6. Siéndolo en ambos aspectos a la vez, en Ignacio Rodríguez Galván (1816-1842) el poeta lírico supera, con mucho, al dramático.
Como lírico, no es la suya, romántica una posición artificiosa. El romanticismo encarnó en él; era una actitud concecuente, una expresión natural de su espíritu lacerado. Sus cantos son vehementes, desesperados;
más que la dulce queja encuentra en ellos cabida la imprecación; el manso llanto convirtiéndose allí en sollozo amargo, y todo lo señorea torvo pesimismo. Los temas habituales de Rodríguez Galván son el amor,
la gloria, la patria, la fe. Su inspiración poderosa se desborda y eleva. Mencionemos entre sus composiciones más características la intitulada A una flor, El angel caído, Eva ante el cadáver de Abel,
y sobre todo, la Profecía de Guatimoc.
No obstante, las cualidades de Rodríguez Galván como lírico, no resaltanen el poeta dramático. Loable es en su teatro el empeño nacionalista, que le hizo al tablado asuntos exclusivamente mexicanos; pero
todo es allí delirante, y, en fuerza de acumular tintas negras, el dramaturgo consigue efecto contrario al de conmover. Redúcese la producción escenica de Rodríguez Galván a un boceto drámatico: La Capilla,
y los dramas: Munoz, Visitador de México y El privado del Virrey. Las tres obras son de tema colonial y datan de 1837 a 1842.
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