Historias para destapar el excusado

 






 

Después de las lluvias

Roberto Remes

La vida en el pueblo se transformó considerablemente desde las lluvias de mil novecientos noventa y nueve. Anteriormente los lagartos reptaban en los ríos y lagos pero difícilmente aparecían cerca de las casas. Desde entonces las casas viven en los lagos, y los cocodrilos reptan por las calles. Sí es cierto que ha habido algunos accidentes desde entonces, pero sin llegar a cobrar ninguna vida. Tal vez alguna pierna.

El primer lagarto con el que empecé a convivir lo hallé en las escaleras de mi casa. No era muy grande. Se quedó dormido en el duodécimo escalón, que hacía las veces de playa durante las inundaciones. Lo encontré después de una noche en la que no pude dormir ante la amenaza de que el agua siguiera creciendo y no sólo echara a perder los muebles de la planta baja, sino también los de la planta alta, que es donde dormíamos antes de construirle un piso más a la casa.

Por aquellos días teníamos que salir nadando, a riesgo de encontrarnos con algún cocodrilo, o esperar que llegara una lancha. Como las lluvias no cedían, y cuando cedían el agua no alcanzaba a irse antes de que iniciaran de nuevo, terminamos por comprar una lancha de remos, que de todas formas no servía más que para evitar cundir en la histeria que da tener un piso de la casa inundado y vivir encerrados en una isla que, además de todo, no aparecía en los mapas. Cada vez que me acercaba a las escaleras veía yo al cocodrilo echado, casi siempre dormido, pero siempre lo suficientemente alerta para dar una mordida cuando alguno de los objetos de la planta baja flotaba y llegaba hasta la playa del duodécimo escalón, comenzando por uno de los zapatos que, contra todas las advertencias de mi madre, había yo dejado en la sala la noche en que empezaron las lluvias.

Con el paso de los días nos dimos cuenta de que el agua se iba a estabilizar más o menos entre los escalones diez y doce. Cuando pasaban varios días sin que lloviera el nivel bajaba hasta el diez, pero si llovía mucho no pasaba del doce. Después de un mes, el cocodrilo del duodécimo escalón murió de hambre porque el nivel bajó al once y nunca supo cómo regresar al agua. Los cocodrilos no saben bajar escaleras. Ese día comimos lagarto. Habíamos ya acondicionado una pequeña cocina en la que era la recámara de mis hermanas, y eso fue lo que cambió nuestras vidas, porque la plantación en la que yo trabajaba quedó destruida y desde entonces es un pantano en el que ya no se siembra ni tabaco ni nada. Las escuelas estaban cerradas. La gente tenía dinero y no había en qué gastarlo.

Como no nos acabamos de comer el lagarto entre mis hermanos, mi madre y yo, decidimos avisar a los vecinos que habíamos cocinado pejelagarto, pero de peje no tenía nada, era un vil lagarto cocinado con la receta del pejelagarto, que es un pescado muy sabroso que se prepara en la región. El lagarto fue todo un éxito, pero a nadie le dijimos que se trataba de un reptil, sino que mi madre y mis hermanas lo picaron de tal manera que simplemente dijeron que se trataba de una pequeña variación en la receta del pejelagarto.

Una vez que se acabó el lagarto la gente nos pedía que preparáramos otro, pero les dijimos que no era fácil encontrar el pejelagarto en buenas condiciones porque la lluvia había revuelto mucho las aguas y los que nacían en el golfo ya no entraban a los ríos de la zona y por lo tanto era más difícil conseguirlos. Además, comentamos a todos, los pocos pejelagartos que aparecen se los comen los lagartos. El problema fue cuando un vecino dijo que había pescado dos pejelagartos, que si no se los cocinábamos. Era obvio que no iban a saber igual y se iba a descubrir que habíamos cocinado lagarto, y una de dos, o nos iban a echar en cara que habíamos hecho comer a la gente un animal que no suele comerse en México, o íbamos a perder la oportunidad de hacer negocio si la demás gente se daba cuenta de que los lagartos, que ya abundaban por las calles, podían cocinarse y eran bastante sabrosos. Así fue como cazamos al primer lagarto para vender. Nos comimos los dos pejelagartos que llevó el vecino y a él le dimos buena parte del guisado de lagarto, gratis, pero el resto lo vendimos.

Un mes después ya teníamos el primer restorán flotante del pueblo y después de seis meses en los que el nivel de agua no bajó decidimos reforzar los cimientos de la casa y construir un piso adicional, que es donde dormimos ahora. El cuarto que era de mis hermanas siguió siendo la cocina y en la que era la recámara de los hombres vendemos hoy la comida. Las lanchas se amarran a cualquier ventana y hay días en los que llegamos a tener amarradas hasta veinte lanchas al mismo tiempo. Cuando llueve baja un poco la clientela, pero siempre la gente aprovecha algún momento en el que caiga menos agua para comprarnos comida.

Nosotros fuimos los primeros en construir un piso adicional, pero luego ya todos los lugareños empezaron a hacerlo. En un principio las recámaras nos quedaron a la altura del campanario de la iglesia, pero como ésta ya no podía utilizarse, se construyó una iglesia flotante sin campanario, y para llamar a misa tocaban las campanas de, digamos, la catedral sumergida.

Poco a poco la vida en el pueblo se fue acoplando a la nueva geografía. Ahora mi terruño tiene algo en común con Amsterdam y Venecia, aunque quizá sea menos pintoresco. Yo me dedico ahora a confeccionar zapatos, con piel de cocodrilo por supuesto, pero no los vendo en la región porque en primer lugar se descubriría que vendemos lagarto en vez de pescado, pero además porque la gente de por aquí ya camina muy poco, hay que andar mucho en la lancha para llegar a tierra firme y no es algo que hagamos todos los días. Yo lo que hago es que una vez a la semana cojo los zapatos que hice y los envío a la capital, de allá me mandan el dinero.

Lo que más me preocupa es que algún día llegue a bajar el nivel del agua, pero mientras tanto hay que aprovechar el negocio de los cocodrilos. O qué, usted no lo haría.

Esta página ha sido visitada

veces, desde el 21 de octubre de 1999.

REGRESAR A LA PÁGINA DE ROBERTO REMES


Mi nueva novela ya viene en camino

Cambia Network. Pincha aqui!
Cambia Network - Intercambio de Banners


This page hosted by Get your own Free Home Page