Historias para destapar el excusado

 






 

Las de la boom

Roberto Remes

Las conocimos en La Boom, la discoteca que estaba de moda en la ciudad de México por aquel entonces, estuvimos bailando y bebiendo, creo que bebimos de más, pero era lo de menos porque el que iba a manejar ese día era Severiano quien recién se había recuperado de su hepatitis por lo cual no estaba tomando. De hecho, era ideal ir con él a los antros en esa época porque siempre manejaba y desde luego era el primero que se quería ir, por lo cual más de una vez se fue a echar un pisto al coche mientras nosotros seguíamos ligando o, ya de perdida, bailando.

Vamos a sacarlas a bailar, dijo Epigmenio, y yo no quería porque no me parecía que estuvieran muy buenas que digamos, pero a fin de cuentas me convenció y mientras yo bailaba con una también la otra me echaba el ojo, aún cuando estuviera baile y baile con el Epi, como solemos decirle los cuates. Las dos se pusieron medio jarras y no traían coche, por lo cual nosotros las llevaríamos en el coche de Severiano, sólo que esta vez era obvio que Seve, como lo llamamos, estorbaba, y le propusimos que manejara hasta su casa y de allí nosotros nos seguiríamos con las chavas hacia algún hotel, pero nada, se negó a dejarnos el volante porque ya estábamos muy pedos y no sólo nos podríamos matar, sino también destruir su coche, en lo cual tenía razón. Nos llevó hasta la puerta de un hotel, no recuerdo cómo se llamaba, allí por Tlalpan, entre Nativitas y Villa de Cortés, total que las chavas no se quisieron bajar, que cómo iban a entrar desde la calle, y bueno, pues convencimos a Seve de que se metiera al estacionamiento y allí nos esperara, pero aún así una de las monas estas, la que más había bailado conmigo, como que se friqueó y ya no se hizo, y las llevamos a sus casas.

A la primera que pasamos a dejar fue a la que no quiso bajarse en el hotel, pero yo me dije, Bueno cuando menos una fajada sí le saco a esta, y sí, le pregunté Me regalas un vaso de agua, ella se despidió de su amiga, y de Seve y Epi, entonces yo entré con ella, me quité la chamarra y la dejé sobre una silla del comedor y me seguí ora sí que hasta la cocina, donde me sirvió un vaso con agua bien fría que tenía en el refrigerador y mientras ella me llenaba el vaso yo me le acerqué por atrás y empecé a moverme un poco y ella no se negaba. Cuando me dio el agua le tomé un trago y luego la besé y la empecé a tocar por todos lados, pero especialmente de la cintura a los muslos y después de un rato le subí la falda y empecé a tocarle debajo del calzón, hasta que se resistió, Yo soy una muchacha decente, dijo, como suelen decir las que menos lo son, Respétame, añadió, y la solté por un momento, pero luego sentí no sé qué, híjole, es difícil de explicar lo que sentí, pero ya antes me había pasado por la mente, era un absurdo que nunca creí cumplir, pero de verdad que ya antes lo había pensado y me reía de que lo hubiera pensado, que era agarrar un cuchillo cercano y comenzar a destazarla, sólo que esta vez la idea no sólo se quedó en mi cabeza y no sé por qué pero le enterré el cuchillo en el abdomen, luego lo saqué y le corté una de las venas del cuello y la dejé tirada, con sus ojos ya medio bizcos y bien abiertos, lavé el cuchillo y otra vez no sé por qué, pero me lo robé, cuando nunca antes había robado. Claro, a lo mejor era que andaba medio pedo.

Como la ropa se me manchó un poco me puse la chamarra y la cerré bien, aunque no hacía tanto frío como para andar tan abrigado, cuando salí ya me estaban tocando el claxon así que les reclamé, Cállense, que van a despertar a los vecinos o a los papás de esta chava, Esta chava se llama Fulanita, hoy digo Fulanita porque ya no recuerdo su nombre, ustedes son de los que nomás andan ligando pero luego no se acuerdan de nuestros nombres, Creímos que ya andaban haciendo otra cosa, dijo Seve, y yo le contesté, que sí, que no sólo tomé agua, sino que hice otras cosas, y los demás nada más se rieron.

En el camino me fui un poco preocupado por la posibilidad de que los padres de esta chava, Fulanita, telefonearan a la otra, que para efectos de esta narración llamaremos Perenganita, no porque no me acuerde de su nombre sino porque no puedo decirlo, así que me preocupé de que ella fuera la que después diera nuestras características, o las mías, porque yo sería el más sospechoso de la muerte de Fulanita, entonces concluí que tendría que hacerle lo mismo. El riesgo era que Epi se quisiera bajar también cuando yo pidiera chance de ir al baño, pero para mi fortuna Epi ya se había quedado dormido de tan pedo que venía, y esta chava, Perenganita, tenía que estarle sosteniendo la cabeza para que no se le durmiera encima, y temerosa de que se fuera a guacarear.

Total que llegamos a su casa y le pedí que me diera permiso de ir al baño, y sí, efectivamente me metí al baño pero nomás a hacerme guaje, y en eso me puse frente al espejo y ya iba a sacar el cuchillo, sólo para mirarlo, cuando en eso se me aparece esta vieja, Perenganita, sin la blusa. Entró al baño sin tocar, y del susto se me cayó el cuchillo, ella no se dio cuenta y nada más caminó hacia mí, me estuvo besando y manoseando, y yo me empecé a excitar y ella me empezó a quitar la ropa y yo le quité a ella lo que le faltaba, que era la falda y la ropa interior, y luego le dije, un poco nervioso porque el asunto pudiera descubrirse pronto y que los papás de Fulanita llamaran en cualquier momento, Ya me tengo que ir, Epigmenio me está esperando, No te preocupes, contestó ella, ya les dije que se fueran, no hay nadie más en la casa.

Mi ropa se quedó en el baño y me olvidé por completo de que mi camisa tenía manchas de sangre, así que me entregué al amor, pero al amanecer me desperté preocupado y sudando porque Perenganita no estaba en la cama y me aterraba la idea de que descubriera el cuchillo y la ropa ensangrentada, la busqué en el baño, la busqué en las otras recámaras y nada, bajé con cierto temor al otro baño y comprobé que no estaba ni mi ropa ni el cuchillo, con lo cual me aterroricé de que me hubiera descubierto y caminé esta vez con más sigilo por miedo a que Perenganita me saliera en cualquier momento con una pistola o con el cuchillo con el que había acribillado a su amiga, pero al entrar a la cocina me topé con una escena terrible, Buscas esto, preguntó ella con el cuchillo en la mano pero señalando hacia el piso, eran los cuerpos de Epi y Seve, Te iba yo a matar a ti por la mañana, pero como veo que también te echaste a mi amiga, pues eres de mi clan, aunque yo te juro que no sé por qué lo hice, de repente Severiano se bajó a tomar un vaso de agua sentí el impulso de besarlo y apuñalarlo, y después de eso tuve que ir por el borracho, lo bueno es que cuando lo besé despertó y se vino derechito a la cocina, por fortuna tú te tardaste más en el baño, si no también te hubiera tocado ayer. Yo me quedé con la boca abierta y aún incierto de mi destino, pero la solución la dio ella misma, Oye, a poco no te gusta el coche de Severiano, vámonos a Acapulco.

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