La política durante el franquismo La toma de la ciudad llevó aparejada el inicio de la construcción del Nuevo Estado franquista, con la formación de Gestoras en las Instituciones locales y el reforzamiento del poderpolítico del Gobierno Civil, todo ello en medio de un clima dominado por la represión no exenta de arbitrariedad y venganza contra los republicanos y las izquierdas, y por la Guerra que continuaba en España. Los estudios de Encarnación Barranquero, Matilde Eiroa, Pilar Ortuño y Concepción Fernández han empezado a desvelar la aun poco conocida historia de la época de Franco en Málaga.
La política en los años 40: la "Málaga Azul". Pese a la simbología y la retórica falangista del nuevo orden establecido en Málaga, especialmente intensas en los años anteriores al fin de la II Guerra Mundial, el franquismo fue relegando a la Falange a un segundo plano, como un útil instrumento para encuadrar y movilizar a la población en su favor. El decreto de Unificación (1937), las depuraciones y la entrada de miembros de las clases altas tradicionales de Málaga dejaron al Partido único sin el halo revolucionario de su etapa funciona aunque siguiese influyendo en aspectos importantes como la propaganda y los medios de comunicación, la política juvenil y de la mujer, el sindicalismo o los deportes. El verdadero poder; sin embargo, residía en Franco, y en sus delegados en la provincia, los todopoderosos gobernadores civiles. Elías de Mateo ha demostrado, al estudiar el reclutamiento del personal político municipal de la provincia en 1941, que se utilizó un método de clientelas fieles y que, pese a ser casi todos militantes de la Falange, la mayoría procedían de los partidos de derechas y extrema derecha de la República. Ello constata la debilidad de la Falange en Málaga y la designación de los efectivos del Movimiento desde arriba, desnaturalizando sus orígenes. En cambio, la Iglesia, estrechamente unida a Franco durante la Guerra bendecida como Cruzada supo restaurar su influencia religiosa, ideológica, social y política gracias al lugar preeminente que el franquismo le concedió. Hasta la llegada del Concilio Vaticano II en los años 60, la Iglesia malagueña, que se aplicó a la tarea de reconstruir la diócesis moral y materialmente, fue una institución imbricada estrechamente con la Dictadura. Quizá el ejemplo del obispo Herrera Oria, sea uno de los más paradigmáticos en este sentido, por su trayectoria anterior y por su influencia política en el régimen, constituyéndose en un verdadero contrapoder de su máximo representante en la provincia, el gobernador civil. Un estrecho control sobre la moral tanto pública como privada y, asimismo sobre la educación, preservaba la unidad religiosa y una fuerte, eficaz y constante represión, policial y de la Guardia Civil desarticuló a las fuerzas republicanas y obreras, asegurando así el régimen y convirtiéndose en una de sus características definitorias hasta su desaparición en 1975. Matilde Eiroa ha señalado el carácter arbitrario e implacable de la justicia en los primeros años 40, con 787 expedientados, 523 encarcelamientos, 1.512 mujeres presas, campos de concentración, 710 ejecutados entre 1939 y 1942, y sentencias aplazadas hasta 1948. Muchas de las penas, sin embargo, serían rebajadas progresivamente. Ni el estricto control político e ideológico, ni el intervencionismo económico, pudieron impedir el fracaso del régimen en la solución a los grandes problemas de la reconstrucción de Málaga tras la Guerra Civil. La imagen de núcleos de cuevas y chabolas como refugio de los más pobres apenas pudo paliarse con la iniciativa oficial. Desde la misma prensa oficiaL que a veces le censuraba, el historiador y archivero Francisco Bejarano Robles dejó constancia de la miseria, la corrupción y la carestía que traían consigo "la depauperación y aniquilamiento paulatino de las clases medias y jornaleras" y el enriquecimiento y el lujo de los "enterados, estraperlistas y logreros". Los informes secretos del Gobierno Civil en esos años confirman el cuadro dibujado por el articulista de "La Tarde": la policía comunicaba al gobernador civil en 1946 la convicción de los malagueños de que eran las clases altas y las propias autoridades, o sus agentes, los que se estaban enriqueciendo con el contrabando disfrutando de una total impunidad para hacerlo. A su vuelta a España, en 1950, Gerald Brenan coincidió con Bejarano en la descripción de la postración de Málaga. El enriquecimiento de algunos dirigentes falangistas por la corrupción y el estraperlo favoreció el control por Franco de la oposición interna, y redujo a la retórica su espíritu revolucionario de la República. Para Brenan, en 1950 y salvo honrosas excepciones, la Falange había desembocado en el cinismo. En aquellas circunstancias, la oposición al franquismo se desenvolvía en condiciones precarias como demuestra el testimonio del dirigente socialista Francisco Román. Durante la posguerra se organizaba en las cárceles y campos de concentración, y, más adelante las actividades chocaban una y otra vez con las "caídas" y desarticulación de la policía. Como ya se ha visto, la guerrilla cobró gran fuerza en algunos momentos en la Serranía de Ronda y en la Axarquía, pero terminó desarticulada a principios de la década de los 50. Para el matrimonio Washbrook, unos amigos franquistas de Brenan, sin embargo, Málaga seguía siendo "comunista", lo que coincide con el papel principal jugado por el PCE en la oposición clandestina a Franco. La inflexión de los 50 Hasta finales de la década de los 50 no pudieron recuperarse los niveles económicos alcanzados en Málaga durante la República. El intervencionismo económico nunca abandonado, fue relajándose progresivamente, y la buena coyunura internacional se dejó sentir en el país. El franquismo comenzó a propagar su eficacia en las realizaciones como el mejor argumento político contra la falta de democracia, y el reconocimiento internacional del régimen obligó a cuidar más su imagen suavizando la estética fascista reservada a las conmemoraciones- o introduciendo sistemas pseudodemocráticos de participación los referendums y el tercio familiar-. Las publicaciones del Gobierno Civil, como Al servicio de Málaga (1951), o Veinte años de paz en el Movimiento Nacional bajo el mando del Caudillo (1959) mostraban la cara más amable del régimen en estos años: la política de viviendas, carreteras, riegos y abastecimiento de aguas, sanidad, asistencia social, construcción de escuelas, contrapunto de los testimonios de Brenan, Bejarano o los peculiares "sondeos" de opinión de la policía. La orientación tecnocrática se dejaba sentir en el papel central de organismos como la Comisión de Servicios Técnicos del Gobierno Civil, creada en 1958 y que luego coordinaría los Planes de Desarrollo, o la Confederación Hidrográfica del Sur, en 1960, a los que se añadían los servicios técnicos de la Diputación Provincial. La distribución de las obras por la provincia se convertía en un instrumento político de primer orden que reforzaba el control de las alcaldías por el Jefe Provincial. Era él quien inauguraba las obras, salvo las más emblemáticas, que lo fueron en las visitas de Franco, especialmente en las de 1956 y 1961.El Caudillo no se prodigó en sus visitas oficiales a Málaga, aunque si acompañaría a su mujer, Carmen Polo, que asistió en numerosas ocasiones a las procesiones de Semana Santa. El despegue de la provincia se produjo en la década de los 60, con su secuela de cambios sociales, así como los inicios de una actividad crítica y de oposición sindical y obrera. Pese al triunfalismo de la campaña de los 25 Años de Paz en 1964, el Gobernador Castilla Pérez reconocía ante la recientísima Facultad de Económicas las deficiencias de las carreteras malagueñas, el déficit en viviendas, el impacto de la emigración interior y exterior, el desequilibrio del desarrollo de la provincia, o su ubicación en los últimos puestos de los ingresos por habitante del conjunto de España (Málaga y su actual desarrollo económico, 1966). La oposición a Franco en Málaga comenzó a arraigar durante los años 60 en el ámbito sindical estudiantil y docente, en el mundo intelectual y, algo que sería especialmente doloroso para el franquismo, en la Iglesia. Según el testimonio de José Antonio Ruiz Muñoz, el nacimiento de uno de sus principales protagonistas, las Comisiones Obreras, tuvo lugar en 1962 en una reunión de unos 80 jóvenes pertenecientes al FELIPE, a las Juventudes Obreras Católicas y al Partido Comunista celebrada en un local del Obispado. En 1966, obtenían un resonante éxito en las elecciones sindicales. La labor política y sindical avanzó a saltos, con periódicas desarticulaciones de la policía y Guardia Civil que hicieron muy dura la vida de los militantes obreros según el testimonio de Manuel Ruiz Benítez. La colaboración de algunos curas, asistentes sociales y abogados laboralistas, contribuyó al mantenimiento de la lucha obrera, que se consolidaría desde 1972 hasta la muerte de Franco. La crisis en la Iglesia fue quizá lo más espectacular del tardofranquismo, por lo que supuso de descrédito moral para el régimen. Las discrepancias de José María González Ruiz con Herrera Oria en Málaga, ya en los años 50, coincidían con otros movimientos de aproximación eclesial a la clase obrera como los de la HOAC y los JOC. En la intimidad de su diario, con la precisión que le caracteriza, el joven profesor del Seminario escribía en 1960: "están siempre dispuestos a cogerse del brazo del César, sobre todo cuando el César se santigua y se rocía con agua bendita" (Memorias de un cura, 1997). Finalmente, la creación de la Facultad de Económicas aportó un nuevo elemento -los estudiantes y profesores- a la crítica antifranquista, y un espacio donde podía disfrutarse de un mayor clima de libertad de expresión y de organización política.
El fin del franquismo Conflictividad laboral, estudiantil y eclesial, crisis económica y crisis interna del franquismo, son las coordenadas españolas y malagueñas de los años 70-75. Las enfermedades de Franco evidenciaban la cercanía de la sucesión y aumentaban la incógnita sobre los príncipes Juan Carlos y Sofía que, sin embargo, cosecharon en 1972 una cálida acogida durante su primera visita oficial a Málaga. Desde dentro del régimen, algunos jóvenes políticos se apuntaban a la evolución pacífica, con el rechazo de los más intransigentes. El caso de Francisco de la Torre Prado es paradigmático: presidente de la Diputación en 1971 con sólo 28 años, fue desbancado en 1976 con el argumento de la edad tras empatar en votos, por Francisco Cabezas. Los affaires de la construcción en Málaga y la Costa (Playamar; Condotto Sofico, etc.) descubrían la corrupción interna, y el recurso y anulación por la Audiencia de Granada de las Elecciones Municipales de 1970 mostraban la descomposición política. La creación de la Universidad en 1972 multiplicó los focos de Oposición democrática. Los partidos clandestinos se extendieron entre los jóvenes de clase media y los PNN, disfrutando de un espacio de libertad que no impedía las detenciones y encarcelamientos por la Brigada Político Social. Fueron tiempos difíciles para las autoridades académicas, atrapadas entre el fuego del régimen y la defensa de la autonomía de la institución. En efecto, el clima de tolerancia era sólo aparente, porque la vigilancia policial -como demuestra el estudio de Barranquero sobre Intelhorce (1998) era muy estrecha, y las detenciones continuas. El primero de mayo de 1970, se saldó con 100 interrogados y 80 detenidos por la policía (Ruiz Muñoz, 1987). La Iglesia, que en 1936 declaró Cruzada la lucha contra los rojos , había pasado a ser el refugio de los mismos: los obreros de Intelhorce o los estudiantes universitarios buscaron el amparo de la Catedral para sus reivindicaciones sociales y políticas. José María González Ruiz fue multado con 100.000 pesetas en 1975 por una homilía crítica. |
|
|