Historias para destapar el excusado

 



 

Vístete o deja de llorar.

Roberto Remes

Su amiga y él fueron al cine esa tarde, nublada, desmemoriada porque no recuerda qué película vieron, ni siquiera en qué cine, por qué razón se besaron si eran tan sólo amigos, qué tanto se agarraron mientras buscaban el coche, dónde lo encontraron, qué calles tomaron antes de entrar al Viaducto, al tráfico, a esos tres carriles angostos, pero luego salieron a la lateral, eso sí lo recuerda, en Xola, vuelta en División del Norte y nuevamente Viaducto, Por qué tanta vuelta, preguntó ella, Pues ya ves, la lateral no es continua, así que hay que dar este rodeo, A dónde vamos, Es una sorpresa, respondió él, Te voy a hacer reina, añadió al ver el enorme letrero que decía Hotel El Rey, entraron, No te pases, dijo ella, No me paso, aquí es, una luz roja se encendió en una discreta cochera, entró, tras de ellos se cerró una puerta, y ella no volvió a chistar, se asomó una señora gorda, Son 85 por doce horas, estiró la mano, Aquí tiene, Ahorita le traigo el cambio, subió él apresuradamente, besó a su amiga, sonó la puerta, corrió nervioso, recibió un montón de monedas de a peso, cerró, buscó algún seguro, un pasador, no había, tomó una mesita, atrancó la entrada, volvió a besar a la chica, sonó de nuevo la puerta, movió la mesita, Creo que le di mal el cambio, dijo la señora que había cobrado, Aquí tiene, quédese con lo que sobre, sentenció él, con una voz cortante, entre dientes, inquieto, cerró otra vez, bloqueó la entrada, buscó a su amiga, no estaba, oyó ruidos en el baño, comenzó a desvestirse, se quitó los zapatos, la camisa, daba vueltas, dudó al desabrocharse los pantalones, los mantuvo, prendió la tele, tres hombres fornicaban con una mujer, lo sorprendieron los gritos, bajó el volumen, cambió de canal, buscó otra escena, regresó a la misma película porno, apagó la tele, dio vueltas por el cuarto, Estás bien, preguntó a su amiga, Sí, ya voy, escuchó, vio las gruesas cortinas que aislaban la habitación de la luz natural, Qué sucias están, murmuró, se asomó por la ventana, otro automóvil entró al hotel, se detuvo en la cochera de enfrente, dejó de verlo, miró a la misma señora que le había cobrado, observó la recámara, los estrechos pasillos, la humedad en el techo, la alfombra desgastada, estiró la mano, retiró un poco de yeso que se desprendía de la pared, la puerta se abría, su amiga envuelta en una toalla pequeña, vio por primera vez sus espesos vellos, la abrazó, la besó, escuchó el gotear de un grifo, Habrá que apretarlo bien, pensó, pero sólo siguió besando a su amiga, se dejaba besar, la toalla caía, él se desabrochó los pantalones, los bajó, se atoraron un poco, quedó en calzoncillos, esperando que la mujer los quitara, pero ella callada, inmóvil, no cooperaba, él trataba de acomodarse en la cama, ambos sintieron la aspereza del sarape, movimientos carentes de pasión, volvió a escuchar la gota que caía sin cesar, sobó los brazos inermes de la muchacha, metió la lengua hasta el fondo de su boca, contó sus dientes, su paladar, su lengua quieta, retiró los labios, besó sus pezones, fue bajando la cabeza hasta la entre pierna, mordió, lamió, no resistió el olor, volvió a subir, besó, Sabes a clítoris, por fin habló ella, Cómo sabes, pensó mordazmente, la gota seguía cayendo, la chica inmóvil, él apunto de penetrarla, pero su cuerpo no se aflojaba, la acariciaba, y nada, ella seguía tensa, de pronto estalló en llanto, Este lugar es horrible, reclamó, Y esas pinches gotas, añadió, Perdón, yo no conocía este hotel, la abrazó mientras ella buscaba cubrirse con la toalla, sin dejar de llorar, trató de besarla, Perdón, insistió, y la gota a lo lejos, Ya estamos aquí, anda, deja de llorar, ya estamos los dos desnudos, ya llegamos muy lejos, hay que terminar con esto, tranquila, no va a pasar nada, yo sé que sí quieres, pero ella sólo llanto, y una gotera, Deja de llorar, insistía él cada vez más, Deja de llorar o vístete, pero ella envuelta en la felpa, abrazando sus rodillas, bebiendo sus lágrimas, él la besaba en la mejilla, la seducía otra vez, mordía la oreja, ella sin inmutarse, Deja de llorar, por favor deja de llorar, rogaba él, los minutos pasaban, la gotera no cesaba, él no quería alejarse de ella, pero estaba nervioso, se puso los calzones, el pantalón, Deja de llorar o vístete, y la gotera lo fastidió, entró al baño, trató de cerrarla, pero el agua seguía cayendo, gota a gota, Anda, deja de llorar, vamos a hacer el amor, yo te quiero, siempre me has gustado, y ella seguía llorando, O vístete y ya nos vamos, pero nada, el llanto, la gota, se quitó los pantalones otra vez, le quitó la toalla, pero ella seguía en cuclillas, Qué hago, se preguntaba, caminaba desnudo, le acercaba su cuerpo, le tomaba las manos para forzarla a que lo acariciara, una gota más, las lágrimas, él fastidiado, sin excitarse, Deja de llorar, pero seguía llorando, la gota caía, también las lágrimas de la chica, se mantenía inmóvil, ahora con un hipo sonoro, pasó una hora, más llanto, más hipo, más gotas, él desesperado, Deja de llorar o vístete, insistió por última vez, con ganas de matarla, Lo dejo para mañana, pensó, y se acostó.


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