección. Pero es verdad que si esa selección está en marcha, han conseguido una discreción en todos los entrevistados, admirable. Hemos sondeado, mediante personas no sospechables , a muchos de ellos, y a pesar de haber mantenido largas charlas, y haber obtenido detalles interesantes de esas reuniones, no tenemos ningún indicio de alguna selección especial de personas, de un equipo.

    -Pero la selección ya se ha completado, estoy convencido de ello. Y no es simple intuición, sino observación profesional -quien hablaba era sicólogo-, pues he notado un cambio radical en el humor de Kamen, en sus tensiones, desde hace exactamente hoy una semana.

    -Si es así, y conozco la admirable capacidad del señor Ministro en su profesión, se nos está ofreciendo una pista valiosísima para adelantar en nuestras investigaciones: los elegidos han de ser contactados de algún modo por Kamen para disponer sus primeras acciones. Ya deben haber sido contactados, sin duda... ¿puedes decirnos algo tú, querido Roberto?

    -Traje como siempre un detalle, en esta carpeta, de todas las entrevistas últimas de Kamen. A ver.. digamos, desde acá hasta el final son las personas que hablaron con él desde hace quince días hasta hoy...

    -Propongo que vigilemos el comportamiento de ellos durante todo ese tiempo y en los próximos quince días, buscando un patrón de actitudes o acciones en algún grupo... Podemos reunirnos nuevamente dentro de dos semanas.

    Por una curiosa deformación de su pensamiento, nadie en el grupo tenía demasiado en cuenta a las mujeres, salvo a alguna religiosa. En general, inconscientemente, las consideraban solo "esposas de los sospechosos" e incapaces de representar ningún peligro por ellas mismas. Dos semanas después habían confirmado que varios de los personajes investigados habían emprendido viajes a diversas partes del mundo. Decidieron destacar gente que los vigilase e "impidiese o molestase todo lo posible su accionar".

    -Propongo que Carlos sea el encargado de reunir ese equipo "de persecución", Y que nos haga llegar informes de lo que se vaya observando, cada tres días.

    -Lo haré con gusto.

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  • A veces convierto a este trabajo en un amuleto. Supersticiosamente me aferro a la idea de que debo acabar este trabajo, de que para eso estoy en este mundo y de que para eso se me mantiene en este mundo vivo, solamente para eso. Y que, entonces, prolongando indefinidamente mi tarea, lograré también posponer los plazos.

    ¿Atisbos de locura? ¿Cómo luchar contra ello? ¿Debo luchar? ¿Cómo lograr claridad de pensamiento, cómo retomar mi sentido común?

  • 8- El plan.

    Después que Frank les hiciese la asombrosa propuesta de integrarse al Orden Sagrado, Juan Ramón y Estela le pidieron que los dejase meditarlo a solas.

    Cenaron todos con Don Norberto y se despidieron, pues era la última noche que pasarían en la estancia, y él se ausentaría muy temprano al día siguiente.

    Juan Ramón y Estela pasaron gran parte de la noche en oración y en diálogo. A pesar de lo insólito de la situación, convinieron en que no se trataba de un engaño, que por otra parte no tendría ningún sentido. Además el fax y la nota de los italianos reafirmaban lo que se les decía ahora, y con ellos habían convivido y conversado tanto que les resultaban totalmente confiables. Más aún, comenzaron a recordar trozos de conversaciones que podrían haber sido pistas de todo lo que sucedería.

    Se decidieron a aceptar y finalmente se entregaron al sueño, profundo, hasta bastante entrada la mañana.

    Emprendieron viaje hacia Rosario. Hicieron un alto al atardecer, en un bosquecito solitario, y allí , en ceremonia breve y por demás singular, Dora y Frank, juntos, consagraron sacerdotes a Estela y Juan Ramón.

    -En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, nos reunimos aquí para consagrar en el Orden Sacerdotal a estos dos bautizados, que han sido seleccionados de acuerdo con las instrucciones recibidas de Kamen, el sucesor de Pedro en la conducción de la Iglesia de Cristo -inició la ceremonia Frank.

    -Estela y Juan Ramón -continuó Dora-: ya han meditado la propuesta que por nuestro intermedio les hace la Iglesia. ¿Han decidido aceptarla?

    -Sí, hermana.

    -Les hemos explicado las circunstancias especiales que vive la Iglesia. ¿Están dispuestos a colaborar en la reforma de la Iglesia que Kamen está iniciando?

    -Sí, hermana.

    -Manifestemos nuestra fe.

    Y los cuatro rezaron juntos el Credo. Luego, arrodillados Estela y Juan Ramón, Dora y Frank les impusieron las manos, invocando al Espíritu Santo. Terminaron rezando el Padre Nuestro.

    Continuaron viaje. Llegados a Santa Fe, asistieron a Misa y luego alquilaron una cabaña en un motel cercano al aeropuerto de Fisherton. Allí tuvieron prolongadas reuniones para ajustar todo lo referente a la tarea inmediata por realizar.

    La misión del grupo era clara. El primer objetivo era sin dudas lograr que Frank visitase a los obispos que figuraban en la lista sugerida por Kamen. Se trataba de obispos "progresistas", que habían dado claras señales de que apoyarían con fuerza cualquier acción renovadora que emprendiese el Vaticano. Frank debía confirmar que así era y, salvo que de las entrevistas surgiesen dudas serias, debía ponerlos al tanto de lo que se preparaba, en forma convenientemente detallada. Estos detalles no los conocerían, por supuesto, Juan Ramón ni Estela. La serie de visitas quedaría exclusivamente a cargo de Frank.

    El segundo objetivo era recorrer diversos lugares del país, para que se pudiese elaborar un informe de la situación religiosa de la Argentina actual, según cuestionarios y normas entregadas a Dora personalmente por Kamen. Debía además detectar o verificar personajes, instituciones, pequeños grupos activos, que estuviesen en la línea del cambio, para confirmarlos en esa línea, y hacerles ver, de algún modo, que se esperaba de ellos que preparasen el terreno activamente para los cambios que se avecinaban, pero sin darles una información detallada por el momento. Estas tareas las realizarían juntas Estela y Dora: Dora aportaría el conocimiento que tenía de los planes y de los objetivos diseñados en Roma, mientras que Estela sabía moverse con facilidad y economía de tiempo por todo el país. Aportaba además sus vinculaciones y conocimientos personales con una increíble cantidad de dirigentes e instituciones católicas del territorio.

    Entre todos, en un par de horas hicieron una selección de los contactos de las libretas de direcciones de Estela, que permitiría elaborar un informe adecuado, y responder las preguntas que traía Dora.

    -Además, ya verás cuántas personas valiosas vamos a encontrar. Haremos una lista que será utilísima en el futuro inmediato.

    Fue fácil y rápido ponerse de acuerdo sobre el recorrido que le correspondería a Juan Ramón, el de su visita a los obispos y dirigentes más conservadores, para evaluar hasta qué punto se opondrían al cambio, y que peligro existía de que se produjesen cismas, a fin de estar prevenidos.

    -¿Cómo piensas encarar las entrevistas, Juan Ramón? -preguntó Frank.

    -Voy a echar mano a un proyecto que en realidad estuve acariciando mucho tiempo, y que incluso estuve discutiendo con algunos amigos: fundar una Editorial que difunda el pensamiento de la Iglesia. Con ese pretexto me parece que tendré oportunidad de explorar el modo de pensar de mis entrevistados.

    -Interesante idea. Te sugiero que plantees expresamente el tema de los cambios que se están anunciando, y averigües hasta qué punto están enterados o sospechen la existencia de un plan.

    Entre todos elaboraron un borrador de los cuestionarios que Juan Ramón debía concretar.

    -¿Cuánto tiempo tendremos para hacer todo esto? -preguntó Estela.

    -Dentro de dos meses yo deberé viajar a Brasil, para colaborar con la tarea allí -explicó Frank.

    -Pero nuestro programa demandará más que eso -alertó Estela

    -Por supuesto, ustedes pueden continuarlo aunque yo me vaya. Propongo dos etapas para vuestros viajes, y que nos reunamos en un punto que fijemos, por ejemplo dentro de un mes y medio.

    Solo quedaba por organizar la tarea de Frank.

    -Esta es la lista de obispos y otros personajes que debo entrevistar -dijo Frank- y sus domicilios. No son más que diez, pero están desparramados por todo el país. Tendrán que ayudarme a organizar el recorrido más sensato posible. ¿Podré completar las visitas en algo así como un mes?

    -Las distancias son largas aquí -Juan Ramón dudaba- y no podemos contar con que te reciban de inmediato en cada caso, si no tenés concertada la entrevista. Y no conviene andar avisando por teléfono con tanto tiempo, ¿verdad?

    -No me gustaría. Es mucho el riesgo de que se alerten quienes no deben estar alertados. Algo me dice que deberíamos extremar la prudencia en todo esto.

    No estaba equivocado Frank. En esos momentos llegaba a Ezeiza uno de los personajes enviados por los que vimos reunidos en las penumbras romanas. Llevaba bastante información en su portafolio como para localizar rápidamente a nuestros amigos.

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    No eres blanca ni gris. No eres negra.

    Muerte, despliegas tus dos mil banderas.

    Muerte en el mar, te pintas

    con el verde de las algas, con los hongos verdes.

    Roja eres, muerte, en la batalla,

    y eres azul sobre la nieve fría.

    Si por la fiebre matas, te sonrojas,

    y te tiñes luego de color marfil.

    Muerte Arlequín, te vistes

    con los vivos colores de la Vida.

    La imitas , Muerte, pero no la igualas.

     

    9- Confirmándose en la fe.

    Una reunión de truco y taba en un almacén de campo. Podríamos haber dicho en una pulpería, pero sería nada más que un pretencioso alarde literario. Ya no existen las pulperías, hace mucho que no existen. Suelen nombrarse como "boliches" los despachos de bebidas que todavía reúnen gente, al lado de los almacenes de campo. Esos que aparecen en una esquina de las afueras del pueblo, como parada en un camino.

    Podría ser también un alarde literario decir que en este boliche se estaba payando o guitarreando. Estas escenas son también anécdotas ya pasadas, y he de admitir que nunca vi una de tales reuniones musicales. Sería, pues un alarde literario si no fuese que, en verdad, en este caso, unos pocos guitarreros y cantores, estaban amenizando la tarde.

    Cantaban alguna chacarera. Un hombre que evidentemente no era del lugar, por su piel no tostada, quizás un viajante de comercio, que había ganado la simpatía de todos con sus chistes y ocurrencias, interrumpió pidiendo:

    -¡Aro, aro, aro...!

    Cesó la música, y se suspendió un instante también la partida de truco, para escuchar la salida del muchacho.

    -Una vez yo vide un tero

    que tenía un canto largo.

    Para decir teru tero,

    decía "teruuutero, teruuutés":

    Era un tero cordobés.

    La justa entonación que dio a la tonada cordobesa, hizo reír a todos. Iban a comenzar nuevamente los músicos, pero los interrumpió un nuevo "aro, aro, aro". Era otro muchacho de la misma mesa, cordobés él, y a quien sin duda había sido dirigida la estrofa:

    -Y otra vez yo vide un tero

    que tenía un canto triste.

    Cuando le daban alpiste,

    cantaba frunciendo el ceño:

    es que era un tero porteño.

    Nueva algarabía, y continuó la música, las partidas, las conversaciones.

    En una mesa un tanto arrinconada, Juan Ramón conversaba con el Padre Herberto, nombre demasiado complicado para un cura de campaña, que la gente modificaba de modo vario: El Beto, Alberto, el cura Berto, o simplemente, el Padre de la Capilla del Arroyo.

    Casi pelirrojo en el poco pelo que le quedaba, y con algunas pecas, era fácil admitir su ascendencia Irlandesa. Algunas misiones en el interior lo habían encariñado con nuestra gente campesina. Y algunas discrepancias con sus autoridades religiosas, lo habían finalmente confinado a la atención de una oscura y olvidada capilla que vaya a saber qué ricachón del siglo pasado había erigido pidiendo perdón por sus pecados. Curiosamente, no había placa de bronce que certificase el hecho, pero un letrero inciso en el frente de cemento denunciaba seguramente el nombre de la esposa del donante: "Capilla Santa Isabel". El nombre, firme todavía en la pared y resaltado por el musgo, hacía ya mucho que se había borrado de la mente de los vecinos, y ahora se trataba, como dijimos, de la "Capilla del Arroyo".

    Después de algunas copas, hacia la capilla se fueron, caminando despacio, el cura y Juan Ramón. Hacía años que se conocían, al principio como confesor y penitente, luego como guía espiritual y discípulo, y finalmente como amigos. Cada vez que una noche difícil se cernía sobre el alma de Juan Ramón, viajaba hasta ese pago en busca de que el viejo cura le aclarase el panorama.

    No le resultó difícil cuestionar las actitudes de la Iglesia, frente a un hombre que las había sufrido en carne propia.

    -¿Cómo puede ser que hombres tan preparados, que creen en Dios, que creen en la Iglesia, actúen así, casi como gerentes de una empresa con fines puramente terrenales? ¿Cómo se dejan enamorar por la burocracia y por el poder?

    -Es que no creen en la Iglesia. Por lo menos no en la verdadera Iglesia que, casualmente, es la única. Y santa. No creen en la Iglesia, que somos todos los bautizados juntos, si no, confiarían en ella.

    ¿Porqué no se hace público todo lo que se actúa en la Iglesia? ¿Por qué hay cosas que maneja el Representante y se ocultan a la Asamblea? ¿Por qué tanto sigilo, tantas bocas selladas? ¿Por qué, por ejemplo, una regulación matrimonial se realiza en una ceremonia "privada"? Más aún ¿por qué en tantos casos no se acepta el vínculo matrimonial precedente, y se insiste en una acción litúrgica? ¿Es necesaria esa acción, o la hemos hecho necesaria a fuerza de teología y ritual? Te diría que gran parte de la Liturgia es la burocracia de la Iglesia, si no fuese que en realidad existe también en la Iglesia la burocracia de papel y tintas, o de computadora ahora.

    Amo las liturgias. Pero ¿no es en gran parte magia? ¿Será que todavía necesitamos al hechicero? ¿No nos enseñó nada Cristo?

    No pudo evitar Juan Ramón una sonrisa interior. Este cura siempre hablaba así, y con la misma energía. Era fácil explicarse el por qué de su "segregación".

    -De todos modos -argumentó-, se ven cambios en la que llamamos "burocracia" de nuestra Iglesia. Muchos cambios en estos cinco años del nuevo Papa, pero ya desde hace tiempo se nota una adecuación a los tiempos modernos. Por ejemplo, en la rapidez con que se realizan algunas canonizaciones, cosa impensable siglos atrás.

    -Sin duda, aunque mejor no hablemos del ejemplo que me das. En algunos de esos casos, se ha notado la influencia, inconveniente, de alguna Congregación Religiosa.

    - Y no me extrañaría si esa influencia aparece acompañada de algún tintineo sospechoso.- agregó Juan Ramón.

    -Peor para ellos si es así. Habrían obtenido nada a cambio, porque en la realidad de las cosas, nada les agrega un santo sobre un altar, y habrían pagado encima. Creéme, Juan, gran parte de todo este espectáculo que se arma hoy alrededor de beatos, santos, vírgenes y mártires es una diversión, en el verdadero sentido de la palabra, que nos aleja o nos distrae de la búsqueda de la verdadera vida cristiana. Una cosa es el reconocimiento espontáneo que pueda hacer el pueblo de las virtudes de un bautizado, diciendo por ejemplo: "Qué gran tipo fue Francisco" y otra que tengamos que editar un "Flos Sanctorum" para explicar a los fieles por qué San Enrique Rey puede ser invocado en nuestra oración.

    Pero vos me pedís un consejo para tu actuación futura, y te lo voy a dar.

    Dejálos que se entretengan. Observá el paso de los intelectualoides, de los teologoides, de los filosofoides, que gastarán su vida (de buena fe, en muchos casos, estoy convencido. Y no se si no es eso lo peor) poniendo ladrillos sobre ladrillos de una estructura eclesial que Cristo no pidió. Por lo menos, consta todo lo contrario. Dejálos. Cuando te aburras, dejálos, y dedicate a estudiar a Francisco harapiento, buscando las huellas del Señor en el barro, en el polvo, en el asfalto, para poner sobre ellas sus pies descalzos.

    Sobre sus huellas, trataremos de ser, como nos pidió, perfectos como el Padre es perfecto. ¿Perfectos como el Padre? Inalcanzable. Pero a pesar de ello, es nuestra meta. El paradigma no es solo psicológicamente necesario, para sostener bien dirigido nuestro impulso. En este caso, es principalmente un misterio, y como tal, pone a prueba nuestra fe.

    Nuestra razón y nuestra experiencia nos aseguran que no llegaremos a ser perfectos. Pero nuestra fe nos impulsa decididamente a intentar alcanzarlo, con la seguridad que nos da el Verbo al indicarnos el camino. De un modo misterioso, llegaremos.

    Juan Ramón pasó un par de días con su amigo, intercambiando opiniones sobre el momento que estaban viviendo, fortaleciéndose en las decisiones tomadas, y preparando su trabajo futuro.

    `

    Esta entrevista era parte de lo planificado. Cada uno de los cuatro apóstoles buscaría consejo o haría una especie de retiro preparándose espiritualmente para encarar la tarea nada fácil que les aguardaba.

    -Aprovechemos el tiempo que tengamos para prepararnos, porque después la tarea será cada vez más agotadora, y no tendremos muchas oportunidades para hacer un alto -aconsejó Frank.

    Por su parte, Frank y Dora decidieron pasar tres días de meditación e intercambio con el Obispo Luterano de Buenos Aires, a quien habían conocido bastante íntimamente en varios congresos y reuniones ecuménicas. Aprovecharían también para planificar futuras acciones conjuntas, y llevaba para ello precisas instrucciones de Kamen.

    Estela adelantó su visita anual al P. Francisco, su consejero espiritual desde hacía años, radicado ahora en La Plata.

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    Estela encontró al P. Francisco exponiendo en una conferencia semipública.

    El cura era un intelectual. Un intelectual casi rebelde, y un poeta. Un intelectual que se sabía cercado por un estructura que soñó maternal, durante su preparación para el sacerdocio, y que descubrió luego, si no carcelaria, por lo menos demasiado rígida para convivir con un mensaje como el de Cristo. Su actitud de lucha lo había postergado una y otra vez en las misiones pastorales, y se le había reservado el asesoramiento de escuelas y centros de salud, lugares no peligrosos. Cada tanto, como esta vez, era invitado a celebrar en algún acontecimiento donde se reunían personajes de las letras y de las ideas. Hoy el motivo de la celebración era la creación de un centro de formación cristiana. El P. Francisco hablaba con vehemencia:

    -El verdadero milagro no es que la Iglesia haya perdurado durante estos veinte siglos a pesar de tantos ataques soportados. El milagro es que el mensaje de Cristo persista a pesar de la Iglesia.

    La Palabra, el mensaje de Cristo ha persistido. Se transmite su esencia, a veces escondida en un pequeño grupo de hombres santos.

    La Palabra persiste, a pesar de la disección a la que la someten los teólogos.

    Persiste, a pesar de la imposición llevada a cabo por las cruzadas de todos los tiempos.

    Un mensaje como el de Cristo, tan íntimo y personal, curiosamente persiste a pesar de su proclamación pública.

    Una Iglesia fundada casi sin estructura, persiste a pesar de su meticulosa estructuración posterior.

    Persiste a pesar de su poder terreno, a pesar de su prestigio como institución, habiendo sido preparada para estar fuera del mundo, y como crítica a todo lo instituido.

    El Mensaje persiste, y permítanme que lo explique, a pesar del poder de convicción de la Iglesia.

    Pablo, Pedro, Santiago, llevaron sus convicciones al mundo de entones. Pero en cada Iglesia que fundaron, quedó una pequeña semilla en el corazón de muchos que vieron a Cristo en sus mensajeros, a pesar de sus mensajeros, a pesar de las convicciones personales de sus mensajeros. Muchos que recibieron la Semilla, que se sintieron genuinamente indignos, y que guardaron en su corazón la luz. Hicieron lo que pudieron, y encendieron a su vez otras luces en otros corazones.

    Luego Constantino. Tradujo el mensaje a un lenguaje quizás impropio. Pero detrás de las corazas, los escudos, los títulos y los códigos, prendida a ellos como un abrojo, inadvertida a veces como un abrojo, la Palabra persistió.

    Los curas que llegaron a América.. Los Obispos que levantaron templos. Los monjes que castigaron sus cuerpos... quizás se equivocaron muchas veces. Pero siempre alguien vio la luz, y la mantuvo, y la Palabra persistió.

    No temamos. A pesar de nosotros mismos, la Palabra persistirá. Porque es el Espíritu quien la impulsa. A nosotros nos toca solo mantener los ojos abiertos, para que ese abrojo no pase inadvertido. Y estar dispuestos a la entrega total, cuando la circunstancia, por increíblemente extraña que nos parezca, nos convoque.

    `

    -Nunca como ahora, querido Frank, he sentido tanta esperanza y tanto temor a la vez -el obispo hablaba mientras servía a sus amigos una taza de té-. Los progresos que tanto tu Iglesia como... digamos mejor, que nuestras Iglesias han hecho estos últimos años para acercarse, recuerdas, eran inimaginables cuando nos reunimos por primera vez, recuerdas, casi a escondidas, junto al Rhin. Kamen es sorprendente, es valiente, es más que lo que esperábamos muchos. Y todo me llena de esperanzas, porque todo parece dirigirse hacia la unión tan esperada, a la disolución de las barreras tan odiadas.

    Pero la misma reflexión acude cada vez a mi corazón: ¿estaremos todos dispuestos? Dispuestos a afrontar lo que el Espíritu nos pida. A descubrirlo con lucidez. A no permitir que nuestros duros corazones, que nuestras oscuras ambiciones se interpongan una vez más en el camino.

    -Para eso he venido, amigo. Para eso hemos venido con Estela. Tengo varios encargos directos de Kamen, que te iré dando estos días. Pero el principal, es que nos unamos en una oración sincera y en un tiempo de meditación fraterna, que sirva de riego vitalizante para la obra que él está a punto de comenzar.

    `

    Para los cuatro estas visitas espirituales resultaron experiencias renovadoras, y realmente se sintieron con nuevos impulsos para acometer la tarea encargada.

    Volvieron a reunirse brevemente en Buenos Aires, y se lanzaron a la acción. Como ya vimos, los movimientos de Dora y Frank eran vigilados. El primero en comenzar el viaje fue Frank, y el seguidor fue tras él.

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  • De pronto, en la penumbra desde la que acechaba, lo vi aparecer. Caminaba rápidamente y llevaba el famoso bolso a cuadros. Lo seguí casi deslizándome. La penumbra se transformó en niebla, y la ciudad en carretera. Una desierta carretera que desembocaba en un granero. Allí dentro esperaban dos hombres, casi dos sombras, que recibieron el bolso y repentinamente desaparecieron.

    El hombre se volvió hacia mí, me descubrió, adivinándome entre las sombras donde yo estaba acurrucado, y con una enorme carcajada accionó una palanca. Se abrió un silo y una lluvia de mazorcas secas comenzó a caer sobre mí, a golpearme, a hundirme, a aturdirme. Luego, un gran silencio, una gran opresión y un ahogo alérgico, donde cada partícula desprendida del maíz era un agresor poderoso. Curiosamente, yo no estaba muerto, y tenía una lucidez asombrosa, que me permitía valorar exactamente mi situación. Mi primer problema, después del revolcón, era recuperar el sentido de orientación, y darme cuenta de la dirección en que debía intentar cavar para escapar. Me sentía como un guijarro perdido en el espacio, y nada me decían palabras como arriba o abajo. Dejé que un poco de saliva escapara entre mis labios. La baba se escurrió por mi mentón: ya sabía hacia dónde estaba mi salida. Pude subir un poco los brazos, llevando las manos hasta la altura de la cintura. Abrí los dedos, me apoyé en las espigas y empujé, como para levantarme de un sillón. Me elevé unos centímetros. En el sueño no pude precisar cuánto tiempo estuve repitiendo ese ejercicio, pero finalmente me encontré liberado de mi prisión, de nuevo en la ruta. Perdido en la niebla.

  • 10- Visitando obispos.

    Frank nunca había tenido pesadillas, o casi nunca. Pero ahora se despertó agitado y empapado... Reflexionó: la fe no excluye la psiquis. No la niega, no la sustituye. El subconsciente permanece oculto . El consciente solo nos permite ver una parte iluminada de nuestra realidad. Esa es la misión del psicoanálisis: intentar, como con una linterna, iluminar otras partes de lo que no alcanzamos a ver. No era suya la definición, pero era la mejor y más clara que había escuchado nunca.

    Frank tardó en recomponerse, después de la angustia sufrida durante el sueño. En la oscuridad, intentó adivinar la hora, sin encender la luz, para evitar molestar a Dora. Intentó un momento de oración. Pronto su pensamiento se desvió a lo que sería su misión en cuanto amaneciese.

     

    -Mañana saldré temprano. Me aguardarán, me acecharán. en el camino. En los caminos, en cualquier camino que tome. Puedo cambiar mi rumbo, pero no mi destino. Debo ser fiel a mi misión. Visitaré a un obispo o a otro, a todos los del listado si puedo. Les dejaré los mensajes encargados, hasta que pueda, pase lo que pase. Pediré al Señor que aparte el cáliz. Lo haré por salvar la vida, pero no a costa de la misión.

    Volvió a dormir. Y al día siguiente inició su viaje.

    Después de cada entrevista Frank preparaba un meticuloso informe, detallando los puntos sobre los cuales había informado al obispo entrevistado, y también las respuestas al cuestionario encargado. Lo completaba con algunos apuntes de lo observado, y con algunos párrafos de los entrevista que le parecieran más interesantes. Veamos algunas de estas notas:

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    Monseñor Alcidián, a pesar de sus sesenta años, es ágil, deportista, jovial. En su momento fue el obispo más joven del país, y hoy pareciera serlo todavía. Tiene ideas muy claras sobre el destino y el porvenir de la Iglesia, y expresa un profundo amor al Concilio Vaticano II:

    "-Al destacar la importancia de la llegada del tercer milenio, Juan Pablo II nos "pedía a los obispos que alertásemos a los fieles sobre la crisis que se avecina en el "cristianismo. Crisis que será de crecimiento, pero que necesita de nuestra acción clarividente, "de una intenso discernimiento, para que se oriente hacia una purificación de nuestra fe."

    "Después de un marcado retroceso en la historia de la Iglesia de los últimos 200 "años anteriores al Vaticano II, este Concilio apareció como un signo de Dios para revertirlo."

    "Entre Descartes y los enciclopedistas forjaron una especie de divorcio entre lo "religioso y la vida. La Iglesia, en una curiosa adaptación a este movimiento, adoptó una onda "racionalista, poniendo énfasis en lo dogmático y filosófico."

    "El Vaticano II se vuelca hacia lo pastoral, con una vigorosa revitalización de la "Palabra de Dios. Y ahora se le presenta al cristiano la oportunidad de llenar el vacío espiritual "que se había generado. Expresamente, Vaticano II quiso poner a toda la Iglesia en estado de "conversión."

    "¿Que Vaticano II no consiguió la totalidad de su propósito? Logró la mejor "revisión posible en esas circunstancias."

    "Una tarea fundamental de la Iglesia hoy es lograr la reconciliación de los "pueblos, para cerrar las heridas que han producido las atrocidades de los últimos siglos. Esta "reconciliación solo se logrará por el camino que pasa por la verdad, por la justicia, por la "caridad y por el perdón."

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    Monseñor Ansello es un reflexivo y un intelectual. Su acción pastoral se ve enriquecida por sus largas meditaciones sobre la Palabra Divina. Además, no pierde nunca el contacto directo con el pueblo. Me resultó especialmente curiosa esta homilía que le escuché en una misa dominical:

    "-Cada día alguno de ustedes, queridos fieles, se me acerca para consultarme "preocupado por los cambios que cada vez más aceleradamente se van introduciendo en "nuestra Iglesia. Y todos ustedes habrán escuchado también con alarma voces que llamaríamos "conservadoras, que creen ver en estos cambios signos de un peligro grave para la integridad "de la Iglesia."

    "No nos engañemos. La Iglesia no está en peligro. La Iglesia permanece y "permanecerá, porque constituimos el Cuerpo de Cristo, y Cristo resucitado no padece ni "muere."

    "Pero ¿sabemos en verdad cuál es la Iglesia? ¿O quizás nos dejamos confundir "por lo que no es más que una estructura? La estructura, la armazón, la organización externa "de la Iglesia es solo un intento de hacerla visible. De darnos elementos para poder entrar en "contacto con ella, a pesar de nuestras limitaciones."

    "Estructura que es importante, casi necesaria, o por lo menos inevitable. Pero "de ningún modo intangible, de ningún modo no modificable."

    "Estructura que nos confunde, porque su decadencia y sus fallas nos asustan y "nos inducen a pensar en una crisis de la verdadera Iglesia."

    "Nos aferramos al relato de la barca, que hoy hemos leído, e imaginamos que "Cristo acudirá a apaciguar las tormentas y a salvarla . ¿Salvar la barca? ¿Vino Cristo a salvar "la barca? ¿Le importaba a Cristo la Barca, o sus pasajeros? Ecclesia es reunión, no lugar para "la reunión."

    "Ecclesia son los apóstoles, son los hombres, somos nosotros, si unimos las "manos en su nombre. Y esta Iglesia sí, esta Iglesia no morirá. Porque esta Iglesia, esta Iglesia "sí es Cristo. Y esa es nuestra fe, y en esta fe, firmes en ella, sí es verdad que no debemos "temer. Pero debemos mantener muy abiertos los ojos, para poder descubrir a la verdadera "Iglesia, tantas veces escondida tras la estructura."

    "Esta Iglesia de Cristo permanecerá siempre, a pesar de las vestiduras con que la "hemos complicado, tras los códigos, las liturgias, las bulas, y las jerarquías."

    "Tras los pecados y los errores, pero también tras los santos y sus "canonizaciones, tras los milagros y sus celebraciones, debemos descubrir el mensaje vivo, el "modelo de vida, la vida que es Vida. Vía, veritas, vitam."

    "Humillémonos, para que el Señor nos ayude. Reconozcámonos ciegos, "digamos "¡Señor que vea!", para que Él nos aplique su barro. Y descubramos su Figura tras "los harapos de Francisco y también tras la armadura de Juana. Tras el hábito que acaricia "moribundos en Calcuta, y tras la sotana blanca que recibe a un diplomático en Roma. Tras la "ermita y tras la Basílica. Todo eso es nada más que ropaje. La Iglesia es carne y sangre."

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    Monseñor Tadeo ha sido monje, y aceptó el cargo pastoral que le indicó su superior, por obediencia. Mantiene fiel cumplimiento a la advertencia Ora et Labora, y me recibió en el huerto que cultiva en un jardín del fondo de la Catedral. Estaba juntando zapallos, tomates, habas y otras verduras. Al día siguiente debía hacer una visita pastoral a una parroquia alejada, y es su costumbre llevar hortalizas como obsequio en cada una de sus visitas.

    Monseñor Tadeo es genuinamente humilde y sencillo. Lo suyo no es una pose. Pero esas actitudes esconden a la vista de muchos un realidad interior muy rica. Una gran espiritualidad y una incesante actividad intelectual, que se manifiestan humildemente, como no podía ser de otra manera, en una serie de libros de meditación, cuentos que eran en verdad parábolas. La sencillez aparente de sus obras las hacían enormemente populares, entre la gente sencilla, pero daban también ocasión a meditación y asombro en mentes más preparadas.

    "-Querido Frank, lo que tu me dices evoca en mí dos respuestas: primero, "puedes llevar a Kamen la seguridad de que con el mismo fervor que puse en obedecer a mi "superior para aceptar esta misión pastoral, aceptaré cualquier misión que él me pida (porque "sé que no me exigirá nada; no es su estilo), con cariño, y unido con él en la fe. La otra "respuesta. ¡que salto de alegría, y que mis oraciones lo acompañarán siempre!"

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    Por su parte, Juan Ramón visitaba esforzadamente a los obispos más conservadores, de los cuales solo debía dar su opinión sobre cual sería la reacción que de ellos podía esperarse en caso de grandes cambios, de cambios fundamentales e inesperados. Sus informes, como ya señalamos, ayudarían a prevenir males mayores para la Iglesia en su conjunto, y para los fieles. Habría que dedicar una especial acción "catequística" y de concientización para con ellos. Pero no sería esa la misión de Juan Ramón.

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    Hacía días que Juan Ramón había pedido la audiencia, que en verdad le fue concedida porque había invocado hábilmente nombres y antecedentes apropiados. Sonrió, pues Monseñor no lo atendería en privado, sino acompañado por uno de sus consejeros. Sabia precaución para enfrentar una situación desconocida, que podría ser complicada.

    -Monseñor: he pedido esta audiencia porque quisiera su consejo para orientar adecuadamente mi vida, mis últimos años, en favor de la Iglesia. Y me interesa especialmente su opinión y consejo, porque, aunque es la primera vez que nos vemos, sé que usted tiene amplios conocimientos de la realidad de la Iglesia universal y, podríamos decir, lidera una fuerte corriente de opinión en la Argentina.

    Ya estoy llegando a la jubilación, que me depara tiempo sin apremios económicos, y me gustaría dedicarme a alguna tarea de provecho, por ejemplo la creación de una Editorial de orientación católica.

    Como ya vimos, no mentía Juan Ramón, pues esa idea la estaba realmente trabajando desde hacía tiempo. Claro que hoy había otros motivos que lo llevaban a entrevistarse con Monseñor.

    Tras un rápido intercambio de miradas con su asesor, el obispo se relajó un poco y comenzó a interesarse en la idea.

    -Muy noble parece su propósito, sobre todo si como me dice dispone de los medios materiales para emprender la tarea, y de la formación y los contactos oportunos para dar a la editorial las características apropiadas. No le escapará que intentar darle una orientación acorde con la doctrina de la Iglesia es una tarea bastante difícil...

    -Es allí precisamente que veo la necesidad de buscar todo el consejo posible. Imagino darle a la empresa una orientación que resuma lo mejor de cada posición, dentro de la ortodoxia de nuestra fe. Lo mejor de lo que podemos llamar la avanzada católica, pero también los valores tradicionales.

    -Muy apropiado. Pero teniendo en cuenta que cuando se nos aconseja "libertad en lo opinable", justamente se rescata el cuidado que debemos tener en proteger lo no opinable. Estoy hablando con un intelectual, y casi me avergüenza recurrir a un lugar común tan gastado. Pero es así: el peligro del uso de la libertad radica en no reconocer adecuadamente los límites que la separan del libertinaje. Por eso yo comenzaría por considerar los males y peligros que amenazan a nuestra Santa Madre hoy. ¿Cuáles son? Indisciplina. Una excesiva desviación hacia lo popular. Alejamiento de Roma...

    -Aunque hoy, francamente -intervino el asesor- no sabemos si se trata de alejamiento de los fieles, o de lasitud de la mano que debe guiar...

    Juan Ramón se sabía observado, estudiado. La conversación entraba en zonas peligrosas. El Obispo continuó:

    -Ése es precisamente, otro de los peligros a considerar -continuó el obispo-. En Roma, una mano débil. Puede perderse un centro de referencia. Hay señales de que se pueden perder los canales para recaudar los medios materiales que se necesitan para las obras apostólicas. Se intentará volver a las formas primitivas, renunciando a la posición tan trabajosamente lograda, desde... que se yo, desde Constantino.

    -¿Realmente hay un movimiento desintegrador tan fuerte como el que usted describe? ¿Es realmente un peligro que deberemos enfrentar? ¿O se trata simplemente de opiniones sobre lo opinable, como usted decía..?

    -En mi opinión, y está avalada por un conocimiento amplio de nuestra Iglesia, y por numerosos e importantes contactos en Roma, el peligro existe. Lo curioso que este volver hacia atrás se propone junto a las más desagradables ideas "evolucionistas", como propiciando un Darwinismo hacia atrás.

    Se recostó en su asiento, disfrutando de la ingeniosa idea que había logrado expresar. Juan Ramón intentó ir un poco más allá:

    -¿Realmente debemos pensar en que en Roma la opinión es homogénea con respecto a los cambios, o se está discutiendo allí el rumbo a seguir?

    -Comprenderás, hijo, que debo ser prudente en mis comentarios, y hay cosas que debo mantener en reserva. Pero puedo asegurarte que ni la opinión es homogénea, ni se está discutiendo. Las medidas que se toman, se toman no sin cierta falta de consenso -nuevamente Juan Ramón sonrió en su interior, al reconocer el clásico rodeo literario, casi un tic del lenguaje curialesco-. Pero quienes no están totalmente de acuerdo con ellas, están trabajando activamente para que su opinión tenga de algún modo, fuerza.

    El dato era valioso, pero Juan Ramón se dio cuenta de que no sería profundizado, y cualquier pregunta adicional de su parte lo haría sospechoso. Así que derivó la conversación hacia el tipo de material que pensaba publicar.

    -...y estoy pensando en algo muy popular, en algo que pueda llegar a un amplio público, quizás a través de una distribución por los quioscos de periódicos.

    La respuesta del obispo fue hábil y elocuente:

    -El común de nuestro pueblo, el cristiano que podríamos llamar simple, sin duda merece, y necesita, que se le entregue material catequístico que le ayude a formarse, por lo menos en lo elemental de nuestra fe. La papilla de que se nos habla en las Escrituras. Pero es muy importante que atendamos también, y te diría que no sin preferencia, a quienes por su formación necesitan comidas más substanciosas. Debemos tener en cuenta que, si bien todos los bautizados forman el Pueblo de Dios, la intelectualidad, los dirigentes, los que ocupan puestos que los ponen frente la responsabilidad, dura y difícil, de hacerse cargo de sus hermanos menores, merecen que se los atienda muy especialmente. Y, en el caso que nos ocupa, debiéramos poner a su alcance obras de los grandes pensadores de nuestra fe. De todos los tiempos, y de hoy también.

    El listado de esos grandes pensadores que Monseñor improvisó, no dejaba dudas sobre cuál eran sus posiciones teológicas y pastorales. Juan Ramón dejó que la conversación languideciera hacia vaguedades, hasta que el discurso del obispo llegó al infaltable:

    -...con gusto doy mi bendición a tu proyecto -su mano derecha, en un gesto casi reflejo, se levantó levemente-, y espero continuar en algún momento esta interesante charla.

    Monseñor miró a su secretario, quien se incorporó, dando por terminada la entrevista. Juan Ramón se incorporó a su vez, y se acercó al obispo, quien le extendió su anillo.

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  • A partir de ahora, seguiré trabajando con lápiz y papel. Cada vez me resulta más penoso levantarme, y todos los ensayos de adaptar el teclado a la cama fracasaron.

    No es falla de los mecanismos. Soy yo, que estoy muy fastidioso. Así que recurro ahora al viejo método del lápiz y la libreta de notas. Más lento, y es una lástima. Más desordenado, pero esto no importa tanto. Total, si el escrito finalmente vale la pena, alguien se encargará de emprolijar todo esto algún día.

  • 11- Las sacerdotisas.

    Juan Ramón y Frank ya habían partido, cada cual a cumplir sus tareas. Estela y Dora comenzaron con sus viajes. Entre las visitas previstas figuraban los contactos con comunidades donde trabajaban mujeres consagradas a tareas apostólicas. Tenían autorización para incorporar al Sacerdocio dos o tres de ellas, en los casos donde juzgasen que pudiera ser escasa la atención pastoral por parte del clero existente.

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    Te encontrarás con una mujer sencilla, de lenguaje llano y casi doméstico, en la cual no alcanzarías en un primer momento a reconocer una religiosa. Parece un ama de casa, quizás una solterona. Pero en cuanto profundicemos la conversación, advertirás que se trata de una mujer de fe intensa y firme, y muy "en las cosas". Huye de los dogmatismos, no se escandaliza por nada, comprende cordialmente al prójimo y a sus problemas.

    Elsa, la Hna. Elsa como nadie la llamaba, era tal como la había descripto Estela. En un tiempo habían pertenecido al mismo "grupo de base", intimando profundamente. Después, la comunidad religiosa a la que Elsa pertenecía se había reducido bastante y en Buenos Aires quedaba ella sola. Así que la habían destinado a regentear una casa de ejercicios en un pueblito del interior. Como ama de casa era perfecta. Con ella vivían un par de Hermanas bastante ancianas, que colaboraban en todo lo que podían, pero que en realidad estaban a su cuidado.

    Se van a quedar un par de días, por supuesto -dijo Elsa- Tengo libre una habitación, y el grupo que ocupa el resto de la casa se las arregla muy bien sin mi ayuda. Solo tengo que cocinar a mediodía, porque a la tarde hacen ellos una parrillada. Y cocinar entre tres, es más descansado..

    ¿Tenés algún problema en que nos quedemos, Dora?

    No, no tenemos fechas estrictas para nuestro recorrido, salvo la fecha final. Y si a ti te parece que tendremos tiempo....

    Cenaron con las dos ancianas, y tuvieron una prolongada sobremesa. Que fue interrumpida por una repentina llamada a la puerta de entrada.

    Qué extraño. Es bastante tarde... -Elsa fue a atender y pasó rápidamente por el comedor, seguida por una joven, cohibida y con señales de haber llorado- Enseguida regreso.

    La Hna. Tere, una de las ancianas, dijo:

    Drama de familia, con seguridad. ¿No es la chica de los Farías?

    Sí, es ella -dijo la otra Hna.- Como siempre, vienen a pedirle ayuda a Elsa. Todo el que tiene problemas en la zona viene a buscarla a ella antes que a nadie. Antes que a la policía, y antes que al párroco, por supuesto...

    ¿Por supuesto..? -interrogó Estela, quien nunca perdía detalle.

    Sí, por supuesto. El cura que nos ha tocado podrá ser un santo, no soy quien para dudarlo, pero está lejos de la realidad. Es un espanta gente. Demasiado apegado a las reglas, al código de derecho, a los manuales de Teología Moral. Y aquí, lo que se necesita es comprensión humana, y soluciones prácticas. Esta chica que llegó, seguramente está escapando de su padre borracho. Nadie mejor que Elsa para atender el caso. Le dará refugio por esta noche, seguro. Y mañana irá a ver a la familia, le dará un reto al padre, con lo que lo avergonzará y lo detendrá por un tiempo... Así es Elsa. Y no largará el caso hasta que no esté segura de que las cosas están marchando bien. Y hasta que no vea casada a la piba.

    Al día siguiente mantuvieron una larga charla a solas con Elsa, dándole oportunidad para que les contase cómo era su actividad apostólica con el barrio. Y luego deslizaron opiniones sobre los cambios que se estaban produciendo en la Iglesia.

    ¡Cambios! ¡Cambios! ¡Sabés todo lo que rezo pidiendo cambios! -dijo con espontaneidad Elsa- No es suficiente todavía lo que se está haciendo. El pueblo de Dios ya está preparado para comer comida fuerte, y no podemos aceptar que se nos maneje como rebaños. No podemos tampoco aceptar que se trabaje fuera de la realidad. Por supuesto que esta realidad está muy, muy lejos de la doctrina de Cristo. Pero ¿qué vamos a hacer? ¿Vamos a condenar a todos los pibes que se drogan? ¿Vamos a permitir que sigan robando y terminen su aprendizaje en la cárcel, eso sí, lejos de nosotros para que no nos contaminen? ¿Vamos a patear afuera a todos los jóvenes que se casaron sin saber porqué, y luego se separan? ¿Vamos a patear también a los que "viven en pareja", o les vamos a exigir un sacramento que no entienden siquiera? Podemos intentar una Iglesia limpita y ordenada, pero tendremos una iglesia vacía. Para curar al ciego, Cristo se ensució los dedos con barro.

    Elocuente. Fuerte. Era un apóstol que sabía lo que había que hacer allí. Estela y Dora avanzaron más en sus comentarios y finalmente le explicaran quiénes eran, y parte de su misión.

    Te vamos a necesitar. Pensálo -le dijo Dora-. Nos gustaría ordenarte a ti también . Si te decidís, cuando regresemos de nuestro viaje te veremos.

    Elsa no terminaba de entender ¿Cómo estar segura de que lo que le proponían realmente estaba respaldado por Kamen? No podría. Tendría que resolverlo en oración. Y así lo haría. Lo prometió.

    Pero pueden estar seguras de dos cosas: primero, que seré fiel al secreto que me han revelado, y no hablaré sobre él con nadie, ni aún en confesión. Segundo, que ordenada o no , cuando se produzca el cambio que me explican, estaré del lado de Kamen, sin dudarlo un momento, y me pondré a trabajar por el cambio con todas mis fuerzas.

    He visto el mensaje de Cristo, lo he aceptado. Y trato de vivirlo según las circunstancias de la Iglesia de mi tiempo, de este tiempo que me toca vivir. Pero en el fondo de mi corazón, sé que todo es oropel, apariencia, circunstancias. En el mejor de los casos, solo un medio para expresar el núcleo. Pero que este núcleo no es expresable acabadamente. Sin embargo, se lo puede vivir con el dolor de la imperfección, y se lo puede conservar para transmitirlo. A pesar de todo.

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    Doscientos kilómetros se dicen rápido. Es una distancia considerable en cualquier lugar del mundo, sea como sea. Y en Formosa, con camino de tierra, en camioneta abierta, atravesando la selva en verano... lo menos que se puede decir es que es una experiencia inolvidable.

    Desde Formosa "capital" viajaron esa distancia, en busca de Violeta. "La Hermanita Violeta" le decían los aborígenes, más porque la sentían hermana suya que por alguna connotación religiosa. Que hubiese estado de más, ya que Violeta no era Religiosa. Había consagrado su vida desde hacia... ¿cuántos años?.. a ayudar a los desposeídos de la región, enseñándoles a cultivar huertas, organizando algún "hospital" al que este nombre le quedaba grande, organizando escuelas y procurando que los aborígenes fuesen reconocidos como ciudadanos. Este último detalle era casi su obsesión, era un tic nervioso. Recordaba un viaje en camioneta, en tiempos difíciles políticamente. Fueron interceptados por una guardia que les revisó el vehículo y los documentos. Participaban del viaje dos aborígenes, que no tenían documentación.

    ¿Y ésos?- dijo el guardia que examinaba los documentos.

    Son aborígenes-. Y se acabó el problema. Eran aborígenes. Podrían haber sido vacas o gallinas. Un aborigen no servía ni siquiera para sospechoso.

    ¿Cómo se mantenía Violeta, y cómo mantenía su misión? Con su vida anterior.

    Violeta había sido de familia acomodada, y había heredado algunas propiedades que administraban sus hermanos. Lo producido se destinaba totalmente a la ayuda de los aborígenes. Además, siempre de su vida anterior, mantenía relaciones con mucha gente de Buenos Aires. Escribía a todos, y les pedía a todos, con delicadeza o con urgencia, según fuese el caso. Apelaba a la amistad, al remordimiento, a una amistosa extorsión. Sabía cómo hacerlo.

    ...y de noche, pongo todo en manos de la Providencia. Y ya está.

    Tuvo un sobresalto Dora. Eran las mismas palabras que había escuchado, en italiano, de boca de Kamen.

    Al día siguiente recorrieron algunas de las comunidades. las que alcanzaron, entre las que atendía Violeta. Aprovecharon el viaje para explicarle lo mejor que pudieron cuál era el motivo de este viaje.

    Ya era hora de que la Iglesia despertase... Muchas veces mi oración por la mañana al, despertarme yo, es: "¿Estás despierto ya, Dios mío? ¿Estamos todos despiertos? ¿Y allá en Roma..? Cierto. allá es de noche todavía..."

    Cuando le propusieron ser ordenada, se negó:

    Para mi trabajo, el Orden no hace falta. Mi gente recibe el Bautismo sin problemas, y se casa sin problemas. Tenemos el lujo de recibir cada seis meses la visita de un sacerdote que nos confiesa. Y entre tanto, cuando alguien comete alguna falta contra otro, se disculpa públicamente y es perdonado. Si llega el cambio que me anuncian, los sacerdotes de Formosa lo recibirán con entusiasmo, y sin peligro de que sobrevenga ningún cisma. De todos modos, si llegado el momento el obispo me lo pide, estoy dispuesta a recibir ese Sacramento.

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    Fueron en ómnibus.

    Así vas a ver más de cerca lo que vive esta gente.

    Bajaron pasando la población de Laferrere, en medio de la ruta, como en tantas películas. Una ruta rodeada de pasto y tierra. De polvo, en verdad, porque hacía bastante que no llovía.

    Caminaron unos 500 metros, y entraron en el barrio. Había sido construido basándose en un plano diseñado por gente que sabía. Lotes modestos, pero cada uno con su jardín al frente. Casas sencillas, cada una con su color y su terminación peculiar, pero en todas se dejaba adivinar el proyecto único y común.

    Todos éramos gente sin techo. O con techo precario, o robado. La Comunidad Madre de Dios, organizó este barrio, gestionando (y obteniendo) para cada lote, suministro de agua y de electricidad. Nuestra obligación era pasar a vivir en el lote en un plazo muy breve. Uno o dos meses. Como fuese. Bajo cartón, en carpa, con techo de lata: como fuese. Y luego construir con material, y con techo, en menos de un año, una habitación, un baño y una cocina. Con eso, se nos daba la propiedad de la tierra.

    Nos organizamos como cooperativa. Tenemos un centro de reuniones, una capilla, una escuela. Nosotros mismos nos mantuvimos vigilantes para que cada cual cumpliese con las obligaciones contraídas. Realmente, se logró que el barrio funcione como una comunidad.

    Esta era una actividad muy concreta de la Iglesia, de gente de la Iglesia, muy de acuerdo con la doctrina, y que aportaba soluciones a necesidades reales.

    La falta de vivienda es un mal muy profundamente diseminado por todo nuestro país -decía Estela-. La Iglesia tendrá que dedicar a su solución muchos esfuerzos, mucho más de lo que hoy se está haciendo. Y no te creas que es un trabajo fácil o que se arregla solo con dinero y organización. Cuando se armó este barrio, muchas familias no pudieron aceptar la propuesta, por ejemplo, porque el único trabajo que podían conseguir quedaba muy lejos de acá.

    Está claro que el problema de la falta de trabajo digno agrava la situación...

    Y es de solución más difícil todavía. Pero por lo menos, con estas experiencias se ha logrado que muchos desplazados pudiesen tener acceso a una vida más digna.

    ¡Qué importante es todo esto! ¡Cuánto esfuerzo habrá que dedicar, y con cuanta prioridad! ¡Y cuánto tiempo se ha perdido, hemos perdido, en organización interna de la Iglesia, como si nos mirásemos al ombligo permanentemente!

    Siempre aparece el mismo toque revelador: imaginemos que Jesús estuviese con nosotros viendo estas soluciones y estas necesidades. ¿Nos dejaría pensar en otra cosa?

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    Regresaban las dos mujeres a Buenos Aires, en un ómnibus semivacío. Dora quería aprovechar para conocer un poco más a su amiga:

    Cuéntame un poco sobre tus actividades en relación con el apostolado en la Iglesia . Cora y Reo nos decían que son ustedes activos miembros del Movimiento Familiar. ¿A qué se dedican allí?

    A qué nos dedicábamos. Porque ahora estamos, si no alejados del Movimiento, por lo menos sin actividad fija. Hemos trabajado mucho, en algún momento diría que demasiado, en la preparación de novios. Pero hace un par de años que hemos suspendido ese trabajo. Por varias razones, pero principalmente, por nuestra edad. Son mejor recibidos los consejos de gente más joven.

    ¿Por qué dijiste "demasiado", al referirte al trabajo que realizaban?

    Porque en un momento fue realmente demasiado. Llegamos a dar tres charlas semanales. Eso nos alejaba de nuestras obligaciones familiares, y además nos provocó una tensión que nos puso al borde de la neurosis. Tuvimos que aflojar notablemente la actividad durante unos dos años, y luego la suspendimos totalmente, como te dije.

    De todos modos, fue una tarea enriquecedora. Recibimos mucho de los jóvenes que se casaban, y la tarea nos obligaba a mantener actualizada nuestra fe, y nuestro conocimiento de la realidad social. Y también la vivencia de nuestro compromiso matrimonial. Conocimos gente de todo tipo. Dimos charlas en las parroquias más pobres de Buenos Aires, casi marginales, como alguna vez en Mataderos. Allí encontramos gente de una fe sencilla, pero hermosamente profunda. Más de una vez alguno de los muchachos presentes se despachaba con una especie de confesión...

    ¿Qué es "despachaba" -interrumpió Dora.

    Es coloquial. Quiero decir que imprevistamente algún muchacho entusiasta se largaba a relatar sus vivencias íntimas y sus esperanzas en cuanto al noviazgo, al Matrimonio y a la religión. Recuerdo algunos casos emocionantes. También dimos charlas en las parroquias más elegantes, pero siempre tuvimos la experiencia de sacerdotes de avanzada, críticos de las diferencias sociales, sobre todo. Y en esas Iglesias, "pitucas" como les decimos aquí, se daban esos contrastes sociales como no nos habíamos imaginado, pues junto a las hijas de la gente más rica de Buenos Aires, se preparaban para el matrimonio las humildes jóvenes que trabajaban como empleadas domésticas en sus casas. Quizás fue en ese ambiente donde tropezamos con algunas confrontaciones casi violentas contra la Iglesia y su Jerarquía. Pero la verdad es que muchas veces se lograba un ambiente de confraternidad y colaboración entre las parejas, que borraban las diferencias sociales.

    Como te digo, estas charlas nos obligaron a enfrentar problemas de los más diversos, para nosotros insospechados, y buscarles solución. Chicas que se casaban para huir de sus padres, chicas que llegaban al Matrimonio sin conocimientos sexuales básicos, o con traumas gestados en su adolescencia. Recuerdo el caso increíble de un muchacho que confesó públicamente que no podía, íntimamente, confiar en la fidelidad de su novia, porque él había engañado con sus novias a prácticamente todos sus amigos.

    Más de una vez tuvimos que aconsejar a una pareja que no se casase. Alguna vez también tuvimos que pesquisar casos donde había falsas declaraciones en los expedientes matrimoniales... ¡Tantos hechos vienen al recuerdo! El resumen es que conocimos el Matrimonio desde puntos de vista inesperados, pero mucho más reales que lo que describen los manuales y las teologías. Y nos hicieron poner entre comillas a esos tratados y teologías... Y damos gracias de toda esa experiencia, porque enriqueció, y no se si no salvó, a nuestro Matrimonio.

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    Tengo entendido que en el interior del país hay comunidades de inmigrantes de varias nacionalidades. Incluso alemanes ¿no..?

    En el interior del país podemos encontrar comunidades católicas de inmigrantes, que viven decididamente su fe, pero a veces con matices extraños a los usos y costumbres más generales en nuestra patria. Un ejemplo que Juan Ramón y yo hemos vivido bastante de cerca, es la comunidad tirolesa y friulana de Colonia Caroya. Gente alegre, expansiva, acogedora, con la cual vivimos momentos inolvidables, en ciertos festejos semi históricos, semi religiosos.

    Sin embargo, en esta gente se nota una cierta dureza en cuanto al manejo del dinero. No avaricia, pero sí mucha parquedad en el gasto, o mucha ponderación antes de efectuarlo, lo que podría tomarse como falta de generosidad. Hay razones históricas para ello: descienden de inmigrantes que tuvieron que trabajar muy duramente para instalarse en el lugar. En cierto momento, la población fue totalmente destruida por los indios, y debió ser refundada. Lo lograron, pero a costa de sacrificios inmensos, que los marcaron por varias generaciones.

    También encontrarás comunidades judías, como es el caso en la provincia de Entre Ríos. O, sí, alemanas, como en Córdoba. O galeses en el sur. La inmigración fue en la Argentina muy intensa, y muy variada. Y no siempre se han tenido en cuenta sus necesidades particulares, tampoco en cuanto a la atención religiosa.

    También veo que hay grandes contrastes sociales, en zonas geográficas relativamente pequeñas.

    Así es, en muchas partes encontrarás contrastes sociales intensos. Tomá el ejemplo de San Isidro. Es una de las zonas de mayor concentración de riqueza de los alrededores de Buenos Aires. Pero también encontrarás allí algunos de los más pobres asentamientos de desposeídos. ¿Causas y efectos que se encuentran? Quizás sea una buena explicación. Estos contrastes sirvieron en este caso para que los pastores del lugar hiciesen una tarea envidiable, de acercamiento, de promoción, de mentalización, de ayuda, pero sobre todo de integración de todos los estratos sociales. Si se logró totalmente o no, es otra cosa, pero la tarea continúa. Y esa es la tarea que Cristo nos dejó por hacer: sembrar la semilla de su Mensaje en todos los corazones.

    Imposible abarcar rápidamente todos los temas que le interesaban a Dora. Tenía un listado de preguntas, un cuestionario, que pensaba completar con sus respuestas antes de retornar a Europa. Saltó ahora a un nuevo punto: ¿qué opinaba Estela sobre el celibato sacerdotal? ¿qué opinaba el pueblo argentino en general? ¿cómo se vivía el punto aquí?

    Mi convicción con respecto al tema del casamiento de los sacerdotes, es fácil de resumir: el celibato obligatorio me parece inconveniente, totalmente inconveniente, a la luz de los resultados obtenidos.

    Por lo menos en nuestro país, debemos lamentar la situación de muchos curas frustrados en su vocación, que alguna vez habrá estado teñida de ilusión, simplemente por no haber podido, o sabido, solucionar adecuadamente el problema , cuando se les presentó. Curas arrinconados en capillas o parroquias del interior, sin perspectivas de adelantar en su trabajo apostólico, sin fuerzas para ello, viviendo culpablemente una situación irregular. Otros, más decididos, enfrentaron la situación abandonando el sacerdocio. Lo que no siempre les resultó fácil, sobre todo en casos notorios, obispos por ejemplo. La misoginia de la Jerarquía de nuestra Madre es tal, que los procesos se aceleran solamente cuando aparece un hijo.

    Sabemos que aquí en la Argentina hay varios sacerdotes que participan de las actividades de la asociación internacional de sacerdotes casados.

    Sí, los hay. Y notorios. Pero la mayoría de los sacerdotes casados, reducidos al estado laical, van desapareciendo en la penumbra, desaprovechados tontamente, cuando podrían haber hecho tanto por la Iglesia y por el mundo. Por lo que sé, en Roma misma los ex sacerdotes son tenidos en cuenta con más respeto que aquí. Lamentablemente, aquí se los oculta, como si así pudiese ocultarse la realidad. Todo sigue como si no pasase nada, oficialmente nadie en la Iglesia habla de ellos, nadie parece ocuparse de ellos; salvo sus amigos personales. Te menciono ejemplos que conozco personalmente: un gordo y expansivo cura con gran llegada a la gente, que desarrollaba una intensa tarea pastoral, terminó instalando una juguetería. Un poeta y músico, que contribuyó al apostolado con pegadizas e inspiradas canciones catequísticas, se perdió en el interior de Mendoza, trabajando como periodista, por lo menos durante el tiempo en que pude seguirle el rastro. Otros casos más patéticos, arrastran un absurda sensación de culpa, por ejemplo por los males que abruman a sus familias, tal es el estigma que la Iglesia les ha hecho sentir. Y aún cuando sea un seminarista avanzado el decida abandonar, y casarse, su situación será aceptada a regañadientes, y considerada en la práctica como una traición, ¿No hay bastantes miserias y horrores en este mundo, como para que inventemos tantas nuevas posibilidades de "pecado", de errores, de situaciones difíciles?

    Siempre el Evangelio -Dora se encendía-, siempre Cristo aclarando los mismos problemas, como si anticipara nuestros males. ¿No les advirtió a los suyos que no hiciesen como los dirigentes judíos, que acumulaban pesos sobre los demás, y ellos mismos no podían soportarlos? Es fácil la ley del Señor, por lo menos es sencilla. ¿Para qué complicarla? ¿Para qué creernos dioses, para qué pretender construir perfecciones, pretendidas perfecciones humanas?

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  • Dios me perdone. La visita de mis sobrinos me llenó de rabia. Comparaba su vigor, sus proyectos, su charla lúcida con mi estado decadente, y aparecía la envidia. Necesité hacer un esfuerzo cada vez que les respondía, para que la rabia no se reflejase en mis palabras. ¿No me será posible lograr serenidad, lograr satisfacción por lo vivido? ¿No es suficiente tener algo que hacer todavía, aunque mínimo?

    Mirar hacia atrás, cuando adelante todo es incierto... O vivir el día de hoy lo más plenamente que pueda...

    No es resignación lo que se necesita. Insisto: es la serenidad y satisfacción que da la obra bien realizada. Pero con los recuerdos del pasado llegan también los remordimientos por lo no hecho, o por lo mal hecho: ¡es el Mal que viene a visitar a sus presuntas víctimas!

    La única salvación, es cerrarle las puertas con decisión.

  • 12- La muerte del mártir.

    Habían elegido ese hotel, y habían fijado la fecha del encuentro, pero no habían reservado habitaciones, para evitar dejar señales de sus propósitos. Juan Ramón fue el primero en llegar, y contrató dos habitaciones. Estaba convenido que se esperarían en la recepción del hotel, así que se sentó a tomar allí un café.

    -Consígame también un diario, por favor.

    -Cómo no, señor.

    Al rato aparecieron las damas, que aceptaron tomar un té con masas. Empezaban a preocuparse, porque Frank era más que puntual y lo había demostrado sobradamente. Cuando lo vieron entrar al hotel, comprendieron enseguida que algo andaba mal. Caminaba con dificultad, a pesar del esfuerzo que hacía para disimularlo, y estaba extremadamente pálido.

    -Vayamos enseguida a la habitación, por favor -dijo susurrando cuando se acercó.

    Las mujeres lo acompañaron mientras Juan Ramón, firmaba por lo consumido.

    Se desplomó en la cama, y Dora corrió a auxiliarlo.

    -Me persiguieron. Me atropellaron con un auto -hablaba mezclando algo de alemán en su charla, y Dora se le acercó para escuchar su voz cada vez más débil.

    Después del atropello, le habían robado el maletín y lo dejaron por muerto. Pero en el maletín no había nada importante ni comprometedor, pues el informe sobre el trabajo realizado ya había sido despachado. Solo habían llevado un falso informe que disfrazaba hábilmente la tarea encomendada.

    Dora revisó a su esposo, dejando correr libremente sus lágrimas, y luego se abrazó con Estela, quién mientras tanto había llamado a una emergencia:

    -Nada puedo hacer acá . Tiene hemorragias severas.

    En esos momentos Frank se recuperó repentinamente del sopor en que había caído:

    -Me parece que estoy muy grave. Quisiera confesarme...

    Se miraron los tres.

    -¿Podrías hacerlo tú, Juan Ramón? -le pidió Dora.

    Nunca había imaginado algo así. Juan Ramón se acercó lentamente a la cama, y se arrodilló junto al amigo. Las dos mujeres se alejaron un poco.

    La absolución llegó antes que la ambulancia. También la muerte.

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    La Confesión, el perdón de nuestros pecados es un acto misterioso. El pecado es también un Misterio, como es un misterio la libertad del hombre. Un misterio que se resuelve en la intimidad de tres personajes: Dios, el pecador y la comunidad herida por el pecado del pecador. Y este acto íntimo es el mismo, cualquiera sea la forma y las circunstancias en que el perdón se resuelva, en que el pecado se disuelva.

    Mientras la última confesión de nuestro amigo se realizaba en circunstancias tan íntimas, tan poco usuales, tan inesperadas, en otros rincones, en diferentes situaciones, se producía el mismo escandaloso misterio de que el mal fuese vencido por el amor:

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    Catedral de Buenos Aires. Penumbra que invita a dirigir la mirada hacia los escasos centros de luz: lámparas votivas, pequeños reflectores en alguna hornacina.

    Un piso de mosaicos con diseño hipnotizador. De verdadero mosaico, dibuja ramas, frutos y flores de Mburucuyá: la Pasionaria, la planta en cuyas flores se pueden reconocer los utensilios de la Pasión de Cristo, los clavos, la corona de espinas.

    Incienso y silencio. Será todo lo que deje como recuerdo la visita a este templo.

    Como le habían asegurado que sucedería en ese horario, un sacerdote esperaba, en un confesionario, por supuesto leyendo el breviario, la llegada de posibles penitentes.

    ¿Los pecados son fríos? No. Los pecados, los verdaderos pecados son calientes. La rebeldía pasa por la energía desaforada. ¿Cómo entonces este lugar lograba enfriar el pecado? Lograba enfriarlo todo: al hombre, a su mente, a su corazón. Nada parecido al fervor encontraba el penitente en su pecho. Pero en el frío logrado, su mente racional trabajaba mejor. Encontraba sin dificultad las palabras para describir sus culpas. Y las intercambiaba con preguntas de códigos, también frías. Consejos fríos. Consejos que podían calmar la fiebre, pero nunca mover el corazón.

    Confesión de hielo.

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    San Cayetano.

    Multitud. Ruido, y polvo, y sudores. Carteles.

    Los fieles van desfilando por las entradas. Es curioso cómo puede lograrse el bullicio de la multitud, si individualmente cada uno parece callado, mascullando sus pesares, sus culpas, sus cargas.

    Empujones. Roces. El sacerdote levanta un hisopo y va rociando con él a los asistentes. Y los rocía bien, el agua parece llegar a cada uno.

    Más carteles: "Hay Confesores disponibles"

    A medida que el penitente va exponiendo con apuro el relato de sus pequeñas o grandes atrocidades, los gestos del sacerdote van creando una comunicación, van dejando la sensación de que, en verdad, se está hablando de pecado. Los pecados son ahora tangibles, tiene su peso justo, tienen calor. Los consejos inducen a que el penitente reconozca que no sólo Dios ha de perdonarle, ni el derecho canónico. Están alrededor los hermanos: a ellos hemos ofendido.

    La penitencia: "Reza por Susana. Es una chica que se confesó hace un rato, y está pasando un momento muy difícil".

    Solidaridad.

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    Hubo intervención policial. Afortunadamente esta vez, bastante despreocupada. Declararon que eran turistas de paso, y que Frank. había llegado al hotel en ese estado, y solo alcanzó a decir que fue un accidente, pero sin dar más detalles. Como no había indicios que sirviesen de pistas, ni testigos, y ellos no insistieron en que se investigase, el caso quedó semicerrado, como muerte accidental. El Juez autorizó un rápido sepelio en el cementerio de ese pueblito.

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    Atender la correspondencia diaria era una tarea que Monseñor había organizado metódicamente, y colocado dentro de una rutina estricta. Sabía que, de otra forma, nunca la atendería adecuadamente.

    Una hora antes del almuerzo leía todo el material que su Secretario había ordenado cuidadosamente en una simple carpeta de cartulina. El secretario daba directamente curso a las cartas que no requerían la decisión de personal de Monseñor pero, de todos modos, redactaba de ellas un listado que constituía la primera página de la carpeta, para informe de Monseñor.

    Con un gesto mecánico que ponía en evidencia su naturaleza impaciente, Monseñor abrió la carpeta todavía de pie, mientras acercaba el sillón a su mesa de trabajo.

    La lectura de la correspondencia era una tarea rutinaria, pero de ninguna manera aburrida. Cada carta que llegaba a sus manos era un caso que debía resolver, y su responsabilidad despertaba su interés. Muchas notas podían ser respondidas de inmediato, y lo hacía garabateando sus instrucciones para el secretario. Los casos que requerían una meditación más prolongada, o una consulta, eran retenidos para una segunda hora, u hora y media de trabajo, entre el almuerzo y la siesta.

    Ocasionalmente, la atención de la correspondencia guardaba sorpresas especialmente interesantes: la palabra "PERSONAL", a veces subrayada dos veces, detenía eficazmente la curiosidad del secretario.

    Aquí estaba uno de esos sobres. Lo retuvo un momento en sus manos. La experiencia le avisaba que su contenido podía arruinarle el almuerzo, pero no hizo caso. No reconocía esa letra... pero sí reconoció el nombre: Frank ++, y aquél sello...

    "...te llamaré desde mañana todos los días. Si pasan tres días sin que te llame, puedes considerarme muerto, y entonces haz llegar el otro sobre a Kamen +++..."

    El otro sobre contenía sin duda un informe.

    Cuatro días después, recibió otra carta "PERSONAL". Contenía la identificación de Frank, enviada por Dora. Debía ser llevada a Roma, pues era la forma de avisar sobre la muerte de Frank. Monseñor se dio cuenta de que en esos cuatro días no había recibido ninguna llamada de su amigo. Era urgente llevar todo a Kamen. Para hacerlo, no tenía ningún mensajero confiable. En verdad, no quería exponer a ninguno. Así que guardó en un cajón con llave los sobres, y le dejó una nota al secretario para que le reservase un pasaje a Fiumicino para la semana siguiente:

    "Clase turista, y reservadamente. Viajaré solo."

    El almuerzo había sufrido las consecuencias, y se había convertido en nada más que una rutina necesaria.

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  • Ya es casi mecánico lo que hago. Tengo bastante elaborada la idea de este libro, y tengo poco que meditar sobre él. El esfuerzo intelectual parece engañosamente pequeño.

    Pero en algunos momentos de lucidez se imagino proyectos nuevos. Proyectos que me resultan amargos, quizás porque los sé irrealizables. Y ansío entonces tener las fuerzas que ya me dejan, y plazos que ya no están en mi horizonte, para prolongarme en un hacer, y hacer, y hacer.

    Como una flecha lanzada hacia el futuro. Hacia el Omega. La última letra que no cierra el alfabeto: solo lo completa.

    ¿No son esas ansias, absurdas en mi caso, parte de un sentido profundo de nuestro ser que nos dirige hacia la eternidad? Estamos llamados a la Vida. Y la Muerte no nos conforma.

  • 13- El señuelo.

    Después del entierro de Frank, los tres regresaron al hotel, durmieron unas intranquilas horas, y luego se reunieron a estudiar qué podrían hacer en adelante, cómo podrían terminar la tarea encomendada.

    -Mi tarea está concluida -dijo Juan Ramón-. He visitado a los principales obispos que pueden oponerse al plan de Kamen, y solo me falta hacer un informe resumiendo lo observado. No estoy seguro sobre cómo convendría hacerlo llegar a Roma.

    -La tarea de Frank, según él alcanzó a decirme, está terminada, y el informe en camino -recordó Dora.

    -Pero queda nuestro trabajo a medio hacer -dijo Estela- y ahora estamos seguros de que nos vigilan..

    -De que nos persiguen -precisó Juan Ramón.

    -Podríamos tomar una actitud de disimulo, como si la muerte de Frank hubiese desbaratado todo nuestro plan.

    -Tienes razón, Estela -convino Juan Ramón-. Sería muy conveniente que ustedes dos desapareciesen un tiempo antes de continuar las visitas. A ver qué les parece lo que se me ocurre. En un primer paso, volvemos todos a Buenos Aires. Allí Dora toma un avión de regreso a Roma, pero que haga una escala en Río. Allí bajará y regresará a algún lugar del interior, por ejemplo Mendoza, o a la comunidad de Formosa, que difícilmente estarán vigiladas. Mientras, nosotros haremos ver que yo tengo un viaje urgente, muy aparatosamente, haciendo algún llamado a Roma, quizás, de modo que atraiga sospechas. Y armo una gira por diversos ciudades de América, fuera del país. Ustedes podrán reunirse y completar su tarea, probablemente sin ser observadas.

    -Es muy peligroso, Juan Ramón -se apresuró a decir Estela.

    -No me gusta nada - dijo Dora.- Lo de Frank no fue un chiste.

    -No les diré que no es riesgoso, pero más peligroso sería que siguiésemos todos juntos. Además, puedo regular mis entrevistas durante el viaje, de modo que a través de los personajes más conservadores se vayan formando la idea de que no represento ningún peligro serio.

    Era ya de madrugada. Todos estaban convencidos de la única alternativa que podía brindarles seguridad era abandonar realmente la tarea en ese punto. Pero los tres estuvieron también de acuerdo en que se trataría de una traición a la confianza de Kamen. Y el martirio de Frank, que no debía ser inútil, también los empujaba a correr los riesgos que fuesen necesarios.

    Así que, con algunos cambios de detalles, el plan se puso en marcha. Dora decidió viajar realmente a Europa, directamente a Alemania, para ver a sus hijos y comunicarles personalmente la muerte de Frank. Luego, de incógnito, pasaría por Roma para entregar los informes y regresaría a Buenos Aires, para terminar la gira con Estela.

    Si todo se desarrollaba como estaba planeado, un mes después, las sacerdotisas y el señuelo se reunirían en Roma, para continuar su tarea apostólica según se les pidiese.

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    El enviado de las sombras evaluó todo lo que pudo observar, y decidió que lo más conveniente era actuar sobre Juan Ramón. Así lo informó, y así lo hizo. Cuando Juan Ramón llegaba a Brasil, para su primer entrevista, ya su perseguidor le estaba esperando allí.

     

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  • Ya sé que el plazo se está acabando. Debo esperar razonablemente que en cualquier momento aparezca la Editora.

    Supuse que un final abierto era un recurso literario espúreo. Pero ahora me doy cuenta de que, íntimamente, siempre supe que esta novela quedaría inacabada. No lo vivo como una frustración. Quedará abierto el final, pero no habrá acabado todo.

    Cuando "la Editora" llegue, cerrará las puertas de la novela. Pero a mí me abrirá otras. Puertas insospechadas. O, mejor, tan solo sospechadas.

    La novela habrá sido una experiencia. Fue una compañía. Fue una ayuda.

  • 14- Final abierto.

    Dora emprendía su regreso simulado. Con el corazón apretado, y sin poder compartir con nadie su dolor. Así, abruptamente, acababa su vida de Matrimonio, a la que había dedicado sus mejores esfuerzos, y sus esperanzas. Sabía, siempre lo supo, que debía estar preparada para la separación definitiva. Pero saberlo no era suficiente. Cuando las tripas se aprietan en nuestro interior, la mente no logra alcanzar consuelo.

    No lograba siquiera ver claro su porvenir próximo. La misión encomendada por Kamen los había rejuvenecido, les había dado proyectos y fuerzas nuevas a sus vidas. Ahora mucho de lo soñado comenzaba a no tener el mismo sentido.

    Eso era. El sentido de todo. Debía encontrar sentido al sin sentido. Y no era su reflexión la que lo lograría. Comenzó una silenciosa oración, llena de lágrimas. Una oración llena de interrogantes, y llena de ofrenda.

    Allá abajo, la sombra del avión se deslizaba sobre el bosque verde. El incomprensible bosque verde... Incomprensible si nos empeñamos en elevarnos para verlo. Desde abajo, penetrando en él, puede ser más fácil...

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    Monseñor, impaciente como siempre, abrió el paquetito de galletitas antes de que la azafata hubiese acabado de servir su merienda. Hasta ahora todo el proyecto que le había sido revelado había sido casi una especulación futura. De pronto, las circunstancias lo involucraban en forma activa. ¿Qué le esperaría en Roma? Con seguridad su viaje no sería un simple viaje de mensajero.

    Reconoció los síntomas: esa sorpresiva inquietud sobre su futuro ¿no se refería a un cierto temor por lo que, con seguridad, iba a tener que dejar atrás? Durante años había armado una rutina eficaz, había ordenado su vida y había fijado costumbres a las que, debía reconocerlo ahora, estaba demasiado atado. ¿Era todo lo libre que había imaginado? ¿Estaba tan dispuesto como había creído a aceptar los cambios que para la Iglesia se avecinaban?

    Una oración silenciosa. Una oración que era, en verdad, un examen de conciencia. Un examen por el que pasaban demasiadas horas de escritorio, demasiado incienso, demasiada mitra. Y muy pocas sandalias gastadas en los caminos polvorientos del interior de su diócesis...

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    Poca cosa era realmente necesaria en la maleta. Juan Ramón y Estela recordaron, sin decirlo, el pasaje en que Jesús envía a sus discípulos sin alforjas. Estela se empeñaba, innecesariamente, en ayudar a su esposo a preparar el viaje. Inconscientemente, en verdad se empeñaba en prolongar una despedida que intuía como amenazante. Durante años lo habían hecho todo juntos. Ahora se les exigía una separación dolorosa, para la que no estaban preparados.

    Pero solo se les pedía fidelidad. Ellos pondrían sus manos, y la Providencia obraría. Se abrazaron, en una oración silenciosa, una oración de plena disponibilidad. Uno y otro, eran todo lo que tenían para colocar sobre el altar...

     

     

    FIN.