Autor Psikorsky.
Gracias por incluirme en la historia tio, ya sabes que por el foro se rien de mi llamandome Comandante.


Otra historia verídica que me sucedió en un pueblo italiano, que por mucho que la cuente, nadie se la cree. Si no, preguntadle a Chinelas testigo de honor de cuanto aconteció en aquellas jornadas, él mismo estaba allí como corresponsal de guerra, porque Chinelas, por si no lo sabéis es como Pérez Reverte, gana una pasta gansa cada vez que hay guerra y le gusta la acción, por eso es surfero.

Pues paso a relataros como me sucedió a mi, un muchacho de 24 años que se fue a la mili a Almería, tierra desértica y le tocó luchar por un país que no conocía.

Heme aquí en la base militar de Viator, en pleno desierto pelado al cero y vestido de rambo, corriendo, disparando, desfilando y aprendiendo a manejar armas, de todas las clases en un batallón operativo, llamado Aragón 17, por el mar y por la tierra, ese es su lema, porque en una batalla, creo que en el cerco de esa ciudad, atacaron por los dos sitios, pero esa es otra historia. El caso es que una vez allí y tras pasar 2 meses de entrenamiento militar, me trasladan a una unidad, a la que por mis dotes físicas estaba adjudicado de entrada, la compañía de mares. Qué es esto?, pues una compañía muy selecta de operaciones especiales, que se dedicaba a proteger los puertos haciendo guardias poniendo minas y quitándolas, infiltrándose submarinamente, etc.

Al llegar allí me quedé un poco pillado, nada mas llegar me montaron en un helicóptero Sikorsky y hala, a un barco, imaginaos como me sentía, como una perdiz en medio del mar, perdido totalmente y abrumado. al bajar del bicho, me dicen que me presente al teniente Jevia, de la compañía de mares,

A quién?
Pollo, hazme caso y vete para el puente de mando y pregunta por él, te está esperando.

La risilla canalla contenida del cabo de marinería me dio que pensar,..., qué pasa aquí?, a ver que coño de sorpresa me espera ahora. Todos los marineros del barco portahelicopteros me miraban con risillas, al ver mi uniforme que no era de infantería de marina y sabían que era de la CIA de mares.

Al ir a subir al puente de mando me crucé con una puerta, donde se veía con dificultad al no estar los ojos acostumbrados a la penumbra, una mesa con cervezas, y decidí entrar a comprar tabaco y si me daba tiempo echar una birra, para ahogar un poco el ardor de estómago que sufría desde el día anterior, al enterarme que era el único de la base que estaba destinado a la CIA de mares y no surfear desde hacía casi dos meses.

Me asomé y entré por dificultad por la puerta, que como todas las puertas de los barcos, es angosta y pequeña, pasé y busqué la barra, me dirigí a ella, y dejé de lado una mesa donde habían cuatro o cinco tíos de la CIA de mares, sin mirarlos, como John Wayne, me sobrepuse y dirigí mis pasos uno por uno. Pedí tabaco, Camel sin boquilla, y una birrita, de un quinto en botella, para matar el gusanillo. Me decía a mi mismo:

- Esto está chupado. A pesar de que toddo el bar de a bordo no dejaba de mirar al pollo novato, que entró con su nuevo uniforme y con su petate y su pelo al cero.

Al apoyarme en la barra y relajarme me dediqué a observar la situación, una vez las miradas dejaron de posarse en mi atuendo,..., marineros altos, gordos y bajos, y algunos que llamaban la atención por su aspecto de gentes de campo, robados de su tierra para embarcarse, - Qué se le habrá perdido a la gente de Castilla en un barco de la armada?, coño, y a mi? -

Al fijar la mirada sobre la mesa, donde estaban mis “camaradas”, por lo menos estaban vestidos de la misma manera que yo, con un lacito rojo, y un uniforme de camuflaje de tonos azules, y ridícula boina con lazo azul. Fumaban un cigarro tras otro, el barco se movía pero ellos no. Los vasos se movían ellos no. Los marineros se movían alrededor como en un baile, ellos permanecían callados, fumando y sus miradas se perdían en la lejanía, miradas vacías. Sus rostros estaban quemados del sol. A uno se le notaban las marcas de las cuerdecitas de las gafas, estaban callados, pero aun así eran mis nuevos compañeros. Decidí acercarme, con la seguridad de que me iban a ignorar.

Hola, señores.
Hola, dijeron, dos de ellos.
Me llamo Siko y entré ayer a la CIA.
Que tal yo me llamo 9, me dijo uno que parecía el mas veterano, bienvenido a bordo.
Que tal yo soy el cabo Culon, mi nombre no es un mote, sino un apellido, y estas señoritas son, el cabo Nash, el cabo Pakito, y el cabo Usul. Por dentro del barco hay mas, pero nosotros somos los cabos de la sección a la que tu vas destinado.

Oye, porqué me han traido al barco sin saber nada mas, me incorporé ayer y ya estoy en un barco, a que nos dedicamos en la compañía?
Chaval, dijo el cabo Nash, eso ya es top secret,....
Ja, ja,..., me reí, pero el cabo Nash, no
Es coña, no?
No.
Es top secret o alto secreto, contestó rápidamente el cabo Usul, subiéndose las gafas.
Pero yo llevo dos meses sin ir a mi casa, no iremos a algún sitio en guerra o algo así?, pregunté, pensando en que se trataba de una novatada,...
Has visto ya al Teniente Jevia?, preguntó al momento el cabo Pakito, un tipo largo y con una brecha en el mentón, con cara de tio currado.
No.
Que nos ido a ver al Teniente, caga leches, gilipollas, me gritó desmesuradamente el cabo 9, Al ver las caras de espanto que pusieron los demás me levante como del rayo y me dirigía por la cubierta como un poseso preguntando a los marineros por la situación del puente, cargado con el petate y sin despedirme de mis nuevos amigos. Al llegar al puente, un marinero con una Zeta me impidió el paso, pero lo franqueó cuando le dije a quien quería ver.

Allí me presenté y oteé por encima de los galones que llevaban en el puente a ver si encontraba algún oficial de mi cuerpo. Allí estaba, discutiendo con un oficial de marina cuyos brazos destellaban al hacer brillar las bocamangas doradas al agitarlos. El impasible notas que permanecía recto enfrente del Capitán de fragata, era mi Teniente.

Pues en buen momento me presento....

Se dio la vuelta, dándole la espalda al Capitán ese, y me miró con una mirada que me atravesó, qué cara de mala leche tiene este tio..., se me acercó y me miro de arriba abajo, observando mi postura tenso como un garrote y escuchó mi saludito, a sus ordenes mi Teniente se presenta el soldado............., no me estaba escuchando, me estaba oliendo como los perros huelen al rival, como el león mira a su presa antes de saltar, yo estaba realmente acojonado.

¿Sabes surfear?
¿Cómo?
¿Sabes o no?
Surfe..ar?
Calló.
Si, algo, hace tiempo que no lo hago mucho, pero si, algo hago de vez en cuando, la verdad es que....
Tabla corta o tablón?, me interrumpió.
Al principio hacia con corta, pero me pasé...
Ya sé, fuiste campeón de españa sub 16 en el 86 y en el 87, pero luego desapareciste..
Los estudios, mi teniente.
Ya,...., vete ahora mismo para la cubierta 2, camarote 110, y preséntate al sargento Uribe para que te asigne a la segunda sección.

Estaba bajando el brazo después del saludo militar, cuando bajaba las escaleras, de rápido que me giré, jamás pude pensar que unas escaleras tan estrechas se pudieran bajar con tanta soltura.

Arribé al camarote y me encontré a un sargento fumándose ¡un petardo dentro del barco!, - a la orden mi sargento! Ah, carne fresca, tu taquilla, señalaba, y tu litera, duermes encima mía, cuidado con peerte y molestar a tu sargento, eh? A la orden, cuando se cena mi sargento? Fumas? Bueno, después de cenar. Este tio está colgado pensé, para mis adentros, mejor seguirle el rollo. Al momento sacó una lata de judías del ejército, y me la ofreció diciendo: Toma, esta es la cena, los de la compañía no vamos al rancho. Fria? Tu come, gilipoyas, y ya verás que buenas. Fue comerme la lata y despatarrarme vestido en la litera a dormir, después de dar unas caladas con el Sargento Uribe, que me introdujo las actividades que ibamos a realizar. Me comentó entre otras cosas, que nos dirigíamos a Sarajevo. (Flipas, a la guerra de primeras), que los componentes de la compañía eran de reemplazo incluso él, que era sargento de complemento, era maestro de inglés, que habían sido seleccionados de todo el país, por tener relación con deportes acuáticos. Le comenté la pregunta del Teniente, y me observó que el Teniente conocía a todos los hombres de la unidad, al completo, sus aficiones, su vida anterior, me dijo que era un loco amante de los deportes de riesgo y que mas de una vez, entrenando había estado a punto de espicharla. Pero hubo una información, que me heló los pelos del culete, íbamos a actuar conjuntamente con las tropas de la ONU, marines y paracaidistas holandeses, en unas maniobras conjuntas en el Puerto de Dubrovnik.

Joder, y qué hacemos nosotros?
Machacarlos a todos, chaval.
Me desperté con un espantoso ruido de sirenas que imitaban la Diana cuartelera, y me sorprendió ver las caras conocidas la tarde anterior, allí estaban los cabos 9, Culón, Usul, Nash, Pakito,..., el Teniente estaba en la puerta y el Sargento Uribe me alargó el equipo de combate, tal y como iba el teniente, un traje de neopreno negro, unas trinchas negras, y una gorra de lana negra.

-Armamento!!!!. Gritó el Teniente, que desapareció por el pasillo.

Todos echaron a correr detrás de él, y se apostaron en una rejilla a recoger unos fusiles, negros y algo extraños, yo seguí acompañado esta vez por el cabo culón, hacia la cubierta.

Esto es la guerra,

Pensé algo alocadamente y con algo de cachondeo, recordando la instrucción, todos los días corriendo, ya estaba acostumbrado; pero las caras de los 30 que subían una interminable escalera de barco, hacia el helipuerto de popa, no reflejaban ni mucho menos cachondeo, se diría que estaban asustados, los ojos desorbitados, sudando, empujándose, algo me decía que aquello no era un simulacro.

Arriba, ya estaba el Teniente Jevia tieso y con los brazos cruzados detrás de a espalda.

A formar la compañía, dijo éste, mis compañeros me ubicaron en la 3ª sección.

De noche, en la cubierta de un barco, en una pista de helicópteros, vestido de buzo y con la escopeta, me dio por retrotraerme a aquellas frías mañanas de antes de ir a la facultad, en la playa mirando al horizonte, o en aquellos surfaris de pacotilla con los colegas acampando en los bosques y levantándote temprano con unas ganas tan grandes de surfear, pero con el cuerpo cortado.... Aquello , no era lo mismo, el Teniente gritó:

Hoy vais a la guerra, ya estáis entrenados, estáis preparados, que nadie se piense que es un simulacro, hoy es real, aunque haya alto el fuego, las balas pueden estar ahí esperandoos, escondidas, por eso tenéis que actuar tal y como sabéis, con la rapidez y contundencia que os hemos enseñado. Sois los mejores. Vamos al plan de combate:

Todos se sentaron automáticamente, menos el Teniente y los sargentos de las tres secciones.

Uribe, tu y los tuyos, en posición y reserva a la altura de la roca 1. A la orden. Pensakola, flanco derecho y a esperar la entrada de mi sección. Mi sección a las barcas....! Entramos a las 6 en punto......

Joder, a la puta guerra, en la reserva, pero en la puta y verídica guerra, algo les oi a los legias, que llegaban a la base de Almería y contaban películas de francotiradores, de manifestaciones, de minas, de morteros, ..., ahora se va a hacer realidad, que puta vida y yo en medio del fregao, sin comerlo ni beberlo, y mi familia no tiene ni puta idea,..., qué pasote,.....

Estaba realmente asustado, y el Sargento Uribe y el cabo Nash se acercaron al notar mi congoja, estaba a punto de llorar, y me explicaron que era normal, que no iba a pasar nada, que hiciera lo que elos me decían, que sólo llevaría la radio,...., pamplinas, yo me iba!!!

Empujado a un bote zodiac, vomitando en un mar oscuro como todo lo que había en el mar aquella noche, nos acercábamos a un peñón más oscuro que el propio mar, las otras dos lanchas se desviaron a un tiempo y se dirigieron a unas luces que debía ser el puerto que teníamos que tomar, afianzar para que los marines y los paracas holandeses, con rejillas para el pelo largo a lo rasta que llevaba alguno, se posaran plácidamente.

La zodiac se paró y conectamos la radio. Todavía no había podido averiguar lo que eran esos bultos que transportábamos en medio de la barca, pensaba que serían camillas para los heridos, Joder, heridos!!, pensé mientras vomitaba del terror y la tensión.

Se oía la radio difuminada por el ruido de las olas al chocar con el peñón, estaban entrando en el fregado y se comenzaron a oir disparos, estábamos a una milla del puerto ese, y comenzaba a amanecer. Podía ver las caras de mis compañeros de crucero por el Adriático, estaban igual que yo, no eran profesionales y se estaban comiendo un marrón por toda la cara, pero alli estaban, con dos cojones.

Pensakola, entra al espigón Sur y despliégate.

Estaban entrando el puerto.

Tenemos problemas mi teniente.....hay un destacamento de infantería de unos 30 soldados apostados en el dique Norte y estamos desenfilados, no podemos entrar. Pensakola, entra, es una orden. A la orden.

Silencio, un ruidillo de lancha zodiac cruzando por delante nuestra a unos 500 metros, pero que no destacaba aun de la superficie del mar si no te fijabas bien...., las caras pálidas de mis compañeros me indicaban que el sol iba a salir de un momento a otro, y nos iban a ver.

Disparos y otra comunicación.

Mi teniente, nos disparan. Hijos de puta, se pudo escuchar al Teniente, me cagonlaputalosparió, somos de la ONU; la eterna fatalidad española, el árbitro siempre nos pita un penalti en contra, Uribe, llega al dique norte despliega en carga y esconderos y disparad, oyes!!, sólo distraedlos hasta que entre Pensakola, adelante!!! Bueno chicos, al lío, surfear al amanecer siempre me gustó.

Lo dijo con algo de alegría, una broma que todos respondieron esbozando una sonrisa, pensé que estaban locos, que era una compañía de locos, cuando comenzaban a desembalar las camillas y las tiraban al agua....

No eran camillas eran Long boards negros de combate en los que figuraba la leyenda y el emblema del grupo 1 de combate submarino y compañía de mares, la escuadra de los obsesos, dos tablas cruzadas sobre un ancla y una cuerda, increíble, se montaron en sus tablas y me esperaron en el agua. El conductor de la Zodiac me miró, y el sargento me dijo:

Siko, al agua, chatín, que vamos a coger unas olas del carajo. Al decir carajo se le notó que quería agradar, soltaba una jota del norte, en vez de una h aspirada. No tenía mas cojones dada la situación, solté la radio y respiré hondo.

Me tiré al agua y cogí mi tablón, debía ser un 9’6’ algo así, una monstruosa belleza, y todo el grupo comenzó a remar en dirección a la derecha del peñón. Comenzamos a ver el panorama, un espigón a la Izqda. El Espigón Norte, desde donde disparaban a Pensakola, y otro a la Derecha, el que debía tomar su sección. La ola de aquel peñón era bastante fofa, pero cogiéndola se podría llegar al espigón Norte, pero y si llegaba, que?, nos lo comeríamos. Abría ligeramente a la derecha, no mucho, pero al entrar en el puerto, desaparecía. Nos arrimamos lentamente a la altura de las primeras espumas, y el Sargento Uribe me dijo que me quedara atrás a la segunda ola, con la escuadra de los Culon, Nash, Pakito, Usul,..., que parecía que sabían lo que se hacían lo cual me tranquilizó un poco.

El primer grupo desapareció e inmediatamente comenzamos a remar la siguiente, una ola que ya no era tan fofa se comenzaba a levantar, los cabrones habían estudiado las olas bien, porque parecían locales, estábamos en el pico y arrancamos los cinco a la vez. Podíamos ver las cinco cabezas que iban en la ola anterior y nuestras tablas chorrando a la vez, con la cadencia que sólo puede tener un 9’6, surcaba el mar como un delfín aplastado, parecíamos los 5 jinetes del Apocalipsis.

Aquella situación me subió la moral tanto que estuve a punto de chillar y mandarlo a tomar por culo todo, pero me contuve.

Seguíamos deslizándonos y podíamos ver con nitidez cada piedra del espigón, y también una plataforma a cierta altura a la que las espumas llegaban atenuadas por las rocas. Una rampa de aterrizaje, es la hostia!!!, pensé.

Después de un deslizamiento de unos cinco minutos, estabamos encima del espigón, y los de delante a punto de llegar a la rampa.

Siko, pillas la idea?, me preguntó Culón.
Vaya que si la pillo,....
Vamos chaval, que son nuestros,..., sonreia Usul.
Puta rodilla!, esta es la última vez que juego al basket con americanos.
Vamos tíos, dije contagiado por el entusiasmo.
Allí estaba la rampa, y allí estábamos los 5, mientras los anteriores se desplegaban por las rocas superiores yo me quedé con las ganas de hacer un hang ten o un hang five o alguna chalaura, pero no era tiempo de birguerías, había que subir la rampa.

A dos metros sentí como la ola subía mucho de repente y de pronto el agua desapareció, agarramos las tablas agachados y comenzamos a subir. Éxito total, en 5 minutos los Bosnios que disparaban a los de Pensakola se rindieron a nuestra sección, sólo 10 tíos, pero la sorpresa y las pintas de superhombres que llevábamos, con nuestras metralletas, aparte de nuestras caras de locos, impulsadas por la cabalgada de una ola de mas de 500 metros hicieron el resto.

Una medalla, que tengo en mi cuarto y algunas fotillos con los compañeros que nos tomó un tal Chinelas, fotógrafo del Intervius, que disfrutó con nosotros de una uta mili inolvidable. Esa fue la única acción de combate de aquel escuadrón en la guerra de Yugoslavia, los 7 meses restantes los pasamos acuartelados en el mismo Dubrovnik, entrenando acciones de este tipo, el mejor surftrip de mi vida, todos los gastos pagados en un hotel cerca de la playa, una antigua zona turística, y sobre todo la disponibilidad del ejército español que ponía nuestra disposición, lanchas, helicópteros para levarnos a los spots mas interesantes desde el punto de vista del entrenamiento militar. Una maravilla que casi nadie conoce, a no ser por alguna que otra afoto que el Chinelas pudo salvar de la vigilancia militar.

Preguntadles a ellos por los detalles, que también estuvieron allí, por eso lo de Paz y Fraternidad, odio la guerra.



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